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Tercer artículo de la serie “Crisis y degeneración del PT”. El objetivo es ofrecer a nuestro lector un análisis sobre la historia y los orígenes de la bancarrota del proyecto petista.

Por: Bernardo Cerdeira

Uno de los factores de mayor desgaste del PT es el involucramiento de varios de sus dirigentes en escándalos, favorecimientos a grupos económicos y negociados con partidos de derecha.

Las denuncias, las investigaciones y los procesos han tenido una respuesta tan vergonzosa por parte de la dirección del PT que es, prácticamente, una confesión de culpa. Dice que no hay pruebas, en lugar de decir, categóricamente, que son calumnias. Dice que hubo tanta o más corrupción en los gobiernos anteriores. Eso, posiblemente sea cierto. Sin embargo, además de que ese argumento no justifica la corrupción del PT, el partido tampoco niega las denuncias.

El problema es mayor cuando se piensa que el PT creció y llegó al gobierno levantando la bandera de la ética en la política, denunciando la corrupción de los gobiernos Sarney, Collor y Fernando Henrique Cardoso (FHC), y prometiendo un gobierno limpio. El pueblo, que confió en ese discurso, ahora se rebela contra los que, en el poder, se transformaron en un partido corrupto como los otros.

¿Lucha de campos o lucha de clases?

La dirección del PT se defiende diciendo que las denuncias de corrupción son fruto de una campaña reaccionaria, articulada por los medios y por los partidos de oposición para destruirlo.

Según ese razonamiento, existiría un enfrentamiento entre la oposición de derecha, conservadora, pro-imperialista y privatizadora, de un lado, y un gobierno de izquierda, progresista, nacionalista y desarrollista, de otro. La crisis económica internacional, al alcanzar al Brasil, habría dado la oportunidad para que la oposición de derecha pasase a la ofensiva. Se trataría, entonces, de una campaña de difamaciones y acusaciones sin pruebas, de una campaña mediática reaccionaria.

Ahora bien, es cierto que hay una crisis económica mundial que afecta al Brasil y que la oposición de derecha viene aprovechándose de los escándalos de corrupción, de la situación económica del país y de las dificultades del pueblo, para desatar una ofensiva contra el gobierno del PT. Pero es totalmente falso el argumento de que existe una polarización entre una oposición de derecha y un gobierno de izquierda o progresista.

Esta justificación es típica de la “teoría de los campos”, que explica las situaciones políticas no a partir de la lucha de clases entre patrones y trabajadores sino a partir de supuestos enfrentamientos entre campos reaccionarios y campos progresistas, en que el supuesto campo progresista sería una composición policlasista entre trabajadores, sectores medios y sectores burgueses progresistas.

Si eso fuese verdad, ¿cómo explicar que partidos de derecha como el PMDB, el PSD, el PTB y hasta el PP de Paulo Maluff componen el supuesto gobierno de izquierda encabezado por el PT? ¿Por acaso, políticos que hacen parte del gobierno, como el vicepresidente Michel Temer, los ministros Kátia Abreu (ruralista), Joaquim Levy (banquero) y Guilherme Afif Domingos (empresario) pasaron a ser progresistas?

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¿O serían progresistas los políticos de la base oficialista como José Sarney, Jáder Barbalho, Renan Calheiros, Sérgio Cabral, Pezão y muchos otros? La verdad es que el PT está aliado con algunos de los políticos más reaccionarios y corruptos del país. Tan reaccionarios como José Serra y Aécio Neves.

En verdad, existen dos enfrentamientos en la actual realidad política brasileña. El primero es una lucha de los trabajadores y del pueblo para resistir a los ataques de toda la burguesía, unificada por la política de ajuste fiscal. En ese frente burgués están el gobierno del PT, los gobiernos estaduales, el Congreso Nacional y los empresarios. Esa es la principal forma en que se expresa la lucha de clases en el país.

Pero hay también una disputa entre dos sectores burgueses, uno que está en el gobierno (en una alianza del PT con el PMDB, el PSD, el PTB y otros partidos) y otro que está en la oposición (PSDB, DEM, PPS y Solidariedade).

Un pacto con empresarios y banqueros

La degeneración política del PT tiene origen en la opción de realizar una política de alianza estratégica con lo que ellos llamaban el sector burgués progresista, con el objetivo de gobernar el país.

Esa política de alianza fue siendo delineada por la corriente mayoritaria, conocida como Articulación, durante los debates realizados en el interior del PT aún en las décadas de 1980 y 1990. Eso quedó mucho más claro a partir de las elecciones de 2002, cuando Lula puso como candidato a vicepresidente a José Alencar, el mayor empresario textil del país. Electo, Lula escogió como ministros a importantes empresarios como Furlan, en la época dueño de la Sadia [empresa de alimentos frigoríficos, fiambres y embutidos], y a Henrique Meirelles, antiguo ejecutivo del Bank of América.

En los ocho años de gobierno Lula esta alianza se profundizó: el PT abrió el gobierno al PMDB, partido con el mayor número de diputados y senadores en el Congreso, al PP, el PTB, el PDT, y otros partidos burgueses.

En los gobiernos de Dilma, el pacto con la burguesía solo fue más para la derecha. Primero con la elección de Michel Temer (PMDB) para el puesto de vicepresidente y, después, con la de ministros cada vez más reaccionarios, representando el gran capital financiero, industrial y agrario, como los ya citados Joaquim Levy y Kátia Abreu.

Administrando el capitalismo

El pacto político también tenía un objetivo económico: garantizar enormes ganancias para las empresas imperialistas y nacionales.

Los gobiernos del PT y sus aliados decían defender los derechos de los trabajadores, pero, en la práctica, trataron de privilegiar el capital financiero, los bancos, el agro-negocio, y las contratistas. El PT hizo pequeñas concesiones a los pobres, pero gobernó verdaderamente para los patrones. Varias veces, Lula afirmó que “nunca en la historia de este país, los empresarios ganaron tanto dinero”, y que los propietarios de ingenios azucareros eran héroes. No tenemos por qué dudar de sus palabras: él sabía de qué hablaba.

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Los bancos fueron los que más lucraron con la política de intereses altos y pago riguroso de la deuda pública interna y externa. Por otro lado, el BNDES [Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social] sirvió para prestar dinero a intereses bajos o invertir en grandes grupos nacionales como la Brasil Food (fusión entre Perdigão [Perdigón] y Sadia)[1] y la JBS-Friboi[2].

El FIES [Fondo de Financiamiento Estudiantil] y el ProUni [Programa Universidad para Todos] fueron programas de favorecimiento a los grandes grupos privados del sector educacional, que pasaron a recibir repases regulares de dinero público para financiar las bolsas de los estudiantes universitarios del sector privado.

El PT promovió una intensa política de privatizaciones disfrazadas bajo la forma de concesiones de puertos, aeropuertos, autopistas, áreas de explotación de petróleo del Pre-sal, beneficiando a grupos privados. Por último, fueron las grandes contratistas que acumularon enormes ganancias con los contratos sobrefacturados de obras del Estado y de la Petrobras.

Durante su primer gobierno y bajo el pretexto de mantener los puestos de trabajo, Dilma concedió un monto de R$ 100.000 millones en exenciones fiscales que beneficiaron a diversos sectores empresariales. Gran parte de la crisis fiscal del gobierno se debe a esa política.

Si analizamos el problema de ese punto de vista, es fácil entender el proceso de degeneración del PT. El partido optó por una estrategia de alianza con un sector de la burguesía y con los partidos que la representan. Desarrolló políticas de fortalecimiento del capitalismo y de ciertos sectores empresariales. Aceptó las reglas del régimen político y del Estado burgués, y se involucró hasta el cuello en su administración corrupta.

Así, dejó de ser una organización que expresaba de alguna manera, aunque de forma distorsionada, las expectativas de los trabajadores, para transformarse en un partido más que defiende el sistema capitalista y el orden burgués. De ahí a la corrupción fue solo un paso.

Corrupción y capitalismo andan juntos

El involucramiento de dirigentes petistas en varios esquemas de corrupción no se da porque este sea un producto exclusivo del régimen político brasileño.

La corrupción no es un privilegio del Brasil. Es parte indisociable del sistema capitalista. En un sistema que tiene como base la gran propiedad privada, la obtención cada vez mayor de ganancias y la competencia entre grandes monopolios, conseguir el apoyo del Estado y de sus instituciones puede hacer una enorme diferencia.

Por eso, en el sistema capitalista, el parlamento funciona como un gran balcón de negocios. Empresarios compran leyes que favorecen la minería, la industria y el agro-negocio, solo para citar algunos ejemplos.

De la misma forma, el Ejecutivo promueve contratos sobrefacturados que generan inmensas ganancias a contratistas y otras concesionarias del gobierno o garantiza subsidios y exenciones de impuestos que benefician a otros sectores.

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El Estado y los capitalistas organizan grupos, como el Club de las Contratistas que dividía contratos de la Petrobras. Esos grupos, o cárteles, dividen entre sí los contratos y concesiones del Estado, fijan el precio que quieren, sobrefacturan obras, pagan coimas, etc.

En este sistema existen dos lados: políticos y funcionarios corruptos y empresas y empresarios corruptores. Las empresas potencian sus ganancias, y los grupos más fuertes concentran más capital. Ya los políticos y funcionarios se enriquecen, acumulan dinero y se transforman en nuevos burgueses.

Por eso, no es extraño que los políticos que comenzaron su vida pública como abogados, médicos e ingenieros terminan millonarios ejerciendo únicamente la actividad política. Es el caso de caciques como Antônio Carlos Magalhães, Orestes Quércia, Jáder Barbalho y tantos otros. La corrupción es un instrumento al servicio de la acumulación capitalista en el pillaje del Estado.

No es casual, por lo tanto, que el PT, al aceptar administrar el Estado capitalista burgués, aliado a las más podridas bandas de los partidos políticos burgueses, haya quedado atrapado hasta el cuello en escándalos de corrupción. En realidad, la lógica de este pacto carnal con la burguesía es la reproducción de sus métodos.

Lea en este mismo site www.litci.org

  • el artículo 1: La bancarrota de un proyecto: gobernar el Brasil como una potencia capitalista con pequeñas reformas sociales.
  • el artículo 2: Las ilusiones en un capitalismo humano.

Traducción: Natalia Estrada.

[1] Conglomerado brasileño del ramo alimenticio: carnes, alimentos procesados, margarinas, pastas, pizzas y vegetales congelados [N. de T.].

[2] Empresa de procesamiento de carnes del Brasil, que forma parte del Grupo JBS, el mayor frigorífico de Latinoamérica, que opera en 24 países de los 5 continentes y que cuenta, además de Friboi, con reconocidas marcas, como Swift, Maturatta, Cabaña Las Lilas, Pilgrim’s, Gold Kist Farms, Pierce y 1855 [N. de T.].