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En las últimas semanas, Valério Arcary publicó por los menos dos artículos con ataques al PSTU. En su último texto, Valério iguala al PSTU con el PCO [1] aunque con “posiciones simétricas” [opuestas] sobre Lula. Dice: “El PSTU […] hace un llamado a una “rebelión”. Pero esquiva aclarar si se prevé la inminencia de un nuevo Junio de 2013, o si estamos en una situación prerrevolucionaria o no. […] ambos proponen acciones que no son posibles. […] El problema es cómo se relacionan o califican a aquellos que no están de acuerdo con ellos. Son reformistas, o electoralistas, o cosa peor. Están solos en la defensa de una táctica “genial”, y orgullosos de su “soledad revolucionaria”. Se impone una lógica excluyente de “nosotros contra ellos”. No hay mediaciones. Quien no concuerda es percibido como enemigo. Y cuanto más próximo, o sea, cuanto menores fueren las diferencias, mayor es la hostilidad, porque más difícil es la diferenciación”. […]

Por: Mariucha Fontana

Lo curioso es que el PSTU no escribió una única línea sobre el MAIS o sobre Valério ni sobre sus posiciones que justificasen las líneas de arriba sobre el PSTU. ¿Por qué, entonces, ataque tan furioso, al punto que en el último artículo compara el PSTU a una organización peor que el antiguo MR-8?

Al decir que “aguas pasadas no mueven molinos”, Valério parece querer decir que sabrá exorcizar su pasado para acomodarse en el Frente Amplio.

La verdad es que, después de una amplia y democrática lucha interna en el interior del PSTU, que llevó a la ruptura de los militantes que conformaron el MAIS, el curso de la dirección del MAIS ha causado perplejidad incluso hasta en nosotros del PSTU. Esperábamos, debido a sus posiciones, un curso oportunista. Pero confesamos que no esperábamos un curso tan rápido a la derecha.

Cuando la mayoría del PSTU apuntaba que las posiciones de la dirección del MAIS –de capitulación al Frente Popular entonces todavía en el gobierno, al electoralismo, al PSOL y al Frente Pueblo Sin Miedo– los llevaría a buscar un frente permanente con el PSOL o a ser parte de una corriente de un partido reformista, la dirección del MAIS decía que tal proyección era una calumnia, que no irían para el PSOL.

Hoy integran el ala derecha del PSOL y defienden el campo burgués de colaboración de clases del PT y sus ex gobiernos como progresivos.

Creemos que la perplejidad no es solo nuestra. En el PSOL, la dirección del MAIS se sumó a la defensa de la candidatura de Boulos contra la de Plínio Sampaio Jr. Guilherme Boulos, [que es] un instrumento de Lula y del Frente Amplio en el interior del PSOL, que hace de este partido una sublista del PT, un apéndice de su campo de colaboración de clases. Valério y la dirección del MAIS aplauden la plataforma Vamos!: un programa que ni siquiera puede ser considerado democrático radical. Apoyan un programa y un candidato que defienden administrar el capitalismo (sin romper siquiera con el pago de la deuda a los banqueros) y el orden burgués: la Nueva República con referendos.

La dirección del MAIS y Valério buscan ser la vanguardia y principal portavoz desde el PSOL de la defensa de Lula y del PT. Para tal, se presta a hacer un discurso que solo contribuye en el sentido de buscar generar confusión, desánimo y desmovilización en la clase trabajadora.

Después de resistir a la presión de los gobiernos burgueses del PT por tanto tiempo, es triste que sea justamente en el momento de la ruptura en masa de la clase obrera con el Frente Popular y el PT, que un cuadro como Valério acabe por claudicar a una posición campista.

Pero confirma lo que decía el viejo León Trotsky, que los virajes bruscos de las situaciones de la lucha de clases provocan inexorablemente crisis en los partidos revolucionarios, sometidos a todo tipo de presiones.

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No hay futuro sin historia

El PSTU también fue sacudido por los vientos de 2013 y por el desmoronamiento del gobierno de Frente Popular. Tuvimos una ruptura, después de gran debate interno. Evaluamos que las posiciones que defendía la dirección del MAIS, si victoriosas, cambiarían el carácter del partido, por eso las enfrentamos y derrotamos en nuestro partido. El PSTU se mantuvo revolucionario y salió de la crisis sacudiéndose el polvo, la acomodación y la rutina que años de democracia burguesa causan a las organizaciones revolucionarias. Pero la crisis que vivimos es demostración de que cargábamos no pocos defectos, errores y vicios. Lejos de la autoproclamación, creemos que reflejamos la realidad y seguimos teniendo innumerables defectos y cometiendo otros tantos errores.

Tenemos, sin embargo, orgullo de nuestra historia. Y no vemos ni presente ni futuro sin historia y sin pasado; una de nuestras virtudes, de la cual nos enorgullecemos mucho, es justamente encarar de frente nuestros errores, ser capaces de autocrítica y, especialmente, de no hacer de nuestros defectos virtudes. Ante las crisis intentamos hacernos más marxistas, más obreros y más internacionalistas.

Creemos que los ataques de Valério son tan furiosos porque, en el fondo, son las posiciones que hasta ayer él mismo defendía.

En 2010, Valério decía en entrevista al Diario de la Libertad, de Galicia: “Un gran partido de izquierda sin un acuerdo programático sobre lo que significa la lucha contra el capitalismo, inevitablemente será un partido electoral. No veo por qué nosotros estaríamos inmunes a las presiones oportunistas que llevaron a la degeneración del PT, convirtiéndonos en una fuerza electoral que funcione como izquierda del régimen […] no queremos un partido que sea oposición en las palabras y de apoyo al orden en los actos. Por lo tanto, no creemos que sea posible construir un partido común con el PSOL y con el PCB […] Nosotros estamos a favor de construir un bloque para la acción a través de los instrumentos de lucha que la clase trabajadora ya construyó en el Brasil, que son los movimientos sociales y los sindicatos”.

Ya en 2013, defendía “una enorme movilización como no veíamos hace más de 20 años está haciendo temblar todos los palacios […] Mientras tanto, muchos militantes de izquierda se preguntan si no hay una onda conservadora, si no hay peligro de golpe, si quien está en las calles no es una clase media que siempre fue hostil al PT […] El mayor peligro no es un golpe […] el mayor peligro es que salgamos de las calles. […] Es posible luchar, es posible vencer”.

¿Qué dice Valério hoy?

No es cierto que aliarse a Lula no es avalar políticamente como progresivo el campo burgués que él representa, menos todavía es cierto decir que defender a Lula es defender derechos. La candidatura de Lula (y también la de Boulos), como decía antiguamente Valério, es la candidatura de un “reformismo sin reformas”. En el caso de Lula es un proyecto capitalista que incluye explícitamente contrarreformas, incluso la reforma de la previsión, como ya confesaron a la prensa (y al mercado) los formuladores del programa de gobierno del PT, como Nelson Barbosa al periódico Valor Económico y Marcio Pochmann en entrevista a la Folha de S. Paulo.

Valério dice que nos esquivamos de apuntar cuál es la correlación de fuerzas entre las clases que existe en el país, y que defendemos acciones imposibles.

Él sabe que evaluamos que existe una situación prerrevolucionaria, una polarización de la lucha de clases en el país. El MAIS dice que hay “una onda conservadora” (situación reaccionaria, intuimos nosotros), que los trabajadores están derrotados y en una defensiva completa. Lo que no explica es como es que una situación reaccionaria produce Huelga General y se vuelve aún más reaccionaria.

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El año pasado, como todos saben, el PSTU estuvo a la vanguardia de la lucha por la unidad de acción para construir una Huelga General en el país.

Semanas antes de la Huelga General del 28 de abril, Valério, en debate en la CSP-Conlutas, decía que la Huelga General era imposible. Una política ultraizquierdista del PSTU. Correcta estaba la CUT. Si la Huelga General dependiese de los análisis de Valério, esta no habría sido posible y la culpa sería “de la onda conservadora y de las masas derrotadas”.

De la misma manera que pasó todo el inicio de 2017 proclamando la imposibilidad de la Huelga General, no vaciló un minuto en apoyar la acción desmovilizadora y aparatista de los Frentes Pueblo Sin Miedo y Brasil Popular y sus tentativas de sofocar el movimiento. La “gran línea”, cuando la Huelga General estaba a la orden del día, era desviar el movimiento para transformarlo en shows y campañas pro Lula en el tal “Frente por las Directas”, disfraz para el Frente Amplio y su real política de “¡Que se queden todos!”

La respuesta de masas a la muerte de Marielle fue otro indicativo del ánimo y la disposición de lucha de las masas, a pesar de las direcciones. Pero se hace imposible para una izquierda que abandonó el análisis estructural, es decir, de clase, de los fenómenos, percibir la real situación de la clase obrera y de las periferias. Es inédito, al menos en la historia reciente, el grado de divorcio y distancia entre las superestructuras y la base.

Temer, el PSDB y la derecha tradicional, la cúpula del Poder Judicial, los sectores de ultraderecha, como Bolsonaro o grupos como el MBL [Movimiento Brasil Libre] representan a la burguesía que, en crisis y dividida, tiene acuerdo en desatar una guerra social contra los trabajadores. Además, es propio de este tipo de situación de polarización la aparición de sectores de derecha radical, que precisan ser enfrentados con movilización social; en ciertas situaciones, con autodefensa.

Y es necesario frente único y unidad de acción para luchar. Pero no en defensa de Lula, que además no moviliza, porque no fue preso por defender los derechos de los trabajadores sino por corrupción y por la lucha interburguesa hoy existente. ¿O Marcelo Odebrecht fue preso también por ser un ala progresiva de la burguesía?

El PT, además de haber hecho un gobierno burgués y proimperialista por 14 años (con el cual la clase obrera rompió), en la oposición parlamentaria continúa comandando e intentando reaglutinar un bloque burgués de colaboración de clases en defensa del régimen y de un programa capitalista.

El discurso de la onda conservadora por parte del PT no es análisis, es una política. ¡Y criminal! Política que los defensores de Lula repiten. Política sectaria con la clase obrera e incluso con la mayoría de los sectores medios del proletariado, en la medida en que acusa de fascista y de derecha a cualquier trabajador que no apoye al PT, o que defienda la bandera democrática de prisión de todos los corruptos. Confunden direcciones y sectores de ultraderecha con las masas. Ese sectarismo con las masas es necesario para justificar el oportunismo de cara a los reformistas y a la adhesión al campo burgués de conciliación de clases.

Valério ataca al PSTU para defender la Nueva República y el Frente Popular y ser bien aceptado por ellos. Se agarra al viejo orden que está siendo molido por la polarización de la lucha de clases. Contradictoriamente, precisa romper con su propio pasado y con el partido revolucionario en el cual pasó la vida entera, para defender que las ruedas de la historia giren hacia atrás.

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No soporta la caída del PT y el agotamiento de los 30 años de la Nueva República. Lamentablemente, nos hace recordar lo que decía Lenin sobre Kautsky: “es el producto social de la II Internacional, de la fidelidad verbal al marxismo aliada a la sumisión factual al oportunismo. […]” (El renegado Kautsky, Editorial Estampa, p. 10).

Hace, con relación a Lula, lo que hacen los estalinistas cuando defienden a Maduro contra los trabajadores en Venezuela, o a Daniel Ortega contra la rebelión nicaragüense.

Rosa Luxemburgo era enemiga del reformismo

Hace también una discusión falsa sobre reforma y revolución. Intenta avalar la defensa de Lula distorsionando a Rosa Luxemburgo.

Rosa, cuando discute con Berstein, no está preocupada en confraternizar con los reformistas, en conmemorar que revolucionarios “luchan también por reformas”, a pesar de “antagónicos en la estrategia”. Rosa esta preocupada por mostrar que la lucha por reformas de los revolucionarios no es a la manera reformista. Para los revolucionarios, dice Rosa, estas están siempre subordinadas al objetivo final, a la revolución. Así, por increíble que parezca, Valério intenta usar a Rosa para justificar una política que esta combatía hace ya más de cien años.

Lenin, que, como Rosa, era enemigo de los reformistas y no mero adversario, decía, en La bancarrota de la Segunda Internacional, que el oportunismo, después de 1914, era completamente adulto y no tenía más cómo devolverle la inocencia de su juventud. Era a tal punto ligado a la burguesía y a los gobiernos que exigía la ruptura más completa con él. Es bueno recordar que Rosa fue asesinada por la socialdemocracia en plena revolución alemana.

El PT, a partir de que cambió el programa en 1991, y en especial después que asumió el gobierno en el papel de gerente del Estado burgués, se transformó en “reformismo sin reformas” (en social liberalismo es más preciso) y dejó de tener cualquier papel progresivo. Ahora, en la oposición, conforma un bloque político de colaboración de clases, en el cual el PSOL se integra y cuyo proyecto es volver a ser el gerente del Estado burgués. El “Frente por la Democracia” tiene objetivo electoral y acuerdo programático y político alrededor de un programa burgués y de un bloque de colaboración de clases.

Valério, basado en un análisis unilateral y derrotista, defiende que no hay espacio para luchar más que por reformas por un largo periodo. Se aproxima con eso a la visión y el programa del PT y del PSOL. Lamentable que lo haga. Solo no puede hacerlo escudándose en Rosa Luxemburgo.

Notas

[1] PCO: Partido Causa Operaria, organización de origen lambertista, completamente capituladora al PT de Brasil, ndt.

[2] MR-8: Movimiento Revolucionario 8 de Octubre, organización ultraizquierdista que combatió la dictadura militar en el Brasil, pero que luego se transformó en una corriente provocadora con fuertes lazos con partidos burgueses, ndt.

Traducción: Natalia Estrada.