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«No puedo respirar», dijo George Floyd. Las vidas negras importan, la lucha contra el racismo y la desigualdad social ha encendido el corazón del capitalismo. El país más rico y poderoso del mundo, además de ser el epicentro de COVID-19, ahora es también el epicentro de la lucha de clases en el mundo.

Por PSTU-Brasil

Los horrores del capitalismo son la cara de la barbarie y se manifiestan en la pandemia, en el desempleo, en la miseria y en la opresión que mata a João Pedro en Río de Janeiro, George Floyd en Minnesota y que liquida a los pueblos indígenas en la Amazonía.

En Brasil, ya son más de 30 mil muertos por COVID-19. Justo ahora y con un record de contagios y de muertes, los gobernadores capitulan al presidente y los grandes empresarios, y relajan o flexibilizan el aislamiento social que ya era insuficiente. Nos dirigimos hacia el colapso del sistema de salud.

Autoritarismo y la amenaza de un «golpe»

A todo esto se suma el libertinaje y la provocación del gobierno de extrema derecha de Bolsonaro y Mourão. Hacen manifestaciones que piden o amenazan con la intervención militar, organizan un sector paramilitar armado, como los 300 en Brasilia. Cuanto más aislado, más aumenta la escalada de discursos autoritarios. El general Heleno, del GSI, amenazó con dar un golpe, mientras que Eduardo Bolsonaro dijo que no se trata de «si» hay un golpe, sino de «cuándo» habrá una «ruptura».

Ya el negro traidor que asumió la Fundación Palmares, en audio filtrado, dijo que «el movimiento negro es una maldita escoria».

La lucha, las manifestaciones de las calles y los «manifiestos»

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Los funcionarios de la oficina de correos de São José dos Campos (SP) paralizaron sus actividades luego de que dos de ellos dieron positivo por COVID-19. La esposa de uno de los infectados murió. Los trabajadores de servicios esenciales están trabajando sin seguridad, mientras que otros millones más de servicios no esenciales, se ven obligados a trabajar y utilizar el transporte público, lo que aumenta la curva de contagio. Además de eso, el empleador está reduciendo los salarios y los derechos, aprovechando la pandemia y el desempleo.

Es por todo esto, que, para la mayoría, bajo el mando de Bolsonaro, ya no es posible respirar más; con los vientos de EE.UU., han resurgido las acciones en las calles. Estas manifestaciones son muy progresivas, una reacción a las reiteradas provocaciones de Bolsonaro y sus partidarios y a las defensas que estos sectores hacen a los símbolos racistas y fascistas.

Sin embargo, en plena escalada de la pandemia, las manifestaciones deben preocuparse por mantener la distancia social, además de usar las máscaras. Las personas de los grupos de riesgo no deberían participar. También necesitamos absorber las demandas de la clase trabajadora y los sectores oprimidos. Además del «fuera Bolsonaro y Mourão», es necesario defender la cuarentena general con empleos e ingresos para salvar vidas, justicia para João Pedro, el fin del racismo, la violencia contra los pobres y los negros y contra las amenazas a las libertades democráticas.

Unidad para luchar

Además de los actos, aparecieron dos manifiestos. Uno de los abogados, llamado «Basta», y otro firmado por personalidades y artistas, «Estamos Juntos», firmado por políticos como Marcelo Freixo y Guilherme Boulos (PSOL), Fernando Henrique Cardoso (PSDB), Fernando Haddad (PT), Flávio Dino (PCdoB), Luciano Huck, Frei Betto, Lobão, entre otros. El texto dice: “Como sucedió en el movimiento Directas ya, es hora de dejar de lado viejas disputas en busca del bien común. Izquierda, centro y derecha unidos para defender la ley, el orden, la política, la ética, las familias, el voto, la ciencia, la verdad, el respeto y la valoración de la diversidad”.

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El PT, después de firmar el manifiesto, lanzó un video de Lula cuestionando dicha firma, diciendo que él «no va a hacer seguidismo» a los demás, alegando que este manifiesto no habla en absoluto de la clase trabajadora, que tiene gente que apoyaron la salida de Dilma las cuales no quieren reconocer la fuerza del PT.

El hecho es que ni esos políticos ni Lula están a favor de una verdadera campaña y de una movilización unificada de las masas para expulsar a Bolsonaro, al igual que las «Directas, Ya».

Al mismo tiempo, reflejan distintos proyectos con un frente amplio electoral, cuyas diferencias son menos de proyectos y más de disputa por el poder. Incluso el PT gobernó Brasil durante 13 años con un programa capitalista no muy diferente al del PSDB, solo que en diferentes circunstancias. Tampoco ahora abogan por un proyecto tan antagónico, solo basta ver la política que el PT y el PSDB aplican en los estados.

Si la clase trabajadora y la juventud están interesadas en hacer unidad en cada lucha para derrocar a Bolsonaro, desde el punto de vista del proyecto del país y del gobierno, no es este el interés de ninguno de estos proyectos capitalistas. Lula cree que todo lo que debemos aspirar es un ingreso mínimo de R$ 600. Sin duda, si quisiéramos obtener hasta R$ 600, entonces debemos defenderlo. Pero no queremos continuar con este país desigual donde el 1% de los multimillonarios controlan el 80% de la economía, mientras que la mitad de las personas ni siquiera tienen acceso a higiene.

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Queremos otra forma de sociedad, con pleno empleo, sin explotación, sin racismo. Una sociedad socialista. Un gobierno socialista de los trabajadores, que gobierne a través de los consejos populares.

Traducción: Ana Rodríguez