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La Seguridad Social y la Previsión Pública, establecidas por la Constitución de 1988, fueron resultado de toda una lucha de los trabajadores y del pueblo. Así como el SUS (Sistema Único de Salud), la Previsión es una caricatura de Estado de Bienestar Social que impide que millones de ancianos caigan en la más absoluta indigencia.

Por: Redacción de Opinião Socialista – PSTU, Brasil

Fue la Previsión Pública, por ejemplo, la que incorporó a millones de trabajadores rurales a la red de Seguridad Social. Y, también, estableció derechos como el BCP-Loas, que asegura un salario mínimo a los trabajadores que han llegado a la vejez sin conseguir contribuir los quince años necesarios para jubilarse por el INSS [Instituto Nacional de Seguro Social].

Lejos de ser una limosna, ese mecanismo es una medida de justicia, aunque parcial, para quien trabajó toda la vida construyendo las riquezas de este país, sea en la ciudad o en el campo. Parcial porque un salario mínimo en el Brasil no garantiza una vida digna a nadie, solo impide que se muera de hambre.

Usted trabaja toda la vida, construye las riquezas del país y garantiza las ganancias de los patrones y de los banqueros y, al final de la vida, recibe un salario mínimo de recompensa. En un país en el que la informalidad y el trabajo precario siempre fueron la regla, millones están en esa situación. Otros millones, que consiguieron cartera de trabajo [registro] y trabajaron en empleos formales, no tienen una vida mucho mejor. La gran masa de trabajadores que se jubila por el INSS recibe hasta dos salarios mínimos (R$ 1.996 [equivalente a U$S 400, aprox.]).

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Pues, es hasta con esa garantía mínima de sobrevivencia del trabajador en la vejez que la reforma de la previsión quiere acabar. Eso porque la Constitución de 1988 establece la Seguridad como un derecho a ser garantizado por toda la sociedad, a través del llamado modelo tripartito. O sea, parte de la suposición de que quien debe sostener el modelo previsional no es solo el trabajador activo sino, también, el empleador y el propio Estado, a través de los impuestos. La idea sería, al fin y al cabo, devolver al trabajador en la vejez por lo menos una pequeña parte de aquello que él produjo en vida y que le fue robado.

Y es por eso que no tiene sentido hablar de “déficit”, o pérdida de la Previsión. El “déficit” es una farsa. Una fake news usada para privatizarla. Es una maniobra contable para continuar desviando dinero de las jubilaciones para los bancos.

Pero, en caso de existir, no se debería pensar en términos de “déficit” o “superávit” (lucro), como si la Previsión fuese una empresa. Sino, sí, de un derecho, como la salud y la educación. Un trabajador tiene el derecho de tener una vida digna en la vejez. Y eso es responsabilidad del Estado. Punto final.

La reforma de la Previsión invierte esta lógica. El trabajador sufre para sobrevivir, garantiza las riquezas de este país y, además de que le roban la mayor parte de lo que produce en la forma de lucro para los empresarios y los banqueros, todavía es responsable por garantizase la propia sobrevivencia en el futuro.

Esto es lo que se quiere imponer con la reforma y el modelo de capitalización que Paulo Guedes quiere implementar. El trabajador es obligado a aplicar parte del salario en un fondo de inversión, a ser rescatado allá adelante. Y, cuando llegue la hora, puede ser que no tenga más nada, o solo una pequeña parte, como ocurrió en Chile.

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La Previsión Pública, en la práctica, deja de existir. La jubilación deja de ser un derecho y se vuelve una responsabilidad del propio trabajador. Es como si, de repente, el gobierno decretase que no va a haber más salud pública. ¿Se enfermó? Pague por un hospital privado. ¿No tiene dinero? Es su culpa, por no haberse preocupado. Roban hasta su vejez. Y esa es la lógica del banquero Paulo Guedes.

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 568, marzo/abril de 2019.

Traducción: Natalia Estrada.