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La entrega de las reservas naturales brasileñas, al capital extranjero, es un ataque “mucho más grave a la soberanía del país” del que ha hecho el monitoreo de EE.UU.


Está señalado para el próximo 21 de octubre un paso más para la entrega de nuestras reservas naturales a las grandes multinacionales del petróleo. Será cuando se realice la subasta en el mega-predio de Libra, en el yacimiento de Santos, reserva del pre-sal, que va a ser el mayor terreno de explotación petrolífero ya subastado, no sólo en el país, sino en el mundo.

Se estima que ese campo tenga una capacidad de producción de 50 mil millones de barriles de petróleo. Sólo para tener una idea de lo que eso representa, basta decir que las reservas actuales, del país están calculadas en 16,4 mil millones de barriles. En términos de ingresos, eso puede representar nada menos que 1 trillón de dólares. El campo, sin embargo, será concedido a cambio de un “bono” de apenas 15 mil millones de dólares.

Esta subasta estaba programada para ser realizada en noviembre, pero el gobierno federal resolvió anticiparla lo máximo que puede. ¿Cuál es el motivo para tamaña ansiedad y desesperación en vender esos recursos al capital privado y extranjero, por tan poco? El gobierno está contando con ese dinero para cerrar sus cuentas y garantizar el superávit primario, o sea, la “economía” para pagar los intereses de la deuda pública a los agiotistas internacionales. Espera, incuso, reducir el rumbo en el déficit comercial. O sea, el gobierno del PT, tal como hizo Fernando Henrique Cardoso, va a privatizar el petróleo nacional, para tratar de equilibrar las cuentas externas. Esos recursos no serán invertidos en salud, educación o cualquier otra área social. En otras palabras, el pueblo brasileño no verá un centavo de eso.

Tenemos, entonces, una situación, como mínimo, extraña en la que tanto más petróleo encontramos, tanto más invertimos el dinero público de los impuestos que pagamos para garantizar a Petrobras tecnología para las investigaciones, somos más dependientes. Reforzamos nuestro carácter de gran exportador de producto bruto, primario, en tanto importamos el mismo petróleo procesado.

Recientemente, el gobierno de Dilma ensayó una gran indignación con la revelación de que las conversaciones de la presidenta, con sus asesores próximos e, incluso con Petrobras, eran objeto de espionaje norteamericano.

Correctamente, el gobierno denunció eso como un atentado a la soberanía del país. Sin embargo, ¿acaso no es cierto que es un atentado la entrega de nuestro patrimonio al capital extranjero? Las  privatizaciones llevadas a cabo por FHC y, ahora, por el PT, ¿acaso no son verdaderos crímenes de lesa-patria? La propia Petrobras está siendo vendida poco a poco y, hoy, ya no está en las manos del Estado.

En marzo de este año, el 26.9% de las acciones ordinarias de la empresa (con derecho a voto), y el 43.7% de las acciones preferenciales (sin derecho a voto, pero con prioridad para cobrar la ganancia de la empresa) estaban en manos de extranjeros, en su gran mayoría de capital financiero de EE.UU. Eso significa un ataque mucho más grave a la integridad de la empresa y a la soberanía del país, mucho más que el monitoreo denunciado por el gobierno.

La lógica de la ganancia desenfrenada, impuesta por los accionistas extranjeros, por su parte, viene provocando un proceso de desmembramiento de la empresa, con el avance brutal de las tercerizaciones y la degradación de las condiciones de trabajo. Resultado: cada vez más accidentes, muchos de ellos con muertes.

La defensa de una Petrobras 100% estatal y la lucha contra la entrega del petróleo, no forman parte de una campaña nacionalista abstracta. Son precondiciones para hacer mejorías bastante concretas para nuestro pueblo. Es sólo imaginarnos el impacto que tendría, por ejemplo, en el precio del combustible, si acaso no hubiese esa presión por la ganancia. Si lo que hoy va como renta para los inversionistas extranjeros fuese revertido en subsidio. El reflejo en la inflación, como un todo, incluso en la de alimentos, sería inmediato. De la misma forma, si la ganancia del petróleo excedente exportado fuese invertida en salud y educación, en vez de aumentar las arcas de las grandes multinacionales, podríamos cambiar la cara de la realidad brasileña.

Ese es lo que está en juego este 21 de octubre.

Traducción Laura Sánchez
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