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Líneas expresas cerradas; miles de niños sin aulas; balas perdidas; asesinatos de jóvenes negros en las favelas, involucrados o no con el tráfico; muerte de policías. Esta es la rutina de la ciudad de Rio de Janeiro. Las más recientes escenas de violencia y barbarie en Rio de Janeiro, con la muerte de dos niños más, puso al rojo vivo, de nuevo, por enésima vez, el problema.

Por: Cyro Garcia y Jeronimo Castro

Emily, de 3 años, murió cuando volvía a su casa en auto con sus padres de un restaurante en la Anchieta [autopista]. Fueron doce tiros de fusil contra el automóvil.

Jeremias, de 13 años, murió mientras jugaba fútbol con los amigos en el Complejo de la Maré; llevó un tiro en el pecho, disparado en el conflicto entre policías y traficantes.

La muerte anunciada de todos los días

Podría haber sido solo una tragedia o una fatalidad, un acontecimiento singular e imprevisible. Un incidente con consecuencias fatales. Pero no es este el caso. Estamos frente a una rutina que se repite trágicamente todos los días. Centenas de personas han muerto víctimas de la violencia en Rio de Janeiro. Se implementa una pena de muerte informal a la juventud negra de las favelas y periferias.

En realidad, con la crisis económica, política y social que vivimos en el país y que tiene al Estado de Rio de Janeiro como uno de sus epicentros, con el cierre de los astilleros; la casi extinción del COMPERJ [Complejo Petroquímico de Rio de Rio de Janeiro] en Itaboraí, lo que contribuyó a un enorme desempleo; todo eso lleva a un aumento de la insatisfacción y de la violencia. La respuesta de la burguesía es aumentar la criminalización de la pobreza. Con el pretexto de “guerra a las drogas”, asistimos a un aumento de la guerra contra los pobres. A pesar del fracaso retumbante de las políticas criminales contra las drogas, se aprovechan de ellas para transformar las favelas en verdaderas prisiones sociales, y los presidios en guetos superpoblados de jóvenes negros.

El “caveirão” [calavera, carro blindado que utiliza el Batallón de Operaciones Policiales Especiales (Bope), ndt] es uno de los principales símbolos de este política, pues cuando entra en las favelas identifica a todos los moradores como potenciales criminales, intimidándolos como un todo. Son innumerables los relatos sobre policías que entran tirando, dejando a la población en medio del fuego cruzado. En 2017 fueron 632 víctimas de balas perdidas y en el inicio de este año esa realidad se repite.

En el Complejo de la Maré hay una situación de estado de sitio. Para tener una idea de la situación en Rio, tomamos los datos de vida en el Complejo de la Maré del año pasado. Fueron 41 operaciones policiales, o sea, una cada 9 días; 42 muertos; 57 heridos; 45 días sin servicio de salud, que fue suspendido por operaciones policiales; 35 días sin clases en las escuelas, por el mismo motivo.

Para ilustrar la situación, hasta la campaña de vacunación contra la fiebre amarilla fue suspendida el año pasado, pues la policía resolvió hacer una incursión en el Complejo justamente el día en que la campaña estaba realizándose.

Una “guerra” que precisa ser explicada

Aparentemente, lo que está ocurriendo en la ciudad de Rio de Janeiro, con mayor intensidad, y en el conjunto del Estado de forma más diluida, es una guerra donde, por un lado, facciones del tráfico luchan entre sí por territorio donde realizar el comercio ilegal de drogas y, por otro lado, la policía que intenta cohibir la práctica ilegal del narcotráfico. En esta guerra por territorios y por mantener el orden estarían muriendo policías y traficantes.

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Si fuese así, ya eso sería un situación muy mala. En 2017 la Policía Militar (PM) mató a más de 1.305 personas, y fueron muertos 129 PM, por lo menos 27 en servicio.

La proporción de policías muertos en relación con los que ellos matan es de 1 policía por cada 38 supuestos traficantes o bandidos. Según la Human Rights Watch, “el número de muertos por acción policial es mucho mayor que el número de bajas en la policía, haciendo con que sea difícil creer que todas esas muertes ocurrieron en situaciones en que la policía estaba siendo atacada”[1]

O sea, una primera y obvia conclusión es que la policía actúa en la ilegalidad, y ejecuta personas.

Pero los problemas no paran por ahí. En el primer semestre de 2017, 632 personas fueron heridas por balas perdidas en el Estado de Rio –la media es de más de tres ocurrencias por día, una cada siete horas–. De ese total, por lo menos 67 víctimas, o sea, más de 10% murieron[2]. Si esta media se mantiene, tuvimos en el Estado 1.264 víctimas de balas perdidas y más de 130 muertos.

Además, y según la Human Rights Watch, “En general, son operaciones altamente militarizadas, que siguen una lógica de guerra [en este caso, guerra a las drogas], que mira las áreas de favelas y periferias como territorios de excepción de derechos”[3].

En este “detalle” reside una parte de la explicación del número de muertos en las operaciones policiales llevadas a cabo en villas, comunidades y favelas de la ciudad. La PM actúa, por regla general, como un ejército de ocupación en una operación en territorio enemigo. La población de estos lugares son parte del “campo enemigo” y, por lo tanto, sus vidas valen poco, o no valen nada.

Por otro lado, no es verdad que la policía “sube el morro” [cerro] para combatir el tráfico e imponer el orden. Los casos de las milicias donde grupos de policías tomaron cuenta del tráfico, solos o asociados a uno u otro sector del tráfico, demuestra muy bien eso.

Pero incluso fuera de estos casos más exacerbados, la mayor parte de las veces la policía sube para apoyar a una u otra facción, o para cobrar su parte en el negocio ilegal de la venta de drogas.

La “guerra” entre facciones del tráfico

No obstante, decir eso no explica todavía la totalidad del problema. Porque también es un hecho que existen varias facciones armadas disputando el control del negocio de la venta ilegal de drogas en Rio de Janeiro.

Y es desde esta óptica que se tiene que encarar la “guerra” de facciones en Rio: como un negocio ilegal, por lo tanto no protegido por el Estado, donde parte de la competencia se resuelve por medios extralegales, léase asesinatos, invasión de territorios (bases comerciales) de los competidores, secuestros, amenazas, y un largo y doloroso etcétera.

El tráfico tiene necesidad de mantener sus propias “fuerzas armadas” simplemente porque su negocio no es regulado por las leyes. Y porque a pesar de no ser regulado por las leyes, este mismo tráfico paga impuestos altísimos en la forma de corrupción, el famoso “arreglo”. E incluso así se ve obligado a enfrentar no solo a sus competidores con métodos violentos, sino también a la propia policía que se junta a uno u otro sector para beneficiarse.

No por casualidad en octubre del año pasado, el entonces ministro de Justicia, Torquato Jardim, dijo que el gobierno estadual de Rio no controla a la Policía Militar y que el comando de la corporación está asociado al crimen organizado. Las graves acusaciones fueron hechas en la víspera de una fecha simbólica: la formalización del grupo de Procuradores dedicados al combate a la criminalidad en el Estado[4].

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Un genocidio de la población negra y pobre

Las principales víctimas de la violencia instalada en el Estado de Rio son los pobres. Los trabajadores más precarizados, los desempleados, los semiempleados en subempleos, la población de renta más baja, las amas de casa, los estudiantes de las peores escuelas, las mujeres. Esta población tiene también un corte racial, son negros en su mayoría. Y hay aún una ironía trágica en estas muertes: los soldados, sean del narcotráfico, sean de la policía, son en su mayoría negros, y pobres.

El fracaso de las UPP’s

Un aspecto que tiene que ser destacado es que Rio de Janeiro tienen una política para el combate a la violencia. Son las UPP’s, Unidad de Policía Pacificadora. En un momento, esta política fue tan alardeada que hasta Marcelo Freixo [PSOL] defendió una UPP más humanizada. Ese abordaje del tema de la violencia, que partía del presupuesto de ocupar los morros y expulsar el tráfico, fracasó brutalmente. Y no fue por falta ni de recursos ni de policías. Fue por un abordaje equivocado. Un abordaje que fortalecía la “lógica” de una guerra entre policía y traficantes, y que ponía a los habitantes de las favelas y las comunidades como parte de un territorio enemigo a ser conquistado.

Y dio en lo que dio: violencia contra la población en general, y más corrupción y asociación de la PM con el narcotráfico.

La falsa política de la extrema derecha

La extrema derecha intenta capitalizar el descontento de la población con la escalada de violencia e inseguridad pregonando más violencia. Bolsonaro, uno de los principales portavoces de esta política, dice que la solución para acabar con la violencia y el bandidismo es dar a la policía carta blanca para matar. Es un doble contrasentido, en primer lugar, un mayor armamento de la policía va a aumentar la violencia, por lo menos del lado policial. En segundo lugar, porque la policía ya tiene licencia para matar. Es exactamente lo que hace cuando sube los morros. Tira indiscriminadamente, mata bandidos e inocentes, armados o no. Si esta política fuese correcta, si fuese suficiente para acabar con la violencia, Rio ya sería el lugar más pacífico del mundo.

Es preciso legalizar y reglamentar la venta de drogas

El negocio de la drogas no va a acabar. Involucra demasiados aspectos para que pueda ser resuelto por medio de la violencia policial. La “guerra a las drogas” en realidad se ha mostrado no solo ineficaz en el combate al tráfico, se ha mostrado cruel contra la población y ha llevado a crisis incluso al aparato militar del Estado y del país. La reciente prisión de un sargento del ejército con armas y drogas demuestra cuánto el tráfico tiene un poder disolvente junto a estas instituciones.

La salida para acabar con el tráfico ilegal de drogas es la legalización de su consumo y la reglamentación y control de la venta. Los problemas derivados del consumo de estupefacientes, sean de salud, sean de abuso que provoque daños a terceros, tienen que ser tratados como hoy lo son los derivados del consumo de alcohol.

La dificultad para hacer algo tan obvio solo indica la ganancia que se obtiene manteniendo este “negocio” por fuera de cualquier reglamentación. Son el altísimo lucro y la absoluta falta de control los que llevan a que la burguesía no quiera terminar con esta “guerra”.

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Es preciso acabar con la Policía Militar

La policía que sube los morros tirando y matando es la misma que ataca a trabajadores en huelga, hace desalojos violentos y muchas veces con víctimas fatales, ataca manifestaciones, y reprime a la juventud.

Como institución, la PM es irrecuperable y precisa acabar. Una policía que actúa con criterio de ejército invasor y fue creada en la dictadura militar para combatir al propio pueblo es una excrecencia misma en una democracia tan frágil como la nuestra.

Es preciso acabar con la PM y crear una policía única, civil, que tenga derecho a organizarse sindicalmente y pueda participar de la vida política del país. Una policía así, debería tener mecanismos de control popular para impedir las barbaridades que hoy se hacen contra la población.

Los trabajadores precisan defenderse

Los trabajadores son las principales víctimas de violencia. Tanto a la policía como al tráfico no les importan las víctimas inocentes que ellos provocan. Para revertir este cuadro tenemos que tomar medidas que alcancen la raíz del problema, con inversiones masivas en educación, salud, oferta de empleo para la juventud, realizar un debate responsable sobre la necesidad de descriminalizar las drogas, y realizar cambios estructurales en la policía.

Es necesaria la desmilitarización de la PM y la creación de una sola policía civil, con salarios dignos, derecho de sindicalización y de huelga, la elección de delegados por la población para que tengamos una vigilancia comunitaria de hecho, donde la población sienta respeto por la policía y no miedo.

Eso será posible solo con la formación de grupos de autodefensa. Es preciso que los trabajadores se organicen y se defiendan. Es necesario defenderse en las marchas, en las ocupaciones urbanas y rurales, es preciso que las mujeres puedan defenderse de los ataques que sufren, y también que los trabajadores puedan defenderse del bandidismo en general, del tráfico, y de la PM. Y estas son tareas cada vez más urgentes, para los sindicatos, los movimientos populares, el movimiento estudiantil y los partidos que defienden, o dicen defender, a los trabajadores.

Notas:

[1] Número de muertos por las policías en Rio de Janeiro pasa de 1.000 en 2017, y es la mayor en casi 10 años… Vea más en: https://noticias.uol.com.br/cotidia…

[2] Rio tiene, en media, una persona víctima de bala perdida cada siete horas, en 2017. https://oglobo.globo.com/rio/rio-te…

[3] El número de muertos por las policías en Rio…, https://noticias.uol.com.br/cotidia…

[4] Ministro dice que comandantes de la PM de Rio de Janeiro son socios del crimen organizado.  http://g1.globo.com/jornal-nacional…

Artículo publicado originalmente en: https://www.pstu.org.br

Fotos: Erick Dau.

Traducción: Natalia Estrada.