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Pasaron cinco años desde las Jornadas de Junio de 2013. De allá hasta acá el Brasil cambió mucho, pero no como dice el gobierno o una parte de la izquierda como el PT y el PSOL.

Por: Júlio Anselmo

Temer miente al decir que hace avanzar el país. Esconde que las medidas que aprobó aumentan la explotación de los trabajadores y empeora mucho las condiciones de vida del pueblo brasileño, como prueba la crisis de los combustibles. No dice que todo lo hizo en nombre de las ganancias de la gran burguesía brasileña e internacional, y por eso enfrentó la furia de la huelga de los camioneros.

Tampoco Temer estabilizó políticamente el país. Las diversas fracciones de la burguesía están bastante divididas. La disputa entre la burguesía es tan grande que están con dificultades incluso de encontrar un candidato confiable para las elecciones. La tromba política abierta con las Jornadas de Junio de 2013 sigue en curso.

Una vez más: ¿qué fue Junio de 2013?

Millones fueron a las calles. Lo que comenzó como reivindicación contra el aumento del precio de la tarifas de transporte se transformó en una indignación general y colectiva contra las pésimas condiciones de vida. Junio de 2013 fue una explosión social tanto por cuenta de las contradicciones del gobierno petista de conciliación de clases como de la crisis económica que se iniciaba.

Junio de 2013 abrió una nueva situación política en el país. Fue una lucha contra todos los políticos burgueses, del PSDB al PT, contra los intereses de los ricos y poderosos. Las contradicciones y características de junio fueron expresiones del propio estadio de la lucha de clases en aquel momento.

La represión fue violentísima e incluso así la lucha no fue derrotada. Es verdad que las conquistas son efímeras, pocas y puntuales. Pero lo más importante de estas jornadas de luchas fue su significado político y social. Una revuelta por abajo que nadie esperaba y la burguesía se desesperaba. La lucha de clases se acentúa y se polariza cada vez más desde entonces. El gobierno de Dilma comienza a deshilacharse en aquel momento.

Junio de 2013 y la caída del PT

La utilidad que el PT tenía para la burguesía estaba ligada a su capacidad de contener a los trabajadores. Su papel preponderante en el movimiento de masas posibilitaba frenar y trabar las luchas, hacía que la burguesía precisase y confiase en sus servicios al frente del Estado burgués para conseguir implementar las medidas que garantizaban sus ganancias. Eso duró de 2002 hasta junio de 2013.

El discurso petista dice que Dilma cayó por causa de las políticas sociales o por cuenta de un supuesto desenvolvimiento. Nada más falso. Hasta porque no hubo desenvolvimiento alguno ni políticas sociales contrapuestas a los intereses de la burguesía.

La explicación de la caída de Dilma tampoco se encuentra en una supuesta lucha de un sector reaccionario de la burguesía contra otro sector supuestamente progresivo, pues toda la burguesía brasileña está asociada al imperialismo y, a pesar de tener diferencias entre sí, no existe eso de burguesía progresiva.

Tanto es así que los “golpistas” y los “golpeados” estuvieron juntos en el gobierno hasta entonces e incluso harán listas juntos en diversos lugares en las elecciones de este año. Si fuesen esos los motivos, ¿por qué los gobiernos del PT no cayeron en los años anteriores?

Para nosotros, lo que cambió fue que a partir de junio de 2013, Dilma perdió utilidad para la burguesía, pues los trabajadores comenzaron a romper con su dirección histórica, el PT. En la base de eso está la crisis económica que liquidó la política del PT de dar migajas a los trabajadores mientras favorecía a la gran burguesía. A partir de la crisis económica, Dilma cumplió con la exigencia de la burguesía de ataques mayores a los trabajadores, lo que profundizó aún más su desgaste frente a las masas y minó su gobernabilidad.

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La caída de Dilma se dio a través de una maniobra parlamentaria de una lucha de fracciones burguesas diferentes, pero igualmente burguesas, y ambas con planes de atacar a los trabajadores, tanto que Dilma atacó y Temer también. El objetivo de ambas era la estabilización del país luego de junio de 2013 y, frente a la crisis económica, la aplicación de duros ataques contra los trabajadores.

La nada santa alianza en defensa de la democracia burguesa

Junio de 2013 destruyó las estructuras del propio régimen democrático-burgués en el Brasil, que pasó a ser cada vez más cuestionado. La tónica de las protestas fue el sentimiento de que nadie nos representa y el rechazo a los políticos burgueses.

El cuestionamiento a esa falsa democracia aumenta con la elección de Dilma en 2014, cuando promete no atacar a los trabajadores y comete un estelionato electoral. Y se amplía, por ejemplo, con el hecho de que la amplia mayoría de la población está en contra de que Temer y el Congreso de bandidos apruebe la reforma laboral en contra de la voluntad del pueblo.

El carácter falso, ilusorio y mentiroso de la democracia burguesa se revela cada vez más. Lo que llaman de democracia es hoy, en verdad, un sistema que es controlado y solo funciona para quien detenta el poder económico, o sea, para los banqueros, latifundistas y grandes empresarios. Este fenómeno de cuestionamiento a la democracia burguesa ni siquiera es exclusivamente brasileño, es mundial, así como el desgaste de las viejas direcciones traidoras y entreguistas del movimiento de los trabajadores.

Frente a eso, hay algo que unifica tanto a Moro y la Lava Jato como al gobierno Temer y el PT y hasta incluso el PSOL, que es la defensa de la democracia, de esta democracia burguesa. Cada uno a su modo lucha por regenerar la democracia burguesa y por retomar la confianza de las masas en este régimen político podrido.

El poder Judicial vislumbra regenerar la confianza de la masa en el régimen a través de una purificación y una lucha contra la corrupción. El PT cree que regenerar la democracia es soltar a Lula. El PSOL, además de adherir también a la campaña “Lula Libre”, cree que con algún tipo de reforma política las masas volverán a creer en el régimen.

Hoy, lo que todos ya sabían, es comprobado por la revelación de los esquemas y todo tipo de fraudes envolviendo grandes empresas capitalistas y a los políticos de todos los grandes partidos. Y el propio poder Judicial, y en especial el STF [Supremo Tribunal Federal] y la Operación Lava Jato, pasan a sufrir desgaste frente al pueblo brasileño. Al final protegen a los ricos, por ejemplo con los acuerdos de tolerancia, y no quieren investigar y arrestar a todos los corruptos.

La explicación de esta crisis del régimen democrático burgués se encuentra en la propia crisis del sistema capitalista. Con la crisis económica la fisura entre las clases se profundiza, hay disputas entre la propia burguesía. Y la democracia burguesa muestra con toda fuerza su carácter burgués y sus límites. La imposibilidad de hacer concesiones a los trabajadores se acentúa. El “centro” pierde su fuerza y se abren espacios a la “derecha” y a la “izquierda”. El problema es que frente a eso la mayoría de la izquierda se aferra a la defensa del sistema, refuerza las alianzas con la burguesía e intenta salvar el régimen.

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¿Onda conservadora o polarización social y política?

Por motivos diferentes, para la mayor parte de la izquierda junio de 2013 está muerto y enterrado. Unos creen que lo que ocurre hoy en el país no tiene nada que ver con esa gran jornada de luchas, pues fue derrotada. El PT es un poco más sincero en este caso, pues afirma que junio de 2013 fue el inicio de la inestabilidad del país que hizo que Dilma cayese. O sea, la conclusión para el PT es que junio de 2013 fue reaccionario.

En primer lugar, no hubo derrota del movimiento de masas en junio de 2013. La represión no venció y fue repudiada hasta el fin. Y ni siquiera la prensa consiguió controlar el movimiento. Lo que realmente no hubo después de junio de 2013 fue un salto organizativo y político de la izquierda revolucionaria y socialista. O incluso un salto organizativo del propio movimiento de masas.

Es verdad que surgieron nuevos grupos de derecha pos junio de 2013, como el MBL [Movimiento Brasil Libre] y Vem Para Rua [Ven para las Calles], que dirigieron actos por el impeachment de Dilma en 2015/2016. Esas nuevas organizaciones de derecha surgen en el país no fruto de la derrota de junio de 2013 sino de la inestabilidad y polarización política propiciada por las masas en movimiento. Incluso el crecimiento electoral de figuras como Bolsonaro también expresan esto.

Pero no hay que sobreestimar esos grupos, así como no debemos tener una visión unilateral de este proceso. Pues, después de junio de 2013, vivimos un récord de huelgas en el país comparadas con los años ’80. Seguidas por la mayor ola de luchas del movimiento estudiantil de la historia del país, con las ocupaciones de escuelas. La huelga general de 2017, la respuesta de las mujeres en la lucha contra el machismo, el levante frente a la muerte de Marielle, la lucha de la juventud negra contra el genocidio, etc.

Al diseñar la realidad actual como fruto de un supuesto golpe y una onda conservadora usan como ejemplo que hay un aumento de las medidas represivas y bonapartistas en la democracia burguesa. Eso es verdad, pero olvidan que el salto de esas medidas fue a partir de junio de 2013, aun durante el gobierno Dilma, con la prisión de activistas, el uso de la represión desenfrenada, el desarrollo de la Garantía de la Ley y el Orden (GLO), la criminalización de los movimientos sociales y la ley antiterror. Eso sin contar que en las periferias la violencia del Estado, a través de represión, el asesinato sistemático y el encarcelamiento en masa de la juventud negra, siempre estuvo presente, hecho que se agravó incluso con la ley de drogas de 2006, del gobierno Lula.

O sea, todo lo que ocurrió en el país después de las manifestaciones no fue fruto de la derrota de junio ni tampoco de un supuesto carácter reaccionario, pero esos acontecimientos posteriores expresan sí una lucha de clases cada vez más abierta y evidente. Los momentos de crisis e inestabilidad, como muestra la historia, dan munición para los revolucionarios y los contrarrevolucionarios.

El papel del PT desde entonces es revelador del momento que vivimos. Ya en los marcos del gobierno Temer, el PT traicionó las huelgas generales. No se planteó la tarea de derribar a Temer. Incluso en el caso de la prisión de Lula adoptaron una postura de confianza en las instituciones, en el STF y en la justicia. Lula, momentos antes de ser preso, llegó a decir que no proponía una revolución, y su propia prisión es una expresión de la adaptación y degeneración del PT al orden al que finge contraponerse.

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El mayor ejemplo de cómo la caracterización de onda conservadora es nocivo para el movimiento de los trabajadores ocurrió recientemente en la huelga de los camioneros. Como la fuerza de la huelga no encajaba con la caracterización que hacen de la realidad, inflaron el peso de los que pedían intervención militar, llegaron a decir que era parte del golpe, que era un lockout, etc. Este debate solo tuvo eco entre la mayor parte de la izquierda por la credibilidad que estas organizaciones dan al discurso petista de onda conservadora y golpe.

La verdad es que el PT creó una tesis para justificar toda su política de conciliación con la burguesía y para conseguir asegurar su base frente al cuestionamiento cada vez mayor de los trabajadores. Para ellos, la correlación de fuerzas ideal es la desgracia que fueron los años de gobierno petista con el país estable y con una lucha de clases no tan exacerbada.

La conclusión es que el Brasil cambió mucho en estos cinco años. La izquierda reformista también, ¡solo que para peor! Frente a un país más polarizado social y políticamente, con una radicalización latente de los trabajadores, el PSOL da un giro a la derecha y, si ya fue oposición de izquierda al gobierno del PT, hoy capitula a este partido. Pasó a integrar el mismo bloque burgués de colaboración de clases. Intentan transformar la derrota de las organizaciones de izquierda burocráticas y reformistas que gobernaron con los capitalistas en derrota de las masas y justificación para su capitulación.

Los vientos de junio aún soplan. El escenario abierto desde entonces no se cerró. La disputa aún está en curso. Las placas tectónicas de las clases sociales y de la reorganización política siguen moviéndose a ritmos diferenciados. Reducir la situación actual a una onda conservadora o la lucha contra un supuesto golpe y en defensa del PT es condenar a los trabajadores a no construir una alternativa revolucionaria y socialista para el país.

Traducción: Natalia Estrada.