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El Movimiento Internacional de los Trabajadores, organización chilena perteneciente a la Liga Internacional de Trabajadores, tiene una larga historia. Aquí queremos rescatar un pequeño fragmento de esta historia para que las nuevas generaciones conozcan cómo fue la lucha antidictatorial en todos sus ámbitos y los riesgos que vivieron sus protagonistas, los cuáles dejaron en nuestra corriente mártires como Marisol Vera, que recordamos y reivindicamos.

Por Fabian Gonzalez

Como gran parte de la izquierda, sufrimos un importante golpe con la restauración del capitalismo en la exURSS. Sin embargo, distinto de la mayor parte de la izquierda, que abandonó la idea de la revolución y del socialismo, nosotros estamos empeñados en reconstruir el camino para la revolución, única posibilidad de liberación de la clase trabajadora de la explotación capitalista. El MAS chileno es parte de esta historia.

La calurosa y asoleada mañana del martes 21 de febrero de 1989 auguraba algo importante. Francisco Ramirez había pasado a la obra a dejar su trabajo en orden y ratificar el permiso que había pedido días antes a su jefe “tengo que hacer un trámite importante”. En la nueva situación que se abría en el país, después de 16 años de feroz dictadura, no era fácil encararla tarea de salir de la clandestinidad y legalizar el partido. Los “nuevos vientos” de la transición abierta por la victoria del NO en el plebiscito de Octubre del año anterior, indicaban a la dirección del partido que había que posicionarse en el nuevo espacio democrático que se abría, como la única corriente de izquierda verdaderamente clasista. Para esto era necesario llevar un mínimo de firmas (100 era la exigencia y se presentaron 102) y dar inicio en el Servicio Electoral al proceso de inscripción, tarea muy difícil.

A media mañana los y las compañeras y compañeros estaban reunidos en el frontis de la Biblioteca Nacional. Francisco continúa con su relato: “una compañera me pasó una corbata y un pantalón de vestir y me cambié en plena Alameda, con ayuda de los compañeros que hacían de biombo”. “La formalidad en el vestir es una exigencia, como esto es táctico no tenemos que dar excusa alguna para impedir que inscribamos al Partido” le dijo Soledad a Francisco.

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“Caminamos por Miraflores hasta calle Esmeralda donde se sumaron otros compañeros que apoyaban este momento. Ya en la oficina del SERVEL, nos hicieron pasar, entregamos las firmas legalizadas y se firmó el libro de actas.  Terminada la parte del trámite pasamos a la sala de conferencias y ante nuestra sorpresa estaban los medios informativos más importantes de aquel entonces incluidos canales de televisión”.

Con la mirada, Francisco revisó uno a uno los logos en los micrófonos colocados en el centro de la mesa por los periodistas y reporteros de los distintos medios, deteniéndose en uno que le causo escozor e inquietud: ¡DINACOS! (Dirección Nacional de Comunicación Social, encargada de la censura y la intervención de la prensa escrita y audiovisual) ….el seudo medio de comunicación de la tenebrosa policía política de Pinochet, la CNI.  “Hay que prepararse cabros que nos van a fichar a todos”, dijo Francisco irónicamente en voz baja al camarada que estaba a su lado. Sabiendo los compañeros que en el salón detrás de la mesa de los conferencistas, habían sendos retratos del dictador Pinochet y sus secuaces miembros de las FFAA, extendieron un lienzo Rojo con la sigla del Partido MAS y que sirvió de fondo a toda la conferencia que después incluso seria informado en el noticiero central de TVN y UCTV, una forma de marcar la diferencia con toda la izquierda que ya claudicaba a la oposición burguesa en ese momento, cuando se estaba “cocinando” lo que sería la nueva coalición de gobierno, La Concertación.

El Bigote (Yuri Carvajal) designado como vocero para la ocasión comenzó la presentación, caracterizando que “este movimiento político es más cercano al comunismo que al Socialismo, este partido de Trabajadores levanta las demandas democráticas por las que se ha luchado en los últimos 15 años”. Además, criticó a los 3 precandidatos que levantaba la Alianza Democrática (AD) pretérita orgánica que sería la base de la Concertación de Partidos por la Democracia, indicando que “los Demócratas Cristianos eran conocidos por lo que habían hecho en el gobierno de Frei padre, y que Silva Cimma, del Partido Radical estaba muy lejos de representar a  los trabajadores”. Así también se aprovechó el momento de enfatizar que la izquierda debía levantar su propio candidato para mantener la independencia, y, exigir el esclarecimiento de todos los asesinatos y violaciones a los derechos humanos.

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Así, con esta irrupción el Trotskismo daba un gran paso en la construcción del partido Obrero y de la Revolución Internacional. “Esto, mirándolo con los años fue un gran paso que en su momento no entendimos bien y que incluso nos generaba contradicciones; pero hoy creo que fue una hazaña debido a lo que habíamos vivido en dictadura y lo riesgoso que era hacerse público para una corriente revolucionaria como es el Trotskismo Internacionalista”, nos comenta Francisco como conclusión. En ese momento era correcta la táctica de legalizar el partido, porque se abría un espacio democrático que era necesario para denunciar la traición de los partidos burgueses y reformistas que se ponían de acuerdo con la dictadura para pactar la transición, y al mismo tiempo, para mostrar a la clase trabajadora la necesidad de continuar la lucha abierta y frontal contra el capital y su democracia burguesa.

Ya se cumplen 30 años de este hito y nosotros desde La Voz de los Trabajadores lo recordamos, reivindicando a esa generación que luchó en las condiciones más adversas, no sólo por la omnipresencia de la dictadura cívico militar sino porque la izquierda era copada por el “vendaval oportunista” que se había dejado caer a través de los “socialistas renovados” y los revisores del marxismo.

Eran los duros años de lo que hoy se conoce como la Caída del Muro, que el imperialismo mundial se apuró en bautizar como el “Fin del Socialismo”. Ese tiempo inició la debacle de la izquierda a nivel mundial, de la que no salimos exentos, y que en la actualidad perdura todavía en el auge de los movimientos neo-reformistas que ya no utilizan el marxismo como herramienta de análisis de la sociedad, ya no hablan de la vigencia de la lucha de clases y la urgente necesidad de hacer la revolución socialista, sino que se conforman con decir al pueblo trabajador y explotado que basta con radicalizar la democracia para así humanizar el capitalismo.

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A 30 años de esta proeza, recordamos también a los camaradas que estaban con nosotros en aquella época y que ya nos dejaron. Hasta el Socialismo Siempre.

Agradecemos al compañero e historiador Mariano Vega por la recopilación histórica que nos permitió escribir este artículo.