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El agravamiento de la crisis económica, el desprestigio del gobierno Temer y las recientes encuestas electorales que colocan a Lula en primer lugar precipitaron el debate sobre la candidatura del ex presidente a las elecciones de 2018. El ex presidente tiene entre 30% y 32% de las intenciones de voto en el primer turno de las elecciones.

Por Bernardo Cerdeira

Más de 400 intelectuales y artistas publicaron un manifiesto en el cual piden a Lula que lance su candidatura. En el PT, su candidatura es dada como segura. La ex presidente Dilma Rousseff ya lanzó la candidatura de Lula en Ginebra, donde ocurría el Foro Internacional de Derechos Humanos.

Al mismo tiempo, la mayoría de las corrientes defiende que el ex presidente asuma la presidencia del PT en el próximo congreso del partido, ya que sería el único dirigente capaz de mantener la unidad de la organización. Todo ese movimiento también tiene como objetivo crear un hecho consumado y dificultar la condenación de Lula en los diversos procesos que sufre, y la consecuente impugnación de su candidatura.

En la mayoría de la izquierda se discute la formación de un Frente Amplio de los partidos y fuerzas progresistas y de los movimientos sociales para las elecciones de 2018, propuesta del propio Lula, del PT y de los frentes Brasil Popular y Pueblo Sin Miedo. Corrientes de la izquierda del PSOL plantean que la formación de ese Frente Amplio y el apoyo a la propia candidatura de Lula dependerían de la discusión del programa que conformaría esa alianza.

Conversación para engañar

El discurso de las fuerzas que se agrupan en torno a Lula y al PT siguen un libreto pronto, ya bastante ensayado. Sus principales puntos son repetidos por todos.

El gobierno Dilma habría sido víctima de un golpe parlamentario, judicial y mediático conducido por las fuerzas de la oposición de derecha, que tendría como objetivo desencadenar un ataque sin precedentes a los trabajadores y los pobres. Para eso, sería necesario remover un gobierno progresista que era un obstáculo a esas políticas.

El golpe habría sido posible porque habría habido un giro a la derecha de la clase media e, incluso, de sectores populares, que desde junio de 2013 vienen oponiéndose al PT.

Como conclusión, frente al cuadro actual, la única solución para impedir el crecimiento de la derecha y revertir el golpe sería la unidad de la izquierda y de las dichas fuerzas progresistas para formar un Frente Amplio que derrotase a los candidatos “golpistas” en las elecciones presidenciales de 2018. Lula sería el candidato natural de esa coalición.

Esta cantilena está atrayendo no solo a los militantes de PT como, también, a una parcela significativa de izquierda que ya fueron críticos a los gobiernos de Lula y Dilma, pero que aparentemente olvidaron el mal que esas administraciones hicieron a los trabajadores. En realidad, esos sectores están más interesados en sus propios resultados electorales, en la elección de sus candidatos, que en ofrecer una verdadera salida a la clase trabajadora.

Más falso que moneda de cuero

No es difícil demostrar que todas las premisas y conclusiones de este discurso son totalmente falsas. Los gobiernos de Dilma y de Lula nunca fueron de izquierda y ni siquiera progresistas. Todos los partidos y políticos de derecha que están hoy en el gobierno Temer, desde Padilha a Jucá, desde Moreira Franco al propio Temer, del PP al PSC, estaban en los gobiernos Lula y Dilma, con excepción del PSDB y del DEM. La derecha nunca salió del poder.

Esos gobiernos utilizaban el prestigio de Lula y del PT en la época para paralizar la lucha de la clase trabajadora y de los sectores populares, atrayendo con mínimas concesiones a los sectores más pobres y sacando provecho de una situación económica favorable.

Incluso así, los ataques a los trabajadores fueron una constante en los gobiernos dichos progresistas. Lula hizo la reforma de la previsión para los empleados públicos. Dilma comenzó el ajuste fiscal con Levy, atacando el PIS [Programa de Integración Social], el seguro de desempleo y las pensiones por muerte. La reforma de la previsión fue elaborada por el ministro Nelson Barbosa en su gobierno.

La mayor intensidad del actual ataque de Temer se debe a la gravedad de la crisis económica del país, que hace que la burguesía defienda con uñas y dientes sus ganancias y aproveche la crisis para aumentar la explotación de la clase trabajadora. Pero es bueno no olvidar que el principal impulsor de las contrarreformas del gobierno Temer, el ministro de Hacienda Henrique Meirelles, era el hombre de confianza de Lula y su opción preferida para ocupar el mismo Ministerio en el gobierno Dilma. No por casualidad.

Coalición con “golpistas”

Los trabajadores y el pueblo, en su amplia mayoría, no fueron engañados por el PSDB y por los partido de derecha. Al contrario, supieron identificar los ataques del PT a sus derechos, la política desastrosa que facilitó la crisis y el desempleo, la corrupción desenfrenada, y rompieron con el detestado gobierno Dilma y con el PT. Esa fue la principal razón de su crisis y de su caída. Por eso mismo, el PT no consiguió movilizar al pueblo para evitar el impeachment.

Y, después del impeachment, el PT hizo coaliciones con los que acusó de golpistas, en centenas de municipios, en las últimas elecciones. También apoyó la elección de Eunício de Oliveira (PMDB) para la presidencia del Senado, cogitó apoyar la reelección de Rodrigo Maia (DEM) para la presidencia de la Cámara, dejando clara la farsa del discurso del golpe.

Más de lo mismo: un nuevo maquillaje para el mismo proyecto

La candidatura de Lula en 2018 significa el mismo proyecto con un nuevo maquillaje. Un gobierno para enriquecer a los banqueros, el agronegocio, las constructoras y las multinacionales, continuando con la política de privatizaciones y desnacionalización de la economía del país.

Quieren gobernar con las mismas alianzas hechas durante los últimos 14 años, es decir, con empresarios y varios partidos de derecha, desde el PP hasta PTB y el PSC. El proyecto Lula 2018 comienza hoy, en el Frente Amplio, con políticos burgueses como Roberto Requião y Ciro Gomes, para después, en el gobierno, ampliar el abanico.

Por eso, Lula y el PT no están al frente de la lucha contra las reformas de Temer. Por el contrario, quieren direccionar la insatisfacción para las elecciones de 2018. Su objetivo continúa siendo paralizar las luchas populares, desviándolas para el proceso electoral. Por el mismo motivo, Lula quiere que el PT abandone el discurso del golpe y se concentre en difundir propuestas positivas para un nuevo gobierno.

La salida es la ruptura. Brasil precisa de una Revolución Socialista

El Frente Amplio y la candidatura Lula 2018 son, al mismo tiempo, un proyecto reaccionario y una mentira. Un proyecto reaccionario porque busca colocar de nuevo las esperanzas de los movimientos sociales, de los trabajadores y del pueblo en general en más un gobierno “progresista” que supuestamente busca humanizar el capitalismo; tarea imposible, ya que se trata de un sistema cuya base es la explotación del hombre.

En realidad, gobiernos así trabajan para mantener el capitalismo, evitando que los trabajadores tomen conciencia de la necesidad de destruirlo. Es un proyecto reaccionario también porque intenta desviar, cada vez más, las luchas populares para la vía muerta de las elecciones y para la actuación institucional dentro de un régimen político profundamente antidemocrático.

Por otro lado, se trata de una mentira, porque es una tentativa de vender el mismo proyecto que gobernó el país durante 14 años, enmascarado por algunos movimientos sociales y sectores de izquierda que se prestan a ese lamentable papel. Es una tentativa de hacer que los trabajadores olviden o desconsideren las lecciones de 14 años de gobiernos del PT, presionados por la comparación entre la crisis actual y los años de bonanza económica del gobierno Lula.

Es una política criminal, porque significa colaborar para llevar a la clase trabajadora a una nueva y más profunda derrota y a un callejón sin salida.

Discutir un programa supuestamente más a la izquierda para ese Frente Amplio, como pretenden corrientes que se reivindican revolucionarias, es pura inutilidad. ¿De qué valen algunas frases más radicales si las alianzas de ese frente con grandes empresarios y políticos de derecha condicionan toda su política y su actuación?

Peor, un programa con algunos puntos con un barniz progresista solo ayuda a disfrazar el verdadero carácter y las verdaderas intenciones de Lula, del PT y de ese Frente Amplio.

Una verdadera izquierda no puede dejar de denunciar esta farsa y trazar una estrategia opuesta. La única y verdadera solución para la crisis que destruye el país es organizar la lucha de los trabajadores y de los sectores populares con el objetivo de derrotar las contrarreformas, derribar el gobierno Temer y abrir el camino para una revolución socialista que instaure un verdadero gobierno de los trabajadores, basado en Consejos Populares, que acabe con la explotación en nuestro país.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en Opinião Socialista, n.° 532, 17 de marzo de 2017, pp.12-13.