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Bolsonaro se hace el valiente pero es un cobarde. Al final, ¿qué decir sobre un sujeto que rinde homenajes a torturadores como el coronel Carlos Alberto Ustra, ex comandante del DOI-CODI, órgano de represión de la dictadura?

Por: Redacción PSTU-Brasil

El último homenaje fue el 8 de agosto, cuando recibió la visita de Maria Joseíta Silva Brilhante Ustra, viuda del torturador, en el Palacio del Planalto [Casa de Gobierno]. En la ocasión, el gusano del PSL llamó al asesino de héroe nacional.

Vamos a dejar claro una cosa: los torturadores, además de ser aberraciones humanas, porque solo un ser degenerado se presta a este tipo de acción, son reconocidamente los más cobardes servidores militares del Estado. No son valientes soldados que enfrentan a los enemigos, como dice Bolsonaro. Por el contrario, torturan a prisioneros amarrados que no pueden defenderse, incluso a niños. Son violadores de mujeres y de hombres.

Los torturadores de los órganos de represión fueron la escoria humana que la dictadura militar reclutó para hacer el trabajo sucio de reprimir a sus opositores. Ustra, el héroe de Bolsonaro, fue uno de ellos. Su concepto de coraje es torturar prisioneros indefensos. Bolsonaro, así como cualquier torturador, no pasa de un cobarde.

Ustra torturó y asesinó hombres, mujeres y niños. Es el caso de la familia Teles. Amelinha y César Teles eran una pareja de militantes del Partido Comunista. Ellos ni siquiera organizaron una guerrilla contra la dictadura. Ustra agarró a sus hijos, Edson Teles (4 años) y Janaína Teles (7 años) y los llevó hasta las dependencias del DOI-CODI, donde vieron a personas torturadas y a sus padres heridos. En un primer momento, no los reconocieron. Se quedaron allí durante un tiempo, sin la presencia de ningún pariente y ninguna persona conocida, siendo utilizados como moneda de cambio para que los padres dijesen lo que los torturadores querían oír.

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El relato de Amelinha Teles puede ser visto en el siguiente link: https://youtu.be/kFqm0OcJDDk

Gilberto Natalini, actual concejal por el Partido Verde en San Pablo, también fue torturado por Ustra. En testimonio publicado por la Folha de S. Paulo, él contó: “Ustra comandaba las sesiones de terror. Yo fui torturado por su mano y las de su equipo varias veces. Ponían dos latas de Neston [de aluminio], me hacían subir a ellas, mojaban mi cuerpo con agua y sal, me conectaban cables en todas partes y disparaban choques. Toda la noche: choque eléctrico y latigazos en la espalda, con una rama de cipó [árbol tropical] que Ustra usaba para azotarme. Estoy describiendo una de las formas que ellos adoptaban, pero no me pida para narrar todas, porque es muy doloroso para mí. La tortura pesada duró más o menos un mes”.

Hay muchos testimonios de las víctimas de Ustra en internet. Pero no fueron solo las víctimas que revelaron las atrocidades cometidas por la dictadura. Los propios agentes contaron detalles sobre esa historia. Un ejemplo es el relato del coronel reformado del Ejército, Paulo Malhães, ex agente del Centro de Información del Ejército, que actuó en diversas misiones de exterminio de opositores de la dictadura. En el testimonio (que puede ser visto en el siguiente link https://youtu.be/e2SnsSYG7O0), él admite la tortura, muertes, ocultamiento de cadáveres y mutilación de cuerpos.

En 2008, Ustra fue condenado por sus crímenes por decisión en primera instancia del juez Gustavo Santini Teodoro, del 23° Juzgado Civil de San Pablo. El coronel fue el primer oficial militar condenado en acción declaratoria por secuestro y tortura. Lamentablemente, Ustra murió en 2015 sin pagar por sus crímenes. Hasta hoy, la podrida historia de la dictadura no fue pasada en limpio para que todos los brasileños conozcan los crímenes cometidos en aquel período.

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Bolsonaro ya mostró que está a favor de los grandes empresarios y banqueros, es sumiso a las multinacionales y a Trump. Es amigo de milicianos[1], desea transformar este país en una colonia de los Estados Unidos, y declara guerra social contra los pobres. Por eso elogia a Ustra. Es valentón con los oprimidos, pero totalmente servil y cobarde con los poderosos, así como su ídolo.

[1] En el contexto de la criminalidad brasileña, milicia designa un modus operandi de organizaciones criminales que poseen control armado y se mantienen con recursos financieros provenientes de la extorsión a la población, a la que, a cambio de protección, distribución de gas, conexiones clandestinas de TV, etc. le cobran tasas hasta semanales. Muchos milicianos son habitantes de las comunidades y cuentan con el respaldo de políticos y dirigentes locales. Diversos políticos son notorios milicianos o tienen profundas ligazones con esos grupos paramilitares, ndt.

Lea también: “La podrida historia de la dictadura precisa ser pasada en limpio”, en este mismo sitio.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 12/8/2019.

Traducción: Natalia Estrada.