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Embalado por la aprobación en primer turno de la Reforma de la Previsión en la Cámara de los Diputados, Jair Bolsonaro lanzó en las últimas semanas una serie de ataques contra los derechos y las libertades democráticas.

Por: José Eduardo Braunschweiger

Las críticas a los nordestinos y los ataques a periodistas, ambientalistas, indígenas y víctimas de la dictadura militar hechos por Bolsonaro representan ofensas a los derechos y a las garantías fundamentales presentes en la Constitución, y deben ser repudiados de forma dura.

Decreto 666

La “libertad de prensa” y el “sigilo de la fuente” están establecidos constitucionalmente, por eso, es ilegal la medida del ministro Sérgio Moro que, mediante el Decreto 666, instituyó la “expulsión de extranjeros”. Es evidente, en este caso, la amenaza a Glenn Greenwald, periodista de The Intercept, responsable por una serie de reportajes que denuncian graves irregularidades y corrupción en el Poder Judicial.

Dictadura militar

El respeto a la dignidad de la persona, que comprende también el respeto a la memoria de los muertos, de las víctimas de la dictadura, fue duramente vilipendiado por Bolsonaro, que en un impulso provocó al presidente de la Orden de Abogados del Brasil (OAB) al decir que contaría para él lo que había ocurrido con su padre, Fernando Santa Cruz, desaparecido y muerto durante dictadura, hecho ya reconocido por el Estado brasileño.

Indígenas

Otra, entre tantas medidas que merecieron repudio, fue la edición, en una misma legislatura, de Medida Provisoria que transfería la demarcación de tierras indígenas de la Funai para el Ministerio de Agricultura, lo que ya había sido rechazado por el Congreso. El Supremo tribunal Federal (STF), en decisión unánime, derrotó nuevamente a Bolsonaro.

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Los ataques de Bolsonaro a los derechos y a las libertades democráticas son verdaderos disparates, que no alteran el régimen político pero no minimizan la gravedad de las mismas. Así, más que nunca reafirmamos que en la lucha contra la explotación y las opresiones no abrimos mano de derechos y libertades democráticas, partes fundamentales del programa y de la lucha por la revolución socialista en el Brasil.

Capitalismo: la escalada autoritaria de un sistema podrido

Los arrebatos de Bolsonaro son la expresión más grotesca de un régimen y de un sistema capitalista en el cual la burguesía nunca garantizó plena democracia para todos. En realidad, para la población negra y pobre de la periferia, para mujeres y jóvenes pobres, nunca existió el Estado democrático de derecho. Son esas personas las mayores víctimas del autoritarismo y de la violencia.

Escalada autoritaria

La redemocratización del país, duramente conquistada por la lucha de los trabajadores, no llevó al esclarecimiento de los crímenes de la dictadura, que permanecen impunes hasta hoy. A diferencia de otros países, como Argentina, donde los militares fueron juzgados y condenados.

Los gobiernos que se sucedieron desde entonces no ahorraron medidas autoritarias, a comenzar por la edición de múltiples Medidas Provisorias. No olvidamos la masacre de los sin tierra en Eldorado de Carajás (PA), ocurrido durante el gobierno FHC, y la compra de votos para la aprobación de su reelección.

Tenemos que recordar la ocupación de Haití, que se inició en el gobierno Lula y duró 13 años, cuyo primer comandante fue el general Augusto Heleno, jefe del gabinete de Seguridad de la Presidencia. Esa ocupación militar, además de oprimir al pueblo haitiano, sirvió a la llamada “guerra a las drogas” en el Brasil (en verdad, guerra a los pobres) y a un encarcelamiento en masa de pobres, negros y jóvenes. El resultado es 40% de la población carcelaria sin un debido proceso legal y sin garantías de amplia defensa, personas que siquiera fueron juzgadas y mueren en las prisiones, como en la reciente masacre de Altamira (PA).

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La Ley Antiterrorismo sancionada por Dilma Rousseff en 2016, también fue un ataque a la democracia, al permitir la criminalización de los movimientos sociales. Basta ver el juicio y condena de los 23 activistas de Rio de Janeiro por luchar contra la sobrefacturación de las obras de la Copa del Mundo de Fútbol y de las Olimpíadas.

Licencia para matar

Todo eso dio margen para el “Paquete de Moro”, que es totalmente ineficaz para el combate al crimen, pero muy efectivo para atacar todavía más a los pobres y a los negros. Son medidas que, en la práctica, legalizan la “licencia para matar” en situación de “excusable miedo, sorpresa o violenta emoción. Incluso antes de su aprobación, ya tiene significado un crecimiento desenfrenado de los autos de resistencia.

Estamos en medio de la mayor crisis de nuestra historia. El sistema capitalista en el que vivimos profundiza la entrega de nuestras riquezas, destruye el medio ambiente, ataca conquistas y derechos económicos, sociales y democráticos. La única forma de garantizar mejores condiciones de vida y de trabajo para todos, derechos y libertades democráticas, es construyendo una nueva sociedad socialista en la cual el poder político y económico esté en las manos de la clase trabajadora y de los oprimidos.

Acto en solidaridad a The Intercept Brasil

El 30 de julio se realizó un “Acto en Solidaridad a Glenn Grenwald y a The Intercep Brasil”, en la sede de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) en Rio de Janeiro. El acto contó con la presencia de trabajadores, activistas y militantes de los movimientos sociales, partidos políticos, artistas, periodistas e intelectuales. Diversos oradores fueron intransigentes en la defensa de la libertad de prensa. Cyro Garcia, presidente del PSTU-RJ, destacó: “Esa escalada autoritaria no comenzó ahora, sino lamentablemente mucho antes, con la célebre Ley Antiterrorismo del gobierno Dilma”.

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 575, disponible en: www.pstu.org.br

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Traducción: Natalia Estrada.