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Las negociaciones entre la Embraer y la norteamericana Boeing, con posibilidad de venta de la empresa de aviones brasileña, representa un grave golpe contra los trabajadores y el país. En la práctica, lo que está en juego es la desnacionalización total de la Embraer, con la entrega de la empresa al capital extranjero.

Por: Toninho Ferreira*

A diferencia de lo que intentan hacer parecer la dirección de la empresa, el gobierno Temer y los defensores de esa negociación, no hay ventajas para el país. Tercera mayor fabricante de aeronaves comerciales del mundo y única fabricante nacional, la Embraer cumple un papel estratégico para el Brasil. La desnacionalización con la venta o fusión de la empresa representaría un perjuicio sin precedentes a nuestra soberanía y desarrollo tecnológico y científico.

No por nada los países imperialistas no abren mano de grandes empresas en este segmento. Por el contrario, tienen políticas no solo para mantener y desarrollar sus fabricantes nacionales de aviones, como para avanzar sobre las empresas de otros países, como están haciendo contra la Embraer. Por eso hoy, en el mundo, solo un selecto grupo de nueve países son los que detentan tecnología para producir aviones.

La venta a la Boeing concretaría el proceso que comenzó con la privatización en 1994, y avanzó a lo largo de los últimos años con la transferencia de la mayoría de las acciones de la empresa para extranjeros, y tiene como resultado la desnacionalización cada vez mayor de la empresa.

Hace ya varios años que las acciones de la Embraer son negociadas en las Bolsas de Valores, como las de San Pablo y Nueva York, y están en manos de grandes fondos de inversiones y bancos norteamericanos.

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De acuerdo con un estudio hecho en 2012 por pedido del Sindicato de los Metalúrgicos de San José dos Campos y Región, sumando las acciones en manos de Oppenheimer, Thornburg, J. P. Morgan, Vanguard Emerging Markets, Fidelity Global Funds, con las acciones en posesión de inversionistas en Nueva York (“NYSE Otros”), 53% de las acciones estaban en manos extranjeras.

En los últimos años, la Embraer también pasó a adoptar un política de desnacionalización cada vez mayor por medio de la transferencia de parte de su producción al exterior, como es el caso de los jets Legacy y Phenom para Estados Unidos. Parte de las piezas del carguero militar KC-390 también se producen fuera del país.

Por lo tanto, lo que vemos es que la dirección de la empresa toma sus decisiones subordinadas a los intereses de grandes grupos internacionales y bancos extranjeros, lo que evidentemente no coincide con los intereses del Brasil y, mucho menos, de los trabajadores.

La Embraer fue privatizada a inicios de la década de 1990, en un crimen de lesa patria durante el gobierno FHC –vale recordar a precio de remate (fue vendida por algunos irrisorios millones de dólares [en moneda de la época] pagos en títulos y papeles del Estado brasileño de valor muy inferior al nominal)–, pero nunca dejó de depender del financiamiento del gobierno brasileño. Además, el origen de la empresa fue financiado por el pueblo brasileño.

La empresa es una de las principales beneficiadas con recursos del BNDES [Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social]. Un informe del site “Congresso em Foco” reveló que entre 2009 y el primer trimestre de 2014, la Embraer recibió 40% de los financiamientos al exterior hechos por el banco público (U$S 4.900 millones).

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O sea, las ganancias son privadas, pero el dinero que financia las ventas de la empresa siempre fue público.

La concreción de una eventual venta o fusión con la Boeing depende del aval del gobierno brasileño. Lo que no es nada animador. Al final, a pesar de que Temer haya dicho públicamente que la pérdida de control de la empresa no estaría en discusión, también afirmó que veía con buenos ojos la negociación. Peor que eso, este año, el 19 de julio, el Ministerio de Hacienda hizo una consulta al Tribunal de Cuentas Federal sobre la posibilidad de abrir mano de las acciones “Golden Share” de la Embraer, Vale y IRB-Brasil Reaseguros. Son esas acciones, el gobierno perdería el poder de veto sobre esas empresas.

Considerando que la privatización es una política de Temer, así como también fue de Fernando Henrique Cardoso (FHC), Lula y Dilma, los trabajadores no pueden contar con el gobierno para impedir que la Embraer sea vendida.

Es necesario iniciar desde ya una gran movilización nacional contra la venta de la Embraer, así como por la reestatización de la empresa. Sea por el papel estratégico que cumple, sea porque incluso privatizada la empresa sigue siendo financiada con dinero público, es preciso retomar ese patrimonio nacional.

La Embraer emplea 16.000 trabajadores en todo el país, de los cuales 12.000 son de San José dos Campos (SP), donde está su sede.

El Sindicato de los Metalúrgicos de San José dos Campos y Región inmediatamente después del anuncio de las negociaciones divulgó una nota de repudio y anunció una campaña contra la venta de la empresa, exigiendo al gobierno que vete esa negociación y reestatice la Embraer.

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El PSTU se suma a esa lucha. ¡La Embraer es de los trabajadores y del pueblo brasileño! ¡No a su venta! ¡Reestatización ya!

Artículo publicado en: https://pstuvale.blogspot.com.br/2013/08/negociacao-com-boeing-e-golpe-final.html

*Toninho Ferreira es presidente del PSTU de San José dos Campos.

Traducción: Natalia Estrada.