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1- El Brasil nació como parte de un emprendimiento capitalista (la formación del mercado mundial), dominado por portugueses, después ingleses y norteamericanos. En ausencia de una clase asalariada, el capitalismo, en su fase mercantil, estuvo obligado a utilizar formas precapitalistas de explotación del trabajo, como la esclavización afro-indígena. En el inicio, esa esclavización fue la base del capitalismo comercial y, posteriormente, fue parte integrante del capitalismo industrial europeo.

Por: Nazareno Godeiro

2- 350 años de esclavitud y resistencia de negros y negras africanos injertó el DNA negro en la historia, en la economía, en la política y en la cultura brasileñas. El Brasil que existe hoy fue construido por el sudor, la sangre y las lágrimas de más de cuatro millones de negros y negras esclavizados y su descendencia.

3- Venidos de distintas regiones del continente africano, en especial de Angola, Guinea, Costa de Marfil, Congo y Mozambique, reunidos en varias naciones y etnias, aquí fue forjado como un pueblo-clase[1]. Durante siglos, negros y negras eran, junto con los sobrevivientes indígenas, la clase trabajadora brasileña.

4- En los ingenios de caña de azúcar –industrias capitalistas con tecnología más avanzada de la época y financiado por banqueros europeos–, en el café y otros productos primarios, en la creación de animales y en las minas de oro, diamante y plata, se forjó como clase.

5- En la resistencia se forjó como pueblo. De 1600 a 1900, tuvimos millares de quilombos [refugios de esclavos que escapaban], con cerca de 500.000 negros rebelados y 38 insurrecciones negras, que cumplieron un papel revolucionario en el Brasil. Los quilombos eran territorios sitiados, campamentos de guerra que hundieron, en el combate, al pueblo negro brasileño. Luchadores negros tuvieron papel importante en las revueltas y revoluciones brasileñas, como Cabanagem, Balaiada, Cabanada, Revolución Farroupilha, Revuelta de los Malês, Revolución de los Alfaiates [sastres], revuelta da Chibata [látigo], entre tantas otras.

6- Ese ascenso negro, con sus especificidades, era parte del levantamiento revolucionario negro que alcanzó todo el continente americano entre 1630 y 1880, donde ocurrieron 75 grandes revueltas dirigidas por negros africanos esclavizados, cuyo ápice fue la Revolución Haitiana de 1798-1804.

7- Las insurrecciones afro-indígenas en el continente americano eran eslabones de la revolución democrático-burguesa mundial, constituyéndose en su parte específica en los países coloniales y semicoloniales americanos. En varios países, fueron detonantes de las revoluciones de liberación nacional y ayudaron a impulsar el mundo moderno como lo conocemos hoy.

8- El ascenso revolucionario negro continental y la guerra civil en los Estados Unidos, que iniciada en 1861 derrotó el Sur esclavista, fueron los elementos determinantes para el fin de la esclavitud negra africana en el continente y no el mito “abolicionista” de los ingleses y sus agentes locales, que institucionalizaron la lucha abolicionista para evitar la revolución negra.

9- Hasta 1850, aproximadamente, solo negros y negras, teniendo como aliados a indígenas y campesinos pobres, lucharon en el Brasil por el fin de la esclavitud en el país y terminaron victoriosos, a pesar de que esta victoria les fue arrebatada por los ingleses, por la princesa blanca y por los intelectuales abolicionistas. El factor decisivo para el fin de la esclavitud en el Brasil fue la insurrección de los esclavos, en la forma de quilombos e insurrecciones urbanas durante dos siglos y medio, y, a mediados del siglo XIX, la fuga de los esclavizados, precedida por la quema de las propiedades de los ricos.

10- La explicación de este hecho es que la clase dominante brasileña no cumplió un papel revolucionario en ningún momento de la historia del país. Aliada a los dominadores extranjeros, no solo no impulsó sino que enfrentó su propia revolución, que estalló regionalmente y terminó siendo dirigida por negros, indígenas y campesinos pobres. Revoluciones regionales que fueron ahogadas en sangre, con dirigentes ahorcados y degollados, después descuartizados y expuestos en plaza pública para “enseñar” al pueblo brasileño a no levantarse contra el sistema.

11- El miedo de la burguesía brasileña frente al ascenso negro continental y el ejemplo de Haití, donde esclavizados africanos hicieron una revolución que expulsó a los colonizadores blancos, llevó a disminuir el papel del negro en la economía del país, importando asalariados pobres europeos. Una política de emblanquecimiento de la sociedad, con el objetivo de hacer del negro una minoría de la población y así evitar las insurrecciones negras. Una política racista de emblanquecimiento del Brasil, incluso de hacer invisible el papel económico, social y político de los negros y negras en la construcción del Brasil. Nueva cara de la ideología racista, que fue una creación de la burguesía, para justificar la esclavitud del negro africano y convertirlo en una mercadería. La “teoría” del mestizaje (democracia racial) fue la cobertura ideológica para la disolución del pueblo-clase negro en la población pobre en general.

12- Ese miedo de la burguesía al pueblo negro fue tan profundo que, a diferencia de Haití y de los Estados Unidos, ella impidió el surgimiento de una burguesía o pequeña burguesía negra en el Brasil, al negar la distribución de tierras a los negros en la Ley de Tierras de 1850. Ser negro se transformó en sinónimo de trabajador o pobre. A eso se sumó la propaganda racista que mostraba al negro como ser inferior para volverse trabajador libre asalariado. El imperialismo europeo exigió la utilización de su excedente poblacional, una legión de campesinos pobres, para ser utilizado como mano de obra asalariada en el Brasil, en detrimento del pueblo negro. El inmigrante pobre europeo era considerado “descendiente de las razas civilizadas”.

13- La “república” brasileña no dio tierra a los campesinos ni trabajo digno para negros y negras. Por eso, ellos fueron empujados para los alrededores de las ciudades, realizando los trabajos más precarios y de menor remuneración. Un inmenso ejército industrial de reserva que sirvió para disminuir el salario general y remunerar el capital internacional y nacional. Al mismo tiempo, creó una legión de campesinos sin tierra. Hoy, ese inmenso ejército de reserva, compuesto por 78 millones de trabajadores (entre desempleados, subempleados, o “autónomos”) es de mayoría negra y doblemente invisible, como negro y como trabajador.

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14- Por todo eso, recuperar la historia del pueblo-clase negro brasileño es vital para la victoria de la revolución brasileña. Es preciso recuperar el orgullo de ser negro o negra. Esa es una condición importante para recuperar la confianza de la clase trabajadora en sus propias fuerzas. De la misma forma, es importante recuperar la historia de la resistencia negra e indígena en sus 500 años de motines, revueltas y revoluciones, que la burguesía intenta esconder extendiendo el mito de que el pueblo brasileño es “débil”. Recuperar esta tradición es el inicio de la preparación de la revolución proletaria que se avecina y que, muy probablemente, tendrá a los trabajadores negros y negras en la vanguardia revolucionaria.

15- El sistema capitalista mundial solo existe hoy porque se asentó en el mayor genocidio de la historia. Exterminó a 70 millones de indígenas en América, de una población de 90 millones que habitaban el continente americano cuando llegaron aquí los invasores europeos. Además, restauró la esclavitud de más de 10 millones de negros y negras africanos en América, tornando este comercio de seres humanos el negocio más lucrativo del mundo en aquel momento. Con la división del continente africano entre los invasores imperialistas europeos, de 1860 a 1900 el imperialismo diezmó a 55 millones de africanos, de una población de 150 millones. Por lo tanto, la riqueza del capitalismo mundial se asentó en una montaña de cadáveres: el capitalismo nació chorreando sangre por todos los poros, como dijo Karl Marx. Una política sistemática de exterminio de la clase trabajadora negra, especialmente de su juventud, que continúa hasta hoy, de forma generalizada. No podemos olvidar que el racismo (y la política de exterminio por parte del Estado) surgió con el capitalismo, y continuó tanto en el régimen democrático burgués como en el dictatorial.

16- La riqueza de Europa y de los Estados Unidos fue robada de África, de Asia y de América, de los pueblos no blancos y de los pueblos originarios americanos. Así nacieron los grandes bancos Barclays, Baring, Rothschild, Rockefeller, y sus industrias multinacionales. Hoy, solo 147 grandes conglomerados transnacionales dominan toda la economía mundial y cinco países imperialistas dominan más de 180 países coloniales y semicoloniales.

17- La invasión del blanco europeo al continente americano tuvo una expresión sexual: la violación de la indígena y de la negra africana. Nuestro “descubrimiento” fue una invasión. Nuestra “misceginación” [mestizaje] fue una violación (violencia sexual). Por eso, es una falsedad completa la teoría de la democracia racial en el Brasil, donde el pueblo brasileño sería resultado de la “fusión armónica” entre las tres razas (blanca, indígena y negra). La violencia sexual fue un componente importante del genocidio afro-indígena y debe ser destacada pues continúa hasta hoy en la violación trivializada y en el femicidio generalizado, principalmente de mujeres negras.

18- La responsabilidad por la reparación, por lo tanto, recae sobre el capitalismo imperialista. Este es quien debe pagar por ese sufrimiento secular. Los pueblos originarios y el pueblo negro tienen derecho al territorio (incluso a la autodeterminación nacional, si así lo desearan y decidieran democráticamente por una región quilombola), al trabajo (y sus derechos básicos como salud, educación, jubilación, etc.), y a la soberanía nacional, una verdadera independencia nacional, con la expulsión de los invasores imperialistas. Todo esto solo puede ser conquistado en la lucha contra la burguesía mundial imperialista y sus capataces locales. La reparación histórica al pueblo afro-indígena se tornó un puente para la revolución socialista internacional porque la reparación es una tarea de la clase trabajadora contra la burguesía mundial, ya que une a los pueblos afro-indígenas de diferentes continentes, y es una reivindicación transitoria que parte de las necesidades inmediatas de los pueblos oprimidos y se conecta directamente con la revolución proletaria internacional. El exterminio y la superexplotación de los pueblos afro-indígenas están marcados en el DNA de los países coloniales y semicoloniales americanos y esto debe determinar la dinámica de la revolución en el siglo XXI. Resumiendo: “reparación rima con revolución”.

19- Por eso, la bandera de reparación histórica al pueblo negro debe ser utilizada de forma revolucionaria y no reformista. Las pequeñas conquistas democráticas de los negros (como las cuotas en la universidad, por ejemplo), no tienen un fin en sí mismo. Son solo palancas para exigir todo a lo que el pueblo negro, sector más explotado y oprimido de la sociedad, tiene derecho. La burguesía y sus agentes en el interior del movimiento proletario van a tratar de utilizar las conquistas parciales afro-indígenas, producto de la lucha de clases, para transformarlas en políticas asistenciales con el objetivo de perpetuar el capitalismo. El gobierno “negro” en África del Sur y el gobierno “indígena” en Bolivia son expresiones de la orientación de la burguesía para dividir a los de abajo, cooptando líderes provenientes de la clase trabajadora para perpetuar el capitalismo. Con eso, divide a la clase trabajadora y el movimiento afro-indígena. Por un lado, muestra que el imperialismo maneja las aspiraciones de las masas, mutilándolas, utilizando sus ilusiones constitucionales y el atraso de la conciencia de clase, para desviar las revoluciones hacia el terreno gangrenado de la democracia burguesa. Por otro lado, muestra la potencialidad revolucionaria de la cuestión afro-indígena en la actualidad. La clase trabajadora, unida con el movimiento afro-indígena debe utilizar las conquistas parciales como palancas de transformación social, como medios de movilización permanente. Visto así, la cuestión negra se torna un puente para la revolución socialista, que necesariamente tendremos que cruzar para instalar una dictadura revolucionaria del proletariado.

20- La reparación histórica al pueblo negro brasileño no puede ser efectivizada por el sistema capitalista. La recuperación de las tierras, de la riqueza creada en 520 años, de la existencia del propio país que fue construido por el pueblo negro, del derecho a una vida digna, solo puede ser garantizado por la dictadura del proletariado. Eso no justifica postergar la lucha en defensa del pueblo negro para después de la victoria de la revolución, justamente porque esta lucha puede y debe convertirse en el estopín y la palanca de la revolución brasileña y mundial. Por eso, se hace obligatorio, para los revolucionarios, vincular la lucha por la liberación negra a la revolución socialista.

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21- Quien separa y opone las tareas democráticas –que la revolución democrático burguesa no realizó (la lucha contra todo tipo de opresión, la independencia nacional en los países semicoloniales, el derecho al territorio, la reparación histórica a los pueblos afro-indígenas)– de las tareas socialistas, termina por no resolver ninguna demanda democrática, justamente porque la burguesía no realizará la democratización de la sociedad. Solo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Por eso, la lucha negra debe estar entrelazada con la lucha socialista, una completando la otra.

22- La demostración de la tesis anterior se reveló en la revolución haitiana de 1798-1804. Como la burguesía actuó del lado de la contrarrevolución, negros esclavizados africanos asumieron la lucha y se tornaron la fuerza motriz de la revolución democrático-burguesa victoriosa. Sin embargo, como el proletariado aún estaba surgiendo como clase, eso imposibilitó el avance al socialismo y el país retrocedió. La solución para la cuestión negra en Haití resultará de la lucha proletaria por el socialismo internacional.

23- Por otro lado, si el proletariado no asume para sí la lucha afro-indígena y la dirige, en unidad con lsoo pobres del campo y de la ciudad, la burguesía o la pequeña burguesía reformista se apropiarán de la lucha contra las opresiones, tratarán de dividir a la clase trabajadora entre hombres y mujeres, negros y blancos, indígenas y negros, heterosexuales y LGBTs, inmigrantes y nativos, trabajadores directos y tercerizados, etc., para con eso enfrentar unos a los otros y derrotar a todos. Dividir para reinar es el lema histórico de la burguesía, que aprendió a usar este método exitosamente en América, desde 1492. Esa es la única forma de conseguir mantenerse en el poder, ya que ella representa 1% de la población y no podría gobernar sin atraer a un sector de la clase trabajadora hacia su lado. Por ser una clase extremadamente minoritaria, utiliza a los intelectuales y dirigentes negros, de extracción social pequeñoburguesa o de clase media, para dividir a los trabajadores negros de los trabajadores blancos a través del racialismo, diluyendo la naturaleza de clases de esta sociedad. Se vale también de concesiones formales para cooptar los sectores burgueses y pequeñoburgueses del movimiento, y de la represión violenta a los sectores pobres y más radicales del movimiento. Sistema bastante eficaz, donde la opresión de unos es utilizada para aumentar la explotación de otros.

24- Por todo esto, la cuestión negra se volvió vital para la revolución mundial, y ocupará un papel de primera grandeza en la revolución brasileña, junto con la lucha por el territorio, por el trabajo y por la liberación nacional frente al dominio imperialista. Esta no puede ser resuelta en el capitalismo a no ser de forma muy parcial y formalmente, hecho que empujará a los negros hacia una acción revolucionaria. Nuestra lucha es para que ellos se conviertan en la vanguardia de la lucha revolucionaria. La caída del apartheid y la subida de un gobierno negro de “izquierda” en África del Sur demostró que la cuestión negra no tiene solución en el sistema capitalista.

25- La burguesía brasileña trató de tornar invisible el papel del pueblo negro en la construcción del país y en la lucha de clases, con el objetivo de dividir a la clase trabajadora, arraigar el racismo en las otras camadas de trabajadores y, con eso, aislar, humillar, superexplotar y derrotar a negros y negras. Ganar a los trabajadores no negros para luchar contra la opresión racial es una tarea fundamental para la victoria de la revolución socialista. 26- Por lo tanto, la revolución socialista brasileña tendrá un componente muy importante de raza. La periferia de las grandes ciudades brasileñas son barriles de pólvora prontos a explotar. Son 78 millones de desempleados y subempleados, sufriendo todo tipo de violencia diariamente. Este ejército de desempleados y subempleados es mayor que la población de Francia, casi una Alemania, siete Chiles y diez Haitís. Su explosión será una onda revolucionaria feroz que, si no fuera dirigida contra el sistema capitalista, será utilizada para dividir a los trabajadores y perpetuar el capitalismo. Diluir o menospreciar la cuestión negra llevará a la derrota de la revolución, ya que la burguesía se aprovechará de las divisiones en el interior de la clase trabajadora para atizar los odios entre trabajadores, como intenta instigar el odio de los trabajadores nativos contra los inmigrantes, o de los del sur contra los nordestinos.

27- Por eso, es vital ganar a los trabajadores no negros para luchar contra la opresión y el racismo. La cuestión racial solo puede encontrar una salida positiva en el socialismo, único sistema que acabará con toda división de clases en la sociedad, tornando iguales a todos los seres humanos, incorporando las diferencias de raza, nacionalidad, credo, género u orientación sexual para evitar que tales diferencias se conviertan en desigualdades. Por eso, comete un error grave el racialismo o el nacionalismo negro, que busca organizar a todos los negros independiente de la clase social, separado de los otros trabajadores. Quien opone la lucha de raza a la lucha de clases está tornando invisible tanto una como la otra.

28- La desigualdad del proceso histórico de conformación del capitalismo mundial, en el continente americano originó una combinación particular de tareas aparentemente contradictorias, pero que son combinadas: apoyar el derecho a la reparación histórica afro-indígena (que debe incluir el derecho al territorio en la forma en que crean conveniente) es la condición para realizar la unidad nacional e internacional de la clase trabajadora. Es natural que, por su composición social, la revolución en el Ecuador, en Bolivia, en Guatemala, en Perú, etc., tenga como elemento galvanizador la cuestión indígena, así como la revolución en Haití, el Brasil, Jamaica, etc., tenga como estopín la cuestión negra.

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29- En la agitación que realizamos en el proletariado no negro-indígena, defendemos el derecho de los pueblos negro-indígena-inmigrantes-coloniales a la autodeterminación, la autoorganización, incluso la separación, caso sea esa su voluntad, decidida democráticamente. Debatir eso en el interior de la clase trabajadora en general, el derecho específico afro-indígena a la reparación, y el fin de toda opresión en el interior de nuestra clase, tratando de explicar pacientemente la idea de Marx de que “no puede ser libre un pueblo que oprime a otro”. Aquí prevalece el derecho de los pueblos y los sectores oprimidos para decidir su destino.

30- Debatir en el interior del movimiento negro-indígena-inmigrantes-coloniales el deber de unirse al proletariado contra la burguesía y el imperialismo. La cuestión afro-indígena solo tendrá solución si va dirigida contra el imperialismo, el sistema capitalista y la burguesía. Los sectores oprimidos, aislados de la clase trabajadora, por más importantes que sean, no tienen la potencia para cambiar el sistema de conjunto. En su alianza con todos los trabajadores es que adquieren la fuerza que puede derrumbar el sistema capitalista. Por lo tanto, reconociendo que existen indígenas, negros e inmigrantes burgueses, realizamos una delimitación de clase, subordinando (sin diluir o menospreciar) la lucha negra e indígena a la lucha de clases por el socialismo, que una a los pueblos no blancos con el proletariado.

31- En cualquier circunstancia, el apoyo y la defensa de los movimientos afro-indígenas que luchan contra el capitalismo y el imperialismo no pueden comprometer la independencia política y organizativa del proletariado[2].

32- La cuestión negra, con toda la importancia que tiene, no abarca todas las contradicciones de la sociedad brasileña. La revolución aquí puede tener otros detonantes, como la dominación extranjera sobre el país, la miseria y el desempleo generalizados, el femicidio, la violencia estatal contra los pobres, la corrupción generalizada, etc.

33- Concluyendo, por más importante que sea, la cuestión negra está subordinada a la lucha por el socialismo. Separar la lucha negra de la lucha por el socialismo llevará a una capitulación a la burguesía, que dividirá a la clase trabajadora por el color de la piel y derrotará la revolución. Postergar la lucha negra para un futuro indeterminado, argumentando una supuesta unidad de clase –como hace el estalinismo a través de los partidos comunistas– es una traición a los intereses del conjunto del proletariado.

34- Así, dirigiendo la revolución proletaria, el antiguo pueblo-clase negro reencontrará su identidad, antes de disolverse en la clase trabajadora en general; sin embargo, antes de eso, pasará, necesariamente, por su afirmación a través de la dictadura revolucionaria del proletariado con mayoría negra, verdadera democracia de la clase trabajadora, que impedirá la vuelta de todo tipo de opresión. Eso solo será posible si, desde hoy, combatimos el racismo dentro de la clase trabajadora.

35- El trotskismo, el marxismo-leninismo del siglo XXI, debe ser la expresión consciente de la reparación histórica afro-indígena, uniendo en una sola lucha dos continentes: ¡África y América! Trotsky afirmó que las razas no blancas tendrá la última palabra en el desarrollo de la humanidad, por eso nuestro deber de empuñar y levantar bien alto la bandera de la reparación.

36- La desigualdad y la combinación del proceso histórico empujarán el inicio de la revolución internacional hacia la periferia del sistema (“eslabones débiles de la cadena imperialista”, según Lenin), uniendo la lucha de clases a la lucha nacional y la afro-indígena en un solo fajo. Las revoluciones de los pueblos coloniales y semicoloniales con fuerte composición racial-nacional, no obstante se completarán como revoluciones de clase contra el capitalismo. Comenzarán como revoluciones de independencia nacional en la periferia del sistema, pero se completarán en los países imperialistas, como revolución mundial. Serán estopines de la revolución internacional, la única que puede derrotar definitivamente el imperialismo.

[1] Ver concepto relacionado al pueblo judío, en libro de Abraham Leon, Concepción materialista de la cuestión judaica.

[2] “La Internacional Comunista debe colaborar provisoriamente con el movimiento revolucionario de las colonias y países atrasados, e incluso hasta formar una alianza con él, pero no se debe mezclar con él; debe mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario, incluso si estuviera apenas en un estadio embrionario”. Tesis sobre la cuestión nacional y colonial, del Segundo Congreso de la Internacional Comunista, 1920.

Traducción: Natalia Estrada.