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En las últimas semanas ocurrieron actos y manifestaciones en Largo de San Francisco, en San Pablo, contra los ataques a las libertades democráticas y en defensa del site The Intercept Brasil. En la Bienal del Libro de Rio de Janeiro también hubo manifestación contra la censura a la historia en cómics “Los Vengadores – La Cruzada de los Niños”, en la cual dos personajes hombres se besan. Esas manifestaciones en general fueron positivas y muestran la reacción política a las medidas más autoritarias de Bolsonaro.

Por: Bernardo Cerdeira

No hay duda de que Bolsonaro tiene un proyecto autoritario: defiende la dictadura militar, la tortura, la censura, la discriminación a mujeres, negros, indígenas y LGBTs, y la impunidad para los policías que practican ejecuciones. Enfrentar y derrotar ese proyecto defendiendo las libertades democráticas es una tarea urgente de las organizaciones de trabajadores, estudiantes y de todos los sectores populares y democráticos. No obstante, hay profundas diferencias en cómo hacerlo, con qué tácticas y con qué programa.

Unidad es para la acción

Comencemos por el problema de la unidad. Para derrotar el proyecto autoritario, sin duda es necesaria una amplia unidad de todos los sectores. El problema es: ¿unidad cómo y para qué?

En primer lugar, es preciso una unidad para la acción, para la lucha, para la movilización popular con el objetivo de defender las libertades democráticas. Para detener el ataque del gobierno es preciso ir a las calles. Todo manifestación o acto debe ser concluido con un llamado a la organización y a la preparación de movilizaciones populares.

En segundo lugar, es preciso definir si es una unidad para la acción, como proponemos, o si es una unidad electoral para 2020 y, sobre todo, 2022, como ya defienden varias fuerzas políticas.

Algunos sectores responden a eso diciendo que no se debe oponer una cosa a la otra, que no serían incompatibles. En realidad, lo son, sí. La unidad para luchar puede y debe ser hecha entre todos los que defienden las libertades democráticas, sobre puntos concretos y específicos. Los frentes electorales, incluso siendo tácticos, tienen una relación directa con los programas y las estrategias, pues reflejan proyectos para la sociedad, definiciones y alianzas.

Colaboración de clases

La propuesta de un frente electoral entre partidos de izquierda y partidos burgueses, por ejemplo, como las alianzas que el PT hizo en sus trece años de gobierno, es un proyecto de colaboración de clases para gobernar para los capitalistas y realizar algunas reformas en el sistema.

La práctica de los gobiernos petistas mostró que el resultado de ese proyecto fue prolongar la agonía del capitalismo y los sufrimientos de la clase trabajadora, que acaban pagando por sus crisis como está ocurriendo ahora.

Política equivocada

No estamos de acuerdo con repetir el proyecto electoral del PT y del PcdoB, que también es el del PSOL, aunque con algunas diferencias. En las elecciones, vamos a defender un programa y un proyecto socialista y de independencia de clase. Así como nosotros, otros sectores defenderán otros proyectos. Pero eso no impide que estemos juntos en la lucha en defensa de las libertades democráticas.

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Por lo tanto, la propuesta de poner un signo igual entre un frente de lucha en defensa de las libertades democráticas y un frente electoral es una política sectaria, estrecha, porque aparta a los sectores que no están de acuerdo con la propuesta electoral. En el fondo, actúa contra la unidad para luchar. Hace, en ese sentido, algo opuesto a lo que hizo la campaña por las “Directas Ya” contra la dictadura.

No es lo mismo libertades democráticas que Estado de Derecho

Hay otra diferencia con el programa que debemos levantar contra el gobierno. El PT, el PcdoB y algunos sectores dichos democráticos ponen un signo igual entre dos conceptos diferentes: libertades democráticas y Estado de Derecho. El centro de la política de esos partidos es la defensa del Estado de Derecho. No estamos de acuerdo.

¿Qué son las libertades democráticas?

Las libertades democráticas son principalmente la libertad de expresión, de manifestación y de organización, o sea, la libertad de prensa y manifestaciones artísticas y culturales sin censura; la libertad de organización de sindicatos, asociaciones y partidos políticos; la libertad de realizar manifestaciones públicas libremente.

Esas libertades son conquistas de las revoluciones, cuya máxima expresión fue la Revolución Francesa de 1789, que no por nada levantaba el lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad”.

En el Brasil, esas mismas libertades fueron conquistadas después de veinte años de lucha y resistencia a la dictadura militar y son la base que permite la organización y la lucha contra este gobierno represivo y explotador. Por lo tanto, defendemos las libertades democráticas contra todas las tentativas de destruirlas o cercenarlas.

Estado de Derecho

El llamado Estado de Derecho es el Estado de una clase social, la burguesía, que consolidó su poder y moldeó el Estado capitalista para ejercer su dominación. Es lo que llamamos democracia burguesa.

Desde el principio, la democracia burguesa abriga una enorme contradicción: sus constituciones y leyes pretenden expresar valores democráticos, pero la organización de la sociedad capitalista está basada en la necesidad de mantener o aumentar las ganancias del capitalista. Eso solo es posible aumentando la explotación de los trabajadores y de los sectores oprimidos, lo que provoca brutales crisis económicas y una desigualdad creciente.

La única manera que tiene la burguesía para imponer esa explotación creciente es reprimiendo a los trabajdores y a los oprimidos, atacando sus derechos y libertades democráticas para impedir que ellos resistan. Eso es todavía más agudo cuando se trata de un país pobre, tremendamente desigual y en una situación de crisis económica y social, como es el caso del Brasil. Por eso, cuando no consigue gobernar más engañando con la democracia de los ricos, la burguesía apela a dictaduras puras y simples para preservar el sistema capitalista.

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Nada democrático

El Estado de Derecho, una de las formas de garantizar la dictadura de la burguesía y del capital, se reviste, por lo tanto, de una democracia de carácter formal: las leyes son democráticas en el papel, pero en la práctica el Estado es discriminador y represivo. Nuestra Constitución afirma, por ejemplo, que todos son iguales ante la ley, pero eso es un escarnio contra los sectores pobres. Los ricos casi nunca van a la cárcel. Cuando eso ocurre, reciben los beneficios de las delaciones premiadas y la posibilidad de cumplir la pena en prisisón domiciliaria, gozando de la fortuna robada. Con los pobres ocurre lo contrario.

Por la ley, todos tienen derecho a un juicio justo y, si fueren condenados, tienen derecho a preservar su vida y su dignidad en la prisión. No obstante, según el Consejo Nacional de Justicia, 41,5% de los presos en el país ni siquiera fueron juzgados. Sobre “preservar la vida y la dignidad” en nuestras prisiones, es solo recordar los shows de horrores en las masacres de los presidios para ver que eso es falso.

Violencia contra el pueblo

La ley dice que la pena de muerte no existe en el Brasil, pero es obvio que no es verdad. La policía ejecuta criminales e inocentes a su placer y tiene una licencia informal para hacerlo. Solo la policía militar (PM) de Rio de Janeiro mató a más de 800 personas este año, entre ellas a un albañil que estaba trabajando y a varios niños yendo para la escuela. El genocidio contra la población negra en las favelas es una política de Estado para mantener al pueblo pobre aterrorizado y sin fuerzas para luchar por sus derechos.

Indígenas y quilombolas tienen el derecho a su tierra garantizado en la Constitución, pero sufren invasión de madereros, garimpeiros [buscadores de oro] y estancieros y el Estado no garantiza su derecho. En las fábricas, ningún trabajador puede manifestarse sin riesgo de perder el empleo. Existe una dictadura dentro de las empresas. El derecho de organización y manifestación es formal.

Una farsa

Todo eso muestra que el Estado de Derecho es una farsa. El Estado burgués es un Estado represor de trabajadores y pobres, cuya función principal es defender la propiedad privada de los ricos y poderosos.

Un programa de los trabajadores va mucho más allá de la democracia burguesa tanto en la relación con el Estado como en cuanto al régimen político. Nuestro objetivo es un Estado obrero con una democracia obrera basada en consejos populares, que acabe con esa contradicción entre la democracia formal y el poder económico.

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Defender libertades democráticas y no el Estado capitalista

Al defender el Estado de Derecho burgués, partidos como el PT y el PcdoB no solo alimentan las ilusiones en la democracia burguesa como, peor todavía, fortalecen sus instituciones reaccionarias como el Poder Judicial, el Congreso corrupto y las cúpulas de las Fuerzas Armadas. Nosotros, por el contrario, defendemos las libertades democráticas conquistadas por los trabajadores y por el pueblo, pero no defendemos este Estado (capitalista) de Derecho.

Hay solo una excepción: cuando estamos frente a un golpe milutar defendemos, armas en mano si fuera necesario, la democracia burguesa, ya que las dictaduras eliminan hasta las mínimas libertades democráticas.

Ambos son regímenes políticos burgueses, pero la democracia burguesa es más favorable a los trabajadores porque permite libertades formales. Sin embargo, hoy, a pesar de los ataques del gobierno, no estamos ante la inminencia de un golpe militar.

La defensa del Estado de Derecho no es la máxima expresión de la lucha contra las amenazas autoritarias de Bolsonaro. Al contrario, introduce una visión programática burguesa que solo divide y debilita la lucha por las libertades democráticas. Impide y ata la movilización de los trabajadores y el pueblo, el camino más seguro para derrotar a Bolsonaro y su proyecto de dictadura. Impide que los trabajadores desarrollen un proyecto estratégico de lucha por una nueva sociedad. Los Frentes estratégicos con la burguesía son el abandono de la lucha para construir otro tipo de sociedad, y obligan a los trabajadores a aceptar sin lucha los planes de entrega del país de que los capitalistas precisan.

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 578, disponible en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.