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Hay un fuerte interés por entender qué es el fascismo, que está directamente relacionado al surgimiento de pequeños grupos de simpatizantes de Bolsonaro o a las referencias explícitas que el propio gobierno hace al fascismo. Por ejemplo, el surgimiento del grupito 300 del Brasil, que defiende un golpe, cierre del Congreso Nacional y del Supremo Tribunal Federal (STF) y el exterminio de la izquierda; o incluso cuando el propio presidente repite en las redes sociales frases de Benito Mussolini, líder fascista italiano.

Por: Jeferson Choma

En las últimas décadas, se generalizó una tendencia a definir como fascista todo movimiento, gobierno o político reaccionario de derecha. De esa forma, se llama fascista desde los gobiernos del PDCB, en San Pablo, hasta la policía militar. Esta generalización abusiva provoca bastante confusión, toda vez que impide la comprensión de las verdaderas características del fascismo y, por lo tanto, la propuesta de políticas y métodos adecuados para luchar contra él.

El discurso de odio de Bolsonaro contra un enemigo interno (LGBTs, indígenas, “izquierdistas”, etc.); su relación con militares y milicias criminales; el incentivo dado a las organizaciones fascistas; su defensa de la dictadura militar; el uso de símbolos nacionales para crear un cuerpo social unido y obediente al líder supremo; todo eso es después identificado como señales de que vivimos en tiempos de ascenso del fascismo.

Sin embargo, nos parece oportuno rescatar algunas definiciones que caracterizan el fascismo para hacer una comparación con Bolsonaro. En este sentido, nos apoyamos en las definiciones de León Trotsky, el revolucionario ruso que estudió de forma más seria el fenómeno del fascismo.

Trotsky fue heredero de un fecundo debate sobre el tema, iniciado en los tres primeros congresos de la Internacional Comunista, que lamentablemente fue interrumpido con su estalinización. Con todo, él retoma la discusión en una serie de artículos escritos en la década de 1930, durante el ascenso de Hitler, que están reunidos en la obra La lucha contra el fascismo en Alemania.

Fascismo como expresión de la crisis del capitalismo

El fascismo es un fenómeno político que expresa una crisis estructural del sistema capitalista monopolista. No por acaso, históricamente el fascismo surgió en una época de profunda crisis capitalista vivida en Europa en los años 1929-1930.

La crisis es de todo el sistema y del régimen político: una crisis económica que imposibilita a los capitalistas obtener las mismas tasas de ganancias que antes, combinada con una crisis política que hace que el régimen político, la democracia liberal, sus partidos e instituciones, sean percibidos por la población como cada vez más corruptos e inútiles. La crisis produce y exacerba la lucha entre las clases sociales, con la burguesía intentando destruir y atacar derechos y conquistas de la clase trabajadora, mientras esta resiste, se moviliza y se organiza a punto de amenazar todo el sistema capitalista.

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Después de la Primera Guerra Mundial, Italia vivió una crisis como esa, que alimentó el surgimiento del fascismo y la toma del poder por Mussolini. La burguesía temía que la clase obrera realizase una revolución socialista como en la Rusia de 1917.

En Alemania, la humillación de la derrota en la guerra, la enorme crisis social y la quiebra de las instituciones de la democracia burguesa crearon un ambiente de resentimiento propicio al surgimiento del nazismo. Se suman a esto las dos derrotas de la revolución socialista alemana (1919 y 1023), y la incapacidad del Partido Comunista alemán de unir fuerzas con la socialdemocracia en un frente único obrero para detener el ascenso de Hitler.

¿A quien recluta el fascismo?

“El fascismo es un medio específico de movilizar y organizar a la pequeña burguesía en defensa del interés social del capital financiero”, decía Trotsky. El fascismo recluta a los sectores de la clase media hacia sus filas, la pequeña burguesía arruinada y desesperada, a la que la crisis estructural del capitalismo alcanza de forma dura. Provoca la quiebra de los pequeños negocios, una caída abrupta del nivel de vida, inflación y desempleo en masa. Tales condiciones son propicias para que se geste en sectores de la pequeña burguesía una mezcla de resentimientos y preconceptos aliados al discurso de “purificar la nación”.

Pero el programa del fascismo es el de los grandes monopolios capitalistas y el sistema financiero. Ese programa no va a resolver ni a defender los problemas de la pequeña burguesía. Por el contrario, fueron los propios monopolios capitalistas los que hundieron a la pequeña burguesía en la rabia y en la desesperación.

Trotsky defiende que revolucionarios, movimiento obrero y popular luchen para ganar a sectores de la pequeña burguesía para su lucha. En épocas de crisis y de procesos revolucionarios, ese complejo sector social oscila entre la clase obrera y la burguesía, entre la izquierda y la derecha.

Organizaciones fascistas

Una organización fascista se caracteriza por la formación de milicias, pero no las “milicias” como las de Bolsonaro. El fascismo es un partido armado y de movilización de masas que actúa como un ejército paralelo a las Fuerzas Armadas, a las policías, al ejército, etc. Su objetivo es demoler y desmoralizar todas las organizaciones obreras, de los trabajadores en general, y también de la sociedad civil. Por eso apelan a métodos de guerra civil y van a las calles a agredir trabajadores, activistas y movilizaciones sociales, destruir su prensa, las sedes de sindicatos, partidos y entidades de la sociedad civil.

En la Italia de Mussolini, esas milicias eran conocidas como “Camisas Negras”. En la Alemania de Hitler, eran las SS. En España, era llamadas “Falange”. Es por medio de la acción sistemática de esas milicias que una organización fascista realiza acciones directas y demostraciones contra los trabajadores.

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Fascismo es un régimen

Una vez en el poder, el fascismo impone un régimen político autoritario y dictatorial. No cualquier tipo de dictadura, sino un tipo especial. Un gobierno autoritario o una dictadura militar “es un gobierno que se eleva por encima de la nación”, como decía Trotsky, y tiene como eje la policía, la burocracia y la camarilla militar. Es un gobierno “del sable como juez y árbitro de la nación”, decía.

Por su vez, una dictadura fascista “es inconcebible sin que previamente la pequeña burguesía se llene de odio contra el proletariado”. Una vez en el poder, su misión es la liquidación total de todas las organizaciones de la clase obrera, de los movimientos sociales y de la sociedad civil. Es la supresión autoritaria de organizaciones, como todos los partidos, incluso los más moderados, y de la oposición liberal.

De ese modo, el fascismo es la última carta de la burguesía contra el movimiento obrero y los movimientos populares. Cuando esos movimientos se insurreccionan y amenazan el orden capitalista, la burguesía no duda en detonar la democracia parlamentaria para sustituirla por el fascismo y sus métodos de guerra civil contra el proletariado.

Por la represión brutal a la clase obrera, el fascismo pretende reducirla “a un estado de apatía completa y crear una red de instituciones penetrando profundamente las masas, para evitar toda cristalización independiente del proletariado. Es precisamente en eso que reside la esencia del régimen fascista”.

Así, la “misión histórica” del fascismo es transformar de forma radical las condiciones de producción y de extracción de plusvalía a favor de los grandes capitalistas, eliminando toda resistencia de la clase trabajadora, por más modestas que estas sean, y aumentando la explotación.

No obstante, una vez en el poder, el fascismo se apoya en las Fuerzas Armadas del Estado para implementar su dictadura.

Como ocurrió en Alemania, las propias milicias son desmanteladas por los líderes fascistas. Eso porque el fascismo no puede tolerar que la pequeña burguesía continúe armada y que sea una amenaza a su poder.

“Una vez llegados al poder, los dirigentes fascistas se ven obligados a amordazar a las masas que los siguen, usando para eso el aparato estatal”, escribió Trotsky en una formidable previsión sobre el destino de las SS.

Autodefensa. Cómo se combate el fascismo

Trotsky defendía la unidad de acción y un frente único obrero como una necesidad de la clase obrera para defenderse físicamente de los fascistas. Por eso, Trotsky decía que “en la lucha contra el fascismo, estamos listos a hacer acuerdos prácticos de lucha con el diablo y con su abuela”.

Eso no significa hacer una unidad electoral ni construir un proyecto común de país. Trotsky repetía que la clase obrera debería mantener la más absoluta independencia del conjunto de la burguesía y de los reformistas. Al mismo tiempo, proponía una unidad con ellos para golpear juntos a un enemigo común y así defenderse. Su máxima era “golpear juntos, marchar separados”.

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Con el frente único, proponía formar grupos de autodefensa de la clase trabajadora y establecer el programa de su defensa, con la organización de comités de autodefensa para defenderse físicamente de los fascistas, en organizaciones obreras y populares y también en los barrios populares.

Benito Mussolini y otros fascistas fueron ejecutados y expuestos en la Plaza de Loreto, donde tiempo antes el dictador había ejecutado a quince partisanos.

El Brasil y el fascismo

El capitalismo decadente alimenta el surgimiento de organizaciones fascistas y la tendencia de gobiernos más represivos contra los trabajadores. Eso no solo en el Brasil sino en todo el mundo, como vemos en los EEUU y en Europa.

Por aquí, Bolsonaro da coraje a organizaciones fascistas, articula un partido formado por milicianos, defiende una dictadura y ataca de forma sistemática las libertades democráticas. En rigor, sin embargo, no estamos bajo un régimen fascista o “neofascista”. Eso dependerá esencialmente de la lucha entre las clases sociales. En el momento actual, crece la indignación contra el gobierno, que no tiene ninguna correlación de fuerzas para imponer un autogolpe y una dictadura fascista. Ni siquiera su partido Bolsonaro consigue organizar. Además, pesquisas indican que la gran mayoría de la población repudia una dictadura.

No obstante, no da para bajar la guardia. Es obvio que el momento exige la defensa de las libertades democráticas, el combate a los grupitos fascistas y bolsonaristas y el proyecto de dictadura de Bolsonaro. El momento exige también que sectores de los trabajadores organicen su autodefensa, por ejemplo, los profesionales de salud que han sido blanco de ataques de grupejos fascistas. “Con el fascismo no se discute; con el fascismo se combate”, explicaba Trotsky. Y ese combate se da con la clase trabajadora organizada.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.