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A través del decreto No. 106 del 8 de abril de 2020 la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, impuso el pico y género en Bogotá, como una de las medidas para controlar la circulación de la población bogotana durante esta emergencia sanitaria. Esta empezó a regir a partir del jueves 9 de abril, de forma pedagógica, y de forma obligatoria a partir del lunes 13. Diversas organizaciones y activistas trans, así como de otros sectores del movimiento LGBTI y feminista han manifestado su inconformismo con la medida. Hay también riesgo de que esta medida se generalice en el país, en Cartagena ya se aprobó un decreto en el mismo sentido.

Por Alejandro Vera

La realidad es que las personas trans, queer y no binarias nos sentimos expuestas a un recrudecimiento de la discriminación y la violencia contra estas. Y este no es un temor infundado. Con esta medida Claudia López deja en manos de la policía, la vida y la seguridad de las personas trans, lo que las expone a un gran peligro de ser víctimas de violencia, ya que históricamente y diversos estudios han mostrado cómo esta institución ha violentado sistemáticamente los derechos de las personas trans y no binarias.

No se puede confiar en que los policías respeten la diversidad de género, ya que el decreto también determinó que las personas transgénero “circularán de acuerdo a su identidad” y es la policía la encargada de “verificarlo”. Esto se ha convertido en una nefasta oportunidad para que la violencia y la exclusión basadas en ideologías transfóbicas se incrementen. Así como también se puede esperar que la violencia machista se recrudezca expresándose en aumento abusos policiales de todo tipo contra las mujeres los días que estás salgan.

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López, que en su campaña electoral se apoyó mucho en los sectores LGBTI, por pertenecer públicamente a uno de ellos, ahora le da la espalda a uno de sus sectores más oprimidos, prefiriendo servir a las instituciones de la burguesía, pues uno de sus argumentos ha sido el de facilitar la labor de la Policía Nacional en la identificación y control de los infractores de las restricciones durante el aislamiento obligatorio.

Esta medida ya ha sido aplicada en otros países, como Panamá y Perú, con un balance muy negativo en cuanto a exacerbación de los casos y denuncias por violencia transfóbica ejercida por policías. Y esto no es nada más que la consecuencia directa del reforzamiento del bigenerismo obligatorio socialmente dominante y de la invisibilización de las otras identidades de género no hegemónicas, que se encuentra en el fundamento mismo de este tipo de resoluciones.

Algunas voces han llamado a confiar en la letra del decreto y en las instituciones, como la policía, y darles el beneficio de la duda, pero esta no es la solución. Esto es proponerles a las personas trans, queer y no binarias ser sujetas a un ensayo y error, a un costo muy alto para una comunidad que ya históricamente ha sido muy discriminada, oprimida y violentada, aunado a altos niveles de impunidad. Además, que la medida del pico y género es innecesaria e ineficaz para reforzar la limitada cuarentena del gobierno.

Claudia López que se jacta de ser la vanguardia en las medidas efectivas para la mitigación de la propagación del Covid-19 en el país, debería en lugar del pico y género, poner su influencia al servicio de la lucha por detener las actividades laborales en los sectores no esenciales, que exponen innecesariamente al contagio a millones de trabajadores, y que se levanten la mayoría de las 37 excepciones a la cuarentena consignadas en los decretos presidenciales y distritales. Esto acompañado de un plan de emergencia contra el hambre en todos los hogares. Eso sí es efectividad, pero no lo hará por qué en esencia, al igual que a Duque, le importa más la estabilidad del sistema y de los negocios de los grandes empresarios.

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Llamamos a unir y levantar la voz de protesta contra esta medida, y hacerla retroceder, exigiendo cuarentena con garantías para todos. Las personas LGBTI, especialmente las personas trans, queer y no binarias deben ser la vanguardia de lucha contra esta medida, sin embargo, la clase trabajadora y la población de los sectores populares deben unirse a esta exigencia. A la vez que se lucha contra el pico y género, es importante exigir el no pago de la deuda externa para que con ese dinero, se ejecute un plan de rescate social y económico para los trabajadores, desempleados e informales, y sectores populares sin ingresos para que no pasemos hambre en medio de este aislamiento obligatorio; pues allí se concentra también gran parte de las personas trans, queer y no binarias, y LGBTI.