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La riqueza de los empresarios la producimos los trabajadores, al vender nuestra fuerza de trabajo. Los empresarios nos controlan, a través del sueldo y la jornada laboral. 

Por MIT-Chile

En el capitalismo, todo debe generar ganancia para los empresarios. No sólo industrias y comercio. También la salud o la educación. Los trabajadores sufrimos las consecuencias: crisis en hospitales como el San José ó el Van Buren; jubilaciones de miseria por el negocio de las AFPs; colegios con falta de profesores y mala infraestructura; cesantía; problemas con el agua, como en Osorno o Petorca, intoxicaciones masivas por gases como en Quintero y Puchuncaví…

¿Por qué no tenemos acceso oportuno a salud y a buena educación?, ¿Por qué tenemos que vivir en zonas contaminadas?, ¿es posible acabar con la cesantía dentro de este sistema?

Clases sociales y el objetivo de los empresarios

La prensa y los partidos políticos tradicionales nos dicen que todos somos “ciudadanos” con los mismos derechos. Así esconden algo que es innegable: trabajadores y empresarios somos de diferentes clases. Los empresarios (o burgueses) son los dueños de producción (mineras, pesqueras, forestales, constructoras, supermercados, bancos), y los han obtenido gracias a la riqueza que los trabajadores producimos. Los trabajadores sólo somos dueños de nuestra fuerza de trabajo, la que vendemos a cambio de un sueldo. Entre los empresarios y trabajadores hay otras clases, como la pequeña burguesía (pescadores artesanales precarizados, dueños de kioscos, etc)

En el capitalismo, todo debe transformarse en una empresa para generar riqueza a su dueño. Incluso nuestros derechos: salud, educación, vivienda, pensiones, etc. Al revés de lo que tratan de convencernos, los burgueses no producen, solo se sirven del trabajo administrativo de otros que protegen sus ganancias a cambio de un sueldo millonario: gerentes y ejecutivos. Los empresarios sólo invierten, están en unas cuantas reuniones y ven cómo va “su” negocio. Por eso, los empresarios son parásitos.

Capitalismo a la chilena

En Chile y el mundo ha habido capitalismo con diferentes modelos de desarrollo. El modelo neoliberal fue una ofensiva que dio más poder a los empresarios. En Chile, fue instalado a la fuerza por la represión de la dictadura de Pinochet, y entre 1979 y 1980 fija sus leyes que perduran hasta hoy. Sus pilares son el aplastamiento de las organizaciones sindicales y sociales, la liberalización máxima del mercado, recortes al gasto público, reforma tributaria, privatización de las empresas estatales, desregulación del comercio y la inversión extranjera, y protección a la propiedad privada. Para los neoliberales como Paulmann o Luksic, la libertad y la propiedad privada son reglas sagradas que imponen al Estado, el mismo que ellos consideran como una traba para sus negocios. Así el Estado diseña planes económicos con los que someten a la clase trabajadora a niveles máximos de pobreza y condiciones cercanas a la esclavitud. Todos los gobiernos desde la dictadura han defendido el modelo neoliberal. Provocaron el desmantelamiento de las empresas públicas y las privatizaron a muy bajo precio, como ocurrió en los gobiernos de la Concertación, con las empresas del agua, energía, ferrocarriles, etc. Luego, a través de subsidios del mismo Estado que ellos mutilan, los empresarios obtienen recursos públicos para sus empresas y hacen dictar leyes que les garantizan ganancias al vender los mismos servicios que antes eran públicos. Ocurrió con la privatización del agua y de la energía eléctrica. Está ocurriendo con Codelco.

  1. La gran mentira del esfuerzo empresarial
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La Cámara de Diputados cifró en 2.223 millones de dólares la pérdida del Estado por las privatizaciones hechas entre 1985 y 1989. Por ejemplo: la CAP se vendió en 105 millones de dólares, estando avaluada en 811 millones. Así es como muchos empresarios hicieron su fortuna, no a costa de trabajo arduo y sacrificios.

Las AFP se crearon no para dar pensiones, sino para entregar poder a los dueños de estas empresas. El Fondo de Pensiones que se creó con nuestras cotizaciones ayudó a los dueños de las AFP a “comprar” empresas vendidas por la dictadura a precio de huevo.

Más grave aún es cuando los derechos como salud y educación se privatizan, en beneficio del lucro empresarial.

  1. Producción caótica sin planificación

Los burgueses (empresarios) deciden qué se produce y en qué cantidad, con el único objetivo de hacer ganancias a corto plazo. Ellos producen lo que más vende, no lo que más se necesita. Se construyen casas y oficinas de lujo, pero faltan viviendas, escuelas y hospitales de buena calidad. Así, se produce de forma desordenada y anárquica.

Esa anarquía en la producción también afecta al medioambiente porque no hay control del impacto que causa una industria. En Chile, se normalizó el vivir en Zonas de Sacrificio, como Quinteros o Talcahuano. Pero los grandes empresarios no viven en esas zonas. El Estado apenas fiscaliza los procesos productivos y no sanciona a las empresas contaminantes. Essal, por ejemplo, la empresa de agua de Luksic, vierte clandestinamente aguas servidas al lago Llanquihue. Eso se descubrió sólo a partir de la crisis de Osorno. Y para colmo, la empresa cobra por el tratamiento de aguas servidas. O sea, por tirarlas al lago.

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Esta degradación ambiental también es un problema de clase. No toda la humanidad es igualmente responsable ni todos sufrimos de la misma manera sus consecuencias. Para las empresas, invertir en prevención o reparación ambiental es un costo que no consideran porque significa reducir sus ganancias. Generalmente, rehúsan toda regulación que las obligue a ello, así como se rehúsan a la legislación laboral que proteja al trabajador.

  1. Cesantía permanente

Piñera prometió más y mejores empleos, pero la cesantía sube más. Dicen que es resultado de factores individuales o a causa de los inmigrantes. Los economistas hablan de una tasa “natural” de cesantía mientras ésta no llegue al 10%. Nadie explica que la cesantía es propia de la economía capitalista. Se necesita de una masa permanente de trabajadores cesantes, dispuestos a trabajar siempre en peores condiciones y por menor salario. Esa masa es el ejército industrial de reserva, que garantiza la acumulación de riqueza. Y aunque digan que el trabajo es un derecho, se vuelve casi una suerte. Entonces si tienes un trabajo pero mal pagado, debes cuidarlo, porque como dicen los jefes “afuera siempre hay alguien esperando”.

  1. La relación entre las empresas y los bancos

Hay empresas que producen mercancías (capital industrial): ensambladoras de vehículos, productoras de calzados, alimentos, etc. Hay empresas que distribuyen y venden las mercancías, como las automotoras o supermercados (capital comercial). Por otra parte, los bancos (capital bancario) prestan a las empresas el capital para que su negocio funcione.

Hay concentración del capital cuando los dueños de bancos, industrias y comercio son los mismos, como el caso de Luksic y otros. Esa concentración permite que la riqueza siempre vuelva a ellos.

  1. Lo inevitable: monopolios y concentración de la riqueza

Empresarios y políticos defienden este sistema con el discurso de la libertad: libertad de elegir, de poner un negocio, etc. Pero ocurre todo lo contrario: una concentración donde 5 grupos económicos controlan las principales ramas de la economía en Chile, formando monopolios, los mismos que financian a políticos e instituciones para mantener todo tal cual está.

Recuadro definición: Monopolio es el que resulta cuando hay una sola persona o empresa que produce y distribuye un producto en un mercado donde existen muchos compradores.

Los 5 grupos más ricos acumularon 6.300 millones de dólares anuales entre 2002-2010. Cada uno de ellos gana lo mismo que un millón de chilenos. Estos 5 “grandes” son: Luksic; Paulmann; hermanos Matte Larraín; Angelini; Sebastián Piñera. Su riqueza aumentó más después de la dictadura.

  • 3 cadenas de farmacias concentran el 95% de las ventas: Cruz Verde; Fasa y Salcobrand.
  • 4 Bancos con el 65% de las compraventas: De Chile (Luksic), Santander, Estado y BCI
  • 3 empresas tienen el 74% de la generación eléctrica: Endesa, Colbún (Matte) y Gener
  • 2 productores de pollo con el 71% de las ventas: Super Pollo y Ariztía
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Los monopolios pueden controlar fácilmente los precios, como ocurrió con la colusión de las farmacias, las productoras del papel higiénico o de los pollos. Así se cae el discurso de la libertad, y los empresarios aseguran su fortuna a nuestra costa.

Capitalismo: sistema global que no se puede reformar

Todo el capital (industrial, comercial y bancario) además de concentrado, está relacionado a nivel internacional. Los burgueses forman monopolios nacionales y expanden sus negocios a varios países. Forman alianzas y se protegen a través de tratados comerciales que son válidos en extensas regiones del mundo. Los Estados son útiles para llevar a cabo sus negocios.

El engaño de los reformistas, es hacer creer que algunas de las partes de este sistema pueden cambiarse gradualmente y hacer que el conjunto funcione de otra manera. Eso es imposible.

No se puede construir una nueva economía sin destruir la que hoy existe, por eso es necesaria una revolución socialista. Es más, hoy todos los partidos del parlamento disfrazan esta realidad, realizando ataques u ofreciendo reformas que duran sólo lo que dura un gobierno.