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El ex activista político italiano, Cesare Battisti, fue arrestado este sábado en Santa Cruz de La Sierra, Bolivia, en una acción orquestada por autoridades bolivianas, italianas y brasileñas. Battisti fue entregado a Italia para cumplir una pena de cadena perpetua, acusado por una serie de crímenes ocurridos en los años 1970, que él niega haber cometido.

Por PSTU-Brasil

El ex activista era considerado prófugo desde el 14 de diciembre, cuando el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), Luiz Fux, determinó su inmediata prisión, para que luego el entonces presidente Temer firmara su extradición a Italia, donde también un gobierno de ultraderecha lo espera. Aunque haya sido firmado por Temer, es imposible no relacionar el acto con la elección de Bolsonaro y con su promesa de enviar Battisti a Italia.

Los gobiernos italiano y brasileño, así como el conjunto de la prensa, repiten exhaustivamente que Battisti es un «terrorista» y asesino, confundiendo a la  población y omitiendo los verdaderos hechos que rodean ese caso.

Los «crímenes» de Battisti

Es importante conocer mínimamente el proceso en que se produjo la persecución a Battisti durante todos estos años y el reciente el pedido de extradición del italiano, además de lo que repiten el gobierno italiano y brasileño.

Cesare Battisti participó durante su juventud de movimientos de izquierda contra el gobierno, en lo que se conoció como los «años de plomo» en Italia. Fue un período de grandes luchas sociales y obreras en el país, cuando también pequeños grupos aislados adhirieron a la lucha armada. El gobierno italiano utilizó varias medidas de excepción para, en un período de reflujo de esas luchas, reprimir e imponer prisiones y castigos ejemplares.

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Battisti fue arrestado en 1979. Hasta 1978, él integraba el grupo Proletarios Armados por el Comunismo (PAC). Las acusaciones relacionaban el asesinato del joyero Torregiani en Milán, un caso de delincuencia común utilizado para incriminar al activista político, con otro homicidio cometido a la misma hora en otra ciudad a kilómetros de distancia. Fue acusado incluso de otros dos asesinatos e innumerables asaltos. Lo que nadie dice es que, en el juicio celebrado en 1990, que le valió la pena de cadena perpetua, las únicas pruebas utilizadas para condenar a Battisti fueron testimonios de ex colegas presos, que se beneficiaron de una suerte de “delación premiada” para escapar de la prisión. El activista italiano, ya refugiado, ni siquiera pudo defenderse de las acusaciones.

En resumen, Battisti fue utilizado como chivo expiatorio e instrumento de revancha por parte del Estado italiano contra las luchas obreras que sacudieron el país en los años 1970. Las acusaciones no tienen ningún fundamento y algunas, como el asesinato del joyero, rozan el  ridículo. Se trata de un caso claro de persecución política, que obligó al italiano a pasar gran parte de su vida huyendo de país a país por décadas. Su arresto es un trofeo para el gobierno de ultraderecha del primer ministro Guiseppe Conte y del ministro Matteo Salvini, indicando el método que pretenden utilizar contra los movimientos sociales de aquel país.

Libertad para Cesare Battisti

El PSTU no tiene ninguna identificación con las políticas y prácticas de grupos como el que Battisti integraba en su juventud en Italia. Se trataban de acciones completamente aisladas del movimiento de masas que sólo legitimaban ante la opinión pública la violencia y represión practicada por el Estado en contra de la población y de los trabajadores. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos para ese caso de persecución política por parte del Estado italiano, con la colaboración de los gobiernos brasileños y ahora el propio gobierno de Evo Morales en Bolivia.

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Mientras Bolsonaro utiliza el caso para promoverse políticamente, agradando sectores de la ultraderecha y arrodillándose ante el gobierno italiano. Evo Morales da una lamentable demostración de servidumbre, cobardía política y connivencia con la persecución política ante los gobiernos brasileño e italiano. Evo ya había participado del acto de posesión del cargo de Bolsonaro, y ahora reafirma que, para no desagradar al presidente brasileño y al gobierno de Italia, no le importa cerrar los ojos hacia las libertades democráticas y el derecho de asilo de perseguidos políticos.

Llamamos a los trabajadores, a la población, y a las entidades de clase de Brasil, Bolivia e Italia, a rechazar la extradición de Césare Battisti y a denunciar esta  alianza entre la ultraderecha y Evo Morales. Es necesario denunciar y realizar una campaña contra el fraude procesal del que el italiano es víctima.