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Los futuros ministros del nuevo gobierno están involucrados hasta el cuello en corrupción.

Por Diego Cruz

Bolsonaro se eligió capitalizando el enorme desgaste de los políticos tradicionales y de las instituciones, colocándose como lo nuevo, un “outsider” no manchado por la corrupción o el fisiologismo de la “vieja política”. Para legitimar esa marca, concentró su discurso contra la corrupción, aprovechándose de los escándalos que alcanzan al PT, al PSDB, al MDB y prácticamente a todas las siglas que pueblan el Congreso Nacional.

La propia historia política de Bolsonaro, diputado por 30 largos años, ya desmiente ese discurso, junto a las denuncias de enriquecimiento ilícito, el uso de funcionarios fantasmas o el esquema de caja 2 en estas elecciones. Y el montaje del nuevo gobierno reafirma que la corrupción nunca fue un problema para el capitán jubilado. Entre los principales cuadros convocados para componer su gobierno, desfila gente con una extensa ficha de corrupción.

El principal, por el cargo que ocupará, es, sin duda, Onyx Lorenzoni (DEM), futuro jefe de la Casa Civil de Bolsonaro. El diputado, uno de los principales articuladores de la campaña del entonces candidato del PSL en el ala “civil”, ya admitió haber recibido R$ 100 mil en caja 2 en la campaña de 2014. Recientemente, delatores del grupo J&F, dueña de la JBS, afirmaron que le dieron a Onyx otros R$ 100 mil en la campaña de 2012.

Lorenzoni fue el relator de las 10 medidas contra la corrupción, presentadas por el Ministerio Público Federal, como respuesta a los escándalos revelados por la operación Lava Jato[1].

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El juez Sérgio Moro, que ya dijo que “la corrupción en financiamiento de campaña es peor que el desvío de recursos para el enriquecimiento ilícito”, hizo caso omiso a las denuncias contra Lorenzoni: “Él ya lo admitió y pidió disculpas”. Si los otros corruptos que el juez condenó supiesen que sería tan fácil…
Otro en la lista de corruptos nombrados por Bolsonaro es el futuro ministro de la Salud, Luiz Henrique Mandetta. El hombre que va a comandar esa área, que tiene una caja de R$ 128 billones, es investigado por fraude en licitaciones, tráfico de influencia y caja 2. Los crímenes habrían sido cometidos cuando Mandetta estuvo al frente de la Secretaría de Salud de Campo Grande (MS) entre 2005 y 2010.

Por su parte, la futura ministra de Agricultura, Tereza Cristina (DEM) fue citada en la delación de la JBS durante las investigaciones sobre incentivos fiscales concedidos por el gobierno de Mato Grosso do Sul, donde era secretaria estadual de Desarrollo Agrario y Producción, entre 2007 y 2014. Al mismo tiempo en que le daba incentivo fiscal a la empresa de Joesley Batista, Cristina mantenía negocios con la JBS.
Otros nombres que acompañan a Bolsonaro hace más tiempo, como Paulo Guedes, su gurú de economía, también coleccionan denuncias. Guedes es investigado por el Ministerio Público Federal por fraude en la gestión de fondos de inversión.

Ni el astronauta Marcos Pontes se escapa. El futuro ministro de Ciencia y Tecnología fue investigado por integrar una empresa privada, la Portally Eventos y Producciones, cuando todavía estaba activo (Pontes era teniente coronel de la Fuerza Aérea y los militares tienen prohibido envolverse en actividades comerciales).

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El nuevo gobierno de Bolsonaro no estará marcado apenas por figuras folclóricas de la ultraderecha, como el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, que denuncia un complot marxista internacional y niega el calentamiento global; o el futuro ministro de Educación, el colombiano Ricardo Vélez Rodríguez, que denuncia esa misma conspiración marxista en la Educación y defiende el Escuela Sin Partido, proyecto que tacha a los profesores de la red pública de peligrosos adoctrinadores de izquierda.

Bolsonaro tendrá un ministerio repleto de notables corruptos, exactamente como fue en los gobiernos Lula, Dilma y Temer. Por no mencionar a los representantes directos de los bancos, como Joaquim Levy (Bradesco), futuro presidente del BNDES, que también compuso el gobierno Dilma, o Roberto Campos Neto, del Santander.

Tal vez por eso haya cambiado su discurso recientemente, al afirmar que “mucho más grave que la corrupción es la cuestión ideológica”.

Notas:
[1] Es una investigación de corrupción, llevada a cabo por la Policía Federal de Brasil, que se inició en marzo de 2014. Se bautizó como Lava Jato en referencia a que el primer sitio allanado fue un lavadero de autos en Brasilia, donde se realizaban maniobras de lavado de dinero.

Traducción: Davis