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Mientras el pueblo intenta olvidar un poco lo dura que está la vida e hincha en la Copa, el gobierno muerto-vivo de Temer, el Congreso corrupto, los banqueros y los grandes empresarios intentan, entre bambalinas, entregar aún más el país para los gringos, beneficiar a multimillonarios y perjudicar a los trabajadores.

Editorial de Opinião Socialista n.° 557 – Brasil

Votaron urgencia en la Cámara para vender seis distribuidoras de la Eletrobras. Aprobaron, incluso, la entrega para las multinacionales de una enorme área del presal que era controlada por la Petrobras. Además, quieren vender cuatro refinerías para accionistas extranjeros, quebrando el monopolio del refino de petróleo.

Mientras tanto, el gas aumentó más de 4,4% en la refinería, y la cuenta de luz subió a los cielos. Hubo un nuevo aumento de casi 16% en San Pablo, más de 20% en Rio Grande do Sul… y así va.

Otro robo legalizado es la deuda del gobierno con los bancos nacionales e internacionales y los fondos de inversión internacionales. Esa deuda ya corresponde a 77% de todo lo que el país produce en un año. Ella crece sin parar porque el gobierno paga intereses sobre intereses. Solo los gobiernos Lula y Dilma pagaron R$ 13 billones (U$S 3,4 billones) a los bancos e inversores. Fernando Henrique Cardoso (FHC) pagó otros R$ 6 billones (U$S 1,6 billones aprox.), y Temer continúa gobernando para garantizar ese pago que consume casi 50% de todo el Presupuesto de Gobierno.

Roban el país y a los trabajadores triplemente: en el aumento de la explotación, en la venta del patrimonio público al capital extranjero, y en la entrega del dinero que reciben de esa venta para los banqueros y detentores de los títulos de la deuda: grandes empresas y bancos multinacionales y nacionales. Es para direccionar todo al pago de la deuda que el gobierno impone un techo de gastos públicos, despidiendo empleados públicos y desmantelando los servicios públicos.

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Por eso, el mercado exige sí o sí la reforma previsional para entregar más dinero a los banqueros. Ese dinero gastado con la deuda ya podría haber garantizado saneamiento, vivienda, educación y salud para todos.

El tal mercado es formado por las cien mayores empresas y bancos que controlan la economía del país, en su enorme mayoría internacionales, y por 31 familias multimillonarias brasileñas (dueñas de bancos y empresas o socias de multinacionales).

En las elecciones, solo un equipo es socialista

Tres proyectos capitalistas disputan el apoyo de la mayoría del mercado para tener apoyo de los medios y dinero para disputar el voto del pueblo para después gobernar para los de siempre.

Bolsonaro, defensor incondicional de la reforma laboral, ya prometió a industriales y banqueros que hará la reforma de la previsión, además de perseguir a mujeres, LGBTs y negros.

Alckmin, que en estas elecciones sería el preferido de los principales banqueros, no está levantando vuelo. Marina, por su parte, defiende más o menos la misma cosa que el PSDB. El otro equipo de candidatos con propuestas parecidas son Lula o alguien del PT, Ciro Gomes (PDT) y Manuela D’Ávila (PCdoB). Ciro y el PT buscan alianzas con PSB, PMDB de Renan Calheiros, Jucá y Cía., y hasta incluso con el DEM de Rodrigo Maia y el PP de Paulo Maluf.

Cuando cerrábamos esta edición, una vez más, PT, PDT, PSOL, PSB y PCdoB lanzaban en la Cámara el “Manifiesto por un Frente en el Parlamento Comprometido con la Reconstrucción y el Desarrollo del Brasil”, defendiendo “equilibrio fiscal” y “control de la deuda pública”. Frente a empresarios y banqueros, los dos principales exponentes de este equipo, Ciro y Lula (pero también Manuel D’Ávila) se comprometen a hacer una reforma en la previsión. Dicen que hasta pueden hacerla con más facilidad.

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Este personal dice que haría un buen gobierno, bien diferente del de Temer. Como si fuese posible cambiar el país sin suspender el pago de la deuda; sin parar las privatizaciones; sin reestatizar las estatales y garantizar la Petrobras y la Eletrobras 100% brasileñas, estatales y bajo control de los trabajadores; sin enfrentar el mercado y estatizar y poner bajo control de los trabajadores las cien mayores empresas y los bancos, así como tomar los bienes y las empresas de corruptos y corruptores.

Organizar la rebelión para derrotar el mercado

La mayoría de las centrales, excepto la CSP-Conlutas, se calla en lugar de organizar la lucha unificada para impedir las privatizaciones, anular la reforma laboral, conquistar empleo y exigir la suspensión del pago de la deuda y la reestatización de las estatales, defendiendo una huelga general en caso de que intenten aprobar la reforma previsional.

Frenan las luchas y hacen un manifiesto a los candidatos, en el cual no hablan nada de la reforma de la previsión que todos ellos están prometiendo al mercado, ni sobre la suspensión del pago de la deuda.

El camino de la clase trabajadora, sin embargo, precisa ser otro: precisamos organizar a los abajo para derribar a los de arriba, ese es el camino del cambio.

La necesidad de una Rebelión y la defensa de un proyecto socialista es lo que las precandidaturas del PSTU defienden para hacer avanzar la lucha, la organización y la conciencia de la clase trabajadora.

Traducción: Natalia Estrada.