Compartir

El trágico derrumbe de parte de la cobertura del estadio Itaquerão este miércoles mató al menos dos obreros y expuso al mundo la verdadera situación de los trabajadores de la construcción civil en el país.

No es el primer accidente fatal en obras de estadios. En abril último, un obrero murió al caer de una viga en la Arena Palestra, estadio del Palmeiras. En marzo, un trabajador había muerto al caer de un andamio en la Arena Amazónica. Esto no ocurre sólo en los estadios. Los millares de muertes y accidentes en los canteros de obras constituyen la otra cara, cruel, de la expansión del sector de la construcción civil en los últimos años. A fin de potenciar sus lucros, las grandes empresas no ofrecen ninguna seguridad a los trabajadores, que enfrentan condiciones subhumanas de trabajo y encaran la muerte diariamente. Faltan equipos y calificación adecuada, lo que empeora con la plaga de las tercerizaciones (8 de cada 10 accidentes ocurren con los tercerizados). El gobierno, por su parte, no fiscaliza, y el número de auditores hoy es insuficiente para garantizar que las normas de seguridad sean cumplidas. La pregunta es: ¿interesa al gobierno ir contra las ganancias de las grandes empresas, como la Odebrecht –que toma el Itaquerão–, que financia las campañas electorales del PT? Mientras tanto, la Construcción Civil es el segundo sector que más mata en el Brasil. De cada diez accidentes de trabajo, tres son en los canteros de obra. Ese es el modelo de crecimiento llevado a cabo por el gobierno: las abultadas ganancias de las empresas a costa de la sangre de los trabajadores.


Traducción: Natalia Estrada
Lea también  Daniel Ruiz: con odio de clase lo vamos a sacar