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No importa si se lo quita a los ancianos pobres, a los trabajadores o a los trabajadores públicos: Guedes, ministro de Economía de Bolsonaro, quiere 1 trillón.

Por Diego Cruz

En entrevista al Estadão, publicada el pasado 10 de marzo, el ministro de Economía, Paulo Guedes, expuso toda su mentalidad de banquero y representante de los “Chicago boys”, que están al frente de medidas, como la reforma de la Seguridad Social, y ahora también de la total desvinculación del Presupuesto de la Unión, que acabaría con los gastos obligatorios en áreas como la Salud y la Educación.

Guedes mostró su obsesión por la economía de R$1 trillón que, según él, la reforma de la Seguridad Social produciría en 10 años. De esta forma, no habría “grasa” para quemar en relación con las medidas presentadas ante el Congreso Nacional. “La economía de R$1 trillón es lo mínimo”, decreta. No importa de dónde venga. O mejor, no importa qué sectores entre los más pobres y desprotegidos tengan que pagar para que Guedes consiga su trillón. “Si disminuye la edad mínima de las mujeres, no se podrán cambiar las reglas del sector rural, en el BPC (Beneficio de Prestación Continuada)”, dice, pues “en total, tiene que haber R$ 1 trillón”.

Y, ¿para qué tanto dinero? Para que Paulo Guedes lance lo que ha sido su otra obsesión: el régimen de jubilación por capitalización, junto con el contrato de trabajo amarillo y verde. Los jóvenes que entrasen en el mercado de trabajo podrían “optar” por el contrato de trabajo amarillo y verde, sin los derechos que la CLT (Consolidación de las Leyes de Trabajo) asegura todavía y, automáticamente, adherirían a la Jubilación por capitalización. Tal modelo se resume a lo siguiente: en lugar del principio de la repartición, que funciona hoy, según el cual los trabajadores en actividad (junto a las contribuciones de los empleadores e impuestos) pagan las jubilaciones, cada trabajador ahorraría su propia jubilación, a través de un banco. Dejaría de haber “Jubilación” de la manera como la conocemos hoy.

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Tal modelo fue el responsable por una crisis social en Chile, impuesta durante la dictadura de Pinochet. Treinta años después, la gran mayoría de los ancianos recibe menos de un salario mínimo en el país. En la mayoría de los treinta países en que ese régimen se implantó en el mundo, se revió o está en proceso de revisión. Es un modelo que lanza la jubilación de los trabajadores para el mercado financiero y no le da ninguna garantía de pago en el futuro. El problema, para Paulo Guedes y el gobierno, es que para hacer la transición del actual modelo para el de capitalización es necesario pagarles la jubilación a los trabajadores que se jubilarán cuando los jóvenes entren en el mercado de trabajo y dejen de contribuir.

Para costear esa transición es que Paulo Guedes dice necesitar su “trillón”. Es lo que él viene llamando “potencia fiscal”. O sea, la reforma de la Seguridad Social va a economizar para financiar la destrucción de la Seguridad Social para las futuras generaciones y aumentar todavía más la precarización absoluta del trabajo. Y no es solo eso, el número cabalístico de 1 trillón es completamente arbitrario, sacado de la cabeza de Guedes. Si no se sabe qué modelo exacto de capitalización vendrá, ¿con qué base el ministro estipula ese costo? En realidad, esa política no amenaza solo a los trabajadores jóvenes, sino a la propia Seguridad Social actual, que puede sufrir un “desfinanciamiento” fatal.

Desvinculación del Presupuesto

Paulo Guedes no mide las palabras para decir cómo va a comprar los votos de los diputados para que aprueben la reforma. En vez del billón prometido por el gobierno Bolsonaro para asegurar las enmiendas parlamentarias a cambio de votos, él va más allá y defiende la “desvinculación, la desindexación, la desvinculación y la descentralización de los recursos de los ingresos y los gastos”. Eso significa la desvinculación de todos los gastos obligatorios que hoy se definen en la Constitución, como la Salud y la Educación, por ejemplo. La lógica es simple: ¿para qué conceder algunos millones en enmiendas si puedo entregar todo el presupuesto? Es evidente que, entre esos gastos obligatorios, no estará el pago de la deuda pública a los banqueros y usureros internacionales.

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“Los políticos van a entender que, en vez de discutir R$15 millones o R$ 5 millones de enmiendas, van a discutir R$ 1,5 trillones de presupuesto de la Unión”, afirmó. En realidad, a pesar de que se utilice ese discurso como un canto de sirena para encantar a los parlamentarios, el objetivo de Guedes es solo quitar las trabas del Presupuesto y desviar todavía más recursos para el pago de la deuda. Sería un paso más en comparación con el techo de gastos aprobado por Temer, que congela por 20 años los gastos públicos. Ahora, él quiere liberarlo y desvincularlo todo. Es como en las privatizaciones, en las cuales defiende “entregarlo todo”.

Y quienes van a pagar por todo eso son los trabajadores, los jubilados, los sectores más pobres y vulnerables, como las mujeres, los negros y la juventud. Pero a Guedes no le importa, lo que él quiere es su “trillón”.

Traducción: Davis