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Las publicaciones en el sitio The Intercept de los mensajes privados intercambiados entre fiscales de la Lava Jato, entre ellos Deltan Dallagnol, y el ex juez Sérgio Moro, hoy ministro de Justicia del gobierno Bolsonaro, revelan que la Fuerza Tarea de la Lava Jato también es corrupta. Quiere decir, su selectividad no respondía solo (lo que ya es mucho) a una parcialidad por mera omisión. Al contrario, era deliberada, discutida y definida en connivencia entre juez y acusadores.

Por: Mariúcha Fontana

Por Telegram (que ellos consideraban más “seguro” que el Whatsapp) se intercambiaron valiosas figuritas entre Moro y Dallagnol[1]. El juez llegó a orientar tanto la búsqueda de pruebas de la acusación en relación con los procesos contra Lula y el PT, como también a ahorrar investigación sobre otros sospechosos, como fue el caso de Fernando Henrique Cardoso (FHC) y su partido, el PSDB.

Escogieron, así, sus bandidos favoritos. Escogieron, por ejemplo, investigar las contratistas y no investigar los bancos, según las conversaciones entre ellos para evitar una crisis sistémica, quiere decir, para no destruir el sistema capitalista. Decidieron impedir la delación premiada a Eduardo Cunha, para evitar tener que derribar el piso de arriba entero, llevando bancos, jueces, protegidos y vaya a saber a quién más en tanto barro. También fue ahorrado de investigación el actual ministro de Economía, Paulo Guedes, que, además, fue eje de ligazón entre Moro y Bolsonaro. Como si no bastase, fiscales y jueces pasaron a dar palestras remuneradas a empresarios y banqueros, beneficiándose con la fama. Siendo que el fiscal Dallagnol ya dio palestra a empresaria cuyo nombre había surgido en las investigaciones de la Lava Jato. Ahora, ¿por qué empresarios, banqueros, asociaciones comerciales van a pagar millones de reales por palestras de fiscales o jueces?

En fin, la bandera de combate a la corrupción, bandera democrática exigida y apoyada masivamente por la población, fue usada por los principales nombres de la Lava Jato en connivencia con el juez Sérgio Moro para fines selectivos de disputa política e incluso enriquecimiento ilícito (ilícito por inmoral y corrupto). Viene a la luz, entonces, que la Lava Jato y Sérgio Moro tenían muchos bandidos favoritos.

Sérgio Moro, además –independiente de las informaciones de la Vaza Jato–, al aceptar ser ministro de Justicia de un gobierno autoritario que defiende la dictadura, a torturadores y milicianos, comandado por un tipo como Bolsonaro y sus hijos, puso en cuestión cualquier posible aura de imparcialidad que él mismo decía tener. ¿Cómo puede ser imparcial y contra la corrupción, si aceptó entrar en un gobierno autoritario, que defiende la dictadura, que intenta acabar con las libertades democráticas, y que tiene indicios de corrupción envolviendo a organizaciones criminales mafiosas armadas, como son las milicias [parapoliciales]?

Los hechos traídos a la luz por The Intercept no dicen nada sobre la inocencia de Lula, pero muestran que las investigaciones y el juicio a que él fue sometido no fue imparcial, y eso le da derecho a otro juicio.

Nosotros, que estamos a favor de la prisión de TODOS los corruptos y corruptores, además de la confiscación de sus bienes y de la expropiación y estatización de sus empresas, poniéndolas bajo el control de los trabajadores, siempre dijimos que no podíamos confiar en la Lava Jato y en la justicia burguesa. Que no debería haber la menor confianza sobre que investigarían a todo el mundo. Pues, la reivindicación meramente democrática de combate a la corrupción, ni siquiera formalmente consigue ser llevada a cabo de manera amplia en los límites del capitalismo.

Pero, en este caso lo que está saliendo a la luz es aún peor que eso, porque, además de parcial, incompleta y selectiva, la Lava Jato tuvo una actuación corrupta. Usó el combate para fines de disputa política, dejando deliberadamente a la gran mayoría de los corruptos bajo protección. El juez que se hizo famoso con la operación, entró alegremente en un gobierno no solo corrupto como autoritario. Gobierno este, además, que más allá de intentar intimidar y perseguir a periodistas como Glenn Greenwald del sitio The Intercept, va a actuar para garantizar completa impunidad y acabar con cualquier posibilidad de investigación contra los suyos.

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Por eso, va a emparejar e intentar acabar con cualquier independencia del Ministerio Público Federal (MPF), así como va a intervenir en la Receita [Federal][2] y en la Policía Federal para impedir que prospere cualquier investigación sobre sus hijos, su esposa, su familia, y las evidencias de relación con las milicias.

La otra cara de la moneda es la impunidad

El correcto combate contra la selectividad, el uso para fines de persecución política y los caminos corruptos adoptados por la Lava Jato no está hecho, sin embargo, como forma de buscar justicia. Por el contrario, lo que se busca, comenzando por el presidente Bolsonaro y el Ejecutivo, es impedir que exista investigación sobre sus hijos y su familia. De la misma forma, la mayoría del Congreso (incluyendo la oposición y el PT) y el Supremo Tribunal Federal (STF) buscan impunidad.

O sea, todos estos sectores no actúan para prevenir, impedir y castigar acciones corruptas, antidemocráticas e ilegales como las de la Lava Jato y Moro, y al mismo tiempo garantizar efectivamente el combate a la corrupción, investigación y juicio imparcial y justo para poner en prisión a todos los corruptos y corruptores.

Tanto es así que el control de la Fiscalía General de la República y, por extensión, del MPF, de la Receita Federal y de la Policía Federal por amigos de Jair Bolsonaro y sus hijos no es una elección disociada de los movimientos de Bolsonaro para impedir las investigaciones sobre Queiroz [3], Flávio Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, por corrupción y especialmente por sus relaciones con las milicias.

En ese esfuerzo en pro de la impunidad, que un articulista de la gran prensa llamó “Abafa Jato”[4], están unidos manzanas y naranjas. Quiere decir, hay, aunque de manera informal, un Frente Amplio jamás visto, que va de Bolsonaro al PT.

Este es el país que tiene un proceso de encarcelamiento en masa para pobres y negros. Más de 600.000 presos, de los cuales más de 40% tiene prisión preventiva. Presos provisorios, sin juicio, atrancados en mazmorras, muchas controladas por el tráfico. Tiene también un verdadero genocidio de la juventud pobre y negra de la periferia, para no hablar de tortura, como la que practicó el supermercado Ricoy contra un adolescente que habría robado una barra de chocolate.

Este es el mismo país en que ricos y poderosos nunca van a la cárcel. De ahí el apoyo y la comprensible ilusión de la mayoría del pueblo, de que podría haber justicia. Pero, lo que se vio y los que estamos viendo no es siquiera el combate parcial, provisorio, desvirtuado y como rara excepción a la corrupción. Estamos viendo dos bloques burgueses enfrentados, usando la corrupción, siendo que los que parecían ser símbolos independientes del combate a la corrupción, comenzaron a quedar enteramente desnudos al entrar en un gobierno que, además de corrupto, es autoritario, y al salir a la luz sus conversaciones por Telegram.

El juez Sérgio Moro y el fiscal Deltan Dallagnol durante una sesión especial de la Asamblea Legislativa de Paraná, del 24 de octubre de 2016. Foto: Pedro de Oliveira / ALEP.

Los socialistas defienden la lucha contra la corrupción, como cualquier otra bandera democrática

Es necesario rechazar el argumento de Sérgio Moro y de Deltan Dallagnol de que todos los que condenan sus acciones y métodos selectivos y corruptos son favorables a la corrupción. De la misma manera, deben ser rechazados los argumentos del PT de que el combate contra la corrupción es cosa de derecha, como dijo Lula en la conversación con Temer, transcripta de las escuchas de la Policía Federal y divulgadas por la propia Vaza Jato. Uno defiende un combate selectivo a la corrupción y la utilización de cualesquiera métodos para tal. Libra conscientemente a la mayoría de los corruptos, manipula los procesos, y de manera hipócrita quiere parecer honesto, para usufructuar bondades políticas e incluso financieras. El otro, minimiza la corrupción, defiende la impunidad, y quiere hacer creer que el combate a la corrupción es cosa de la derecha. Ambos muestran realmente que ese reino de hipocresía y formalidades, donde se enfrentan esos argumentos, pasa lejos de la justicia y de la expectativa legítima y democrática de los trabajadores y de la mayoría del pueblo de que los ladrones de cuello blanco sean castigados.

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El combate a la corrupción, como todas las reivindicaciones democráticas, posee una expresión política, jurídica, democrática, y otra económico-social.

Es imposible acabar con la corrupción bajo el sistema capitalista. Ella es inherente a las relaciones sociales de producción capitalistas, a este sistema clasista, desigual e injusto, donde un puñado de capitalistas, dueños de medios de producción y explotadores, compiten entre sí en el mercado, y explotan a millones de desposeídos, que solo tienen para vender su fuerza de trabajo.

Aún más en la fase de decadencia y crisis del sistema capitalista en el mundo en general y en el Brasil específicamente, el robo y el asalto a los fondos públicos (al dinero del Estado, a las empresas estatales, etc.) es práctica cotidiana de los grandes monopolios, que también se asocian a una gran burguesía lumpen y mafiosa de la “economía informal”. De ahí que corromper a políticos, jueces, policías y todo el Estado es práctica cotidiana (Rio de Janeiro es solo la cara más visible de eso). Sin que acabe este sistema volcado al lucro de un puñado de multimillonarios, en que el Estado y los sucesivos gobiernos capitalistas operan beneficiando, a veces más, a veces menos, a diferentes grupos que compiten entre sí, la corrupción no tiene la menor posibilidad de terminar. De la misma manera que no es la corrupción solo o principalmente la madre de todas las miserias. Ella es solo la apariencia, o la forma como aparece y se expresa de modo más visible la propia crisis del sistema. No quiere decir que esa apariencia no sea real. Ella es real, pero es solo parte del problema, y, al ser unilateral, oculta el contenido total, las propias relaciones de producción capitalista.

Pero eso no quiere decir que la exigencia de que existan leyes y actitudes que combatan política y jurídicamente la corrupción, a los corruptos y corruptores y toda impunidad, no sean necesarias. Por el contrario, pues el combate a esa dimensión democrática, política, jurídica, a esa forma, o a como aparece o se expresa ese proceso, es importante, incluso para dejar más nítida la lucha contra el sistema capitalista en sí.

Pero, al fin y al cabo, lo que nos muestra todo esto es que tenemos de un lado un sector de la “justicia”, que en nombre del combate a la corrupción atacó a un sector en provecho político y escondió a la mayoría de los corruptos; y otro sector que, también en nombre de la “justicia”, aun combatiendo correctamente los métodos corruptos y autoritarios de la Lava Jato, defiende la impunidad general. La justicia burguesa, por donde se mire, es injusticia.

Brasília- DF. 19-06-2019- Ministro de Justicia Sérgio Moro. Foto Lula Marques

En este momento, en pro de la impunidad, tenemos a Bolsonaro en la vanguardia, como aliado de prácticamente todos los demás poderes, envolviendo situación y oposición.

El argumento del PT de que el combate a la corrupción es de derecha, solo demuestra el grado de transformación y adaptación al sistema que sufrió este partido. Antes, él negaba la dimensión económica y social de la desigualdad, o arrojaba esta dimensión para las calendas griegas, “otra etapa”, y prometía cambiar el país a través de la “ética en la política”, como a partir del Fora Collor, en 1992. Después que entró al gobierno se olvidó del discurso que hacía y pasó a practicar los desvíos que él mismo condenaba, como se vio en el Mensalão[5]. Dio en lo que dio. Ahora dice, de manera oportunista, que el combate a la corrupción es cosa de derecha.

El significado real de los gobiernos del PT y este tipo de argumentos expresan una especie de camino que tomó toda una izquierda que adhirió con armas y bagajes al capitalismo y a la democracia burguesa. En algunos lugares resultó en cosas como Daniel Ortega (en Nicaragua, el ex dirigente del Frente Sandinista que se hizo millonario y dictador), Maduro en Venezuela; o la ex burocracia china, hoy burguesía en la China capitalista.

Cada vez más, para defender incluso las más mínimas medidas democráticas, es necesario ser socialista y estar dispuesto a combatir el sistema capitalista.

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La clase trabajadora no puede apoyar los métodos corruptos y antidemocráticos de Sérgio Moro y Dallagnol, y, en ese sentido, el proceso de Lula debe ser revisto. Pero eso no puede significar la defensa de impunidad que hace el PT. La Vaza Jato impone la revisión del proceso de Lula y que Moro no pueda juzgarlo, pero no es certificado de inocencia, como sugiere la campaña política y electoral “Lula Livre”. Esa campaña, que el PT tienen todo el derecho de hacer, no puede ser campaña de todo movimiento, pues, además de certificar inocencia, actúa para impedir la unificación de las luchas para derrotar a Bolsonaro, desvía la acción directa para la disputa en el terreno electoral, y defiende como alternativa estratégica los gobiernos capitalistas del PT, lo que no es solución. Lula debe tener derecho a un proceso normal, regular. Y ahí, si hubieran pruebas, debe ser, sí, condenado.

Ahora, debemos exigir la investigación, prisión y confiscación de los bienes de TODOS los corruptos y corruptores, incluyendo los banqueros y políticos que Moro y Dallagnol protegieron, a comenzar por la familia Bolsonaro. Los hijos de Bolsonaro, Queiroz, y todas las denuncias referidas a la corrupción de este gobierno y su ligazón con las milicias deben ser investigadas y llevadas a juicio.

Pero, como estamos viendo, la justicia de los ricos no merece confianza. Un sector defiende y practica impunidad y otro sector corrupto usa métodos irregulares y antidemocráticos para persecución selectiva, mientras protege a una mayoría corrupta y, peor aún, a un gobierno autoritario.

Notas:

[1] Las escuchas que se filtraron, hechas entre el ministro de Justicia de Bolsonaro, Sérgio Moro, y el Fiscal de la República, Deltan Dallagnol, que es coordinador de la fuerza tarea de la Operación Lava Jato, que investiga los crímenes de corrupción en la Petrobras y otras estatales y por la cual está preso el ex presidente Lula, es lo que se conoce con el nombre de “Vaza Jato”, ndt.

[2] Receita Federal es un órgano del Estado brasileño, responsable por la administración de los impuestos y servicios aduaneros, ndt.

[3] Fabrício Queiroz, oscuro personaje que salido de la nada acabó siendo el confidente y amigo de la familia Bolsonaro (padre e hijos). Fue jefe de asesoría de Flávio Bolsonaro y dentro de su gabinete hacía y deshacía a su antojo, contrataba asesores fantasma venidos del submundo de las milicias que hoy operan en Rio de Janeiro y que se incrustaron en el Estado. Hoy desaparecido sin siquiera haber sido interrogado por la policía, hace de él una sombra peligrosa para el Presidente y su familia, ndt.

[4] “Abafa Jato”: se denomina así el intento de sofocar, impedir el desarrollo o disminuir la intensidad de las denuncias sobre corrupción que afectan a todos los estamentos de la política y los jueces de la burguesía, ndt.

[5] Mensalão fue el nombre con que se conoció el escándalo por corrupción y lavado de dinero en 2005, durante el primer gobierno del PT, con Lula en la presidencia de la República, ndt.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.