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Ya en la transición gubernamental, Jair Bolsonaro anunció que cumplirá la promesa de campaña de transferir la Embajada del Brasil de Tel-Aviv para Jerusalén.

Por: Soraya Misleh

La confirmación fue hecha en entrevista al periódico Israel Hayom, y divulgada hoy. Una señal evidente del compromiso sin máscara con el sionismo que ayudó a elegirlo, incluso el “cristiano”, que se utiliza de la fe que sirve de aliento al pueblo oprimido para mantener viva la falsedad de las representaciones bíblicas sobre Israel.

El mito de que Israel es la tierra prometida o única democracia frente a bárbaros no sobrevive a cualquier análisis histórico y de la realidad mínimamente serio. Pero, lamentablemente, frente al oligopolio mediático vinculado al poder y que más confunde que informa en relación con la Palestina ocupada, sigue adoctrinando a desavisados. Con la mira en sus intereses económicos, el sionismo “cristiano” estuvo en la línea de frente de la campaña de Bolsonaro.

La señal de transferencia de la Embajada para Jerusalén demuestra incluso el servilismo al imperialismo bajo Trump. En diciembre de 2017, el presidente de los EEUU generó una revuelta global al dar ese paso hacia el que Bolsonaro se dirige ahora.

Eso llevó a una nueva onda de protestas en el mundo y por parte de palestinos cuya resistencia es heroica desde hace más de 70 años, desde la Nakba (la catástrofe con la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948, mediante limpieza étnica). Bajo presión, Trump postergó por seis meses la transferencia en junio último, aunque haya puesto una nueva instalación diplomática en el lugar pretendido.

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Capital histórica e indivisible de Palestina, es hoy el principal foco de la política de expansión colonial sionista. Órdenes de demolición de casas, humillación, violencia y expulsión de los palestinos componen el trágico cuadro de apartheid a que está sometida esa población.

La transferencia de la Embajada representa la adhesión plena a ese proyecto. No es en vano que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, planea estar presente en la toma de posesión del presidente amigo, el 1 de enero próximo. Según reportaje publicado por la Folha de São Paulo el 30 de octubre, él expresó su disposición, en conversación telefónica con Bolsonaro luego del final de las elecciones generales, en la cual afirmó la seguridad de “estrechamiento de lazos” entre el Brasil e Israel.

El capitán de reserva ahora Presidente de la República –cuyo amor por Israel es declarado– anticipó que, bajo su comando, serían realizados más acuerdos con la potencia que ocupa Palestina. El Brasil se volvió uno de los cinco mayores importadores de tecnología militar durante los gobiernos Lula y Dilma, y puerta de entrada a la industria bélica sionista en América Latina.

Ahora Bolsonaro parece querer saltar posiciones aún más vergonzosas en la complicidad histórica brasileña con la limpieza étnica de Palestina. Complicidad demostrada desde la recomendación de la división de Palestina en un Estado judío y uno árabe por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947, bajo la presidencia del diplomático Oswaldo Aranha. Una señal verde para la limpieza étnica que dura hasta hoy.

La militarización que sostiene el apartheid, colonización y ocupación sionistas –y que extrapola el ámbito federal, con gobiernos estaduales armando sus policías también vía los acuerdos con Israel– no alcanza solo a los palestinos, sino también promueve el genocidio indígena y negro en las periferias brasileñas.

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Bolsonaro afirmó ahora que no tiene nada contra los palestinos. Pero no solo no reconoce sus derechos como falta a la verdad. Llegó al absurdo de denominarlos “terroristas árabes” en 2014, frente a la masacre israelí en Gaza que mató a 2.200 personas, entre ellas 530 niños.

Incluso frente a la posibilidad de criminalización de los defensores del pueblo palestino –en el camino de alterar la ley antiterrorismo para silenciar y reprimir a los movimientos sociales y cualquier voz disonante– la resistencia y solidad internacional se hacen cada vez más urgentes.

Es menester unificar el repudio a acciones como esas, sobre todo en América Latina, y fortalecer en toda la región la campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) a Israel, que contempla, entre las demandas fundamentales del pueblo palestino, el retorno de los millones de refugiados a las tierras de donde fueron y continúan siendo expulsados.

Y, más que nunca, inspirarse en la heroica resistencia palestina, que hace más de 70 años no se doblega, a ejemplo de las grandes marchas semanales que vienen ocurriendo hace más de siete meses en Gaza. ¡Rumbo a la Palestina libre, del río al mar!

Traducción: Natalia Estrada.