Compartir

La vida de los habitantes de Barão de Cocais, Santa Bárbara y de toda la región cambió drásticamente en los últimos meses, cuando la empresa Vale anunció la posibilidad de ruptura del dique de la mina de Gongo Soco. En primer lugar, le enviamos toda nuestra solidaridad a la población de estos municipios. Son víctimas del sistema predador de minería y de la propia Vale, así como de un modelo sin precedentes de sometimiento del país a los intereses de las grandes potencias imperialistas.

Por Geraldo Batata

Junto con las víctimas de Brumadinho y Mariana perdemos también el Río Doce, el Paraopebas, mientras el São Francisco agoniza. Según informaciones de la propia Vale, 9 diques están comprometidos en el estado de Minas Gerais. Si se rompe el de Nova Lima, por ejemplo, matará definitivamente el Río das Velhas y acabará con el abastecimiento de agua para 2,4 millones de personas en la Gran Belo Horizonte (BH).

Zema, Siria y Minas Gerais

Recientemente, el gobernador Romeu Zema (Partido Novo), en un evento patrocinado por el Instituto Brasileño de Minería (IBRAM) el 17 de abril, dijo: “Me mantengo optimista también porque Minas está intacto, a diferencia de un país como Siria, que está completamente arrasado”.

La comparación es pertinente. El terror que la Vale le impuso a los habitantes de las vastas regiones del estado solo tiene precedentes en zonas de guerra. Un estado de sitio permanente, sirenas y la posibilidad de muerte inminente. Muy parecido a una guerra civil contra el pueblo.

Son los efectos de una decadencia económica, social y política que trae números asombrosos. Más de 300 muertos en Brumadinho, 20 en Mariana (2015), la destrucción de centenas de casas y pequeñas propiedades rurales, los ríos Doce (2015), Paraopebas y São Francisco, centenas de kilómetros del océano Atlántico a partir de la desembocadura del río Doce, amenazando más de 400 especies marinas. En caso de que haya ruptura de diques en Nova Lima, existe la posibilidad de matar también el río das Velhas y comprometer el abastecimiento de agua de la Gran BH. Estamos ante la posibilidad de inviabilidad y destrucción física de gran parte de nuestro estado. Más tarde o más temprano, esta realidad se está imponiendo.

Lea también  Un programa para la mujer trabajadora

La economía de las ciudades mineradoras está destrozada, en franca decadencia. En Mariana, la recaudación mensual del Ayuntamiento cayó de R$ 27 millones al mes, en 2015, a R$12 millones, en 2019. El índice de desempleo (mercado formal) fue para 19%, el triple en relación a 2015. Según el presidente de la Federación de Industrias del Estado de Minas Gerais (FIEMG), Fabio Roscoe, el estado perderá un millón de empleos. La Vale ya anunció la reducción de al menos 60% de la producción en el estado y de las inversiones en el complejo de Carajás, en el estado de Pará.

Privatización, capitalismo y muerte

Después de la privatización, la Vale multiplicó la producción cuatro veces. Desde entonces, más de R$80 billones se distribuyeron. Otros fueron a parar a manos de terceros, constructoras o se esfumaron en los bolsillos de partidos políticos financiados por la Vale durante las elecciones.

Durante este período, la minería ganó gradualmente rasgos parasitarios y de regresión colonial cada vez más profundos. El mineral va a abastecer las industrias de China y de los EE.UU. Las ganancias son para los accionistas, mientras aquí solo se quedan los diques, los hoyos y las ciudades decadentes. Ni siquiera los impuestos se pagan para cubrir todo el daño. La ley Kandir aseguró la exención del Impuesto sobre la Circulación de Mercancías y la Prestación  de Servicios de Transporte Interestadual e Intermunicipal y de Comunicación (ICMS) y de la Compensación Financiera por la Explotación de Recursos Minerales (CFEM), que son insignificantes en comparación a lo que las mineradoras facturan.

Nacionalización de la Vale, de la minería bajo el control de los trabajadores

La nacionalización de la minería, en especial la de la Vale, es necesaria para impedir que la situación continúe. Significa quitarles de las manos a los especuladores los recursos necesarios para evitar más crímenes y tragedias y para reconstruir las ciudades afectadas. Construir un nuevo modelo de mineración y buscar un nuevo rumbo para el desarrollo, agregándole valor y fomentando una industria limpia, con la utilización racional de los recursos minerales, generando empleos de calidad. Construir también escuelas técnicas, universidades públicas, guarderías, hospitales públicos, casas populares, ferrovías.

Lea también  Gobierno de Bolsonaro pretendía robar energía de Itaipú

En manos del capital privado y de los especuladores de bolsas esto es imposible. Es necesario castigar con prisión y embargo de bienes a quienes destruyeron nuestro estado. Esos bandidos que dirigen la Vale no merecen ni un centavo más a nuestra costa, ni siquiera una indemnización. Esos parásitos no merecen otra cosa que no sea la prisión para que paguen por sus crímenes contra la humanidad.

La minería debe someterse al control riguroso de los trabajadores del sector, de los pequeños propietarios de tierras, de los pequeños comerciantes, a través de consejos populares. Ellos deben administrar toda la producción, desde la extracción hasta los beneficios, tomando en cuenta la protección al medio ambiente y los intereses de las comunidades. Los proyectos deben construirse colectivamente y no entre representantes del mercado financiero y políticos corruptos.

Socialismo o barbarie

Para concluir, esta barbarie solo es posible porque vivimos en un sistema capitalista decadente y su descomposición promueve genocidios, desastres y tragedias, como las que estamos viviendo. Ante la crisis poco importa la vida de los trabajadores, principalmente tratándose de un país y de un estado, cuya mayoría de la población es negra. A ellos no les importa si nos quedamos sin agua, sin empleo, sin escuelas, sin casas.

Los representantes de las mineradoras están al frente del estado. Bolsonaro, el gobernador Romeu Zema, los anteriores del PT al PSDB, los diputados de la Asamblea Legislativa de Minas Gerais (ALEMG) y del Congreso son todos cómplices de modelo actual.

Lo que le queda a la clase trabajadora es la tarea de impedir que esta barbarie continúe. Nacionalizar la minería bajo el control de los trabajadores significa promover una revolución en el país. Esta debe garantizar una verdadera independencia y otras medidas no menos importantes, como la nacionalización del sistema financiero y del comercio exterior. Aliado al control ejercido por los consejos populares significa construir un gobierno socialista de los trabajadores. En esta etapa de decadencia capitalista solo este programa puede garantizar nuestra sobrevivencia y buscar avanzar por nuevos caminos de desarrollo económico, social y cultural, con la preservación de la naturaleza y mejores condiciones de vida para los trabajadores y las comunidades.

Lea también  Argentina | Vamos por un Chubutazo

Ya pasó el momento de frases y retóricas, ahora entramos en la fase de tomar decisiones. Es un derecho de los trabajadores y de la población afectada rebelarse contra el terror de la Vale y de las mineradoras. Esa es la verdadera revolución contra empresas que promueven una dictadura sobre nuestra población.

Traducción: Davis