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Una forma justa y necesaria de protesta contra la exclusión social y la discriminación.

En este último fin de semana, los llamados “rodantes”, jóvenes de la periferia de las grandes ciudades que se juntan en grandes grupos para pasear, están organizándose en los shoppings centers y se convirtieron en un caso para la policía. Hasta entonces, estos eventos sólo conducían a la explicitación del prejuicio y de la discriminación a que estos jóvenes (“gente diferenciada”) están sometidos en la sociedad en que vivimos, al ser rechazado su ingreso.
 
Ahora, la Policía Militar (PM) fue accionada y, al prejuicio y discriminación, se agregó la violencia. La PM hizo lo que sabe hacer mejor: amenazar y agredir jóvenes y trabajadores.
 
Es difícil saber, en este momento, el alcance que tendrán estos movimientos que surgen espontáneamente. Pero, no hay duda de que son formas legítimas de rechazo al prejuicio y a la violencia que significan, para los jóvenes pobres de la periferia, la discriminación con que son tratados en la sociedad capitalista. Explicitan con claridad  el proyecto de sociedad que se consolida en las grandes ciudades. Hay espacios de “convivencia común” pero no para todos.
 
Las movilizaciones de junio pasado abrieron la crisis que envuelve al transporte público en las grandes ciudades. Precio y calidad del transporte colectivo hacen que, en realidad, la ciudad no sea para todos, sino sólo para quien tiene dinero. Ahora, al recurrir a la justicia y a la policía para impedir el acceso de los jóvenes de la periferia a los shoppings, los empresarios y gobernantes dan una señal clara de que los centros de comercio y entretenimiento que se constituyeron entorno a estos lugares, pretendidamente públicos, tampoco son para todos.
 
Lo que estamos asistiendo es la expresión de que el proceso que se abrió en junio  sigue desarrollándose y se profundiza. Lo que estos jóvenes están haciendo es protestar contra un estado de cosas que convierte la vida de los pobres en cada vez más insoportable. Y es justamente este movimiento que hace el oprimido lo que obliga a explicitarla saña del opresor en mantenerlos bajo control.
 
Si viviésemos en un país realmente democrático, estos lugares estarían todos cerrados y lacrados por el poder público. Es lo que debería ser hecho ante la tamaña, y absolutamente explícita demostración de prejuicio y discriminación, por parte de los empresarios (que controlan las tiendas y los propios shoppings centers), contra la juventud pobre de la periferia. ¿Estos lugares no son públicos? ¿Por qué los jóvenes, que viven en los barrios ricos y de clase media, no son tratados con este mismo criterio por estas empresas? ¿Porque tiene dinero para gastar?
 
Pero no vivimos en un país democrático. Quienes manda aquí son las grandes empresas, y son los intereses de ellas los que, de hecho, determinan lo que es correcto y lo que es equivocado, bien lejos del “todos son iguales ante la ley”. Y aquellos que gobiernan este país son felpudos de estas empresas. Por esta razón, la policía fue accionada no para apresar a los responsables de los shoppings por el crimen de prejuicio y discriminación. Fue para agredir y apresar a los jóvenes. ¿La razón? Bueno, porque ellos existen…
 
La represión policial a los “rodantes”, determinada por los gobiernos y la justicia, son otra muestra clara y categórica de la opción del Estado brasileño por criminalizar la pobreza en nuestro país, como ocurre también con los desalojos violentos, con los asesinatos de jóvenes pobres y negros por parte de la policía en la periferia, etc.
 
Por todo eso, digo que la protesta de estos jóvenes es nuestra protesta. Es la protesta de todos y todas los que, en este país, luchan contra la explotación y la opresión del capitalismo.
 
Todas las organizaciones de los trabajadores y de la juventud necesitamos apoyar estas iniciativas de los jóvenes de la periferia, pues la lucha de ellos es nuestra lucha.
 

*Los rolés o rolezinhos son jóvenes de los suburbios de las grandes ciudades que se juntan en grandes grupos para pasear. En los últimos tiempos han comenzado a hacerlo en los shopping centers y son rechazados por los comerciantes y muchos clientes de clase media de estos lugares.


Traducción: Laura Sánchez 
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