Compartir

Jair Bolsonaro (PSL) celebró un acuerdo comercial firmado este viernes (28/6) entre el Brasil, el Mercosur y la Unión Europea. Un acuerdo que es un paso más en el proceso de la recolonización del Brasil.

Por: Wagner Damasceno, 4/7/2019.-

Para decir la verdad, Bolsonaro da seguimiento a un proceso iniciado por Fernando Henrique Cardoso (FHC), Lula y Dilma (PT), de subordinación del país como una colonia en el capitalismo mundial, produciendo y exportando materias primas para los países imperialistas, aumentando la explotación y la opresión de la clase trabajadora y, de paso, destruyendo nuestras riquezas naturales.

El acuerdo celebrado por Bolsonaro anuncia que el Brasil y América del Sur exportarán para Europa soja, carne, naranja, etanol y minerales. Y, “a cambio”, comprarán los productos europeos industrializados: medicamentos, automóviles, celulares y otros electrónicos.

Ningún sector de la burguesía brasileña protestó contra eso. Mostrando –una vez más– que la burguesía brasileña es completamente servil y resignada al papel de socia minoritaria de los imperialismos estadounidense y europeo.

De la industria, de nuevo al latifundio

Hablamos de “recolonización” del Brasil porque hay un proceso de desindustrialización del país y de cristalización de una economía nacional basada en la producción y extracción de materias primas para vender para el exterior y, así como en el período colonial, compra los productos manufacturados de las “metrópolis”.

La participación del país en la industria de transformación mundial va cayendo cada año. En 2000, esa participación representaba 2,89% y en 2016, representó 1,84%. Mientras tanto, el gobierno estimula y gobierna para el agronegocio y para los bancos.

Esa opción también agrava un problema que aflige a los trabajadores brasileños: el desempleo. Al final, por vía de regla, fábricas e industrias son capaces de absorber un número mucho mayor de trabajadores que el agronegocio para la plantación de soja, caña de azúcar, naranja, etc. Cuando el agronegocio incorpora mucha mano de obra, en general es en condiciones análogas a la esclavitud.

Lea también  Carta abierta de un paraguayo a la clase trabajadora brasileña sobre Itaipú

Como si todo eso no bastase, la previsión es que ese “gran” acuerdo firmado por Bolsonaro va a generar la escasa cifra de R$ 125.000 millones en 15 años. O sea, ese acuerdo rendirá solo R$ 8.300 millones por año. A modo de comparación, solo la Petrobras tuvo una ganancia líquida de R$ 25.800 millones el año pasado.

Por fin, para aquellos que, a pesar de eso, retrucan diciendo que es una exageración hablar de que hay una recolonización del Brasil en curso –ya que la participación de empresas del país en acuerdos internacionales por sí solo sería positiva– reproducimos las conclusiones del economista Artur Monte Cardoso, en su estudio sobre la actividad de algunos de los principales grupos económicos brasileños:

El señor del ingenio brasileño del siglo XVI o XVII participaba de una de las cadenas productivas más dinámicas, vendía para los más importantes mercados consumidores, era financiado por las mayores casas financieras y comerciales europeas, operaba una de las tecnologías más modernas de su época y estaba en el centro de las rutas comerciales más promisoras. Incluso así, su margen de maniobra y su participación en el excedente económico eran mínimas y todo lo que controlaba estaba de la portería para adentro: sus tierras, que supo utilizar hasta el agotamiento, y sus esclavos, que supo explotar hasta la muerte. ¿No sería un retrato de nuestra moderna burguesía de los negocios?[1]

La cobardía de la burguesía brasileña no es una característica innata. Ella es herencia del miedo que los señores de la tierra tenía de los negros esclavizados y que se transformó, posteriormente, en pavor hacia la clase trabajadora y el pueblo pobre. Por eso, la burguesía es capaz de entregar la faja presidencial a un miliciano populista y de extrema derecha como Bolsonaro y es incapaz de romper con el imperialismo o cumplir cualquier papel progresivo en el país.

Lea también  Ustra: cobarde, asesino y torturador

Exactamente por eso, es completamente equivocado renunciar a la independencia política de la clase trabajadora en nombre de una unidad con la burguesía. Ese es el balance que nosotros trotskistas recogemos de las traiciones del estalinismo y, más recientemente, de las traiciones del PT y del PCdoB.

Y en este punto no cabe ningún rodeo: el único medio de evitar el curso de recolonización del país y promover una verdadera independencia es a través de una revolución socialista, realizada por la clase obrera y por el pueblo pobre, en alianza con los trabajadores del campo. Una revolución que significará un golpe de muerte en la dominación imperialista de América Latina y será un llamado para la construcción de una Federación de las Repúblicas Socialistas Latinoamericanas.

[1] Burguesia brasileira nos anos 2000 –um estudo de grupos industriais brasileiros selecionados. Disertación de Maestría. Campinas: Unicamp, 2014, p. 19.

Artículo publicado en: www.pstu.or.br

Traducción: Natalia Estrada.