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La LGBTfobia causa desempleo y empuja a nuestro pueblo a la informalidad, situación donde hay mayor posibilidad de exposición al virus.

Por Roberta Maiani, Dani Bornia y Albano Teixeira, de la Secretaría LGBT del PSTU-RJ; y Marina Cintra, de Rebeldía – Juventud de la Revolución Socialista

En todo el mundo estamos viviendo una pandemia de dimensiones catastróficas, en América Latina específicamente Brasil, es uno de los países que más presenta casos de contagios por coronavirus. Y sabemos que quien va a sufrir más con la propagación del virus y el colapso en la salud son los(as) más pobres, la juventud y los(as) trabajadores(as) que viven en las periferias.

Y esto no solo se da si nos referimos la salud, también se manifiesta con todo lo derivado de esta crisis, comenzando por el desempleo que se acentúa cada día más, y el desamparo social que ya afecta a millones. Estas cosas que de ninguna manera los gobiernos están considerando como deberían hacerlo (tanto municipal como federa) basta recordar para esto, todas las limitaciones y problemas colocados con la ínfima “ayuda”, para ser entregada a los trabajadores informales, considerando los miserables R$ 600 ya reglamentados por la MP 936 (Medida Provisoria).

En concreto en este artículo queremos referirnos específicamente a como la pandemia está afectando a un sector de la población, sector este que tiene particularidades que provienen de una larga historia de una “invisibilidad” y marginalización. Y si hacemos una comparación en esta realidad con el resto de la población, estos son factores que contribuyen para que la pandemia se desenvuelva de diferentes formas. Estamos refiriéndonos a las lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales y transgéneros, o sea a todos las personas LGBT.

Explotación + marginalización = mayor vulnerabilidad

En estos últimos años tanto aquí como en el resto del mundo, producto de décadas de luchas y su distorsión existen sectores de la clase dominante que se han presentado como “LGBTsfriendly” (“amigables las personas LGBTs”). Por ejemplo, la Parada del Orgullo LGBT de San Pablo, que mueve debido al turismo más de R$ 2,4 millones por día, fue patrocinada en el 2019 por empresas como a Burguer King, Doritos, Uber, Amstel, y otras. Por el mundo de acuerdo con la LGBT Capital, una consultoría británica del mercado “friendly” movió solo en el 2018 cerca de US$ 3,6 mil millones.

Por detrás de estos números, y como ejemplo de que no es solamente en época de pandemias, que la burguesía coloca sus ganancias por encima de la vida y de los derechos humanos, se esconde una enorme hipocresía, pues son estas mismas empresas que exponen a las personas LGBTs a jornadas de trabajo extenuantes, a asedio moral y a bajos salarios. Como también son las mismas que no titubean a la hora de aplicar reformas, como la Laboral o de la Previsión, y además de eso raramente contratan travestis y transexuales, algo que está por detrás del hecho de que 90% de la población trans se encuentre en la prostitución (tema al cual retornaremos más adelante).

Ese dato lamentable y absurdo en relación a la población trans, es sin embargo apenas un ejemplo extremo del tipo de marginalización que afecta a la comunidad LGBT y que en este momento la hace más vulnerable de forma específica en relación a la pandemia.

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En Brasil una de las consecuencias de la “LGBTfobia institucional” – o sea la discriminación practicada por los propios órganos del Estado (algo evidentemente elevado al extremo de lo absurdo bajo Bolsonaro, Damares y Cia.) – es la falta de datos concretos en relación a cualquier cosa que tenga que ver con nuestro pueblo. Sin embargo, algunos números divulgados por más de 100 organizaciones LGBTs norteamericanas, al inicio de marzo, cuando la pandemia comenzaba a esparcirse, pueden servirnos como parámetros.

Pobreza y mayor exposición al virus

Según el documento denominado “La vida y el modo de subsistencia de muchos en la comunidad LGBTQ están en risco frente a esta crisis del Covid-19” se plantea por ejemplo que en los EE.UU. 22% de la población LGBT adulta vive en la llamada línea de la pobreza (o sea con una renta de aproximadamente US$ 2 por día más o menos R$ 10,00). Una miserable realidad que es aún peor en la población negra y latina, donde este índice llega a 45%, y es un obstáculo concreto para todas y cualquier medida de prevención, control y tratamiento a la pandemia.

Aunque sin números exactos sabemos que la situación aquí, no es muy diferente. Probablemente debe ser peor. Pero por razones bien parecidas: la LGBTfobia causa desempleo, y también empuja a nuestro pueblo para la denominada informalidad, o para trabajos más insalubres donde hoy hay mayor posibilidad de exposición al virus, como los servicios de limpieza, atendimiento en restaurantes y hoteles, y también en el sector de la salud.

Aquí en Brasil sabemos con seguridad que una gran parte de LGBTs joven y pobre (y con fuerte proporción negra), se encuentra en los trabajos de telemarketings, servicio este que el gobierno Bolsonaro consideró como “esencial” y donde la aglomeración, y la rotación junto a la falta de medidas de higienización son terrenos fértiles, para la diseminación del virus. Como también en Brasil son muchísimas las personas LGBTs (así como mujeres heterosexuales, debemos aquí destacar las negras) que trabajan principalmente en el área de la salud (como técnicos/as o enfermeras en las en las enfermerías).

En función de la precariedad, falta de equipamientos de protección individual, además de extensas y múltiples jornadas en pésimas condiciones de trabajo, este es un sector donde el impacto del Covid-19 ya está siendo considerado “brutal”, según las palabras  de los responsables de una encuesta divulgada por la Universidad Federal de Rio de Janeiro el día 8 de abril, al aplicar un teste en 700 profesionales de la salud de la red pública del estado, un dato asustador fue revelado el mismo evidenció que 25% de estos están infectados. Un porcentaje elevadísimo, mayor que el registrado en España y Portugal — ambos de 20% — y también superior al de Italia (15%).

Las víctimas colaterales del coronavirus

Hoy no hay como cuestionar (a no ser que se concuerde con la “lógica” genocida de Bolsonaro) la necesidad del aislamiento social como política preventiva. Sin embargo también tenemos que discutir que la medida ha colocado a los sectores más oprimidos de la población en una situación terrible, peor a la de  la vivida por los hombre blancos, heterosexuales y con mayor poder adquisitivo.

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Aquí no vamos a desarrollar la situación de los negros y negras que, independientemente de su identidad de género u orientación sexual, viven en su mayoría en regiones donde “el necesario aislamiento” e inclusive hasta el acto de “lavarse las manos” es imposible de realizar, en estos locales son un obstáculo para la protección las pésimas condiciones de vida, saneamiento, vivienda, etc.

Debemos resaltar aquí el caso de las mujeres en general, ya que no faltan lamentables ejemplos de que ellas se encuentran más vulnerables a la violencia doméstica y al abuso sexual.

A pesar de no existir datos, no tenemos ninguna duda de que, en todo el país LGBTs se encuentran confinadas(os) en sus casas, y que los mismos están pasando por situaciones parecidas. Y de la misma forma que no se importan con la vida de las mujeres y no toman ninguna medida efectiva para garantizar con seguridad el aislamiento social, las elites gobernantes no están ni ahí para lo que está sucediendo con las LGBTs, ya sea las que están confinadas o las que, teniendo que trabajar se encuentran más expuestas a la violencia, peor aún en las calles hoy más desiertas.

Por eso solo podemos denunciar como hipócrita e ineficientes todas las medidas tomadas, según un cuadernillo destinado a discutir el impacto de la pandemia en la comunidad LGBT, que fue lanzado (censurado y rehecho…) por la nada “LGBTfriendly” ministra Damares Alves, ministra de la Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos (lea el artículo La cartilla de Damares: hipocresía a toda prueba).

¡El capitalismo mata! ¡Vidas LGBTs si importan!

Mientras vivamos bajo un Estado que se rehúsa a garantizar la vida de las LGBTs, defendemos que la clase trabajadora tome esa defesa en sus propias manos, organizándose colectivamente para combatir la violencia. La actual crisis dejó aún más evidente que vivimos en una democracia de los ricos, y en una sociedad enferma y violenta. Algo que LGBTs, negros(as), mujeres, indígenas, quilombolas (afrodescendientes) y todos los otros sectores que se encuentran entre los más oprimidos y explotados conocen de cerca, y ya hace mucho tiempo.

Los nuestros, “los de abajo”, son muertos todos los días por las garras de la policía, por “las patas” de un LGBTfóbico o de un racista, con la “punta del fusil” de un terrateniente o como víctima del feminicidio. Esto para no hablar de los estupros y golpizas, además de la violencia doméstica, física, psicológica y emocional, que viene aumentado de forma vertiginosa con el aislamiento social.

Y como si esto fuera poco, existe un prejuicio y discriminación cotidianos, que en medio de esta pandemia vienen siendo incentivados por los discursos de mucha gente, que en todo el mundo están intentando “responsabilizar” LGBTs por el surgimiento de la pandemia, predicando que el virus es una expresión de la furia de Dios, o sea de cualquier religión, contra nuestro modo de vida pecaminoso.

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Por todo esto ahora además de discutir una salida para esta crisis, tenemos que encarar, también como LGBTs el debate sobre “lo que vendrá después”. Y en este sentido tenemos la certeza que la solución no está en “apostar” en salidas institucionales, en procesos electorales, en creer que si elegimos más representantes LGBTs conquistaremos nuestros derechos y que de esta manera estos serán garantizados. La situación en la que estamos de casi barbarie evidencia que, no hay respuesta para nuestros problemas por dentro de la sociedad capitalista.

Pero en este momento ante la enorme crisis humanitaria, necesitamos levantar un programa de emergencia, para minimizar los profundos golpes y perdidas que estamos enfrentando, porque todo indica que en los próximos días y meses van a agravarse.

De inmediato es importante que se pare de pagar la deuda pública, que haya una tasación a las grandes fortunas, que todos los servicios de salud sean estatizados y que esos recursos sean direccionados para el fortalecimiento del SUS. Precisamos de garantías para hacer que: renta y bienes materiales, lleguen al conjunto de la población, como así también los productos de higiene personal, acceso a agua potable y mejoras con carácter de emergencia en el sistema de saneamiento básico.

Y todo esto aquí en Brasil, comienza por algo que viene repitiéndose día tras día con los cacerolazos por: “¡Fuera Bolsonaro y Mourão!” (Y que lleven con ellos a Damares, Mandetta, Guedes y todos sus ministros compinches).

Pero no da para parar por ahí. Es preciso pensar en el futuro. Y para que nosotros y las próximas generaciones puedan vivir, precisamos destruir esta sociedad enferma. Por eso también para las LGBTs la realidad nos coloca frente a solo dos opciones: o socialismo o barbarie. Estamos entre aquellos y aquellas que creen que esto es posible sí, y sabemos que para eso debemos hacer una revolución, donde las LGBTs inclusive para resolver sus cuestiones específicas, se alineen a los trabajadores(as) y demás sectores oprimidos y explotados, para construir un nuevo mundo donde podamos vivir con libertad, dignidad e igualdad. ¡Un mundo socialista!

Traducción: Tana Betty