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Al anunciar su afiliación al PSB, el último día 5, Marina Silva sorprendió a mucha gente, especialmente al PT y su base aliada. La decisión de la ex ministro de Medio Ambiente del gobierno Lula ocurrió enseguida de que el Tribunal Superior Electoral (TSE) negara el pedido de registro de su partido, Red de Sustentabilidad, alegando que la lista no consiguió recoger las 492.000 firmas de apoyo válidas, necesarias para su creación.



Con todo, días antes, la misma justicia electoral había aceptado el pedido para la creación de dos partidos más: el Partido Republicano del Orden Social (Pros), del actual gobernador de Ceará, Cid Gomes, y Solidaridad, liderado por el diputado federal Paulo Pereira da Silva,  Paulinho da Força (SP), que estaba en el PDT [Partido Democrático Trabalhista]. Las discusiones sobre la legalización de las dos listas fue polémica. Había indicios de fraudes en las firmas recogidas y el TSE y los ministros Henrique Neves y Luciana Lóssio pidieron nuevas diligencias para el examen de las firmas, lo que les fue negado. El Pros es el partido más nuevo de la base aliada del gobierno, en tanto que Solidaridad ensaya una aproximación con Aécio Neves, precandidato a la presidencia de la República por el PSDB [Partido de la Social Democracia Brasileira].

Tenemos muchas diferencias con Marina Silva y el PSB. Pero al negar el registro para Red, mientras hace lo contrario con sus aliados, la Justicia refuerza aún más el carácter antidemocrático del proceso electoral brasileño, controlado por el poder económico y ahora manipulado con dos pesos y dos medidas en pro de un acuerdo entre el Gobierno Federal y el PSDB.
Por otro lado, la afiliación de Marina al PSB, tradicional partido de la burguesía, también mostró los límites del discurso de la ex ministro que defendía una “nueva forma de hacer política” dentro del sistema.

Nuevos aliados

La afiliación de Marina Silva tiene que ver, de hecho, con la disputa presidencial en 2014. La unión de Marina y Eduardo Campos puede generar una alternativa electoral al gobierno del PT libre de la imagen de la derecha tradicional, como el desgastado PSDB. Marina aparece en segundo lugar en las encuestas de intención de votos, sólo atrás de Dilma. Su candidatura creció con las protestas de junio y con el desgaste de los partidos tradicionales del régimen. Ahora, el PSB, que administra varias capitales y gobiernos estaduales, ofrece a la candidatura de la ex ministro una importante máquina electoral. Pero también trae a la luz el verdadero contenido de su proyecto político.
Lo que se disfrazaba como “la nueva política” se juntó, sin ceremonia, a la vieja política, para viabilizar una candidatura el año que viene. Junto con Marina, también se afiliaron al PSB políticos del moribundo DEM [Demócratas, partido de centro-derecha]; gente como Jorge Bornhausen, que ahora se volvió cacique del PSB en Santa Catarina, y el diputado del Piauí, Heráclito Fortes.
El PSB es un partido tradicional de la burguesía brasileña, dirigido por el actual gobierno de Pernambuco, Eduardo Campos. Su gobierno defiende a los empresarios y las oligarquías tradicionales del Estado. Aplica una política privatista, como hizo con Compesa (empresa de saneamiento) y autopistas, además de privilegiar inversiones que apuntar a favorecer a empresas multinacionales.
El PSB también está lejos de defender la causa ambiental. De los 30 diputados de la banca del partido, 27 votaron por el nuevo Código Forestal, un verdadero retroceso en el área ambiental en beneficio del agro-negocio. Eduardo Campos llegó hasta aproximarse al viejo líder de la bancada ruralista, Ronaldo Caiado (DEM-GO) [Demócratas de Goiás, estado de la región centro-oeste del Brasil].
En la cuestión de la represión a los movimientos populares, el gobierno de Campos se iguala a los de Sergio Cabral, Geraldo Alckmin y Tarso Genro. Desde las protestas de junio, varios activistas fueron secuestrados por la policía e interrogados bajo golpes.
No por casualidad, muchos seguidores de Marina Silva manifestaron indignación con su afiliación al PSB, tanto por su postura imperial, o sea, afiliarse sin consultar a las bases, como por el hecho de aliarse a viejos zorros de la política nacional. De hecho, la “nueva forma” de hacer política de Marina Silva no pasó de una mera ilusión. Lo que se ve son tradicionales zorros políticos intentando presentarse como algo “nuevo” para mantener la vieja dominación.

El eco-capitalismo de Marina

Como ministro del Medio Ambiente del gobierno Lula, Marina Silva llevó a cabo toda una política absolutamente contradictoria con su imagen emparejada a la política de “sustentabilidad” ambiental.
Fue en esa época que el cultivo de semillas transgénicas fue liberado en el país. Marina firmó la liberación. Órganos federales como el Ibama [Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos] fueron desmantelados y vaciados para facilitar la concesión de licencias ambientales. En el Ministerio del Medio Ambiente, su política obedecía a un abordaje de que “el bosque precisa tener un valor económico” para ser preservado. Por eso creó la Ley de Gestión de Bosques Públicos, autorizando su concesión para ser explotados por el sector privado. O sea, esos bosques públicos pueden ser privatizados para que las madereras puedan explotarlos de forma “sustentable”.
Con base en esa ley, el gobernador de Amapá, Camilo Capiberibe (del mismo PSB de Marina) quiere privatizar 1,5 millones de hectáreas de bosque, lo que representa la mitad de los bosques públicos del Estado. Miles de campesinos “posseiros” [palabra portuguesa que se refiere a la posesión de la tierra], que viven en ella, serán expulsados.
Pero la misma ley permite que los bosques puedan caer en manos de la industria farmacéutica y de cosméticos, abriendo espacio para la llamada biopiratería. Uno de los principales animadores de Red, Guilherme Leal, vice de Marina en la elección de 2010 y presidente de Natura, es investigado por el Ministerio Púbico Federal por cometer “biopiratería”. Su empresa abría usurpado un fruto utilizado por indígenas de la región, el murmuru, para la producción de champúes y jabones.
Como se ve, Marina pregona el discurso del “desarrollo sustentable”, pero procura fomentar el desarrollo de los grandes negocios del capitalismo. El resultado es más devastación de los bosques y de las poblaciones tradicionales que viven de él.

 Publicado originalmente en Opinião Socialista 470

 Traducción: Natalia Estrada