Compartir

“Desde el punto de vista de una formación económica superior de la sociedad, la propiedad privada de ciertos individuos sobre el globo terrestre parecerá tan absurda como la propiedad privada de un ser humano sobre otro ser humano. Incluso una sociedad entera, una nación, así como todas las sociedades cohesivas en conjunto no son propietarias de la Tierra. Son apenas poseedoras, usufructuarias de ella, y como boni patris familias deben legarla mejorada a las generaciones posteriores” (Karl Marx, El Capital).“Si la naturaleza fuese un banco, ya habría sido salvada” (Eduardo Galeano).

Por: Jeferson Choma

Entre los días 20 y 27 de setiembre va a ocurrir la jornada mundial contra los cambios climáticos. Se realizarán varias actividades y protestas socioambientales, en respuesta a la destrucción del medio ambiente, el calentamiento global y los ataques concretos realizados por los gobiernos capitalistas en todo el mundo, pero también contra Bolsonaro y su política devastadora.

No faltan motivos para ir a las calles. La crisis climática es innegable y con consecuencias drásticas para la humanidad. Por el mundo, los sucesivos gobiernos y multinacionales demuestran que el capitalismo destruye el planeta, pues para ellos los lucros están por encima de todo.

En el Brasil, a inicios de este año asistimos atónitos a la ruptura de una represa de la minera Vale en Brumadinho [Minas Gerais]. Casi 400 personas murieron, villas, plantaciones y ríos fueron destruidos y contaminados por la lama tóxica. En agosto, el humo de las quemas de la selva amazónica llegó hasta las ciudades del Sudeste y Sur del país, en un alerta dramático sobre lo que pasa en la mayor selva tropical del mundo.

Los incendios continúan consumiendo la Amazonia y otros biomas como la Mata Atlántica, el Cerrado y el Pantanal. Mientras tanto, el gobierno Bolsonaro desmonta toda la estructura de fiscalización ambiental del país, intenta callar al INPE, órgano que monitorea el desmonte amazónico, e incentiva la invasión de tierras indígenas y unidades de conservación.

Lamentablemente, para muchos, la lucha contra la destrucción del medio ambiente todavía parece ser algo muy abstracto y distante de su realidad. Pero ese es un peligroso engaño. La destrucción de la naturaleza por el capitalismo tiene que ver directamente con la sobrevivencia de la humanidad. Los cambios climáticos pueden disminuir la producción de alimentos, la disponibilidad de agua, el surgimiento de nuevas enfermedades y epidemias, y forzar a la migración de millones de personas. Estamos realmente al borde de un colapso ecológico de consecuencias profundas para toda la civilización.

Cambios climáticos son bien reales

Hay indicios científicos muy fuertes que atestiguan el calentamiento global. No se trata de una opinión de un grupo de personas sino de mediciones científicas serias y de observaciones concretas realizadas por investigadores e importantes institutos científicos que fortalecen la hipótesis de que el planeta se está calentando.

Nuestro planeta es como un sistema vivo, donde los componentes físicos de la Tierra (atmósfera, criosfera[1], hidrosfera y litosfera) son íntimamente integrados y forman un complejo sistema que mantiene las condiciones climáticas y de vida. Si, por ejemplo, hubiese más oxígeno presente en la Tierra, la vida sería bien diferente a como la conocemos, y muy probablemente no habría humanos caminando por la corteza [terrestre]. Si prácticamente no existiesen gases como el dióxido de carbono (CO2) o el gas metano (CH4) la Tierra ciertamente sería mucho más fría y tendría su superficie casi totalmente cubierta de hielo.

Los llamados gases de efecto invernadero (como el CO2 y el CH4) funcionan como un cobertor que mantiene el calentamiento térmico de la Tierra, esencial para hacer que el planeta tenga condiciones ideales para la sobrevivencia de los seres vivos. No obstante, como los gráficos abajo muestran, hay un aumento de las emisiones de CO2 desde la Revolución Industrial, que promovió el aumento de la temperatura del planeta. Fue a partir de esa época que el capitalismo utilizó en larga escala los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) para mover su industria y construir su civilización.

Una de las evidencias es el derretimiento de glaciares, que es medido científicamente por institutos de investigaciones (vea el gráfico). Pero ya existen evidencias bien concretas para mucha gente. En la Cordillera de los Andes, por ejemplo, comunidades indígenas y campesinas del Perú y de Bolivia sufren ya con la desaparición de hielos que son esenciales para el abastecimiento de agua para esas comunidades. Picos nevados como el Chacaltaya (Bolivia) y el Kilimanjaro (Tanzania) prácticamente perdieron sus espesas camadas de nieve que otrora los cubrían.

Lea también  Portugal | en las luchas y en las elecciones, ¿cuál es la salida para la crisis climática?

Correlación entre el aumento de la temperatura con mayor emisión de CO2 en la atmósfera entre 1880 y los días de hoy. Fuente: IPCC.

Otra evidencia viene de los océanos, que son los mayores sumideros de CO2: absorben un tercio del total. Pero el exceso de este gas ha llevado a un proceso de acidificación que puede acabar con los corales, base de toda la vida marina. Su calentamiento también significa el cambio de un complejo sistema de corrientes que son fundamentales para mantener el clima tal como lo conocemos. Las corrientes oceánicas distribuyen el calor de las latitudes más bajas hacia las más altas, como es el ejemplo de la Corriente del Golfo que ha registrado menor velocidad. Además, el calentamiento de los océanos provoca el deshielo de los casquetes polares y la elevación de los océanos, amenazando las ciudades costeras.

¿Un proceso natural?

 Pero, ¿la elevación de la presencia de CO2 no sería algo natural, independiente de la acción humana? De hecho, una mayor emisión de CO2 puede ocurrir de forma natural, por ejemplo con el aumento de las actividades de los volcanes. Pero no es esto lo que ocurrió en los últimos 150 años, pues las actividades volcánicas de este período son consideradas pequeñas e insuficientes para alterar el clima del planeta.

Incluso, según los científicos, desde la segunda mitad del siglo XX se registraron las mayores temperaturas de los últimos 11.000 años, o sea, durante toda la época geológica del Holoceno.

Como puede verse en los gráficos, el aumento de las emisiones de CO2 y el aumento de la temperatura se correlacionan con el inicio de la Revolución Industrial y, posteriormente, con la expansión de la industria y la urbanización ocurridas pos Segunda Guerra Mundial (salto de 300ppm de CO2 en 1940 a casi 380ppm en los días de hoy).

Por todo esto, los cambios climáticos son una realidad para más de 90% de los científicos. Y estos son producto de la acción humana en los últimos 150 años. Más precisamente, del sistema capitalista y de la quema de combustibles fósiles para mover su industria.

Capitalismo y destrucción del medio ambiente

Los cambios climáticos son solo uno de los problemas ambientales que el capitalismo produce, que se suman a la depredación y la destrucción de grandes territorios en manos de empresas de energía, mineras y madereras, a la enorme contaminación de ríos y mares, y a la urbanización salvaje de áreas enteras.

El capitalismo es totalmente insostenible desde el punto de vista ambiental. El ciclo de producción del capital es guiado por la necesidad de ganancia, del consumo más rápido y cada vez mayor de recursos naturales. Eso lleva a la depredación de la naturaleza, pues la apropiación continua de los recursos simplemente no es compatible con el tiempo necesario para la recomposición de los ciclos naturales. Ese desequilibrio es llamado por Marx “falla metabólica”. La idea es simple. En todas las sociedades humanas existe una interacción entre el trabajo humano y la naturaleza modificada por él, lo que resulta en un intercambio de energía y materiales entre los seres humanos y su medio ambiente natural, condición necesaria para la existencia de la civilización. Otras civilizaciones del pasado mantenían esa relación más o menos equilibrada. Pero en el capitalismo no fue así. Según Marx, “destruyendo las circunstancias de ese metabolismo, ella [la producción capitalista] impide su restauración sistemática como una ley reguladora de la producción social, de manera apropiada al pleno desarrollo de la raza humana”.

Todo desarrollo técnico en la agricultura para aumentar la fertilidad del suelo, ejemplifica Marx, significa más adelante la ruina de las fuentes naturales de esa fertilidad. Esa explotación de la naturaleza camina junto con la explotación del trabajador: “La producción capitalista, en consecuencia, solo desarrolla la técnica y el grado de combinación del proceso social de producción solapando simultáneamente las fuentes originales de toda riqueza: el suelo y el trabajador”, explica Marx en El Capital.

Ni las mejoras tecnológicas en el capitalismo son una solución. Cuando una empresa capitalista obtiene mayor eficiencia, ella la utiliza para producir cantidades más baratas y mayores, para maximizar sus ganancias. Eso significa mayor explotación de la naturaleza y de los trabajadores.

Lea también  Derrame continúa y Bolsonaro no hace nada

El capitalismo nunca va a dejar de ganar más por consumir menor recursos. Si una empresa capitalista hace eso simplemente es devorada por otra empresa que usaría rápidamente la mejora para apartarla del mercado.

Por eso, soluciones reformistas para resolver la crisis ambiental está destinadas al fracaso. Eso explica también el fracaso de todos los acuerdos ambientales internacionales que visan la disminución de CO2 para contener el calentamiento global. Los dirigentes de 195 países siquiera consiguen contener el aumento de la temperatura media del planeta a menos de 2°C hasta 2100, como prevé el Acuerdo de París.

Una Nueva Era

Además, los cambios climáticos están muy lejos de ser un tipo de ‘teoría de la conspiración’. Muchos científicos han adoptado el concepto de ‘antropoceno’, o sea, la definición de una nueva era geológica que enfatiza el papel del ser humano en la transformación del mundo biofísico y en el origen de los problemas ambientales globales. La Comisión Internacional de Estratigrafía, organismo de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas, ha estudiado los criterios para la definición de esta nueva época de la Tierra. La decisión final será tomada en 2020, durante el Congreso Internacional de Geología en Nueva Delhi, India.

No obstante, ese concepto parece limitado, por ignorar el papel central de las relaciones de poder, la explotación y las desigualdades sociales producidas por el sistema capitalista. Como se ve en los gráficos, los cambios climáticos están relacionados a la mayor emisión de CO2, justamente en el período del capitalismo industrial. En ese sentido, es más preciso el concepto de “Capitaloceno” como proponen algunos investigadores marxistas, considerando que la acción humana es siempre determinada por relaciones políticas y económicas en el contexto del capitalismo global.

Bolsonaro y Trump niegan el calentamiento global

Donald Trump es conocido por negar la existencia del calentamiento global, a despecho de todas las pesquisas realizadas por institutos de investigación de los Estados Unidos como la Nasa, el Noaa y hasta el Departamento de Agricultura de su país (DAEU, en inglés). Pero, ¿qué esperar de un presidente que defiende el movimiento antivacuna en su país?

La verdad, lo que Trump quiere esconder con su discurso es el hecho de que Estados Unidos es, al lado de China, el mayor emisor de CO2 del mundo. Disminuir las emisiones significa simplemente menos ganancias para las empresas norteamericanas. Por otro lado, Trump es aliado de la industria petrolera y por eso decidió abrir el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico, en Alaska, a los exploradores de petróleo y gas.

Bolsonaro sigue a su maestro. Por eso, integrantes del gobierno también niegan el calentamiento global, como lo hacen sus hijos y el diplomático Ernesto Araújo. Recientemente, el diplomático dijo que los datos divulgados por el satélite con relación al aumento de las quemas en la Amazonia no diferencian “hogueras de campamento” de “grandes incendios”.

Si en Estados Unidos la mayor emisión de CO2 tiene como origen la industria, en el Brasil más de 70% de las emisiones de este gas está relacionado a las quemas, aberturas de pastoreo y cría extensiva de ganado (46% del desmonte, seguido por 24% de emisiones de las actividades agropecuarias). Esto es una muestra más del carácter colonial de la economía brasileña.

Lea también  La ola es rebelión

El gobierno de Bolsonaro niega el calentamiento global para transformar la Amazonia en pasto y área de minería de las multinacionales. Su nacionalismo fake news esconde su objetivo mayor, ya dicho por él otras veces: transformar el país en una colonia de Trump y abrir la Amazonia para la explotación norteamericana.

Socialismo y medio ambiente

La lucha en defensa del agua, de los suelos y de los sistemas ecológicos precisa estar acompañada por la estrategia de superar el sistema capitalista y apuntar hacia la construcción de una sociedad socialista, en la que la clase trabajadora tenga el poder político y económico.

Decir que la culpa de la situación actual es del “comportamiento humano” en general, o fundamentalmente de los hábitos de consumo individual, es enmascarar la realidad. El cambio climático tiene responsables con nombre y apellido. Apenas 100 grandes empresas son responsables por 70% de las emisiones globales desde 1988, según el Climate Accountability Institute.

El capitalismo crea un modo de vida a fin de maximizar el uso de bienes y de factores productivos, lo cual repercute en la disposición de medios de vida. Crea padrones de consumo para que se vendan mercaderías. Cambios individuales de consumo son insuficientes y no van a alterar el sistema. Cambios del modo de vida y de los hábitos solo son realizables cuando cambian totalmente las relaciones sociales.

La lucha por el medio ambiente es una lucha por la superación del capitalismo y por la construcción de una sociedad socialista que ponga fin a la explotación irracional y de pillaje del planeta. Una sociedad socialista, basada en la propiedad social de los medios de producción, que promueva una revolución de las fuerzas productivas, o sea, que avance en la creación de nuevas tecnologías volcadas para el bienestar de la humanidad y que realice una planificación económica que pueda restaurar la unidad de los humanos con la naturaleza.

En las palabras de Engels: “Los hechos nos recuerdan a cada paso que no reinamos sobre la Naturaleza como un conquistador reina sobre un pueblo extranjero, o sea, como alguien que está fuera de la Naturaleza, sino que pertenecemos a ella (…) todo nuestro dominio sobre ella reside en la ventaja que poseemos, sobre otras criaturas, de conocer sus leyes y de poder usar ese conocimiento juiciosamente (…). Cuanto más avanza ese conocimiento, más los hombres no solo se sentirán sino sabrán que hacen parte de una unidad con la naturaleza, y más se volverá insostenible la idea absurda y contranatural de oposición entre espíritu y materia, entre hombre y Naturaleza” (La Dialéctica de la Naturaleza).

Nota:

[1] La criosfera, de acuerdo con algunos científicos, forma parte de las cinco esferas en que dividen la Tierra, y está constituida por regiones de hielos permanentes y nieve y partes del suelo que contienen hielo. La otra esfera, la quinta, sería la biosfera, ndt.

Artículo original en portugués, publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.