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El proyecto de reforma de la Seguridad Social, presentado por el ministro de Economía de Bolsonaro (PSL), Paulo Guedes, es el mayor ataque reciente a los trabajadores brasileños. Pero este proyecto es, en sí mismo, la expresión de la decadencia del capitalismo. O sea, un sistema podrido que les ofrece modernidad a algunos, mientras arrastra billones de seres humanos a la barbarie.

Por Wagner Damasceno, de Florianópolis (Santa Catarina/Brasil)

En el caso de Brasil, varios gobiernos hicieron reformas en la Seguridad Social, que les quitaron derechos a los trabajadores y ampliaron el tiempo de contribución y la edad mínima para jubilación. Con destaque para las reformas conducidas por Fernando Henrique Cardoso (FHC), del PSDB, en 1988 y por Lula (PT) en 2003.

Ahora, Bolsonaro está empeñado en llevar adelante una nueva reforma de la Seguridad Social contra los trabajadores brasileños.

Envejecimiento de la población: una visión unilateral

Uno de los pilares de la reforma de la Seguridad Social es el aumento de la edad mínima para jubilarse y el aumento del tiempo de contribución. El argumento más utilizado para justificar estas medidas específicas – y para justificar la reforma como un todo – es el aumento de la expectativa de vida de los brasileños. O sea, ya que las personas están viviendo más tiempo, sería justo hacerlas trabajar también por más tiempo.

Pero veremos que esta explicación es un completo absurdo

De hecho, hubo un aumento en la expectativa de vida de la población brasileña y mundial. Según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la expectativa de vida en Brasil actualmente es de 76 años (IBGE, 2017). Sin embargo, este número no es homogéneo entre las regiones y sus estados: mientras la expectativa de vida en Santa Catarina es de 79,4 años, en Maranhão es de 70,9 años.

Hasta dentro de una misma ciudad la expectativa de vida puede ser radicalmente diferente cuando comparamos personas de barrios nobles y periféricos. Es lo que revela el Mapa de la Desigualdad de 2018 en São Paulo: mientras un habitante del barrio noble Jardim Paulista vive aproximadamente 81,58 años, un habitante de la periférica Cidade Tiradentes vive en torno de 58,45 años solamente.

Esto es así porque en la población existen clases sociales, géneros, razas y sexualidades. En otras palabras, si eres trabajadora y negra o transexual tu expectativa de vida es mucho menor que la de un burgués blanco. Obviamente, por gobernar para los grandes empresarios y para el sistema financiero, Bolsonaro y Paulo Guedes ignoran completamente estas diferencias brutales.

Una reforma de la Seguridad Social salida de las entrañas de Bolsonaro y Paulo Guedes no podría dejar de ser reaccionaria y racista. No es por casualidad que los trabajadores comparan esta reforma con la Ley de los Sexagenarios, promulgada en 1885. La Ley decía que los esclavos que cumpliesen 60 años se tornarían libres – pero sin ninguna reparación por la esclavitud. El problema es que prácticamente ningún esclavo conseguía llegar a los 60 años de edad y los pocos que llegaban vivían muy poco después.

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Como la abolición de la esclavitud negra se dio en los marcos del capitalismo y sin cualquier reparación, nosotros, los negros, seguimos teniendo las peores condiciones de vida y de trabajo. En general, los negros comienzan a trabajar antes que los blancos, en empleos más precarios, con menores rendimientos y que exigen más desgaste físico y metal. Cuando lo logran, los negros y las negras son los últimos en jubilarse. Por eso, ¡decimos con todas las letras que esta reforma de Bolsonaro y de Paulo Guedes es racista!

Además, considerar solamente el aumento de la expectativa de vida es mirar la población por un único ángulo. El resultado es que la imagen que los economistas burgueses hicieron no es tridimensional, y esto se hizo a propósito, ya que solamente consideran la expectativa de vida.

Lo que los gobiernos, los patrones y sus ideólogos no dicen es que las tasas de fertilidad vienen cayendo en Brasil y el resto del mundo. Es lo que muestra la siguiente figura, extraída del informe World Population Ageing 2015, de las Naciones Unidas.

Esto significa que hay una disminución progresiva en las tasas de crecimiento de la población en edad no productiva (niños) que debemos mantener económicamente. En otras palabras, hay menos “bocas” para mantener. Desde nuestros abuelos hasta nosotros hubo no solo una urbanización drástica de Brasil y del mundo, sino también una continua disminución del número de prole.

Concretamente, esto significa una relativa reducción en los costos sociales de manutención de esta población no productiva: alimentación, guarderías, escuelas, etc. Lo que no justifica, de ninguna manera, la precarización que han hecho los gobiernos burgueses de la Educación, la Salud y demás servicios públicos.

En palabras el geógrafo Carlos Walter Porto-Gonçalves, este fenómeno es una “oportunidad histórica envidiable” ya que “nos colocaría, por ejemplo, ante una presión menor por aumento de productividad, con una proporción mayor de población en edad económicamente activa en relación a la que depende de ella, en caso de que la relación de la sociedad con la naturaleza buscase la satisfacción de las necesidades de la población siguiendo un deseo construído democráticamente” (p. 167).

En Brasil, la tasa de fecundidad de es 1,7 y en el mundo es de 2,5. Entre 2001 y 2015, hubo una reducción de 1 hijo por mujer en el país entre los más pobres. Sumado a esta reducción en las tasas de crecimiento de la población, hay otro factor fundamental que debemos tener en cuenta: el desarrollo tecnológico, que disminuye los costos y el tiempo de producción de riquezas, aún en países, como Brasil, que juegan un papel subalterno en la división mundial del trabajo.

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Estos factores marcantes de la fuerza de trabajo contemporánea deberían ser justificaciones para que redujésemos la duración de la jornada de trabajo semanal, la duración de la edad mínima para que los trabajadores se jubilen y el tiempo de contribución para la jubilación y también para que atacásemos el desempleo. A fin de cuentas, tenemos menos niños para mantener en Brasil y en el mundo y logramos producir muchas más cosas en menos tiempo.

Recordaremos aquí un pasaje significativo de Marx en El Capital, cuando trató sobre el trabajo necesario (para la manutención de la vida del ser humano y su autorrealización) y el trabajo excedente (apropiado por el capitalista):

“La eliminación de la forma capitalista de producción permite limitar la jornada de trabajo al trabajo necesario. Sin embargo, sin alterar las demás circunstancias, se ampliaría el trabajo necesario por dos motivos: las condiciones de vida del trabajador serían más ricas y sus exigencias, mayores; una parte del trabajo excedente actual sería considerada trabajo necesario para construir un fondo social de reserva y de acumulación.

Mientras más crece la productividad del trabajo, más puede reducirse la jornada de trabajo, mientras más se reduce la jornada, más puede aumentar la intensidad del trabajo. Desde el punto de vista social, la productividad del trabajo aumenta con su economía. Esta implica economizar medios de producción y evitar todo trabajo inútil. El modo capitalista de producción, al mismo tiempo que impone economía en cada negocio particular, produce con su sistema anárquico de competencia, el desperdicio más desmedido de los medios de producción y de las fuerzas de trabajo de la sociedad, además de crear innumerables funciones que le son indispensables, pero superfluas en sí mismas.

Dadas la intensidad y la productividad del trabajo, el tiempo que la sociedad tiene que usar en la producción material será menor y, en consecuencia, será mayor el tiempo conquistado para la actividad libre, espiritual y social de los individuos; cuanto más equitativamente se distribuya el trabajo entre todos los miembros aptos de la sociedad, menos una capa social puede abdicar de la necesidad natural del trabajo, transfiriéndosela a otra clase. Entonces, la reducción de la jornada de trabajo encuentra su último límite en la generalización del trabajo. En la sociedad capitalista, se consigue tiempo libre para una clase, transformando toda la vida de las masas en tiempo de trabajo” (2009, p. 62).

Como en el capitalismo todo está patas arriba, las conquistas científicas y técnicas en las áreas de la salud y del saneamiento se vuelven contra los trabajadores. Se vuelven medios para prolongar los años de trabajo alienado, ya que es la burguesía la que está bajo el control de la producción y de la distribución de riquezas.

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El imperialismo – que es la fase monopolista y parasitaria del capitalismo – viene trabando el desarrollo de las fuerzas productivas. Una verdad mucho más cruel en Brasil, en este curso de recolonización del país. Y, al priorizar el sector financiero en detrimento del mundo productivo, le resta a la burguesía brasileña ampliar la duración total de la jornada de trabajo del trabajador brasileño para aumentar las tasas de plusvalía absoluta. O sea, no fue suficiente aumentar la intensidad y la jornada semanal de trabajo con la reforma laboral aprobada por Temer en 2017. Es necesario ampliar en años la jornada de trabajo, con la reforma de la Seguridad Social de Bolsonaro y Paulo Guedes.

Lo que impera en el capitalismo es la anarquía del mercado, completamente irracional, que arrastra la humanidad hacia el retroceso en todos los aspectos. Y la única manera de impedir esto es una revolución obrera y socialista en Brasil y en el mundo. Una revolución que destruya el Estado burgués y construya un Estado Obrero, capaz de organizar la producción y la distribución de la riqueza de forma racional.

Referencias

IBGE. Tábua completa de mortalidade para o Brasil – 2017: Breve análise da evolução da mortalidade no Brasil. Disponible en: <<https://biblioteca.ibge.gov.br/visualizacao/livros/liv101628.pdf>>. Acceso en 20 mayo 2019.

MARX, Karl. O Capital: Crítica da Economia Política (Livro 1, Vol. 2). Rio de Janeiro:

Civilização Brasileira, 2009.

PORTO-GONÇALVES, Carlos Walter. A globalização da natureza e a natureza da

globalização. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2006.

UNITED NATIONS. World Population Ageing 2015. Disponible en: <<https://www.un.org/en/development/desa/population/publications/pdf/ageing/WPA2015_Report.pdf>>. Acceso en: 20 mayo 2019.