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La principal tarea del gobierno Bolsonaro será quebrar esa resistencia que ni el PT ni el PMDB fueron capaces de quebrar.

Por: Hertz Dias, miembro de la Secretaría de Negros del PSTU Brasil y vocalista del grupo de rap Gíria Vermelha

La elección de Bolsonaro encendió el alerta para quien vive en las periferias urbanas y para quien lucha por el derecho a la tierra en el campo. Este gobierno promete tratar asesinos de uniforme como héroes nacionales, grupos de exterminio como guardianes del orden, y a la escuela pública como cuarteles infanto-juveniles.

El discurso es directo: sacar al Estado del banquillo de los acusados, entregar las riquezas del país al capital extranjero e institucionalizar el genocidio contra el pueblo negro y pobre como práctica natural. Pretende destruir lo que quedó de políticas públicas y aumentar el peso de la represión. Este gobierno será un campo fértil para la generalización de grupos de “justicieros” por todo el país.

Relación con los milicias paramilitares

Flávio Bolsonaro, electo senador por Rio de Janeiro, votó contra la instalación de una CPI [Comisión Parlamentaria de Investigación] de las milicias de la Asamblea de Rio en 2007. Su padre hizo exaltación de los “justicieros” que cobraban R$ 50 para asesinar jóvenes en Bahia. “Quiero decir a los compañeros de Bahia que, mientras el estado no tenga coraje de adoptar la pena de muerte, el crimen de exterminio, a mi entender, será muy bienvenido”, dijo en la Cámara, en 2003.

Armas de Israel

A partir del 1 de enero, él no será más un diputado gánster parloteando en el plenario; será el presidente del Brasil, que defiende la política de enfrentamiento y de matanza de los pobres. Enseguida que venció la elección fue a Israel a negociar armamento que extermina palestinos en la Franja de Gaza. Esas armas serán usadas en la guerra social contra jóvenes negros de las periferias del Brasil y contra la clase trabajadora que luchará por el derecho a la jubilación. Es preciso contener a esa gente.

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La placa de Marielle Franco, rota y expuesta al público como un trofeo en las manos del diputado estadual electo por Rio de Janeiro, Rodrigo Amorin, fue una afrenta a los derechos humanos y a la vida de las mujeres negras. Todos los gobiernos tienen las manos sucias con sangre negra y femenina, incluso el PT. Sin embargo, el próximo, además de las manos, tiene las palabras ensangrentadas. Ellos propagan odio a los pobres y a los oprimidos.

La política económica de Paulo Guedes camina justamente en esa dirección, o sea, transformar el Brasil en un quintal de los Estados Unidos, entregar todo lo que sea posible al capital extranjero, imponer el registro verde y amarillo (empleo sin derechos), aprobar la reforma de la Previsión, y tratar las secuelas sociales de esa política económica con tiros y prisiones llenas.

En la mira: el enemigo interno es el pueblo

Con tantos corruptos en el gobierno, resta a la troup de Bolsonaro mantener el discurso de eliminación del enemigo interno, que para ellos son los negros, pobres y luchadores. Lamentablemente, una de estas alfombras de sangre fue extendida por Lula y Dilma cuando aprobaron, respectivamente, la Ley Antidroga (2006) y la Ley Antiterrorismo (2013). Bolsonaro utilizará esas dos leyes para criminalizar los movimientos sociales y elevar aún más el encarcelamiento en masa. Los más de 63.000 muertos en 2017 y los más de 700.000 detenidos podrán saltar para números más allá de epidémicos.

Límites del próximo gobierno: donde se construyen “senzalas” pueden levantarse “quilombos”

No se puede enfrentar este gobierno royéndose las uñas debajo de la cama. Por el contrario, por detrás de la oferta de violencia a los pobres, se esconde el miedo por todo lo que nuestra clase hizo en los últimos cinco años. Desde las jornadas de junio [2013] pasando por la ocupación de escuelas, el retome de territorios en el campo y en la ciudad, las huelgas generales y los actos contra las opresiones, todo eso polarizó el país. Y la derrota del PT en las elecciones burguesas no lo despolarizó.

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La principal tarea del gobierno Bolsonaro será quebrar esa resistencia que ni el PT ni el PMDB fueron capaces de quebrar. La división de la burguesía aumentó también en razón de esta resistencia. Esa situación abre grandes posibilidades para que los trabajadores se unan para enfrentar el gobierno Bolsonaro, que también tiene muchas contradicciones.

Comités de lucha

La construcción del frente único para luchar se impone como tarea para ayer. Los comités de lucha en la periferia también deben ser estimulados, a ejemplo de los existentes en la Zona Sur de San Pablo y en San Luis del Maranhão.

El enfrentamiento a los escuadrones de la muerte pasará también por la organización de nuestra autodefensa colectiva. El enemigo tiene sus debilidades y no son pocas. Nuestra debilidad, por otra parte, está justamente en las traiciones de la burocracia y de los reformistas, que hicieron que la huelga general del 30 de junio de 2017 y la de los camioneros en mayo de 2018 fuesen desmontadas. Cambiaron la lucha directa por las “directas ya”, el “Fuera Temer” por el “Lula Libre”. Bolsonaro es producto de esas traiciones.

La juventud de la periferia, que exige el derecho a la vida, debe exigir también el derecho de construir un partido revolucionario, pues ya pasa de la hora enfrentar la Casa Grande, irguiendo las barricadas de un quilombo de confianza.

Notas de traducción:

Marielle Franco, 38 años, feminista, concejal, dirigente social y militante del PSOL y de los derechos humanos, más específicamente de los derechos de las mujeres negras en el Brasil, sobre todo de aquellas mujeres negras que viven en las favelas, fue asesinada junto a su chofer, Anderson Gomes, en un atentado con 14 balazos contra el automóvil, con balas 9 mm pertenecientes a la Policía Federal, en marzo de 2018 en el Estado de Rio de Janeiro.

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Paulo Guedes, economista y financista brasileño, considerado un think tank de expertos liberales, es el actual asesor económico de Jair Bolsonaro.

Casa-Grande e Senzala es un libro de Gilberto Freyre sobre la formación de la sociedad brasileña. La Casa Grande se refiere a los molinos de azúcar, donde ciudades enteras eran poseídas y dirigidas por un solo hombre. Senzala hace referencia a la clase negra trabajadora, originalmente esclava y luego sierva. Por ext., se dice que los poderosos están en la Casa Grande y la población negra y pobre en una pequeña habitación que durante la esclavitud se reservaba a los esclavos negros, la senzala.

Los quilombos son los lugares que los esclavos negros que huían utilizaban como refugio. Los habitantes de estos refugios, al cual se agregaban también otros perseguidos, eran llamados quilombolas.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 3/12/2018.

Traducción: Natalia Estrada.