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Entre los diez jefes de Estado que participaron de la posesión de Bolsonaro, el 1 de enero, uno de ellos, en especial, se ubicó en el centro de la atención: el premier de Israel, Benjamin Netanyahu. De un lado, la visita fue repudiada en Brasil y en todo el mundo, por sus crímenes contra la humanidad y, de otro lado, fue saludada con honores por el capitán retirado del Ejército, ahora Presidente de la República.

Por Soraya Misleh, de Saõ Paulo

Fue la primera visita de un primer ministro sionista a Brasil, desde la Nakba –la catástrofe con la creación del Estado de Israel, el 15 de mayo de 1948, mediante limpieza étnica en Palestina. En noviembre del 2017, Netanyahu estuvo en América Latina, pero no incluyó a Brasil como destino. Pasó por Argentina, Colombia y México y enfrentó protestas en todos los países, como es normal.

Pero, ¿qué significa esta visita sin precedentes? Para Netanyahu, una “revolución” en las relaciones con Israel. La primera vista, la afirmación puede parecer una injusticia. Ya, en 1947, se inició la complicidad histórica de Brasil con el sionismo: el diplomático Osvaldo Aranha presidió la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 29 de noviembre, que recomendó la división de Palestina en un Estado judío y uno árabe y, bajo la orientación del gobierno de la época, acompañó el voto favorable del imperialismo emergente post Segunda Guerra Mundial -Estados Unidos- a la injusta partición que dio señal verde a la limpieza étnica inaugurada apenas 15 días después.

Pero, recientemente, durante los gobiernos de Lula y Dilma, Brasil llegó a la vergonzosa posición de quinto mayor importador de tecnología militar israelí. Por lo tanto, a pesar de la promesa de concretar más acuerdos, desde el punto de vista material, que sustenta la ocupación de tierras palestinas, los gobiernos anteriores no tienen nada de diferente a la actual política. No obstante, en respuesta, comenzó a afirmarse la campaña de BDS (boicot, desinversión y sanciones) a Israel en Brasil y en América Latina como un todo.

Desde otro punto de vista, así y todo, la visita señala el cambio de posición diplomática histórica de Brasil, a favor de la falsedad del “diálogo” y de la injusta solución de “dos estados”, defendida por los gobiernos del mundo. Esta se basó en las recomendaciones de la ONU, cuya resolución es que ninguna embajada se establezca en Jerusalén, en tanto no se decida, vía negociaciones, el estatuto de la ciudad.

Además, de modo de profundizar sus negocios y seguir ganando mercado en la región, la construcción ideológica gana destaque en este nuevo cuadro. Ante el declive del sionismo en el mundo, con Israel amargado por la caída del 46% en las inversiones europeas en fase de fortalecimiento de la campaña de BDS, en el continente, la acción es crucial al proyecto colonial. En un país con el potencial de Brasil y liderazgo en América Latina, la propaganda es estratégica para ese propósito. Como Netanyahu declaró a los medios, “es un país con más de 200 millones de personas, una superpotencia. Y están cambiando sus relaciones con Israel de un extremo a otro, incluyendo el tema de Jerusalén”. Declaraciones de Bolsonaro de “amor a Israel”, el apoyo de liderazgos evangélicos, que forman la base del “sionismo cristiano” y promesas de acercamiento, incluso durante la campaña electoral, preparan el terreno que lleva a visualizar, tal vez como nunca, banderas israelíes en manifestaciones públicas del gobierno y sus representantes.

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El gesto simbólico de transferencia de la embajada de Tel-Aviv a Jerusalén va al encuentro de esa lógica, que representa la adhesión plena y sin máscaras al proyecto colonial sionista –cuya expansión se centra, en la actualidad en la ciudad reivindicada por los palestinos, como su capital histórica. Además, al seguir los malos pasos de Trump –que provocó mucha polémica y presión internacional, aplazó la transferencia de su Embajada e instaló, desde el inicio, una oficina de representación en Jerusalén–, demuestra la subordinación de Brasil al imperialismo y el papel subalterno a que está relegado en el sistema capitalista mundial.

Sionismo cristiano x resistencia

En una campaña turbulenta y repleta de denuncias públicas, como la del financiamiento ilegal por parte de empresarios del “fake news” (noticias falsas) en las redes sociales, así como ocurrió con Trump, actores que tienen mucho interés en la construcción ideológica pro-Israel ganaron protagonismo: los principales líderes evangélicos, bastiones del denominado “sionismo cristiano”. De los EEUU a Brasil, tuvieron un papel importante para asegurar la elección de la extrema derecha.

Una turba de fieles, que busca aliento en la religión y se amplía ante la crisis mundial del capitalismo –en Brasil, los evangélicos ya se acercan al 30% de la población–, el “sionismo cristiano”, enraizado sobre todo por el ala neo-pentecostal, disemina ya la desgastada idea de que Israel es la tierra prometida y su “pueblo judío”, escogido por Dios. Así, busca resucitar representaciones bíblicas ya desmoronadas históricamente, utilizadas por el movimiento sionista para justificar la colonización en Palestina, incluso en sus principios. El resultado es que, como llegó a afirmar Bolsonaro en entrevista al SBT (Sistema Brasileño de Televisión), el día 3 de enero, “gran parte de los evangélicos son favorables al cambio de capital [Jerusalén]”. La prédica se refleja también en el Parlamento brasileño: aunque la bancada evangélica aún sea pequeña -equivale a apenas el 15% de los electos-, creció en esta legislatura de 78 a 91 parlamentarios, de acuerdo con el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP).

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En un reportaje de El País, del 30 de octubre último, la investigadora norteamericana Amy Erica Smith, muestra que el desarrollo con la política de este grupo data de los años 1980 y se profundiza: “Los evangélicos piensan que las políticas públicas del Estado brasileño estaban perjudicando su capacidad para evangelizar. Querían llegar al poder para obtener cosas como licencias para radio”. Este sector promete presionar a Bolsonaro a cumplir su promesa.

No obstante, no va a ser fácil. La resistencia no sólo viene de los palestinos e internacionalistas solidarios sino, incluso, de regímenes árabes y del empresariado, que ven la medida polémica, como una piedra en el zapato de sus negocios con Brasil –las exportaciones brasileñas a la región, según documento presentado por la Cámara de Comercio Árabe-Brasileña, en la segunda quincena de diciembre, el vice-presidente Hamilton Mourão, deben expandirse de los US$ 13.6 billones, en el 2017, a hasta US$ 20 billones en el 2022. Desde la Liga Árabe a la Cámara de Comercio Brasil-Árabe, el alerta que viene dándose el riesgo de represalias para el comercio y las inversiones con la medida. “Nosotros tenemos la preocupación de no crear ruidos en las relaciones [con los países árabes], con algo que podría impedir la realización de este potencial [de negocios]”, declaró el presidente de la Cámara, Rubens Hannun, en la ocasión.

Los países árabes son hoy el quinto principal destino de exportaciones brasileñas. Mayor productor y exportador mundial de carne bovina y segundo mayor de pollos, Brasil es, también, líder en las ventas de carne halal (en árabe se refiere a carne lícita, cuya técnica para determinar sigue preceptos islámicos). La información es que la exportación hacia países de mayoría islámica alcanza a 2 millones de toneladas/año, volumen con potencial de crecimiento estimado en el 60%, en los próximos años, de acuerdo con los medios. Según el reportaje, publicada por el periódico El Estado de S. Paulo, del 2 de noviembre último, los países árabes “ensayan también su entrada en el financiamiento a inversiones en infraestructura del país. Productores de petróleo, ellos concentran el 40% de los recursos de todos los fondos soberanos del mundo”.

Los regímenes pueden verse presionados por la población local, aliada de los palestinos, en caso mantengan relaciones con Brasil, en la eventual concretización de la transferencia de la embajada –una afrenta al derecho a la auto-determinación del pueblo oprimido. La actitud de Egipto, luego de las elecciones, de posponer la visita oficial brasileña al país árabe, señaló, en esa dirección, y repercutió de inmediato: Bolsonaro llegó a afirmar, a continuación, que la transferencia de la Embajada “no es una cuestión de honra”. Pero, de modo de satisfacer a su electorado más fiel, días después usó el twitter para expresar que no desistirá de su pretensión original. Pero, recientemente, aconsejado por el ala militar de su futuro gobierno, de que esa acción tendría implicancias y necesitaría ser hecha de forma paulatina, declaró que establecería no una embajada en Jerusalén, sino una oficina de representación. En su visita, así y todo, Netanyahu dio como cierta el cambio en entrevistas que concedió. Según él, Bolsonaro le aseguró que la cuestión no es “si” será hecha, sino “cuando”.

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Con razón, muchos árabes y palestinos defienden que, por el contrario, el mundo y Brasil deberían romper relaciones económicas y diplomáticas con el Estado de Israel, por su naturaleza racista e ilegítima. Aislar al apartheid es táctica importante que la solidaridad internacional precisa fortalecer y consolidar. Al lado, así, de la resistencia heroica, puede contribuir a la solución justa, que contemple la totalidad de los palestinos: la derrota del proyecto colonial sionista y la constitución de un único Estado palestino, laico, democrático y no racista, con derechos iguales para todos y todas que quieran vivir en paz con los palestinos. Por lo tanto, con el retorno de los millones de refugiados a las tierras de donde se fueron y continúan siendo expulsados, del río al mar.

Queda el llamado por un frente único pro-palestina, para fortalecer las campañas de solidaridad internacional, sobre todo de BDS. Significa luchar también contra la exportación de tecnologías militares israelíes. Comprobado cotidianamente a los palestinos, convertidos en “conejitos de indias”, estas armas sirven tanto a la criminalización y represión de movimientos sociales, sindicales y populares, como al genocidio sobre todo de indígenas y negros en las periferias brasileñas. ¡La lucha contra la opresión y la explotación es una sola, de Brasil a Palestina!

Traducción Laura Sánchez