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El Frente Pueblo Sin Miedo, que reúne organizaciones políticas y sociales como el MTST, el PSOL y la Intersindical, lanzó una iniciativa llamada “Vamos! Sin miedo de cambiar el Brasil” con el objetivo de discutir un programa de izquierda para el país. Según los organizadores, la idea es realizar encuentros en diversas ciudades con la presencia de especialistas y discutir también online, buscando “un proceso activo de participación social”. El programa y la discusión serán estructurados en cinco ejes: democratización de la economía; democratización del poder y de la política; democratización de la comunicación y de la cultura; democratización del territorio y del medio ambiente; y un programa negro, feminista y LGBT. Un texto-manifiesto orientará la discusión de cada uno de los ejes.

Por: Bernardo Cerdeira

Guilherme Boulos, coordinador del MTST y del Frente Pueblo Sin Miedo, niega que la iniciativa tenga un carácter electoral visando las elecciones de 2018. “Lo que está planteado es discutir un proyecto para el período de diez, veinte años. Tenemos una crisis del país y de la izquierda, precisamos de una discusión honesta, sin tabúes, con espíritu crítico”, dijo al diario Folha de S. Paulo (14/8/17).

Fueron convidados para participar del debate políticos como Tarso Genro y Lindbergh Farias (PT); Luiza Erundina y Chico Alencar (PSOL); e intelectuales como Raquel Rolnik y Boaventura Souza Santos. La noticia fue saludada con entusiasmo por varios sites de izquierda con variadas posiciones.

Discutir un programa para el Brasil parece una iniciativa simpática en estos tiempos de crisis y confusión entre la izquierda. Pero tenemos que preguntarnos si realmente esa es una iniciativa nueva, revolucionaria o valiente.

¿Cuáles son las bases para comenzar a discutir el programa?

Una discusión programática nunca comienza de cero. Personas se agrupan para discutir sobre la base de alguna visión común, de izquierda, progresista, o lo que sea. Si no, la discusión sería la misma de la sociedad, reproduciendo en un ámbito menor todos sus enfrentamientos, y no tendría sentido.

“Vamos” se propone discutir un proyecto de la izquierda para el próximo período de diez o veinte años. Comencemos por allí. Una discusión seria y honesta de la izquierda no puede comenzar sin un análisis crítico de los 13 años de gobiernos del PT.

Preguntamos: ¿fue o no un fracaso la política oportunista de alianzas con los partidos burgueses (PMDB, PSD, PP, etc.) responsable por llevar a Temer a la vicepresidencia del país? Al final, Lula y Dilma gobernaron para los ricos, los banqueros y las multinacionales. ¿Fueron o no gobiernos que se ahogaron en corrupción y negocios espurios con empresarios para asaltar el Estado?

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No es posible comenzar a discutir un programa para el Brasil, que pretenda ser nuevo y valiente, sin rechazar categóricamente esa línea política oportunista que llevó el país y a la mayoría de la izquierda al desastre. La razón es simple: ella continúa viva y pretendiendo volver a gobernar con Lula en 2018.

Cualquier discusión sobre programa no será serio si no marca una línea nítida de independencia de clase, si no rechaza cualquier alianza de la izquierda con la burguesía, que necesariamente lleva a la capitulación y a la derrota de las fuerzas populares. Lamentablemente, no vimos una palabra siquiera sobre eso en la iniciativa de “Vamos”.

Reformar, ¿qué? El poder burgués es incompatible con la verdadera democracia

Los cinco ejes propuestos para la discusión tienen un problema similar. Todos proponen la democratización de la economía, del poder, de la política, de los medios de comunicación, del territorio, del medio ambiente, así como liberar a las mujeres, los negros y los LGBTs de la opresión. Todo eso parece muy justo y cualquier persona de izquierda estará, en principio, de acuerdo con esas ideas.

El problema es: ¿sobre qué democratización estamos hablando? ¿Democratizar la sociedad burguesa dentro del sistema capitalista? Eso es imposible. Incluso la más democrática de las democracias burguesas es una dictadura de la burguesía.

El texto-manifiesto del eje “Democratización del poder y de la política” evidencia esa contradicción: “El pueblo no puede ser llamado a opinar apenas en la hora de las elecciones. Estamos de acuerdo que debería ser lo opuesto, sin embargo, democracia burguesa es justamente el sistema en el cual el pueblo es llamado a opinar apenas en la hora de las elecciones y, como diría Lenin, en que los trabajadores son llamados cada cuatro años a escoger quien va a explotarlos en los años siguientes.

“Vamos” deja claro que su propuesta es hacer reformas en la democracia actual (burguesa). “Vamos a hacer una reforma política que amplíe la democracia y aumente la participación de las personas en las decisiones del Estado. Cambiar la forma como es hecha al política en el país, traer la política más cerca de las personas. Vamos juntos a debatir propuestas para una sociedad más democrática y más participativa. (…) Vamos a ampliar los procesos de participación popular, con consultas, plebiscitos y referendos y, también, conferencias abiertas y consejos. La ‘gobernabilidad’ es con el pueblo, y no con los poderosos y los partidos vendidos”, dice el texto.

El problema es que los poderosos y los partidos vendidos están en el poder y no tienen la menor intención de abandonarlo, tampoco de permitir que el pueblo participe efectivamente de las decisiones y perturbe los privilegios y la riqueza de que aquellos disfrutan dentro del sistema capitalista. Más que eso, están dispuestos a defender esos privilegios con la fuerza de las armas, masacrando a los trabajadores y el pueblo pobre que osen contestar la sagrada propiedad privada. Conclusión: un programa que tiene como eje reformar la democracia burguesa es utópico, porque no se puede realizar. Y es reaccionario, porque lleva a los trabajadores a confiar en este sistema.

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Capitalismo significa explotación y opresión

Una lógica semejante aparece en las propuestas de democratización de la economía, de la comunicación y de la cultura. Sobre la economía, el texto-manifiesto afirma: “¡Los trabajadores no pueden pagar por la crisis!” Defiende la elaboración de una política “que atienda a la mayoría de la población, a aquellos que viven del sudor de su trabajo, (…) que combata los privilegios y haga que los ricos paguen la cuenta. (…) Nuestra economía precisa volverse para el desarrollo nacional y para servir a los intereses populares”.

Muy justo, no obstante, las propuestas presentadas enseguida son de reformas en el sistema capitalista: “Tasación de grandes fortunas, reducción de los intereses, auditoría de la deuda pública, (…) bancos comunitarios y monedas sociales que fortalezcan una red de economía solidaria, una reforma tributaria que tase los lucros y no el consumo” hasta “cobrar IPVA a pequeños aviones”.

Ninguna de esas medidas modifica sustancialmente la explotación de los trabajadores y del pueblo. Ni siquiera araña el poder del capital nacional, y principalmente del imperialismo. Ora, la explotación es la esencia del sistema capitalista. Las diversas formas de opresión también son, como dice el texto de Vamos: [son] mecanismos movilizados por las elites para mantener la superexplotación del trabajo y garantizar las tasas de ganancia. Son utilizados por las elites para mantener la desigualdad social”.

Para atacar frontalmente la explotación, las opresiones, y la desigualdad social es necesario atacar sus bases, es decir, la propiedad capitalista de los grandes grupos nacionales y multinacionales, de los bancos y del agronegocio. No puede existir un programa verdadero de izquierda que no defienda la estatización, sin indemnización y bajo control de los trabajadores, del sistema financiero, de los grandes grupos nacionales e internacionales, y de los latifundios. Lo mismo se aplica a los medios de comunicación para que sean puestos a disposición de las organizaciones de los trabajadores y de sectores populares.

El verdadero programa de izquierda: revolución socialista y poder de los trabajadores

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Nuestra conclusión es explícita: un programa de izquierda digno de ese nombre solo puede tener como problema central el poder político. No habrá ninguna sombra de democratización si el pueblo no arranca el poder, por la fuerza, a los poderosos, los políticos vendidos y los empresarios. La democracia, de la política, de la economía, y de los medios de comunicación, y el fin de la opresión a negros, mujeres y LGBTs solo es posible por medio de una revolución socialista, dirigida por la clase obrera en alianza con los sectores populares.

Esa revolución solo podrá hacer esas transformaciones si los trabajadores toman el poder, constituyen un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, e implantan la única alternativa posible a la falsa democracia de los ricos y poderosos: una democracia de los trabajadores basada en consejos populares.

Por fin, no podemos dejar de resaltar que “Vamos” está andando un camino ya conocido. Boulos niega que la iniciativa del Frente Pueblo Sin Miedo tenga como objetivo las elecciones de 2018. Puede ser verdad, pero lo cierto es que las bases del programa esbozado apunta para un mismo lado: son afluentes del gran frente de conciliación de clases con la burguesía, llámese Frente Amplio o Frente Popular. En él, deben converger todos: Frente Brasil Popular, Frente Pueblo Sin Miedo, y toda la izquierda reformista.

Es posible que tengan tácticas electorales distintas, pero el programa es el mismo. Nosotros apuntamos para otro lado: el de la independencia de clase y la revolución socialista. Es para allí que vamos.

Traducción: Natalia Estrada.