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Las Fuerzas Armadas son campeonas en impunidad y corrupción.

En vísperas del juicio de habeas corpus de Lula en el Tribunal Supremo Federal (STF), el General Eduardo Villas Bôas, Comandante del Ejército, escribió en su perfil de Twitter que el Ejército comparte el “repudio a la impunidad”. Antes había publicado: “falta preguntarle a las instituciones y al pueblo ¿quién está realmente pensando en el bien del país y de las generaciones futuras y quién está preocupado solamente con sus intereses personales?”.

Por Redacción

La declaración del comandante del Ejército pareció una amenaza velada de intervención militar. Temer, el STF, el Congreso y el Ministerio de la Defensa colocaron paños calientes en la publicación del General, pero aún así, es necesario repudiarla. Desde el fin de la dictadura, se les prohibió a las Fuerzas Armadas hacer pronunciamientos políticos. No estamos al borde de un golpe militar, pero hay un aumento del autoritarismo contra el pueblo pobre trabajador.

La intervención de Temer en Rio de Janeiro, una medida de excepción, y la indicación de un militar para el Ministerio de la Defensa les da a los militares un protagonismo político, que no deberían tener. La manifestación del general es grave, especialmente cuando vemos a varios altos oficiales de la reserva (jubilados) defendiendo abiertamente un golpe militar en el país.

Al contrario del PT y de sectores de izquierda, como el PSOL, no creemos que Lula no pueda ser juzgado ni que su juicio, independientemente de las diferentes tesis jurídicas, atente contra las libertades democráticas o no esté de acuerdo con el régimen democrático burgués. Además deberían ser juzgados todos los corruptos y corruptores: Temer, Aécio, Alckmin, etc.

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Aun así, el pronunciamiento de Villas Bôas no puede ser tolerado. Tiene que ser repudiado por todos los que defienden las libertades democráticas. Estamos a favor de la unidad en la lucha contra cualquier ataque a las libertades democráticas y contra la defensa de ese tipo de medida.

Defendemos que todos los soldados y los oficiales de bajo grado de las Fuerzas Armadas tengan derecho a la sindicalización, libertad para organizarse en defensa de mejores condiciones de trabajo y derecho a elegir a sus comandantes. La represión dentro de la corporación tiene por objetivo callar todas las voces disidentes y mantener los privilegios de los altos oficiales.

¡Dictadura nunca más!

Brasil vivió por 21 años una dictadura que eliminó las libertades democráticas: huelgas, manifestaciones, reuniones, libertad de expresión y de opinión. Arrestaban, torturaban y asesinaban a todo aquel que se opusiera al régimen.

Durante la dictadura, aumentó la desigualdad social, la reducción de salario y la pérdida de derechos, como la estabilidad en el empleo. Líderes sindicales, campesinos y estudiantiles fueron arrestados, torturados y asesinados, Cerca de 10 mil brasileños fueron forzados a dejar el país y tuvieron que vivir en el exilio. La Comisión Nacional de la Verdad identificó 434 muertos y desaparecidos. Por lo menos 377 agentes del Estado fueron acusados de crímenes que van de la tortura a la ejecución, ocultación de cadáveres, detenciones ilegales y desaparecimiento forzado. Según la comisión, 190 todavía están vivos, libres e impunes de las atrocidades que cometieron.

Fue esa represión la que sustentó el tal milagro económico. Sin embargo, a fines de los años 1970, la economía del país entró en crisis. Quien vivió aquella época sabe muy bien lo que fue la carestía, el desempleo y la inflación galopante.

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Por lo tanto, el Ejército no tiene nada que enseñarle a nadie sobre impunidad. Si Villas Bôas quiere realmente combatir la impunidad, debería comenzar por el propio Ejército.

Bol$onaro defiende dictadura corrupta

Al contrario de lo que dicen los que, como Jair Bolsonaro, defienden la vuelta de la dictadura, aquel fue un período de mucha corrupción. La Odebrecht creció y ganó mucho dinero. Además de garantizar los lucros de los grandes grupos capitalistas, la dictadura promovió uno de los momentos más corruptos de nuestra historia. De aquella época surgió gente como Maluf, Collor, Antônio Carlos Magalhães, Delfim Netto y muchos otros, que acabaron tornándose corruptos notorios. Fue la era de fiesta de las empresas contratistas, pues la dictadura promovía obras faraónicas por todas partes, que se transformaron en una fuente inagotable de sobornos y sobrefacturaciones. La diferencia es que la censura de la prensa y la represión impedían que la corrupción saliese a flote y fuese noticiada. Quien osase hacerlo, podía ser asesinado. 

Cuando Bolsonaro defiende la dictadura, defiende también toda la corrupción y la represión promovida por ese régimen. ¿Qué se puede esperar de quien habla alto con los pobres y oprimidos y se enriqueció con la política? El diputado y sus tres hijos, que ejercen mandato, son dueños de 13 inmuebles con un precio de mercado de, por lo menos, R$15 millones. Para los ricos, Bolsonaro es un adulador: defiende acabar con la legislación laboral, dice que va a privatizarlo todo si lo eligen y ataca a los LGBTs, a las mujeres, a los negros y a los indígenas.

Traducción: Janys