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El asesinato de George Floyd hizo explotar un conjunto de revueltas negras de costa a costa de los Estados Unidos ¡No solo eso! Proporcionó levantes raciales y sociales en muchos países de Europa y América. En Inglaterra derrumbaron la estatua de un traficante de esclavos, iguales a muchas estatuas de esclavistas y asesinos que existen dispersas por el territorio brasileño, como es el caso de los homenajes al Duque de Caxias.

Por Rosenverck Estrela Santos, del PSTU Maranhão, Quilombo Raza y Clase y vocalista del grupo de Rap Jerga roja.

Esas revueltas ganaron apoyo y solidaridad de muchos sectores y movimientos sociales. Uno que ganó destaque fue el movimiento antifascista: los Antifas, principalmente cuando el presidente norteamericano Donald Trump los llamó terroristas. No tardó para que la copia rasurada de ese presidente en Brasil-Bolsonaro- replicara las mismas alusiones en nuestro país.

Las búsquedas de Google por antifascismo tuvieron un crecimiento astronómico. Muchos queriendo entender sus símbolos y lo que significaba ser antifascista. Mismo con un poco o ningún entendimiento se viralizó la campaña antifascista, inclusive, poniendo en segundo plano en algunos momentos el verdadero significado de la lucha negra norteamericana: el antirracismo. Los movimientos virtuales y hashtags se ampliaron de forma tal en Brasil que crearon distorsiones, como algunos grupos y movimientos que se autodenominan antifascistas, pero que en la organización de actos buscan impedir la participación de banderas y partidos políticos de izquierda. La falta de entendimiento histórico es tan grande que reproducen la misma práctica del fascismo y de las dictaduras militares en América Latina que perseguían y prohibían partidos políticos. No obstante, esos sectores, el movimiento antifascista es importante y fundamental en todo el mundo.

Volviendo al centro de nuestro texto, las revueltas negras hicieron explotar también una linda frase atribuida a Ángela Davis según la cual: “no basta no ser racista, es preciso ser antirracista”. Pero ¿qué es ser antirracista?

Racismo y antirracismo: algunas reflexiones

¿Antirracista significa asumir y condenar la existencia del racismo? ¿Significa luchar contra el racismo y exigir igualdad de derechos y oportunidades? ¿Significa ser solidario con la causa negra? ¿Asumir que tiene privilegios, en cuanto personas no negras? ¿Antirracismo significa empoderarse? ¿Significa construir el afroemprendedurismo o el black money? ¿Es posible ser antirracista sin ser anticapitalista? ¿Es posible ser antirracista queriendo apenas reformas en la sociedad capitalista y adaptarse a ellas como hizo el ya mencionado empoderamiento negro o Black Money[1] y el afroemprendedurismo?

No queremos negar, inclusive, la importancia para la lucha antirracista de algunas de esas formas de lucha y conciencia, todas a su modo contribuyen al combate de prácticas racistas y de las desigualdades en la sociedad brasileña. Pero tenemos que profundizar ese debate y tener más consistencia de lo que significa la lucha antirracista, porque si no, al contrario de lo que creemos estar haciendo, acabaremos por reforzar y reproducir las condiciones que mantienen y robustecen en racismo.

¿Hasta qué punto esas formas de antirracismo pueden ser integradas al sistema capitalista y, siendo útiles a la clase dominante, remediar algunos problemas coyunturales de las formaciones sociales específicas del capital? ¿Hasta qué punto ellas pueden ser importantes en la maduración de las contradicciones del Capitalismo y el desenvolvimiento de la conciencia de clase étnico racial de la población negra?

En nuestra opinión, el movimiento negro y la lucha antirracista no pueden ser caracterizados como una acción exclusivamente racial, identitaria o política. Los factores políticos, identitarios, no pueden ser apartados de los determinantes socioeconómicos. Así, igual a la clase y conciencia de clase, el racismo y la identidad racial son partes fundamentales de la dinámica histórico social y deben ser analizados dentro del cuadro de conflictos sociorraciales y sus determinantes complejos.

El racismo, a partir de la metodología marxista, no puede ser caracterizado sin la aprehensión de su dinamismo histórico y conexión estructural con el modo de producción capitalista. Aislar el racismo de la totalidad compleja de la cual forma parte es un error ideológico, histórico y metodológico. El racismo es económico, político, ideológico, cultural, subjetivo, pues hace parte de un todo complejo e interrelacionado empleado para la explotación y dominación de la población negra. Querer, a título de ejemplo, que el combate al racismo sea en el campo político de la identidad y no el económico; o en el campo económico sin considerar el político y la identidad es un equívoco de comprensión de la historicidad y la realidad social de la población negra, puesto que no percibe que esta se encuentra posicionada desigualmente tanto en las relaciones de producción como en las de consumo; tanto en el campo educacional, cultura, jurídico, etc. Por lo tanto, los nexos históricos del racismo, desde la comprensión de su génesis hasta las formas específicas coyunturales son importantes en el entendimiento de la desigualdad y la cuestión negra, bien como de las medidas necesarias para su superación, o sea, el antirracismo.

Delante de esas reflexiones, ¿cuál debe ser el objetivo del movimiento antirracista? ¿Cuál debe ser el objetivo propuesto en la consigna unidad racial? Si concordamos que la igualdad social y la emancipación humana- y sus mecanismos, prácticas e ideologías de la explotación y opresión como el racismo, el machismo, etc. ¿pasan por la extinción de las clases y de las condiciones de deshumanización impuestas por el modo de producción capitalista en todo complejo del antagonismo estructural, como la población negra está localizada en el interior de esa antítesis?

Sabemos que la población negra no es toda la clase trabajadora, pero al mismo tiempo no podemos definir la clase trabajadora brasileña sin la presencia maciza de la población negra. Entonces ¿cómo el movimiento negro piensa la desigualdad social para la población negra? ¿Sabiendo localizarla en el interior de la clase trabajadora y, así siendo, conectando sus objetivos al conjunto de esa clase o pensando en propuestas policlasistas que desmembraron la población negra de la clase trabajadora y la conciben más allá de las clases? ¿Es posible tener igualdad racial e igualdad social en Brasil o en cualquier parte del mundo, donde las condiciones raciales son imperativas, demandando propuestas y objetivos policlasistas o supraclasistas y manteniendo las condiciones de deshumanización de la sociedad capitalista?

No hay dudas de que la construcción de la conciencia racial, por medio de la identidad étnico-racial es una conquista fundamental e importantísima en un país que niega los referenciales negros. Por otro lado, la política identitaria no puede ser un fin en sí mismo, sobre riesgo de apenas “beneficiarse de cargos burocráticos y espacios abiertos para los miembros calificados de una ínfima clase media blanqueada[2]. Durante la administración del PT, por ejemplo, no fue difícil observar numerosos militantes del movimiento negro asumiendo cargos políticos comisionados y adoptando el discurso del gobierno federal, como también de la lógica del mercado para la población negra.

Cloviz Moura introduce en su brillante libro-Sociología del negro brasileño-una breve discusión sobre los anhelos y deseos de la clase media negra brasileña que introyecta valores y objetivos de la sociedad burguesa. Relata el caso de un sociólogo negro que en un simposio que ambos participaban declaraba la necesidad de preparar a la población negra para asumir la dirección de multinacionales.

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Describimos abajo un texto de Clóvis Moura que consideramos ilustrativo de esa discusión:

Esta falta de perspectiva que impide verse en el puente entre el problema negro y los estructurales de la sociedad brasileña, esto es, se supone, que el negro, a través de la cultura podría dirigir una multinacional, bien demuestra la alienación sociológica y el raciocinio de quien expone el problema de esa forma.  El problema del negro tiene especificidades, particularidades y un nivel de problemática mucho más profundo que el del trabajador blanco. Pero, por otro lado, está ligado porque no se podrá resolver el problema negro, su discriminación, preconceptos contra él, finalmente el racismo brasileño, sin alertarnos que ese racismo no es epifenoménico, pero tiene causas económicas, sociales, históricas e ideológicas que alimentan su dinamismo actual. Un negro director de una multinacional es sociológicamente blanco. Tendrá que conservar la discriminación contra el negro en la división interna de una empresa, tendrá que ejecutar sus normas racistas y, con esto, dejar de pensar como negro explotado y discriminado, y reproducir en su comportamiento empresarial aquello que un ejecutivo blanco también haría [3].

Si la tarea de la población negra que sufre racismo es destruir las condiciones que la hacen blanco de racismo ¿qué condiciones son esas? En nuestro análisis, las condiciones capitalistas de reproducción de la desigualdad están en la base de los mecanismos de reproducción de la desigualdad racial. Raza y clase, en Brasil y en diversas partes del mundo-como en los EEUU.-no pueden ser disociados so pena de la lucha antirracista es apenas parcial.

Algunas interpretaciones del antirracismo en Brasil

¿Cómo fue pensado el antirracismo por algunos de los intelectuales brasileños? Antonio Sergio Guimaraes[4], por ejemplo, dice que la lucha antirracista asumió cuatro diferentes formas en Brasil: las dos primeras son la creencia racialista en la existencia biológica de las razas, y la aceptación de las razas sociales como categorías que organizan la estructura social. En esas perspectivas no hay posibilidad de superación de las razas en la humanidad, sea biológica o social y, en ese sentido, lo que se puede hacer es mejorar las relaciones sociales, la ciudadanía, la igualdad de tratamiento y oportunidades de derechos. En nuestro análisis, esa postura es defendida por la mayor parte de los movimientos negros defensores de las políticas de promoción de la igualdad racial y, en especial de los gobiernos que la emprendieron, durante las primeras décadas del siglo XXI.

La tercera y cuarta formas de lucha antirracista provocarían la superación de la idea de razas, y, según Antonio Guimaraes, la tercera, se estructura en torno de la concepción de que es preciso avanzar en la eliminación del concepto de raza para destruir el racismo. Siendo así, la educación tendría un papel esencial, pues al ser educados de la no existencia de razas, las personas cambiarían sus acciones y percepciones racistas.

Esta idea, en nuestra opinión, se basa en una comprensión distorsionada de la educación como redentora y salvadora de los problemas de la sociedad. Percibimos que esa comprensión es muy común en el sentido medio de la sociedad y, también, muy presente en la opinión general que profesoras y profesores tienen sobre el racismo, pues al concebirlo apenas como una ideología de discriminación y, por consiguiente, en el campo moral, creen que con una educación antirracista sería posible eliminarlo.

La cuarta forma de lucha antirracista, en la cual se en la cual se afilia el autor que estamos citando, cree que la superación de las clasificaciones raciales puede ocurrir a partir de dos sentidos: el reconocimiento de la inexistencia de razas biológicas y de la denuncia del constante cambio de la idea de raza, pues ella asume diferentes formas a lo largo del tiempo. En efecto, él dice: “necesitaremos aún usar la palabra raza de un modo analítico, para comprender el significado de ciertas clasificaciones sociales y de ciertas orientaciones de acción formadas por la idea de raza”.

De hecho, para este autor, el movimiento antirracista en el país debe-en la reelaboración del concepto de raza reconocer la importancia de la idea de raza para legitimar las desigualdades de derechos; reafirmar el carácter inexistente de la raza biológica e identificar cómo la raza determina el perfil y las características de las clases sociales.

Evidentemente que todas las formas de antirracismo tuvieron o tienen su importancia, pero ¿será que conseguiremos superar la idea de raza y el racismo a partir de esas cuatro formas de lucha antirracista que Antonio Guimaraes trae a discusión?

¿Conseguiremos la emancipación e igualdad de la población negra con el fin de la desigualdad racial y el racismo, por medio de más derechos sociales, igualdad de oportunidades y tratamiento, más acceso a educación para el pueblo brasileño y consecuente esclarecimiento de la no existencia del concepto de razas biológicas, bien con la utilización consciente y consecuente de la idea de raza social? ¿Será posible la emancipación e igualdad de la población negra sin discutir las formas capitalistas de explotación y opresión?

Cierta vez, en un debate que estuve en la Universidad Federal de Maranhão, con una dirigente de una entidad negra en San Luis, yo problematizaba justamente esa idea de la necesidad de la lucha contra el Capitalismo. En su intervención esa persona replicó diciendo que el problema del movimiento negro no era el capitalismo, sino el racismo, o sea, la lucha antirracista y, por consiguiente, del movimiento negro era una lucha prioritaria contra el racismo y el capitalismo no era preocupación principal. En otro evento, con otro dirigente negro, ahora de otro Estado, yo escuché que prefería ser “chicoteado” por un negro que por un blanco. Si era para tener un blanco de ultraderecha y fascista en el poder, él prefería que fuese un negro de ultraderecha en el poder. Que estaba cansado de “capturar” de blanco y, si era para “capturar” que fuese de un negro en el poder. O sea, no importa la ideología, la condición de clase, mientras sea negro.

En este pensamiento, toda la lucha antirracista se torna en una lucha no contra las condiciones materiales e intelectuales que reproducen el racismo, pero tan solamente contra aquellos que difunden o son privilegiados por él. Usted combate al “agente” de racismo, pero deja intactas las condiciones que lo sustentan. El antirracismo se torna una lucha subjetiva entre blancos y negros; entre quien nos puede atacar y quien no nos puede atacar. Los negros nos pueden atacar, explotar, oprimir al conjunto de la población negra, pero a los blancos les está prohibido. La explotación y la opresión quedan intactas en sus condiciones materiales e intelectuales de existencia.

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Todo el mundo se asusta con las ideas proferidas por el actual presidente de la Fundación Palmares. Pero justamente, una idea distorsionada y parcial del antirracismo reprodujo un pensamiento que todos los blancos son nuestros enemigos y todos los negros son nuestros aliados. Retiraba completamente su condición de clase y la condición racial se tornaba-única y exclusivamente- en la idea-fuerza-práctica de la lucha contra el racismo. Aunque eso no fuese dicho con todas las letras, se construyó un “sentido común” en el cual hablar de África y de la población negra era casi hablar de una región y de un pueblo sin antagonismo de clase y conflictos sociales. Parecía que vivíamos entre nosotros una armonía social y cordialidad que solo el racismo eurocéntrico y los culturalistas construían.

¿Quién no se acuerda de la ministra de los Derechos Humanos del gobierno de Michel Temer, Luislinda Valois, cuando dijo que ese presidente criminal representaba a las mujeres negras de Brasil? Era una juez negra empoderada que tenía conciencia del racismo y de su negritud. En la época leí textos que decían que la ministra había perdido su conciencia racial. Esos sectores que hacían ese análisis, apenas sobre el prisma racial, no conseguían entender que Luislinda Valois había perdido conciencia racial e identidad negra-como Sergio Camargo-pero sí, asumido un lado de clase: el lado de la burguesía brasileña (en su mayoría blanca, es cierto).

Otro autor que escribió sobre el antirracismo en Brasil-Jacques d’Adesky[5]-afirmó que la lucha antirracista no genera explosiones raciales en virtud de  siete factores: el primero tiene que ver con diferentes contextos históricos de la lucha del movimiento negro-los años 1930 del Frente Negro Brasileño; los años posteriores al Estado nuevo, en 1945, con el Teatro Experimental Negro; y la “apatía relativa” de la lucha contra el racismo en los años de la dictadura militar- que determinaron una estrategia de movilización vinculada a la negociación y no a la lucha armada o los conflictos directos. El segundo factor dice respecto a la división del movimiento negro en los años 1980 y 1990 que trajo a la discusión las tácticas de negociación y lucha directa e hicieron que le movimiento negro se dividiera –grosso modo– en dos grupos: la corriente moderada y la radical. Una queriendo negociar con Estados y gobiernos y que fue la corriente victoriosa del movimiento negro, y otra, no aceptando esas negociaciones. “La primera corriente, considerada integracionista, tomó el frente, con el correr de los años, sobre la corriente radical (…). Está formada, en su mayoría, por intelectuales y militantes próximos de los poderes públicos, cuenta con el apoyo de los principales políticos negros (…)[6]. El tercer factor estaría ligado a las cuestiones económicas y sociales; el cuarto, la fragilidad de las articulaciones del movimiento negro; el quinto factor sería la alienación cultural; el sexto, el ideal de blanqueamiento; y el sétimo, la democracia racial y la cordialidad de las representaciones del racismo y el antirracismo. Más allá de si este autor está en lo correcto o no-tengo muchas críticas- sus análisis traen una serie de reflexiones importantes para pensar la actuación del movimiento antirracista.

Me acuerdo de las discusiones de Cornell West[7] en EEUU. Para este autor, después de las conquistas de los derechos civiles en los años 60, con la política de acciones afirmativas y el proyecto de empoderamiento negro, se generó una clase media y una élite negra norteamericana que se distanció del conjunto de la masa de la población negra que pasó a ser blanco de toda forma de violencia, genocidio y encarcelamiento. La nueva dirigencia negra estaba basada “en su capacidad de actuar como intermediaria entre el mundo empresarial, los establecimientos políticos y los pobres confinados en los guetos [8]. En ese sentido, para Cornell West, “la verdadera crisis de dirección negra es que la propia idea de dirección negra está en crisis”[9].

Eso nos hace pensar si uno de los problemas centrales que hace como que las demandas de la población negra y el antirracismo no sean levantadas hasta las “últimas consecuencias”, no sea justamente su problema de dirección. Parte del movimiento negro y algunas direcciones, en contextos de decrecimiento de la lucha negra prefirieron el diálogo con el Estado, las clases dominantes y el mantenimiento del orden, no obstante, la resistencia y movilización de la población negra. Eso es ilustrativo en la aprobación del Estatuto de Igualdad Racial que fue todo desfigurado en un acuerdo con el partido de derecha DEM y otros sectores conservadores. O también la política de cuotas que se transformó de cuotas raciales para cuotas sociales en maniobras de conciliación dentro del parlamento entre el gobierno, sectores del movimiento negro y grupos conservadores. A pesar de toda su importancia, las políticas de cuotas fueron atacadas por negociaciones que traen problemas hasta hoy, como podemos ver en numerosos fraudes.

La lucha antirracista en Brasil, principalmente en el periodo republicano, asumió un carácter reformista y de combate a las formas revolucionarias. Durante los años 1990 me estaba formando en Historia y tenía los primeros contactos con el marxismo, muchas veces entré en debate y oí ataques por parte de los grupos del movimiento negro y profesores-como acontece hasta hoy- al marxismo y las ideas socialistas. Es preciso alertar que eran sectores y no todo el conjunto del movimiento negro, pues era un debate muy vivo  en el interior de nuestras organizaciones. Durante la década de 1990, también, muchos profesores que se tornaron postmodernistas se transformaron en antimarxistas y antisocialistas, ayudaron a formar una generación de profesionales conservadores cuyos efectos los sentimos hoy. La propia historiografía sobre la esclavitud y las resistencias de la población negra pasó a privilegiar la negociación, en detrimento al conflicto y la rebelión, en una equívoca adaptación historiográfica a las ideas neoliberales en boga.

El antirracismo asumió la característica reformista, de lucha dentro del orden capitalista, y por esa razón aún tuvo dificultad en pensar el antirracismo más allá de la sociedad de clases y razas. Esta es una de las razones también-no la única, es evidente, pues la discusión de raza fue fundamental para la construcción de nuestra identidad- porque la lucha antirracista centró toda su discusión de raza y se desconectó lo máximo que podía de la condición de clase, haciendo críticas a todas las teorías y movimientos que buscaban la superación del orden capitalista, por medio del socialismo. En sentido contrario, un sector considerable se aferró a perspectivas culturalistas, racialistas, emprendedoras que, exclusivamente, buscaban valorizar la herencia cultural negra y la identidad étnico-racial como fundamentos centrales, sino únicos, de la lucha antirracista. El combate al racismo se tornó en fin en sí mismo y no en un medio para alcanzar otra forma de sociabilidad en la cual raza, clase, género y todas las formas de discriminación, dominación y explotación del ser humano no existiesen más. De esa forma, ejerciendo una acción continua para eliminar esos fenómenos de jerarquización de la historia emancipada de la humanidad.

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No se está abogando el fin inmediato de la conciencia e identidad racial y de la problematización de la cuestión racial como elemento fundamental de la lucha negra contra la desigualdad. Lo que estamos afirmando es que esta conciencia es fundamental para la lucha cuyo objetivo final debe ser la eliminación de esa misma conciencia y todas las condiciones materiales de desigualdad. Esto es, la conciencia racial es la precondición de la extinción de las condiciones materiales que la hacen existir, basadas en la explotación y la opresión de la población negra, en cuanto clase trabajadora.

¿Qué es ser antirracista?

Por esas razones ¿es posible ser antirracista sin ser anticapitalista? ¿Es posible ser anticapitalista sin ser antirracista? Para mí, no es posible ser antirracista siendo reformista, aceptando el capitalismo como fin de la historia y buscando adaptarse a sus mecanismos de dominación. No es posible ser antirracista aceptando al capitalismo como sociabilidad posible de existencia. Creer que es posible reformar y humanizar al capitalismo, en el sentido de combatir el racismo, empoderando a la población negra y creando una generación de emprendedores afros y desconocer los orígenes y las formas de reproducción de la dominación racial.

Por esa razón, ser antirracista y luchar contra el racismo es, al mismo tiempo, luchar contra la condición material e intelectual que corrobora la génesis y reproducción del racismo, la cual es el capitalismo. Eso vale, para los anticapitalistas y para los socialistas. Creer que después de una revolución socialista, por arte de magia, el racismo se irá a deshacer por cuenta propia es desconocer el origen y los mecanismos de reproducción del capitalismo y de las formas de sociabilidad basadas en la desigualdad.

La conciencia racial y el antirracismo es, por tanto, condición fundamental para la destrucción del capitalismo y la construcción de una humanidad emancipada y en igualdad social. Diversidad, identidad, conciencia étnico-racial y conciencia de clase, todo eso es necesario e imprescindible, pero insuficiente si las condiciones de la sociedad permanecen desiguales.

No tiene sentido que la población negra empoderada con su negritud afirmada, si esta misma población continúa viviendo en condiciones inhumanas socioeconómicamente. Así como la igualdad social presupone el fin de las clases y de la propiedad privada, la igualdad racial presupone el fin de las razas y de la propiedad privada. Nuestra lucha no es para la destrucción de un poder monocromático blanco y colocar en su lugar un poder monocromático negro o una diversidad colorida manteniéndose la desigualdad social para la gran mayoría de la población brasileña, que es negra.

El proyecto antirracista, por tanto, es un proyecto de igualdad social y emancipación humana. Es un proyecto de sociedad donde las clases y razas no existan en cuanto condiciones y marcadores de desigualdad. Una sociedad en la cual la humanidad plena sea realizada y la verdadera historia humana pueda iniciar sin distinciones de cualquier especie: raza, clase, género. Por eso, la lucha antirracista es tan peligrosa para la clase dominante. Por eso es que esa lucha busca disputar la dirección y el significado de ser antirracista. Quien no entiende eso, a pesar de decir lo contrario, solo está reforzando el poder emblanquecido de la burguesía brasilera.

En ese sentido, es fundamental desnudar las determinaciones de raza, clase y género en la estructuración de las desigualdades sociales y de la producción de la pobreza. Esta es una tarea que cabe a todos los movimientos sociales, pues la unidad de la clase trabajadora debe ser una unidad concreta que tome en cuenta las realidades diferenciadas de hombres, mujeres, negros y blancos en Brasil. Lo que la burguesía hace de todo para esconder, nosotros debemos arrojar como forma de lucha y desestructuración de las bases ideológicas del capitalismo.

Haciendo eso, nosotros conseguiremos unir al ejemplo de muchos momentos de la historia brasilera-como fueron los quilombolas- los explotados y los oprimidos en una acción conjunta contra el capital y sus instrumentos de dominación.

Recientemente me preguntaron si yo creía realmente que podría existir un levantamiento negro y social en Brasil ¡Yo dije que sí! Pues en una sociedad absolutamente desigual, donde las tensiones están siempre al límite, a cualquier hora la bomba humana de explotados y oprimidos va a explotar ¡A esa hora hay que estar del lado correcto! Parafraseando a Trotsky, nosotros aprendemos al ritmo de la historia. Siempre sabemos nadar contracorriente convencidos de que ella cambiará su rumbo ¡convencidos de que el nuevo movimiento histórico nos conducirá a la victoria!

Traducción: Cristian González

Notas:

[1] Existe hasta un movimiento estructurado de empresarios en esa lógica que busca conectar “emprendedores” y “consumidores negros”, en una lógica neoliberal no disfrazada de la ideología del emprendedurismo, del individualismo y de la competición. Se crea la ilusión aterradora de que “vender coxinha” y tornarse un empleado flexibilizado y sin derechos es tener autonomía y tornarse un empresario. Distorsionan, inclusive, el contexto y la frase de Steve Biko: “Negro, usted está por su propia cuenta”.

[2] MOURA, Clóvis. Sociologia do negro brasileiro. São Paulo: Ática, 1988, p.10.

[3] (MOURA, 1988, p.10)

[4] GUIMARÃES, Antonio Sérgio Alfredo. Classes, Raças e Democracia. 2ª Ed. São Paulo: Editora 34, 2012.

[5] D’ADESKY. Jacques. Pluralismo étnico e multiculturalismo: racismo e anti-racismos no Brasil. Rio de Janeiro: Pallas, 2009

[6] D’ADESKY. Jacques, p.168

[7] Apud CASTELLS, Manuel. O Poder da identidade. São Paulo: Paz e Terra, 1999.

[8] (CASTELLS, Manuel. p.73)

[9] (Apud CASTELLS, Manuel, p.79)