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El recurso de Lula a la condena en primera instancia por el caso del tríplex en Guarujá fue indicado para el día 24 de enero. Los tres jueces de segunda instancia del octavo turno del TRF-4 (Tribunal Regional Federal de la 4° Región) confirmará o no la decisión del juez Sérgio Moro que condenó a Lula a nueve años y medio de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero por recibir el piso por la contratista OAS.

Por: Redacción PSTU – Brasil

Frente a eso, sectores como el Frente Brasil Popular y el Frente Pueblo Sin Miedo vienen organizando un calendario de movilizaciones por lo que llaman el “derecho” de Lula a candidatearse a la presidencia. Otros sectores del PSOL dicen que, sin la candidatura de Lula debido a una eventual condena, las elecciones serán un “fraude”, como si las elecciones burguesas no fuesen ya un fraude.

Todo esto parte de la narrativa petista de “golpe” contra Dilma, con un agregado sobre que sería un “golpe dentro del golpe”. De acuerdo con este discurso, Lula y el PT estarían siendo perseguidos por ser, supuestamente, una amenaza a los intereses de la burguesía y del imperialismo.

La verdad es que nadie cree más en esa conversación de “golpe”, ni el propio Lula, como quedó claro en la caravana del candidato por el Nordeste, al lado de figuras del PMDB como Renan Calheiros o el actual gobernador de Sergipe, Jackson Barreto. O las alianzas con el PMDB que están articulándose por todo el país para las próximas elecciones. Hasta incluso figuras del PSDB, como Fernando Henrique Cardoso (FHC) declararon que prefieren vencer a Lula “en las urnas a verlo en la cárcel”.

No es difícil entender el porqué de esto. Tanto el PT como el PSDB y el PMDB (aliados al DEM, PP, Solidariedade y demás partidos burgueses) gobernaron para las grandes empresas, bancos y contratistas como la Odebrecht, OAS, Itaú, GM, Santander, Gerdau, etc. Todos fueron comprados por ellos y eso nunca antes quedó tan explícito para todo el mundo. Como al propio Lula le gusta repetir, nunca los empresarios “ganaron tanto dinero como en mi gobierno”.

El PT no puede decirse perseguido por la burguesía sin decir que en los 13 años que estuvo en el poder gobernó única y exclusivamente para ella. Partidos como el PMDB, PSDB y DEM tampoco pueden patalear sobre una eventual condena a Lula sin decir que son completamente corruptos y envueltos con las mismísimas empresas, como en el caso del cartel en San Pablo que incrimina a los gobiernos “tucanos” [PSDB] de Alckmin, Serra y Alberto Goldman. O el emblemático caso del senador Aécio Neves [también del PSDB], salvado de la destitución incluso con la ayuda del PT.

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Temer era vice de Dilma. Romero Jucá, actual presidente del PMDB, fue ministro y líder del gobierno petista. La lista de corruptos y bandidos que no solo fueron parte sino que dirigieron durante los gobiernos Lula y Dilma, y están ahora en el gobierno Temer, es extensa.

La clase trabajadora, por su parte, no tiene que elegir entre los verdugos al menos malo. Entre uno y otro, tenemos que andar un camino independiente. No confiamos ni aplaudimos a la justicia burguesa, así como no nos comprometemos a defender a Lula y el PT.

La dirección del PT traicionó el sueño de toda una generación de activistas y trabajadores y trabajadoras que militaron y construyeron ese partido con la esperanza de construir una nueva sociedad. Una vez en el poder, la dirección del PT resolvió gobernar este sistema junto con la burguesía y el imperialismo. La corrupción hace parte del capitalismo, y el PT decidió gobernar el capitalismo para los capitalistas.

Hace más de 30 años, Lula fue perseguido y preso por la Justicia. En 1980, por ejemplo, Lula, Zé Maria del PSTU, entre otros sindicalistas, fueron presos y encuadrados en la Ley de Seguridad Nacional. Ese tipo de prisión es motivo de orgullo y levanta la moral de la clase trabajadora. La condena de hoy es desmoralizante porque el contexto es exactamente el contrario, con el PT mezclado con el PMDB, PSDB, PP y otros partidos corruptos.

Es evidente que nadie puede defender medidas autoritarias, prisión sin pruebas, o cualquier limitación al derecho de defensa o a las libertades democráticas. La situación de Lula, no obstante, no es producto de una persecución política a la clase trabajadora. Es sí una disputa entre dos campos burgueses dentro de una democracia burguesa en crisis.

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Es también hipócrita hablar de “Estado de Excepción” debido a las prisiones de media docena de políticos y empresarios. Eso limpia la cara de esta democracia de los ricos, que es no solo corrupta como extremadamente autoritaria: el pueblo pobre y negro de la periferia vive un genocidio (556.000 personas fueron asesinadas en el Brasil en 12 años); hay un proceso de encarcelamiento en masa en el Brasil. Son más de 600.000 presos y casi 300.000 son víctimas de prisión preventiva, coercitiva y sin juicio. En su mayoría jóvenes, negros, pobres, sin antecedentes criminales. Esta situación dio un salto durante los gobiernos del PT. O sea, ¿con el PT teníamos “Estado de Derecho” porque solo los pobres eran presos sin juicio, y ahora tenemos “Estado de Excepción” por causa de la Lava Jato?

Defendemos la prisión y la confiscación de los bienes de todos los corruptos y corruptores, y estamos en contra de ahogar las investigaciones de quien quiera que sea. En cierta medida, no alegra a nadie que el mayor exponente que la clase trabajadora brasileña construyó en su historia acabe siendo condenado por corrupción por haberse pasado para el lado de la burguesía. Pero, al mismo tiempo, el desenlace de esta tragedia y de esta farsa que el PT construyó no sorprende. Demuestra que el PT y Lula ya no tienen condiciones de representar a la clase trabajadora, pues escogieron otros amigos y otro camino.

Lo que se va a juzgar el 24 de enero, además de todo, no es el derecho de Lula a candidatearse a la presidencia o no, sino el tríplex que la OAS le habría dado. Y Lula está teniendo el derecho de defenderse y tiene a disposición un sinnúmero de recursos y caros abogados. Algo que el 99% de la población ni soñaría con tener. La dirección del partido ya divulgó una nota afirmando que va a registrar su candidatura a la presidencia el 14 de agosto, independiente del resultado del día 24 de enero.

Lo que está por detrás de ese movimiento en defensa de Lula no es, por lo tanto, su derecho a candidatearse o no, lo que hará de una manera u otra. Sino la defensa del propio Lula y su programa de conciliación de clases, responsable por perpetrar la miseria y la pobreza en nuestro país, en favor de las ganancias de los banqueros y grandes empresarios. Responsable aún por el aumento de la criminalización de la juventud pobre y negra, e incluso de medidas antidemocráticas y represivas, como la Ley Antiterrorismo propuesta y sancionada por el gobierno Dilma.

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No es tarea de la clase trabajadora participar de actos en defensa o contra Lula. Nuestra tarea es luchar para derribar esa reforma de la Previsión que el gobierno Temer y este Congreso corrupto quieren aprobar en febrero, revocar la reforma laboral, y, al mismo tiempo, construir una alternativa de independencia de clase, por fuera del campo de colaboración de clases del PT y de los partidos burgueses.

La tarea más importante de la clase trabajadora en este momento es forjar una nueva organización que no concilie con la burguesía, que sea controlada desde abajo, que sea revolucionaria y no mero instrumento de gestión del sistema actual. Al final, en lugar del PT cambiar el Estado burgués, fue el Estado y la burguesía los que cambiaron al PT. Eso debería ser una profunda lección.

Traducción: Natalia Estrada.