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Recientemente, el 8 de febrero, el Ministro de Justicia en ejercicio, Torquato Jardim, firmó un resolución ministerial [decreto] inédita e inusitada, casando la amnistía política de JAN HONORÉ TALPE. Sorprendentemente, alega que Jan no poseía nacionalidad brasileña y que a la época de su prisión y tortura, por los aparatos de represión, era vedado “el ejercicio de actividad política por extranjero”. Esto es, el ministro Torquato basa su decisión en una ley hecha por la dictadura, pasando por encima de la ley de amnistía promulgada en 1979, que concedió amnistía a todos los que cometieron crímenes políticos o electorales y a aquellos que sufrieron restricciones en sus derechos políticos; la Constitución de 1988, que revocó lo dispuesto por la ley anterior, aunque la ley formalmente estuviera vigente con el artículo 4°, garantizando la participación política; y de manera impresionante, la propia ley del inmigrante firmada por el presidente del Ministro de Justicia: Michel Temer, que con todas las limitaciones ya presentadas por jurista del movimiento de los trabajadores, asegura al inmigrante en su artículo I: “derechos y libertades civiles, sociales, culturales y económicas; y en los artículos VI “derecho de reunión para fines pacíficos” y VII – “derecho de asociación, inclusive sindical, para fines lícitos”.

Aparte de las consideraciones jurídicas presentadas hay, por encima de todo, consideraciones políticas: Jan Talpe luchó contra una dictadura que reprimía, arrestaba y torturaba brasileños y, como extranjero, nos ayudó a librarnos de ella. Mantenido este decreto, él abriría un precedente muy peligroso y grave para todo extranjero que tenga participación activa o solidaria en una lucha social en el país, y que podrá sufrir algún tipo de punición.

“Folha de S. Paulo/Uol: Más visados que los periodistas, sin embargo, eran los religiosos extranjeros. La lista de los expulsados incluye al pastor norteamericano Brady Tyson, en 1966, acusado de criticar el gobierno; el padre francés Pierre Wauthier, en 1968, deportado bajo acusación de liderar una huelga en Osasco (SP), la misma razón que motivó la expulsión del belga Jan Honoré Talpe en 1969[1]”.

Una historia que no puede ser renegada. Como la de los extranjeros que lucharon en la independencia de los Estados Unidos de América, en la Revolución Francesa y en la Comuna de París, y los que lucharon por la liberación de los países en el continente africano.

Persecución dictatorial prosigue

En abril de 2014, Jan Talpe fue impedido de entrar al Brasil por la Policía Federal. La alegación era que él había sido expulsado del Brasil en 1969, en razón del Decreto-Ley 417/69 que permitía al Presidente de la República expulsar extranjeros que: “por cualquier forma, atentaran contra la seguridad nacional, el orden político o social, la tranquilidad y moralidad públicas y a la economía popular, o cuyo procedimiento lo torne nocivo o peligroso a la conveniencia o a los intereses nacionales” (art. 1°).

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Jan había estado preso por seis meses en el DOPS/SP, en el mismo año de 1969, y enseguida después expulsado del Brasil en razón de su participación en la lucha contra el régimen militar brasileño.

Fue impetrado Hábeas Corpus con pedido de decisión liminar [inicial] a la Justicia Federal de Guarulhos. La principal sustentación es que las arbitrariedades cometidas por la Dictadura civil-militar no podrían subsistir. El juez federal emitió decisión liminar: “como revela la simple lectura de la enmienda del Decreto-Ley 417/69, ese acto normativo fue expedido en pleno recrudecimiento de la represión del gobierno dictatorial de entonces, con base en las atribuciones otorgadas al Presidente de la República por el Acto Institucional n° 5, del 13 de diciembre de 1968, el célebre AI-5, de triste recordación en la memoria política nacional”. Con eso, Jan consiguió entrar en el Brasil.

Meses después, la sentencia confirmó la decisión proferida inicialmente. La Abogacía General de la Unión presentó recurso contra las decisiones, pero este fue negado.

Esto es, el ministro Torquato Jardim considera que Jan, por luchar contra la dictadura brasileña, debería continuar prohibido de entrar en el país. Posiblemente, el único que la legislación de la dictadura continúa persiguiendo.

El luchador Jan Talpe

Jan Honoré Talpe, belga, se involucró en el Brasil en diversas luchas de categorías, por sus reivindicaciones, y en la lucha por la restitución de las libertades democráticas. Se hizo militante de Acción Popular (AP). Por eso fue preso, despedido, y expulsado del país en 1969.

Sacerdote, llegó al Brasil en enero de 1965, Doctor en Física en la Universidad Católica de Lovaina, contratado por el arzobispo de San Pablo, Don Agnelo Rossi, para profesar enseñanza religiosa. A partir de mediados de 1965, tuvo contacto con la Escuela Politécnica de la Universidad de San Pablo (USP), donde realizó investigaciones. En 1966, fue contratado como docente, en física, de la Escuela Politécnica.

“Mi identificación con las luchas estudiantiles no demoró mucho. Apenas había llegado hubo una ‘huelga del restaurante’, en protesta por los altos precios; tenía que optar entre ir a comer en el restaurante o entrar en la fila para una sopa distribuida por los estudiantes. En ese momento, tenía todavía un enfoque muy ‘pastoral’ de mi actividad, pero ya sabía tomar la decisión correcta”[2].

Jan y Paulo Krischke resistieron a la policía militar cuando esta invadió el Bloque F de la CRUSP y expulsó violentamente a los estudiantes, en julio de 1967. Talpe y Paulo acabaron detenidos junto con los estudiantes.

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“Nos encontramos con todo un grupo de estudiantes detenidos, en el piso, a los cuales los milicos no dejaban de dar de vez en cuando un puntapié. Cuando intervinimos para pedir que parasen este tratamiento, presentándonos como profesores, nos mandaron a acostarnos en el piso también”[3].

En 1968, fue a vivir en una barrio obrero, Osasco, junto con el Padre Antônio Soligo, pasando a participar de la vida y de las luchas de los obreros de la ciudad; buscó empleo en las fábricas de la región, pero fue preso a inicios de 1969, antes de comenzar a trabajar.

Al recibir el oficio del II Ejército, Agnelo Rossi envió un comunicado al presidente del Consejo de Presbíteros, dándole las informaciones sobre la prisión de los padres. Se sabe: “El Cónsul de Bélgica, por interferencia del Itamarati (a pedido de la Embajada) obtuvo, hasta ahora, apenas una vez el permiso de estar con el Padre Talpe 50 minutos, en los que, en flamengo, hablaron libremente,” (…) “El Padre Talpe está bien de salud, al menos aparentemente. Se quejó de haber sufrido choques eléctricos, pero dice el Cónsul que no había marcas de golpes”. (…) “En contacto con el Min. Magalhães Pinto, el día 8, hablé con él sobre el caso de los padres y le pedí que hablase con el Presidente sobre torturas físicas y prisión de personas no bien identificadas”.

Jan confraternizó con otros presos: “En mi celda conocí a camaradas de la VPR, entre ellos Onofre Pinto, que fueron liberados poco después de mi liberación, cambiados por el embajador de los Estados Unidos que la VPR había secuestrado el tres de setiembre. Me habían sondado discretamente si yo quería estar en la lista, sin embargo, en ese momento, ya sabía que había una fuerte presión desde Bélgica para que me liberaran, por eso mi liberación en breve era casi segura”[4].

Después de seis meses en la prisión, Jan Talpe fue llevado al aeropuerto el 8 de agosto de 1969, conducido por escolta policial hasta el interior del avión.

Talpe, fuera del Brasil, continuó su actividad política contra las dictaduras latinoamericanas. Junto con otros compañeros, formó el Frente Brasileño de Informaciones (FBI), que poseía secciones en varios países; organizó la asistencia apara exiliados brasileños y chilenos; daba palestras para la Juventud Obrera Católica (JOC) y organizaba diversos actos por la democracia. Entre ellos, merecen mención los realizados en los teatros del Piccolo, en Milán, y en la Mutualité, en París. Particularmente, el 15 de enero de 1970, estuvieron presentes George Casalis, profesor de la Facultad de Teología de París, que presidió la ceremonia; Miguel Arraes, Jean-Paul Sartre; Michel de Certau, padre jesuita redactor de la revista Notre Combat; Pierre Jalée, presidente del Comité de Defensa de la revista Tricontinental; Lengi Maccario, secretario general de la Federación Italiana de Metalúrgicos, juntos con Jan Talpe.

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Hoy, después de una larga jornada de lucha contra las atrocidades cometidas en América Latina, y de sufrir toda la represión y humillación en el Brasil, el ministro Torquato Jardim niega el pedido de amnistía política a este luchador que con millares de otros nos proporcionó vivir en un régimen democrático, con todas sus limitaciones de clase, en el Brasil.

El decreto editado por el Ministro de Justicia en ejercicio no puede ser mantenido; los abogados del Colectivo de los Presos y Perseguidos Políticos de la ex Convergencia Socialista ya interpusieron un recurso administrativo al Presidente de la República, con el fin de restablecer la decisión tomada por la Comisión de Amnistía. Además de eso, tenemos que realizar una campaña internacional por la revocación de esta resolución, que es un gran ataque a todos los que lucharon contra regímenes dictatoriales en cualquier país del mundo.

Notas:

[1] Regime militar expulsou jornalista em 1970. San Pablo, jueves, 13 de mayo de 2004. En: http://www1.folha.uol.com.br/fsp/brasil/fc1305200408.htm. Consultado: 01.08.2014.

[2] Entrevista cedida para la Asociación de Docentes de la USP (ADUSP).

[3] Ídem.

[4] Ídem.

Traducción: Natalia Estrada.