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La movilización de la policía militar en Ceará ha culminado, la polémica sigue viva. No solamente porque el ajuste fiscal en los estados suplantará el problema, sino también porque de alguna forma ella sintetiza las principales contradicciones que estamos viviendo. Según el periodista Marcelo Godoy, citando fuentes militares, el factor determinante para el fin de la paralización fue la represión: la prisión y el proceso de 43 militares y la enmienda a la constitución de Ceará que veta la posibilidad de amnistía a los militares envueltos en el movimiento.

Por: Ricardo Ayala, del PSTU-Brasil

La represión fue el resultado de un frente unido, que abarco de Bolsonaro al PT, para criminalizar el movimiento.  Los policías militares de Ceará de todo el país, que viven las mismas condiciones y contradicciones, deben aprender las lecciones de esta movilización. La descalificación del movimiento de la huelga fue un arma utilizada por todos los medios de comunicación, y por las declaraciones de notas de diferentes partidos y organizaciones. Incluso antes de saber cuáles eran las reivindicaciones, las razones de la huelga y su radicalización, ella fue transformada en una “acción de la milicia”.

En paralelo a la huelga, fuimos testigos de una crisis política en el país. Bolsonaro, que utiliza el enfoque de “dame que yo te daré” al igual que todos los gobiernos anteriores, no quería pagar la factura de los votos por la reforma de la Seguridad Social a los Parlamentario, y coloco a sus anfitriones en movimiento, amenazando con cerrar el Congreso y el STF con el objetivo que los trabajadores sean los que continúen pagando las cuentas de la crisis que ni ‘Mandraque el mago” puede resolver.

Estamos juntos con todos aquellos que resisten a la tentativa de acabar con las libertades democráticas e imponer una dictadura en nuestro país. Después de todo, la lucha es lo que nos queda para evitar la entrega de Brasil, los ataques a los trabajadores, a los oprimidos y los ataques a las libertades democráticas, llevados a cabo por Bolsonaro, para mantener las ganancias de medias docenas de empresarios y banqueros.

Muchos presentaron la movilización de los policías de Ceará como parte de la articulación de la ultraderecha para desestabilizar al gobierno PT de Camilo Santana, que en nuestra opinión no fue más que una cortina de humo para ocultar las verdaderas razones del movimiento. Es lo que discutiremos en las líneas de abajo.

El investigador del laboratorio para el estudio de la violencia, en la universidad Federal de Ceará (Ricardo Moura), realizó entrevistas con cinco oficiales y dos oficiales que no se habían unido al movimiento. Veamos que nos dicen estas entrevistas:

Wendell (nombre ficticio) da más detalle sobre el cierre del acuerdo por fuera de la corporación “: quien fue a negociar no quería una huelga y sabía que si tomaba las tropas para decidiera la propuesta no sería aceptada. Entonces, lo que sucedió fue que los líderes cerraron el acuerdo a pesar de saber que el mismo era malo.  Cuando hicieron el video mostrando el resultado de la reunión y el acuerdo que habían aceptado…fue una verdadera bomba. La negación fue unánime, fueron muchas críticas, la abrumadora mayoría no acepto, ahí comenzó el problema.

En otra entrevista el mismo tema

A pesar de no participar o apoyar el movimiento de huelga, Paulo (nombre ficticio) dice que los valores de reestructuración salarial presentados por el Gobierno a la policía están desactualizados. Aun así, la escala salarial fue aprobada por líderes políticos vinculados a la corporación. “Estos líderes no sabían cómo llevar a cabo la negociación de una manera que fuera favorable para nosotros”. Estaban muy perturbados. La gota que derramo el vaso fue que cerraron una escala salarial con el Gobierno del Estado sin someterla primero al sector para averiguar si estábamos de acuerdo o no. “Ese fue el fusible en pólvora que inició todo esto” …

El primer hecho a destacar, para aquellos que quieran analizarlos, es lo que se describe anteriormente: el movimiento superó las intenciones de las asociaciones que negociaron con el gobierno.

El hecho que desencadena la lucha de los militares de bajo rango es la falta de igualdad en la tabla de ajuste que privilegia la jerarquía de la corporación, dejando el salario base de la mayoría muy por debajo de las expectativas generadas por el propio gobierno.

Moura, en el artículo citado, destaca dos factores que llevaron a impulsar el incendio de las tropas: la disminución de las tasas de homicidios en Ceará, después de una alta tasa de crecimiento, los números comenzaron a caer en la segunda mitad de 2018; así como la actuación de la PM en los ataques de una facción criminal en 28 ciudades en Ceará el año pasado.

Estos dos hechos merecieron elogios del secretario de seguridad, André Costa para la PM. Pero no fue solo con elogios que Costa convenció a las tropas. “Las tropas respondieron al llamado del comando. El secretario también pasó por las bases fijas prometiendo que venía algo muy bueno por ahí. ‘Los policías comenzaron a soñar con eso también, comenzando a pensar que merecían mucho más de lo que el Gobierno estaba prometiendo”.

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A partir de este este hecho, Moura dice citando a uno de los entrevistados:

“Un punto en común con los entrevistados, independientemente de la posición que ocupan en la jerarquía, es el reconocimiento de que las demandas de los amotinados son justas. Un entrevistado dice: “hay una divulgación en la prensa que la el Gobierno dio fondos y plata y la tropa fue ingrata no reconoció”. Es necesario reconocer que ellos (PMs del movimiento huelguista) tienen razón en algunas cosas que están siendo exigidas. Ellos poseen una retrospectiva completa de varios años sin un reajuste por inflación. Además de eso, el valor del salario promedio en el noreste no se otorgó según lo prometido en el 2014 (año que Camilo Santana fue electo).

Ahora bien, ¿ante qué movimiento nos encontramos? ¿Se trata de una lucha por la recomposición salarial o de un motín de ultraderecha liderada por milicianos? La brecha entre los salarios más bajos y los más altas en la PM reflejan la desigualdad que tenemos en el país.

Los intereses de los oficiales se reflejan en uno de los entrevistados. “Insisto en que no corresponde a la institución militar hacer huelga, esto está prohibido por la Constitución… y que la propuesta presentada por el gobernador fue aceptada por las asociaciones y por los representantes políticos”.

Lo mismo dijo el mayor Olimpio, típico representante de Bolsonaro. En un viaje a Ceará, él declaro: “Peor que ganar un mal salario es no ganar nada y aun peor tener la preocupación de haber sido expulsado de una corporación militar”. Resulta que el mayor oficial entrevistado posiblemente hace parte de los que “a lo largo de los años” tuvieron un aumento de 100%. El del soldado aumento en un 10%, según la entrevista de un cabo al periódico El Estado de Sao Paulo.

Contradiciendo toda la campaña realizada por el PT, PDT, y sus adeptos que afirman que el PSTU apoyaba “un motín de milicianos “, Camilo Santana en una reciente entrevista afirma: “no veo izquierda y derecha, pero es imprescindible y esencial el servicio de seguridad prestado por la policía a la población”.

Una vez más afirmamos contra los fanfarrones de turno: si estamos frente a un motín de ultraderecha para desestabilizar el gobierno, Camilo Santana debería haber convocado a los trabajadores Cearenses a detenerlo. Y si fuese el caso, estaríamos en la línea del frente. Nunca pasó por la cabeza del gobernador hacer ese llamado porque estábamos frente otros hechos. Por más que se diga lo contrario, por más palabras que se arrojen a viento, los hechos son irrefutable: Por un lado la alianza de Bolsonaro/ Moro y Camilo, con la GLO (Garantía de la Ley y el Orden) y el envió de la Fuerza Armada Nacional, por el otro, la votación da la PEC sobre la amnistía y prisión de más de 40 policiales, habla más fuerte sobre esto. Demostrando, para quien quiera ver, de qué lado estaba la derecha.

¿Ciudadano de segunda clase?

En la citada entrevista se agradece la honestidad intelectual de Camilo Santana, en la medida en que explica profundamente sus políticas a los militares y como eso es consecuencia de las políticas de seguridad pública de su partido, el PT. El hace eso al declarar que los líderes de los “disturbios” eran: “Diputado Federal, Diputado estadal, concejales. Entonces hay un aspecto político partidario muy fuerte, enraizado, que infelizmente no podemos más tolerar”.

Cuando se quejan del hecho de que algunos líderes del movimiento eran parlamentario de derecha, lo que el gobernador no dice es porque su gobierno, y el de Bolsonaro, niegan el derecho de los policiales militares a construir sindicatos y a expresarse a través de sus organizaciones. No dicen que el apoyo a la acción del Ministerio Publico Estadal contra las asociaciones de soldados, declarando que cometían crimen por comportarse como “líderes Sindicales.” No podían, entonces, quejarse.

Pero el gobernador fue más allá, afirmo que: a partir del momento que se permita que personas de la policía puedan entrar en partidos políticos, ser candidatos y permanecer en la policía… “eso politizaría la corporación’. Repite la misma frase de Mourão, que hipócritamente dice que cuando la “política entra por la puerta del cuartel la disciplina sale por la otra”.

La solución para este “problema”, según el gobernador, seria una cuarentena, o sea, para que un policía se postule a un cargo seria obligado a desligarse de la institución, como el caso de los jueces.  El hecho de que la mayoría de los parlamentarios sean de derecha, es un problema real y lo que parece ser la principal preocupación de Santana, no nos parece que pueda ser resulto con una cuarentena.

Dado que la policía refleja a la sociedad, tanto en su desigualdad como en su «ir y venir» político, y varios parlamentarios de derecha fueron elegidos no solo por la policía, la única forma de evitar que la policía no tenga parlamentarios sería impedirlos de votar. La propuesta del gobernador no parece resolver el «problema» señalado por él. La cuarentena de los jueces no impide la politización del poder judicial, habiendo visto las quejas sobre el papel de auto lavado.

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El verdadero significado de la frase de Mourão es que la política es un privilegio de los oficiales de altos rango y no una cuestión de soldados, ya que es impensable que alguien se convierta en vicepresidente sin «hacer política».

El intento de evitar la politización dentro de la PM no combatirá la influencia de la ultraderecha como Camilo quiere. Pues no combatirá sino atacan las causas profundas que han expandido su influencia entre los oficiales de policía. A diferencia del gobernador, defendemos la expansión de los derechos políticos de la policía, porque hoy existe solo para la parte cúpula de la policía.

Lo que fortalece a la derecha es aplicar una “política de derecha en la seguridad pública”

Tal vez una pista para el problema pueda ser encontrada en otra entrevista del propio gobernador. Al elogiar Bolsonaro y a sus supuesta política de seguridad publica (que no pasa de una política de transformar policías en asesinos) declara: “No estoy criticando al gobierno actual [Bolsonaro]. Todo lo contrario… Estoy criticando a todos los gobiernos que han pasado, incluyendo mi partido, que guardaron silencio en esta área de seguridad pública.

¿Qué refleja esta declaración?

En nuestra opinión, el gobernador supuestamente quiere luchar contra la derecha, aplicando la política de la derecha en seguridad pública. El resultado será el fortalecimiento de la derecha.

La política de seguridad pública de PSDB, PT y Bolsonaro se puede resumir en la declaración del Jefe Hélio Luz en el documental «Noticias de una Particular Guerra»: «¿Cómo mantener a todos los excluidos bajo control, ganando R $ 112 por mes? Con represión «, en referencia al salario mínimo de la época (1999).

Hay contenido de clase en seguridad pública. Un ejemplo de esto es la «guerra» contra el narcotráfico. La represión solo se lleva a cabo en la punta del crimen, para los flagrantes en los barrios bajos y aquellos que financian el tráfico de drogas se quedan con las ganancias y son intocables.

Solo la represión masiva y el encarcelamiento convierten a los barrios en plazas de guerra, aterrorizan a la población y no tienen resultados reales.  Esta lógica de reproducción por parte de estos gobiernos que se dicen a sí mismos de «izquierdas» trascendió en Bolsonaro y Witzel, y estos solamente fueron hasta a las últimas consecuencias.

Esta política requiere un policial completamente desprovisto de su personalidad, voluntad y sentido crítico. Las estadísticas son el orden: cuántos «bandidos» fueron asesinados. Y para implementarlo, todos los gobiernos han confiado en el poder ilimitado de la jerarquía de la PM y en un código disciplinario que fortalece esta jerarquía.

Negaron y niegan toda posibilidad de organización y expresión de los soldados, ya que necesitan soldados para matar y presentar números para las próximas elecciones. Cualquier libertad de organización y expresión de los soldados de bajo rango cuestiona este objetivo.

Cuando comenzó la famosa crisis económica, el PT fue incapaz de atacar los intereses de los grandes empresarios y banqueros, lo que provocó una ruptura con el gobierno de Dilma de un gran sector de la clase trabajadora que esperaba cambiar sus vidas. Entre los agentes de policía, esto se multiplicado no solo porque sus esperanzas se desvanecieron, sino porque todos los intentos de organización y expresión por parte de los PM y PF fueron reprimidas. Los llamados «gobiernos de izquierda» se apoyaron y hasta hoy se apoyan en la cúpula da las PMs, que es donde se articula la extrema derecha en estas instituciones.

No pueden hablar de desmilitarización, no pueden hablar del derecho a la organización porque no tienen una política de seguridad más allá de la represión. La represión externa se apoya en un código disciplinario igualmente represivo, porque para ellos la policía no puede pensar, deben cumplir órdenes. Y como no se enfrentarán a los grandes empresarios y banqueros, tampoco chocaron con la cúpula de estas instituciones.

El intento de un doble juego

Creemos que la mejor «arma» para luchar contra la derecha es defender y ampliar las libertades democráticas, tanto en la sociedad como en los cuarteles. Luchamos por que el soldado no solo tenga «el derecho de unirse a los partidos políticos, presentarse como candidato y permanecer en la policía», sino más, y también, el derecho a organizarse en sindicatos.

Los policías deben preguntarse por qué Bolsonaro / Moro atendió a la solicitud de Santana y envió a la Fuerza Nacional y el Ejército a Fortaleza, lo que podría haber provocado un baño de sangre.

Moro dice que la acción del gobierno federal fue decisiva para que el movimiento reculara, y tiene razón. Pero al mismo tiempo que reprime al movimiento, Bolsonaro y sus hijos intentan desvincularse de este hecho, porque con esto toda su política populista en relación con la PM cae por tierra. Su verdadera base social de la PM no son los soldados que sinceramente quieren luchar contra el crimen, sino aquellos que se han involucrado en el crimen. De la misma forma que su gurú dice que la tierra no es redonda, ellos quieren negar la realidad utilizando su máquina de propaganda.Y para eso Bolsonaro se apoya en la falta de democracia en el interior de los cuarteles, en la falta de asambleas democráticas en que las diversas versiones de la realidad puedan ser discutidas democráticamente entre todos.La falta de libertad de organización y expresión responde a la necesidad de un proyecto, que en lugar de policías quiere asesinos. Hoy, supuestamente contra los bandidos, mañana para imponer su proyecto de dictadura contra la clase obrera.

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El aislamiento de la huelga fue el problema principal

Una de las notas publicadas por el movimiento de la Policía Antifascista declaró que el movimiento debe reconocerse como parte de la «lucha de otros trabajadores». Y en seguida declaró: «No hay movimiento de reclamo sin el apoyo popular…”.

Dentro de la corporación, los oficiales de policía están condicionados al aislamiento cuando inician un movimiento reivindicativo que se considera ilegal, y se supone que esto se agravaría si se establecen relaciones con los otros sindicatos de empleados estatales. Pero al alejarse de otros sindicatos, solo contribuyen a aislar el movimiento y facilitar la represión. Es como si la policía aceptara la condición de «carne de cañón» e iba a cobrar el precio de esa condición. No se puede resolver el problema del salario de la policía fuera del salario del resto de los funcionarios, la policía no puede simplemente darle la espalda a los maestros y pensar que pueden resolver «su» problema. Porque «su» problema es también el problema de la clase trabajadora en su conjunto, que está luchando por mejorar su vida.

El segundo problema es el apoyo popular. Cualquier acción que enfrente a la población trabajadora contra la huelga no ayuda al movimiento. Y, la disciplina, algo tan importante en la vida cotidiana de los policías, también es fundamental en cualquier movimiento. Todas y cada una de las acciones deben resolverse colectivamente en asambleas. Por ejemplo, imponer el cierre de pequeñas empresas no ayuda en absoluto al movimiento, más vale distribuir una nota explicando las razones del movimiento y pidiendo el apoyo de la población.

Como dice otra nota del movimiento: “Los errores de algunos, sin embargo, no son los errores de todos los policías que lucharon y luchan por los derechos allí. Pero enfatizamos que estos errores nacen de una estructura que criminaliza el derecho básico de la manifestación…”.

Siendo correctos lo anterior, agregamos que «los errores de algunos» los cuales no podemos juzgar las intenciones en este artículo, se convirtieron en una campaña nacional contra la huelga y un factor importante para aislar el movimiento. De la misma manera que algunas piedras de los infiltrados en las manifestaciones pueden abrir el escenario para la represión, el movimiento policial no está exento de una maniobra similar.

Finalmente, el aumento de los homicidios durante la huelga, tan publicitado en la prensa, reafirma lo que dijo el jefe Hélio Luz: la acción policial en Brasil no tiene nada que ver con la seguridad pública, es una «fuerza de freno» ante el desastre social y miseria que sufrimos. Los agentes de policía viven a diario con la degradación social causada por el capitalismo. Si no logran explicarlo, siempre se utilizarán como «carne de cañón». La policía no puede ser el único instrumento para resolver la criminalidad.

Si no comprendemos este hecho, la lucha de los policías por los salarios y el derecho a organizarse no tendrán la fuerza necesaria, ni sabrían contra quién luchar y quiénes son sus aliados. Hoy el gobierno de Bolsonaro es el principal obstáculo para sus derechos. Por otro lado, la lucha de la clase trabajadora y del pueblo pobre, los profesores, los trabajadores, los estudiantes contra el cual los gobiernos y la cúpula militar  llaman a la policía a reprimir, como si  fueran bandidos, es la misma lucha que soldados de bajo rango.

Traducción: Anita de Cumaná