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Si las direcciones de las grandes centrales realmente quisiesen, podrían muy bien constituir un contrapeso a la campaña de fake news del gobierno y de la prensa.

Por: Diego Cruz

Desde adentro del plenario de la Cámara de los Diputados, los reporteros de la Globo News ríen y hacen bromas en vivo. No consiguen esconder el entusiasmo y la satisfacción con la inminente aprobación de la propuesta que supuestamente sacará al país de la recesión y creará, con un pase de magia, millones de empleos en el Brasil. Es de entenderse: durante siete meses ininterrumpidos los grandes medios se jugaron en una verdadera campaña de distorsión y desinformación a fin de vender la reforma de la previsión como una medida de combate a las desigualdades y precondición para retomar el crecimiento.

En una acción coordinada y tal vez sin precedentes, los grandes medios dieron total soporte a las fake news del gobierno Bolsonaro a fin de empujar garganta abajo una medida antipopular e históricamente rechazada por la población. Porque, si los R$ 37 millones gastados en la campaña institucional de la reforma, contando los millones pagados a “influencers” del quilate de Ratinho y Luciana Giménez, tienen su peso, lo que determina hoy la conciencia de gran parte de la población es lo que sale en el Jornal Nacional[1].

Y lo que se vio fue un verdadero lavado cerebral, digno de “La naranja mecánica”. Primero, el chantaje de que, sin la reforma, las jubilaciones estarían amenazadas con la quiebra de la previsión. Argumento comprado por parte significativa de la población y de la clase trabajadora. Y, desgraciadamente, hasta por la “oposición” e influyentes columnistas identificados con la izquierda. Después, la idea de que la reforma afecta solamente a los privilegiados, funcionarios públicos y políticos. Un omnipresente Sardenberg (foto) “explica” en la red Globo la reforma con el auxilio de la pantalla high tech: la edad mínima no afecta a los más pobres, que hoy ya se jubilan con la media de 65 años. En gran parte de los grandes vehículos de comunicación, la reforma se resumía a eso: edad mínima, fin de las jubilaciones especiales, y que venga la bonanza.

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El ataque más duro a las jubilaciones, los cambios de la regla de cálculo, fue simplemente omitido para gran parte de la población. No se explica que el beneficio actual que parte del piso de 85% del valor de las contribuciones, cae para 60%, alcanzando justamente a los más pobres del Instituto Nacional de Seguro Social (INSS), ni se explica la rebaja de la base de cálculo de ese beneficio. O sea, el trabajador que se jubila a los 65 años y tiene el mínimo de 15 años de contribución, va a perder alrededor de 30% del beneficio. Algo que penaliza a la mayoría de los que dependen del INSS, y que reciben hasta dos salarios mínimos. Una confiscación que es el grueso de tal economía que pretenden hacer en 10 años.

Poco o nada se habla sobre las viudas pobres y ancianas, mayoría de las beneficiarias de la pensión por muerte hoy. La reforma reduce la pensión de 100% para 60%, pudiendo quedar abajo del salario mínimo. O el cambio de la jubilación por invalidez, cuya integralidad queda restricta a accidentes de trabajo o enfermedades laborales. Imagine, usted está yendo a trabajar y es atropellado, quedando inválido para el trabajo. Para el gobierno, usted tuvo mala suerte, y su beneficio va a ser reducido para 60% también. Probablemente, usted no verá a Sardenberg dando ese ejemplo en la Globo.

La campaña masiva y mentirosa por esa reforma cruel contra los pobres consiguió ampliar el apoyo popular a la medida. Según la Datafolha, 47% apoya la reforma, contra 44%. Empate técnico, pero por primera vez el apoyo aparece por delante de los contrarios. No obstante, solo 11% compran el argumento de que el brasileño se jubila “temprano demás”. Más algunos números interesantes: solo 17% se declaran “bien informados”. El resto, o 69%, está “o menos informado” (41%), “mal informado” (11%), o “no tomó conocimiento” (17%).

Eso significa que gran parte del pueblo aún no sabe, o sabe poco, sobre la reforma de la previsión. Incluso entre los que dicen conocer bien la propuesta (17% , entre esos 51% de favorables), es probable que la mayoría solo sepa aquello que Sardenberg y los grandes medios quieren que sepa. ¿Quién está en contra de combatir privilegios, crear empleos y todavía sin penalizar a los más pobres?

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Lo más increíble en esa campaña de desinformación en masa de los grandes medios fue la exigencia de “negociación” del gobierno Bolsonaro con el Congreso Nacional. Léase, compra de votos. La liberación expresa de miles de millones en enmiendas parlamentarias no solo fue normalizada sino que fue prácticamente exigida y defendida como “parte del juego democrático”.

Una hipocresía sin tamaño. En ese contexto, la nefasta y corrupta figura de Rodrigo Maia (DEM-Rio de Janeiro) fue elevada a la condición de casi un héroe nacional, con derecho a reportaje y entrevista en el Fantástico[2], en la propia residencia del político.

Como la mentira tiene patas cortas, si se confirma la aprobación de esa reforma la experiencia será tan rápida como dolorosa. Y los grandes medios van a revelarse aún más como lo que de hecho son: la correa de transmisión del gran capital, de los banqueros y de los políticos corruptos.

El papel de las centrales sindicales

Si es verdad que los grandes medios están cumpliendo un papel vergonzoso y crucial en la reforma, no es posible dejar de hablar del papel desempeñado por las direcciones de las mayores centrales sindicales. Al mismo tiempo en que actúan para dirigir la lucha hacia la negociación en los gabinetes, se omiten en aquello que debería ser su primera obligación: informar a sus bases sobre el real peligro de la reforma. En lugar de solo 50.000 cartillas, se podría alcanzar a decenas de millones de trabajadores en sus lugares de trabajo. Solo la CUT afirma poseer 24 millones en su base.

Si parece difícil pechar a la red Globo, si las direcciones de las grandes centrales realmente quisiesen podrían muy bien constituir un contrapeso a la campaña de desinformación y fake news del gobierno y de los medios. La batalla, sin embargo, no está perdida. Los parlamentarios vuelven a sus bases para el receso de julio, y en agosto se retomará la votación de la reforma en segundo turno. Es posible cambiar esa situación, explicar a la clase la tragedia social que representa esa reforma, exponer a los parlamentarios, y al mismo tiempo hacer lo que no hicieron hasta ahora: arrojar peso en la lucha y en la movilización directa por el desmonte de la Previsión pública.

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Notas:

[1] Ratinho es el presentador de televisión del Sistema Brasileño de Televisión (SBT); Luciana Giménez es presentadora, empresaria y modelo brasileña; el Jornal Nacional es el principal noticiero televisivo del Brasil, ndt.

[2] Fantástico es un programa de televisión en forma de revista electrónica, que se emite semanalmente desde 1973 y que cuenta con una audiencia de millones de personas, ndt.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.