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“No queremos a otros consiguiendo mascarillas”, declaró el presidente Trump a la hora de explicar la política de su gobierno para hacerse con los insumos y equipos necesarios para combatir la pandemia del nuevo coronavirus, que en los últimos días azota con dureza a los EEUU. En efecto, la principal potencia mundial es el nuevo epicentro del COVID-19, con más de 369.000 infectados y 11.000 muertos[1]. Trump, que comenzó negando la gravedad del problema y evitó por mucho tiempo adoptar medidas de distanciamiento social, tuvo que reconocer que en las próximas semanas: “habrá mucha muerte”[2].

Por Daniel Sugasti

Esta pandemia revela verdades sobre la sociedad con la misma velocidad con la que avanza. Desnuda la esencia y las contradicciones inherentes al sistema capitalista-imperialista como pocas veces ocurrió en la historia; una esencia cruel, preexistente a la pandemia. El imperialismo hegemónico, que posee recursos inmensos, está en aprietos para lidiar con la crisis sanitaria por no contar con un sistema público de salud. Por otra parte, pocas confesiones podrían graficar de forma más macabra el lema “America First” (EEUU en primer lugar) que Trump ha defendido desde que era candidato: cuando dice que las mascarillas deben ser acaparadas por EEUU, está diciendo que las vidas de (algunos) estadounidenses son más valiosas que las de personas de otros países. Hasta un niño podría comprender este mensaje.

¿En qué consiste la “política agresiva” de Trump para retener o aumentar su almacenamiento de mascarillas, equipos de protección individual, respiradores mecánicos y otros insumos indispensables para mitigar la letalidad del COVID-19?

Por un lado, implica prohibir la exportación de esos productos a otros países, principalmente a Europa y Latinoamérica. La empresa 3M, una de las mayores empresas fabricantes de la mascarilla N95 (la más recomendada para uso del personal de la salud) fue obligada, por medio de una ley que data de la Guerra contra Corea en la década de 1950, a cancelar pedidos provenientes del exterior. Por otro lado, supone adueñarse de encomiendas realizadas por otros países, principalmente a empresas que operan en China, las más de las veces a última hora, en los mismos puertos o aeropuertos.

Alemania, Francia, Brasil, Paraguay, entre otros países, denunciaron “desvíos” de pedidos que ya habían sido acordados. El ministro del Interior alemán, Andreas Geisel, denunció que 200.000 mascarillas fueron desviadas en Tailandia para los EEUU, un acto que tildó de “piratería moderna”. El pedido de aproximadamente 600 respiradores, negociados por gobernadores del nordeste brasileño, fue súbitamente “cancelado” cuando estaba siendo embarcado en un aeropuerto de Miami. La presidente de la región de la Isla de Francia, Valérie Pécresse, comparó la disputa por mascarillas y material médico en el mercado mundial como una “búsqueda del tesoro”. Denunció que empresas estadounidenses llegan a ofrecer el triple o el cuádruple del valor previamente negociado, pagando en el acto y en efectivo, para quedarse con los cargamentos destinados a otros países[3].

Pero los reclamos indignados de algunos gobernantes europeos omiten que la “guerra de las mascarillas” también ocurre dentro de su propio continente. “Estamos en guerra, en una guerra sanitaria”, afirmó el 16 de marzo el presidente francés Emmanuel Macron. Con ese criterio, a comienzos de marzo, el gobierno de Francia confiscó cinco millones de máscaras de la empresa sueca Mölnlycke, que opera en Lyon, que estaban destinadas al Estado español y a Italia, cuando ambos países pasaban su momento más trágico en el combate al COVID-19. La “humanitaria” Francia también decomisó 680.000 mascarillas que iban rumbo a la República Checa que, a su vez, hizo lo propio con un lote semejante con destino a Italia, el pasado 22 de marzo[4]. Es un juego siniestro, en el que un ladrón roba a otro ladrón.

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Pero no nos engañemos. Esta “guerra comercial” por la tecnología y los equipos de seguridad sanitarios afectará, principalmente, a los países pobres: los países ricos, imperialistas, no solo tienen condiciones de pagar precios elevadísimos por estos ítems sino la capacidad de producirlos en gran escala; los países semicoloniales no poseen ni el dinero ni la industria ni la tecnología necesarios para fabricar equipos de mediana y/o alta complejidad.

El gobierno brasileño, por ejemplo, anunció su pretensión de adquirir 17.000 respiradores a un precio aproximado de 15.000 dólares. Pero, si otro país –por medio de sus empresas– realiza una mejor oferta, nada impide que la empresa proveedora cancele el pedido y venda el lote al mejor postor.

El meollo de la cuestión es que esta práctica no tiene nada de “piratería”, nada de “ilegal”. Se basa en las leyes elementales del mercado capitalista. En la sociedad burguesa, como se sabe, todo es mercadería. Desde un alfiler, pasando por la fuerza de trabajo y los derechos más elementales como la salud, todo es pasible de compra y venta. En consecuencia, solo puede acceder a una atención médica quien puede pagar por ello. Según la Oxfam, todos los días mueren cerca de 10.000 personas por no poder costearse una atención médica. Cada año, 100 millones de personas caen en la categoría de extrema pobreza a raíz de gastos médicos que detonaron sus finanzas familiares. La esperanza de vida en los países o regiones pobres es entre 10 y 20 años inferior a la de las zonas prósperas[5].

La pandemia muestra –y seguirá mostrando en la medida en que se agrave– esta realidad con toda crudeza: quien puede pagar más, lleva el producto, llámese un lugar en terapia intensiva o una mascarilla. En un extremo, los países imperialistas acaparan material médico –en primer lugar, para salvar la vida de sus clases dominantes y altos sectores de las clases medias– sin importarse con la suerte de los países más pobres –que, en menor escala, priorizaran sus recursos, aunque más limitados, para salvar la vida de los mismos sectores privilegiados–. En la otra punta, empresas del rubro médico se enriquecen aprovechando el aumento de la demanda generado por la pandemia.

Por ejemplo, corporaciones multinacionales como la alemana Dräger aseguran que el número de pedidos de respiradores mecánicos triplicó en los últimos meses. China es el principal productor mundial de mascarillas y sus autoridades aseguraron haber exportado cerca de 4.000 millones de mascarillas y 16.000 respiradores desde marzo. Pero esto no significa que esa producción se realice necesariamente con capitales chinos[6]. La 3M, por ejemplo, produce cerca de 100 millones de las mascarillas N95 por mes, de las cuales solo un tercio se fabrican en EEUU. Una buena parte se produce en planta instaladas en China. Con casi todos los países del mundo demandando los mismos equipos al mismo tiempo, compañías de este sector se aseguran ganancias exorbitantes. Este es el contexto de la “guerra de las mascarillas”, en el que ni siquiera pagando está garantizado que existan equipos y material de protección para enfrentar la pandemia en los países más pobres. Y esto, para decir la verdad, tampoco es un problema que les preocupe, porque los ricos de los países pobres, en última instancia, podrían tratarse en el extranjero. Los que se joden son los trabajadores “de a pie”.

Lo que cabe preguntarse es: ¿cómo es posible que con el desarrollo actual de las fuerzas productivas en el mundo, exista escasez de tecnología y equipos de protección sanitaria tan básicos como mascarillas, guantes o batas? Para no hablar de países pobres, médicos del Reino Unido denunciaron que están atendiendo casos graves de COVID-19 cubiertos con “bolsas de basura en la cabeza”[7]. Si esto sucede en Londres, ¿qué podemos esperar que ocurra en Haití, Sudamérica o África cuando la pandemia golpee estas regiones con fuerza total?

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Así, estamos en medio de una situación que combina escasez y una especulación desbocada. ¿No es esto irracional? ¡Por supuesto!, tan irracional como el hecho de que 1% de la población mundial concentre 82% de la riqueza. Tan irracional como el hecho de que los 2.153 milmillonarios que existen en el mundo posean más riqueza que 4.600 millones de personas juntas, 60% de la población mundial, según un informe de la Oxfam revelado en enero de 2020[8]. Casi la mitad de la población mundial sobrevive con 5,5 dólares por día, según la misma entidad[9]. El problema es que esa irracionalidad es lo más racional para el sistema capitalista, que se basa en la insaciable sed de ganancia de una minoría.

Los revolucionarios/as luchamos en contra del capitalismo porque sostenemos que un sistema que no es capaz de garantizar las mínimas condiciones de existencia para la mayoría de la sociedad, merece morir. Como hemos planteado en otras publicaciones en este sitio, como pocas veces en la historia está planteada de manera tan dramática la disyuntiva entre socialismo o barbarie, socialismo o exterminio sistemático de la mayor parte de la humanidad.

De hecho, escenas terribles como el colapso no solo de sistema de salud sino de los servicios funerarios en Ecuador, con cadáveres pudriéndose durante días en las casas o siendo abandonados en las calles, son signos claros de barbarie. Y esto no ocurre solamente en un país pobre como Ecuador. En Nueva York, capital del «sueño americano», se estudia la posibilidad de enterrar a las pesonas en parques, ante el desborde de las morgues.

No es posible combatir la pandemia y el estrago que los capitalistas están creando en la economía mundial si no acabamos con la anarquía de la producción capitalista, con las relaciones de producción capitalistas. La crisis mundial –sanitaria y económica– demanda medidas anticapitalistas, esto es, socialistas. En primer lugar, la planificación de la economía mundial. Y esto requiere organización y combate consciente por un programa que tenga como estrategia la toma del poder por parte del proletariado y sus aliados –los demás sectores explotados y oprimidos–, como un paso indispensable para la destrucción del imperialismo y el advenimiento del socialismo mundial. Con meras reformas parlamentarias no se solucionará nada de fondo.

Solo la anarquía capitalista puede explicar la falta de médicos, enfermeros, y otros profesionales de la salud, así como la escasez de insumos básicos como mascarillas o respiradores en este grave momento.

Una economía socialista, planificada por la propia clase obrera autoorganizada, pondría todos los recursos y las fuerzas productivas de la sociedad –toda la tecnología que el conocimiento humano alcanzó hasta ahora– al servicio de atender las necesidades de la humanidad, no del enriquecimiento de un puñado de magnates que lucran con la salud ajena.

Pero, para ello, es necesario expropiar a los capitalistas. Para enfrentar la pandemia, entre muchas otras medidas, es urgente expropiar y estatizar todos los hospitales privados y empresas fabricantes de insumos médicos. También es necesario expropiar y estatizar todo el sistema educativo privado, fomentando el acceso gratuito al estudio de la medicina y otras áreas de la salud, que actualmente es privilegio de unos pocos.

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Es necesario el registro y el control de todos los lechos en unidades de terapia intensiva (UTI) disponibles, para centralizar los recursos y hacer una “fila única” de los pacientes, organizada desde un Estado controlado por la clase trabajadora. En el Brasil, por ejemplo, existe 1,4 camas de UTI por cada 10.000 habitantes en el sistema público de salud (SUS), cuando en la red privada, para esa misma cantidad de personas existen 4,9 camas de UTI. Esas camas están al servicio de quien pueda pagar por ellas, porque existe un conglomerado de capitalistas que “vende” salud. ¿No es más racional socializarlas en medio de esta pandemia?

La falta de lechos de UTI y de equipos de protección básicos en la salud pública brasileña es el resultado de década de políticas neoliberales que, como en muchos otros países semicoloniales e imperialistas (como Italia y el Reino Unido), erosionaron los sistemas públicos de sanidad. Mientras Paulo Guedes, el ministro de Economía del gobierno de extrema derecha de Bolsonaro, no demoró en entregar un billón de reales a los bancos, se resiste a invertir en el SUS y retrasa lo más posible el pago de la “ayuda” de 600 reales (115 dólares) para las familias más pauperizadas, que se aprobó no por algún sentido humanitario sino como medida preventiva ante la posibilidad de un estallido social que pudiera surgir de los sectores más volátiles. En EEUU, Trump prevé rescatar grandes bancos y corporaciones utilizando más de 454.000 millones de dólares[10]. Esta es la “racionalidad” del capitalismo, la anarquía de una producción basada en los cálculos de lucro que hacen los capitalistas.

Lo único que puede liquidar esta anarquía, insistimos, es la aplicación de un programa socialista. Solo una economía socialista podrá garantizar una salud pública, gratuita, universal y de calidad. Es urgente la puesta en marcha de una planificación central de la economía para que toda empresa no esencial se ponga a producir los insumos y equipos médicos necesarios para enfrentar la pandemia y, en sentido general, para satisfacer las necesidades de la humanidad.

Notas:

[1] Datos de la Universidad Johns Hopkins al 07/04/2020.

[2] Consultar: < https://g1.globo.com/bemestar/coronavirus/noticia/2020/04/04/nao-queremos-outros-conseguindo-mascaras-diz-donald-trump-sobre-equipamentos-de-protecao-contra-o-coronavirus.ghtml?fbclid=IwAR3gm2neFYyyCm50kZtzJsNa51uXnx4fqrz5Vfj_mZ397OHHWZ4nESH3_Do>.

[3] Consultar: < https://www.bbc.com/portuguese/internacional-52166245?fbclid=IwAR37IgGzyAdJKF522VOWUR9T17vCRW7Hk7reGgy0IJMYq7BDnGW-lrAXrCM>.

[4] Consultar: < https://www.jb.com.br/internacional/2020/04/1023129–estamos-em-guerra—franca-confiscou-1-milhao-de-mascaras-destinadas-a-espanha-e-italia.html?fbclid=IwAR0XCSA5hK90NedZScdaUZCTjA7IS01tUfRcyFnzKekA1B1nhHw1xDFewEs#.XoeY_gGH5HQ.facebook>.

[5] Consultar: < https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla>.

[6] Consultar: < https://www.abc.com.py/internacionales/2020/04/05/china-ha-exportado-casi-4000-millones-de-mascarillas-por-coronavirus/?fbclid=IwAR3qigz2solVORIEp1YT68CmC72oy3sdZqcM7L7YAq3VscS4dyelOMJoQlc>.

[7] Consultar: < https://www.bbc.com/mundo/noticias-52173310?at_campaign=64&at_custom1=%5Bpost+type%5D&at_medium=custom7&at_custom2=facebook_page&at_custom4=9F0B7E04-77C9-11EA-95AC-60D4923C408C&at_custom3=BBC+News+Mundo&fbclid=IwAR3FMO5Ut9TFiI7HZOaz90Fp1u8REUksni1g9HYhNvy_uoWQd7Ii2t3ixQg>.

[8] Consultar: < https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/los-milmillonarios-del-mundo-poseen-mas-riqueza-que-4600-millones-de-personas>.

[9] Consultar: < https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla>.

[10] Consultar: < https://litci.org/es/menu/mundo/norteamerica/estados-unidos/eeuu-una-perspectiva-socialista-sobre-el-plan-de-estimulo-por-el-coronavirus/>.