Compartir

Crónica de un paro vivo y movilización

El 18 de junio de 2018, después de la segunda vuelta presidencial que dio el triunfo al candidato de Uribe, Iván Duque Márquez, una franja de los 8 millones de que votaron por Petro – Colombia Humana (los socialistas hicimos campaña de voto crítico a éste), llamó a la “resistencia” cívica al gobierno, declarándose en oposición y dispuestos a batallar contra éste.

Por Daniel Briceño

En efecto, transcurridos apenas 15 meses, el gobierno neo uribista ha tenido que pilotar el navío en una convulsionada lucha de clases y panorama internacional. Apenas dos meses de posesionado, el primer reto fue sortear el Paro Nacional Universitario por la Educación, que rememoró el pico movilizador del 2011. Luego de este le sucedieron una serie de conflictos locales, sectoriales y gremiales, más puntuales, pero no menos importantes y desgastantes, como el Paro del Pacífico Colombiano, de donde salió el cántico de ‘el pueblo no se rinde carajo’.

Los medios y analistas no cesaron de hablar de polarización, inestabilidad y falta de gobernabilidad. La renuncia del Ministro de Defensa Botero y el bombardeo indiscriminado a un campamento en Caquetá y muerte de por lo menos 8 niños indefensos reclutados forzosamente, al igual que la corrupción del Ministro de Hacienda Carrasquilla, renuncia del ex fiscal corrupto, Néstor Humberto Martínez, y las reformas anunciadas por algunos de los Ministros de Duque, derramaron el vaso de la indignación ciudadana y la perdida de apoyo de una parte de su electorado pragmático.

Llegó el jueves 21N: una fecha histórica que marca un antes y un después, un cambio disruptivo en este 2019, con un final de año agitado y de lucha. Se trató de una huelga política “Contra el paquetazo de Duque, la OCDE, el FMI y el Banco Mundial: por la vida y la paz”, según rezó la convocatoria de tres centrales sindicales y decenas de organizaciones sociales adherentes, los miles de volantes, y algunos carteles y pendones. Un Paro Cívico Nacional de cientos de miles (unos dicen 2 millones, otros 1 millón, otros 500 mil o menos) en las principales ciudades (Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Bucaramanga, Pasto, Cauca, Ibagué, Manizales, Neiva, etc.). Después del pico del Paro Agrario y Popular del 2013, el 21N logró paralizar, en buena parte y de manera relativa, los ritmos de normalidad del país y mostró la inconformidad social acumulada con el gobierno y sus antecesores por un sinnúmero de razones, un arcoíris de demandas sociales que confluyeron a cuestionar el poder gubernamental de facto.

Los colegios y universidades cancelaron actividades, muchos negocios, empresas y entidades públicas cerraron o finalizaron jornada más temprano. Luego, mermó ostensiblemente el flujo vial y la producción capitalista, sobre todo, de una parte del sector público. Se sintió el Paro. Sin embargo, faltan muchos kilómetros para alcanzar una huelga general de clase, que paralice el país y las actividades económicas estructurales, privadas y públicas, con los trabajadores (industriales y no industriales) a la cabeza dirigente de los sectores populares, con asambleas, comités de paro, masividad y organicidad.

Una huelga general masiva que ni siquiera el “mítico” paro del 14 de septiembre de 1977 ha logrado, pese a los cuentos chinos y esquemas paralizantes de la vieja guardia y su sectarismo, pues según Trotsky y Moreno, para ellos los grandes sucesos no son una oportunidad para intervenir con audacia sino para comentar la realidad y lamentarse del atraso de las masas/direcciones (sin diferenciarlas) e irritarse porque el movimiento no siga sus fórmulas organizativas. Algunos, incluso, con su formalismo, niegan o son escépticos de que hubo paro el 21N y se sitúan a la derecha de la consigna de ‘el paro sigue’, no sabiendo diferenciar momentos de trampa de la burocracia, de otras coyunturas de lucha abierta como esta. Cuando lo sensato es que la estrategia sea la movilización permanente de masas por el poder, la cual varía en las formas de lucha social y de construcción política dirigente para esa tarea, que deben subordinarse a la situación concreta.

Aunque la dirigencia burocrática sindical, social y política de la centro-izquierda reformista le apostaba, apenas, a una rutinaria jornada de movilización y acción preventiva frente a la reforma laboral, pensional, tributaria, educativa, regulación de la protesta social y asesinato de líderes sociales, el salario mínimo, el incumplimiento de los acuerdos de paz y la política de seguridad, la corrupción y la destrucción ambiental, el descontento social literalmente los desbordó. No solo a ellos sino también a la fuerza pública.

Las calles se llenaron masivamente el 21N y se colmaron de cánticos y consignas, para que, al final de la jornada, sorpresivamente, un cacerolazo nocturno después de las 7:30 p.m. retumbara en la capital y las principales ciudades, barrios, esquinas y calles, que llegaron hasta la casa de Duque en Usaquén (donde hubo concentraciones por lo menos 4 días). Fue significativo que los que no pararon apoyaron el paro y se solidarizaron con los marchantes, en contra de la represión y por la justeza de las demandas. Algo inédito en el país que mostró el espíritu de contagio y efecto dominó. Hasta hay vídeos virales de jóvenes del Ejército Nacional de Colombia, como Brandon Cely (q.e.p.d.) y Juan Mendieta, en apoyo al Paro Nacional.

Pero las cosas no culminaron en esa noche fugaz, llena de sueños, unión y lucha, que empieza a asomar un nuevo despertar, suceso histórico que muchos no olvidaremos mientras vivamos. Memoria y orgullo. El elemento más dinámico del paro, el estudiantado y la juventud, sin perspectivas de futuro y riesgo material, dieron cátedra al movimiento social y la clase trabajadora, cuando, influenciados por la ola latinoamericana (Chile, Ecuador, Haití, Bolivia y la bandera whipala, Puerto Rico, etc.) y mundial (Francia, Hong Kong, etc.), sabían que el concepto de paro no podía limitarse a un día glorioso de paralización. Había que seguir alterando la normalidad laboral y social. Por esta razón, con audacia, el viernes 22 se continuó con el intento de paralización de portales de Transmilenio (Sur, Américas, Norte, Suba, 20 de Julio, etc.), bloqueo de vías y concentraciones clave, a la par de la continuidad de la ola de las cacerolas, en el centro del país y las principales ciudades urbanas.

El obrero y trabajador colombiano deben aprender de la combatividad minguera del indígena, de la dinamicidad y creatividad del estudiante, para derrotar a la burocracia sindical y el gobierno, para superar el atraso organizativo, social y político en que se encuentra el proletariado nacional. A su vez, los jóvenes deben aprender que, sin la alianza con los trabajadores y el apoyo del grueso del pueblo, no hay victoria estratégica posible, a veces ni siquiera táctica y sí mucho desgaste, pues son ellos los que mueven el mundo…

Debido a este carácter disruptivo del Paro Nacional, con ocasión de este se presentaron algunos pocos saqueos espontáneos de pobres y robos delincuenciales, ataques vandálicos a símbolos de poder y enfrentamientos con la fuerza pública (Suba, Patio Bonito, centro de la ciudad, etc.), el atentado guerrillero a una estación de policía en Santander y milicianos en las protestas y colaterales, infiltrados de lado y lado, etc. El establecimiento y la burguesía colombiana tuvieron que darse un plan de contraofensiva anti-paro que empezó a fraguarse antes del 21N con los allanamientos extrajudiciales, el estado de acuartelamiento y el cierre de fronteras, entre otros. Paradójicamente, esta campaña y torpeza uribista, ayudó a impulsar la llamarada popular del paro, inclusive entre algunas personalidades públicas y democráticas (artistas, reina de belleza, etc.) y no pocos escépticos de la clase media y la intelectualidad.

La baraja del régimen y su conjuración incluyó toques de queda y ley seca (Bogotá, Cali, Faca, Soacha, otros) que no se veían desde 1977, la militarización de ciudades y restricción de la protesta y desalojo de las plazas centrales, las detenciones y heridos, noticias estigmatizadoras y amenazas, deportaciones a venezolanos y xenofobia. Pero, sobre todo, fake news y una psicología de pánico social y miedo basada en el robo a las viviendas de ciudadanos y conjuntos residenciales, con mercenarios pagados, para desdibujar los motivos del paro. Los de arriba habían logrado su cometido. Los vecinos de los barrios, escépticos al paro y ahora envalentonados, no contra el paquetazo gubernamental y privado, sino con el robo a residencias, vivieron zozobra y se armaron en la noche para enfrentar fantasmas y algunos pocos grupos aislados, que buscaban pescar en río revuelto.

Lea también  Colombia despertó: Abajo Duque, todos a las calles

La trama y conjura del monstruo del Paro Nacional y su efecto en el 22, les funcionó a los ricos apenas unas horas. El sábado 23, con el doble de fuerza, los cacerolazos, velatones, marchas de antorchas y concentraciones, bailatones y algunas asambleas, fueron la reacción masiva a la política de la zozobra y el terror (psicológico y real) del estado. Miles de nuevo colmaron las calles y los barrios. Se volvían así, a redibujar, las motivaciones fundamentales del Paro y la violación de derechos humanas, al igual que el llamado a Duque a que pasara de sentarse con los empresarios del Consejo Gremial, a atender los reclamos expresados distorsionadamente en el Comité Nacional de Paro y la Bancada Alternativa de oposición parlamentaria.

El domingo 24, los jóvenes hicieron biciclaton, protestas en la Plaza de Bolívar y velatón en el hospital San Ignacio y cacelorazos en barrios, debido al estado crítico del joven de 18, Dilan Mauricio Cruz Medina, que se había manifestado el sábado 23 en el centro de la ciudad, cuando un munición letal no convencional del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) impactó en su cabeza, a la altura de la calle 19 con 4. El lunes 25, nuevamente hubo protestas masivas con ocasión del día de la no violencia contra la mujer en el Parque Nacional y la Plaza de la Hoja, al igual que otros puntos autónomos, en especial en lo que atañe, al bombardeo a niñas indefensas por las FFMM, el acoso laboral y sexual, los feminicidios, la violencia sexual y laboral del gobierno duquista y los empresarios.

El martes 26 y miércoles 27, una serie de concentraciones tras el crimen de estado contra la humanidad de Dilan, y un paro nacional de 24 hrs o más, de parte Fecode y otras confluencias sindicales, estudiantiles y populares. A la par que el Comité Nacional de Paro se levantó de la Mesa por la intención de dialogar con “gremios” empresariales y no directamente, varios líderes políticos reformistas (Petro, otros) se niegan a prestarse al juego del diálogo duquista y hay indignación por Dilan. Se espera que en noviembre y diciembre, profundicen el carácter indefinido, escalonado o continuado, de paro y movilizaciones diversas, hasta derrotar el paquetazo y, de ser posible, plantear la renuncia de Duque, o al menos, desgastarlo políticamente.

Mientras tanto la reacción uribista y burguesa plantearán: trabajatones y estigma del movimiento; matoneo y acusación a la oposición por crímenes de Estado e incendiar el país, pirómanos; diálogo gubernamental desmovilizador; contramarchas y marchas paralelas, grupos privados de resistencia civil antidisturbios; barajas, tales como dividir el comité negociador y puja de la mesa; concesiones y reformitas menores, promesas presentadas como grandes reformas; discurso de nuevo rumbo, escucha y cooptación, cambio de gabinete, desgaste, etc.

El lema movilizador de “El paro sigue”, que ha venido resonando en las manifestaciones de estos siete días (toda una semana, que puede augurar, como mínimo, ojalá, un mes activo), es la expresión de la disposición de lucha y un nuevo ciclo de protestas sociales callejeras, que serán cada vez más recurrentes y dinámicas. Sin obviar los momentos normales de reflujo y de calma, inactividad y pasividad, debido a la desorganización y debilidad comparativa del movimiento social colombiano, los límites del 21N.

Colombia sí está cambiando

La pregunta que todos se hacen es…¿y ahora qué sigue? No hay una respuesta unívoca, pues cada clase y fracción de ella (social y partidaria) tiene un diagnóstico diferente (consciente o inconsciente) de la situación nacional y, por ende, una política distinta. Incluso, dentro de cada organización y la espontaneidad de las masas, abundan diferentes opiniones individuales, grupales y colectivas de las bases, cuadros medios y dirigentes, con sus respectivas particularidades de edad, género, condición social, cultural e intelectual. Momentos inéditos generan la emergencia de la democracia y las voces polifónicas. ¡Viva el paro, la discusión abierta y la unidad de acción!

De parte de los socialistas revolucionarios y los defensores de los trabajadores, si antes teníamos signo de dudas y desvalorización sobre el leve cambio superestructural luego de la finalización del conflicto armado con las FARC-EP históricas y, en buena medida, de la dinámica conflictiva de los últimos 60 años y su rol negativo y determinación de la lucha de clases nacional. La relatividad de este hecho opacado debido a la contradicción latente de las guerrillas residuales (ELN y EPL), el rearme de disidencias (farianas, etc.) y grupos armados delincuenciales y paramilitares, el narcotráfico, los asesinatos a líderes sociales, etc. Pero, sobre todo, la nula apertura democrática, el sueño incumplido del posconflicto, con el mantenimiento y reforzamiento del régimen político autoritario de sangre y fuego y la profundización del modelo económico neoliberal, luego de desarmar a la guerrilla más grande y vieja del mundo. Esta es la tesis tradicional.

No obstante, el Paro 21N es la mejor y más contundente muestra que empieza a despejar ese manto equivocado de pronósticos y análisis, para ver, ahora sí, con los ojos bien abiertos, que estamos transitando a una nueva etapa histórica de la lucha de clases nacional y que, por ende, entramos a un nuevo ciclo de protesta social en Colombia, como hemos venido planteando hace dos años.

No se trata de un mero flujo movilizador, ascenso o coyuntura, descontento puntual antiuribista, nueva situación, estamos ante una cuestión mucho más compleja y de mediana duración. Nada más ni menos que una magnitud cualitativa. Quien no entienda este proceso histórico contradictorio, de lo viejo y lo nuevo, de una transición contradictoria a una nueva etapa y ciclo, no pondrá afrontar los retos por venir y perecerá. Las dirigencias actuales, reformistas, centristas, revolucionarias y contrarrevolucionarias, no están a la altura, ni siquiera en el terreno del diagnóstico, del pensamiento. De ahí la crisis y divisiones de los partidos.

Todo intento por minimizar, subvalorar, ignorar o negar este cambio histórico proporcional, con tesis simplistas como la “continuidad del conflicto armado estructural” y la “violencia estatal de dos siglos” y el “régimen neoliberal bonapartista”, la “hegemonía cultural uribista” y “derechista”, “país de mierda”, etc., digámoslo sin ambigüedades, parados en el 21N, será una expresión miope y negacionista, pesimista y sectaria de la realidad nacional que debe ser controvertida.

El movimiento obrero-popular y la izquierda deben discutir en profundidad y con calma esta hipótesis alternativa de nueva etapa histórica y nuevo ciclo, ya que no está descartado el yerro de caer en posiciones ingenuas, impresionistas, igual de unilaterales a los de los otros y no exentas de una retórica ideológica. Es el caso de los ex negociadores de paz, Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle, sobre los “logros de la paz imperfecta” y el “cambio imparable al centro” del fajardismo. De todos modos, son expresiones contradictorias de un cambio real de una Colombia distinta a la de hace 60 años, pero que sigue teniendo muchos remanentes del pasado conflictivo, por eso las combinaciones, los plazos perentorios y las contratendencias.

El Paro Nacional 21N de 2019 es parte de un mismo proceso real, desigual y combinado, de cambio, expresado en: la derrota electoral del Centro Democrático, principal partido de gobierno, en las elecciones regionales 2019; los 11 millones de la Consulta Anticorrupción 2018 y las victoriosas Consultas Populares ambientales de las comunidades; los 8 millones por un candidato reformista de centro-izquierda y la Bancada Alternativa. Antes, los 6 millones de votos por el SÍ en el plebiscito en 2016 y firma del Acuerdo de Paz de la Habana el 24 de noviembre de 2016, que posibilitaron las curules del partido legal FARC y antes generaron poderosas marchas post-plebiscito a favor de la paz y la salida política al conflicto armado; la indagatoria de Uribe ante la Corte Suprema y el descrédito cultural y pugna judicial del uribismo, entre otras, muestran ello.

Lea también  Colombia despertó: que las protestas continúen, que las centrales se retiren de las mesas de concertación

El 21N refleja un pico de resistencia a la ofensiva de la apertura neoliberal de tres décadas y las contradicciones institucionales y desgaste del aparato de estado, fruto de la constituyente del 91 (de ahí las propuestas de nueva constituyente, reformas constitucionales, a la justicia y al sistema electoral y sistema de partidos, etc.). Los índices comparativos de movilizaciones sociales y derrotas, las encuestas de percepción ciudadana, los avances leves de la conciencia de algunas franjas poblacionales (sobre todo, sectores de la clase media y la juventud), expresan el tránsito de una nueva etapa contradictoria y ciclo.

Tareas urgentes del movimiento

En el ambiente se percibe la premura por la acción social y política después de la coyuntura abierta del 21N. Respuestas.

La política reactiva y desmovilizadora de Iván Duque es una etérea y pomposa “Gran Conversación Nacional” hasta marzo de 2020, para mejorar la gobernabilidad y llegar al término de su tortuoso mandato y asegurar la continuidad derechista del próximo gobierno. Pero la gente movilizada y buena parte del pueblo no aguanta otro Presidente, puesto por Uribe y títere de este.

En su tercera alocución, Duque sostuvo que esta metodología empezaría el miércoles 27 de noviembre, pero en realidad empezó antes. Primero con su Consejo de Ministros y Seguridad de las FFMM y la fuerza pública en general. Luego con los empresarios de la Andi, Fenalco, etc. Posteriormente, con gobernadores y alcaldes. Por último, culminar con los representantes de los partidos, los afines a sus intereses y los mal llamados independientes y de oposición, así como los convocantes del paro y el pueblo trabajador –los ninguneados–, en una desgastante fragmentación sectorial y regional. Las “fuerzas representativas” que dieron la espalda al Paro Nacional y el clamor popular, que no estuvieron a fondo por el mismo ni antes ni después del 21N –¡querían que el paro fuera en enero y de un solo día!–, siendo desbordados con creces. El país de las élites y las burocracias, disociado del pueblo trabajador y las nuevas generaciones.

Duque parece ser buen alumno del presidente chileno, Sebastián Piñera, en lo que atañe a su política de diálogo, incluso Uribe con sus consejos comunitarios. Hasta el electo alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, en una carta de solicitud al presidente, como una medida mediática, de avanzada y controversial, propuso “una constituyente que resuelva la polarización y permita encontrarnos como sociedad”1, como forma de conciliación de clases y reacción democrática. La burguesía colombiana, de conjunto, es tan reaccionaria que no permite ni un atisbo de reforma progresiva del régimen y estructural, mucho menos las pequeñas reformas.

La izquierda y el movimiento social debe trascender de la soberbia del mero y simple rechazo e inconveniencia concreta de una constituyente (correcta posición, pero insuficiente)2. Deben hacer esfuerzos por comprender la complejidad de lo que expresa este tipo de propuestas y lugares de enunciación de clase3, en cuanto al carácter y crisis (o no) del régimen político colombiano y las pugnas interburguesas e interclases. Tanto amor y defensa reformista de la Carta Política del 91 y el régimen podrido antidemocrático, miedo a la reacción uribista y derechista, nublan los sentidos y hacen daño a la mente…

Como sea, sin desviar el centro de atención, en lo inmediato, lo que está en juego es la “concertación” del Salario Mínimo Legal Vigente de 2020 en la comisión tripartita (gobierno, patronal y centrales obreras), el “diálogo” sobre la modificación del paquetazo y aplicación suavizada y perentoria, de la Ley de Financiamiento Tributario y la “profundización social” del Plan Nacional de Desarrollo, sobre todo.

También, en íntima relación con el 21N, una serie de demandas y sectoriales pendientes de trabajadores, profesores, estudiantes y sectores populares (indígenas y campesinos), acuerdos incumplidos y deficitarios, entre ellos el Acuerdo de Paz de la Habana con la otrora guerrilla campesina y sus bases agrarias.

Toda esta dilatación anti movilizadora de la política de conversación nacional, la está usando Duque y el establecimiento, para entrar con propiedad en las fiestas decembrinas y cerrar lo más rápido posible el dolor de cabeza y la angustia de coyuntura de paro y protesta iniciada el 21N que ya lleva una semana. Contener la indignación e inconformidad con “promesas de cambio” y “hojas de ruta”.

Visto este panorama, las tareas urgentes del movimiento social y la política revolucionaria del momento histórico y del momento concreto consisten, en la medida de las posibilidades, oportunidades y el curso impredecible de los acontecimientos, en los siguientes puntos:

Uno. Denunciar el “diálogo” gobiernista de Duque como una trampa. Hay que exigir a las centrales sindicales y al Comité Nacional de Paro, en especial la CUT, que no acudan a la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, con el gobierno, para negociar el paro o asuntos similares. Rechazo categórico del paquetazo legislativo que tiene preparado el gobierno para los próximos 3 años, no hay nada que negociar. Hay que derrotar los planes de Duque, sí o sí.

Presentar, eso sí, un pliego alternativo del paro (el actual Comité Nacional de Paro ha planteado una “agenda de 13 puntos”4) emanado de un Encuentro Nacional de Emergencia y advertir sobre una posible recesión económica mundial y atadura del gobierno en descargar la crisis de los ricos en los hombros de los pobres e incluso sectores medios. Preparar y organizar un Paro Nacional Indefinido ya, comités sectoriales y barriales a favor del paro, una negociación de presión, no un diálogo divisionista del gobierno. Continuar en la calle y redoblar la protesta con control democrático (obrero, estudiantil, popular y barrial) y democratización del comité negociador y de paro.

De lo contrario, denunciar las dirigencias burocráticas y voceros negociadores del Comité y la Comisión, ante las bases, las masas participantes y el pueblo colombiano, como traidores del histórico Paro Nacional 21N y Noviembre, al ser pro-uribistas y gobiernistas, funcionales al capital, como Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT (que debe ser expulsado del comité y haber desafiliación masiva de sindicatos a esta e integración a la CUT5). El problema no son los sindicatos, el movimiento obrero y la clase trabajadora, como piensa el populismo, sino su dirigencia y sus crisis, a todo nivel.

Exigir, eso sí, como parte del pliego popular, negociar un aumento general y sustancial del salario mínimo y mejora del empleo juvenil y la estabilidad, sin aceptar la cifra patronal-gubernativa, criticando la política demagógica de Duque sobre “más empleos y más salario”, con la que conquistó a parte del electorado y se hizo elegir. Por muy pírrico que sea el aumento mínimo propuesto por las centrales obreras, llamar a que la gente lo exija y se lo imponga al gobierno y los empresarios mediante la protesta social, como parte del 21N, pues, siguiendo las enseñanzas socialistas de Nahuel Moreno, respecto al caso argentino, dijo:

“Acá en la Argentina, no me acuerdo exactamente el año, la CGT levantó la consigna por un veinte por ciento de aumento de los salarios. Nosotros dijimos, “de acuerdo, hagamos asambleas por fábrica y formemos piquetes de movilización para obtener ese aumento, pero ni un peso menos”. Política Obrera y los posadistas de Voz Proletaria levantaron consignas [sectarias, pseudo antiburocráticas y objetivistas] por aumentos mucho mayores, creían que cuanto más pedían, más revolucionarios eran. En esa época la inflación era entre quince y veinte por ciento anual, así que imagínese lo que significaba pedir semejante aumento. Pero ellos se consideraban más revolucionarios que la CGT por pedir más.

Lea también  Perú | claves de la crisis que desembocó en la disolución del Congreso

Cuando nosotros le exigimos a la CGT que luche por “su” aumento, sin retroceder en un sólo peso, y que haga asambleas y piquetes, hacemos la verdadera política trotskista [o marxista revolucionaria]; la posición infantil, ridícula, de los posadistas y PO es su negación. El arte de la política trotskista consiste en levantar consignas que se desprenden de las necesidades [objetivas] de las masas y reflejen su verdadero nivel [subjetivo] de conciencia”6.

Dos. Interpretar el sentir del descontento obrero y popular nacional. Plantear consignas y proponer la construcción de un pliego y plan de lucha, conquista de reformas arrancadas al gobierno, en asambleas y espacios de discusión externa e interna, en torno a los problemas medulares y programáticos de la resistencia y la revolución colombiana:

i. Las libertades democráticas, la defensa de la vida y el derecho a la protesta (desmonte del ESMAD y las bandas neoparamilitares, cese de asesinatos y amenazas a líderes sociales, cárcel a Uribe e impunidad de JEP, por las víctimas del genocidio y la desaparición forzada, etc.). El caso simbólico de Dilan Cruz. No al terrorismo “legal” de estado y los grupos ilegales. Autodefensa, movilización y denuncia de las comunidades.

ii. Contra el paquetazo, plan de ajuste, contra reformas o medidas gubernamentales antipopulares. Las reivindicaciones económicas anti patronales y antiimperialistas (aumento SMMLV, protección de la estabilidad laboral, más empleo, contra la OCDE y OEA, no a las privatizaciones, etc.). Las reivindicaciones políticas (garantías políticas, reducción del salario a congresistas y burocracia estatal a un salario medio docente, acabar con la reelección, etc.). Y las reivindicaciones ambientales (no al fracking y protección de bosques y Amazonas, no a la caza de tiburones y corrida de toros, consultas, transición energética y hacer frente a la crisis climática, etc.), contra el gobierno y régimen imperante.

La perspectiva estratégica de una constituyente anti-régimen y un gobierno de los trabajadores y el pueblo, conquistado por medio de la movilización y la insurrección de masas. Abajo el régimen antidemocrático del 91 y su carta neoliberal, el pueblo trabajador no debe “respetar” ni “profundizar” un andamiaje institucional que atenta contra sí, sino que debe tumbarlo y lograr un proceso destituyente.

iii. Desgastar y focalizar centralmente la inconformidad en la cabeza política, el Pdte. Duque. Incluso, hay que proponer que renuncie, revocatoria democrática y echarlo por medio de la movilización social. Más allá de la denuncia del paquetazo, hay que acompañar en cada conflicto y demanda el fuera Duque y Uribe, abajo Duque, renuncie Duque, Duque chao, Duque asesino, revocatoria a Duque, cárcel e investigación a Duque (implicado en la corrupción Odebrecht y responsable de la política de seguridad), juicio popular a Duque u otras variantes anti gobiernistas. Todo proceso de resistencia y revolución, se da con el ataque frontal a la jefatura del gobierno. Lo otro son abstracciones y oportunismo.

El 21N no fue una marcha gremialista de un sector sino una poderosa movilización nacional antigubernamental con algunos visos de huelga política, pues como constata el análisis político de El Espectador: “Existe una molestia profunda con el Gobierno, que se materializó en una de las pocas consignas que tuvieron unidad en la multitudinaria asistencia: “Fuera Duque”. La otra consigna que sintetizó el mensaje de las diversas voces fue la del antiuribismo”7.

En suma, hay que hacer todo lo que no hace la política tradicional y la política alternativa. Hay que oponerse a la política consciente de sostén de la “oposición” burguesa (Roy Barreras y el santismo y los Liberales, los Verdes y Fajardo, Cambio Radical) y la “oposición” pequeñoburguesa (Gustavo Petro, Gustavo Bolívar y su Colombia Humana, el Polo de Robledo e Iván Cepeda, etc.), las centrales obreras (CUT, CTC y CGT) y los medios privados. Su razonamiento es esperar el 2022 para un “nuevo gobierno del cambio” y mal peor que asuma otro “reemplazo” de Duque de sus huestes (Marta Lucía), apaciguar la protesta y la rabia popular, “contener” y no derrotar el paquetazo, consejos al gobierno Duque para que deje de ser títere, se “desuribice” y “rectifique”.

Tres. Apoyar e impulsar, organizar, participar y dirigir, las protestas espontáneas u organizadas de fin de año y el primer y segundo semestre que se presenten. En especial las asambleas barriales y comités pro-paro, concentraciones, cubrimientos, reportajes, charlas, cacerolazos y plantones, bailatones, canelazos, uso de las redes sociales y comunicaciones, cultura, etc. Cero esquemas, audacia, audacia y más audacia. Continuar el paro y la protesta social permanente. Una nueva camada de personas se despierta a la vida social y política. Hay miles de Dilan en busca de respuestas.

Cuatro. Contrario a la ola espontaneista y movimientista, molecular y descentralizada, autonómica, que desde una mirada del populismo pequeñoburgués8, desfigura a la revolucionaria marxista proletaria y partidista, Rosa Luxemburgo, incluso Gramsci, hay que avanzar en reconstruir, al calor de la lucha, organizaciones democráticas gremiales y recuperar las existentes de las garras burocráticas.

De igual modo, hay que avanzar en la formación unitaria y reagrupada de partidos de izquierda de los trabajadores, revolucionarios e internacionalistas, con síntesis generacional, para el liderazgo disputado de la preparación de la revolución y cambio de régimen, que comienza con un largo periodo de resistencia y ciclo surgido en el 21N y la nueva etapa. Hacia la segunda y definitiva independencia de Colombia, un despertar bicentenario y primavera de un nuevo colombianazo, por el socialismo latinoamericano y mundial.

Notas:

1- https://www.elcolombiano.com/antioquia/daniel-quintero-alcalde-electo-de-medellin-propone-a-presidente-ivan-duque-asamblea-nacional-constituyente-CC12015403
2- 4 razones para rechazar la propuesta Constituyente, Alejandro Mantilla (24/11/2019): https://www.facebook.com/alejandro.m.quijano/posts/10157781243782959
3- Actores políticos y sociales heterogéneos que han teniendo propuestas constituyentes en el último periodo: la constituyente acotada y tramposa de Uribe y Abelardo de la Espriella (2016); la constituyente socialdemócrata de Petro (2018) y de las FARC-EP (2013-2016) y las FARC-EP Segunda Marquetalia de Santrich e Iván Márquez (2019); la constituyente de centro de Daniel Quintero (2019); la constituyente anti-régimen y obrera y popular del PST Colombia (2016-2017); la constituyente popular del EPL, otras de Jaime Araujo Rentería, ex Pdte. de la Corte Constitucional, Serpa, Benedetti, Roy Barreras, Uribe, Montealegre, Álvaro Leyva Durán, Noemi Sanín, Marta Lucía Ramírez, Henry Acosta, etc.
4-https://www.fecode.edu.co/images/CircularesPDF/circulares_2019/PETICIONES_AL_GOBIERNO.pdf
5- https://www.lanacion.com.co/2019/11/22/sindicatos-del-huila-rompen-con-la-cgt/
6- http://www.geocities.ws/moreno_nahuel/45_nm.html
7- https://www.elespectador.com/noticias/politica/el-estallido-social-en-que-derivo-el-paro-articulo-892555
8- https://lasiniestra.com/el-paro-de-noviembre-y-las-politicas-del-entusiasmo/?fbclid=IwAR3Z-qKoxpzg6xmr0GJgdXzFvUHnLn6r27cF4NLIwvS1YOG9cniJiYepRJw