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Ya no es novedad la militancia por Israel del diputado federal Jean Wyllys (PSOl-RJ). A partir de su providencial viaje en enero de 2016 para participar de la conferencia en la Universidad Hebraica de Jerusalén –una de las instituciones cómplices del apartheid institucionalizado a que están sometidos los palestinos–, se tornó eximio portavoz de la ideología propagada por los sionistas “de izquierda” afiliados a su partido.

Por: Soraya Misleh

Como figura pública también de esa ala del PSOL, nuevamente lanza ataques y recupera la vieja conocida acusación de “antisemitismo en la izquierda” para silenciar las críticas a Israel y el llamado a la campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS), instrumento central de la solidaridad internacional al pueblo palestino.

Esta vez, en respuesta a la resolución de la Ejecutiva Nacional del PSOL, aprobada en su 6° Congreso Nacional, en el mes de diciembre de 2017, en San Pablo, que puede ser leída aquí. Como es de esperar, el sionismo de “izquierda” no quedó feliz incluso con la cuidada redacción, que no explicita la solución para la cuestión –uno o dos Estados– y al final se pone contra cualquier tipo de discriminación, incluso antisemitismo. Punto neurálgico es el apoyo expresado en la resolución al movimiento BDS y sus campañas. La eficacia de la iniciativa ha llevado a sionistas a descalificarla y considerarla una amenaza. Su “ala izquierda” sigue en esa dirección, mientras la “derecha” opta por la criminalización directa.

Con la arrogancia que le es particular, Jean Wyllys contraataca en dos notas en su Facebook y debates posteriores, incluso con sus correligionarios –entre ellos, Glenn Greenwald, que gusta de proclamarse “hombre gay y judío” (confiera aquí). En esencia, el parlamentario habla de “discursos de odio”, intenta confundir “antisemitismo” con “antisionismo”, califica la resistencia palestina como terrorista y utiliza la táctica diversionista de intentar desviar la atención de los crímenes de Israel hablando de la “situación de los derechos humanos en la mayoría de los países de la región”. Tampoco tiene vergüenza de defender a Israel como “la única democracia de la región”– que, como otras, por lo tanto, enfrentaría problemas con las políticas gubernamentales. Utiliza retórica antiopresiones en esa defensa, cegándose para el hecho de que tal Estado instrumenta esas luchas justas para encubrir sus crímenes contra la humanidad y la naturaleza racista. Ignora la existencia de movimientos feministas y LGBTs árabes que sí luchan contra la opresión y la ocupación –y están en la línea de frente en el llamado por el BDS a Israel. Así, pone sobre el tapete la representación, que es parte de la ideología sionista desde su inicio, de que Israel sería la civilización en medio de la barbarie, asociado, de este modo, al dicho “Occidente”. Y proclama la máxima contra la resolución: “¡No en nuestro nombre!” Consigna que consta de texto de su asesor en la cuestión, el sionista de “izquierda” Bruno Bimbi, secretario de Comunicación de la Ejecutiva estadual del PSOL-RJ– Jean Wyllys incluso cita en su primera nota un artículo de autoría suya sobre el tema, con el cual dice estar de acuerdo.

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Bajo el manto de la izquierda, el parlamentario fluminense se porta como los colonizadores de turno, que insisten en decir que son solidarios, pero desde que sea como piensan que es lo mejor para aquella población inferior. Con esa postura, rechazó y rechaza la apelación palestina por el BDS, y no la de los sionistas de “izquierda”.

En su tristemente célebre viaje, Jean Wyllys, que gusta de pronunciarse un activista de derechos humanos, estaba tan entremetido en cumplir esa agenda que ni siquiera notó la expulsión y las demoliciones de casas por Israel, en curso en la aldea palestina de Al-Essawiya, del otro lado de la calle en la que se encuentra la Universidad Hebraica de Jerusalén.

El sionismo de “izquierda”, por ser menos explícito, es más difícil de desenmascarar. En su repertorio, están presentes expresiones como “paz”, “diálogo”, “democracia”, “derechos humanos”. Hábilmente, se insertó en el PSOL –una esquizofrenia en la izquierda, que lamentablemente no es exclusividad de ese partido. Vimos eso en otros, entre ellos el PT, desde los viejos tiempos. Un ejemplo (no el único) es el militante histórico del Partido de los Trabajadores, ex gobernador de Bahia y ex ministro de la Casa Civil, Jacques Wagner, que era de la Juventud Sionista.

Aparentemente, el PSOL aprendió bien con el PT cómo ser un partido electoral a cualquier costo. Bajo esa óptica preponderante, a despecho de la bienvenida resolución, el PSOL no ha demostrado disposición para dar el necesario paso adelante: expulsar a los sionistas de “izquierda”.

Falsos profetas de la paz

Históricamente, la “izquierda” sionista estuvo tan alineada con el proyecto de colonización de Palestina como la derecha. Su raíz está en el llamado “sionismo laborista”, constituido al inicio de la colonización, a finales del siglo XIX e inicios del XX. Mientras reivindicaban la aspiración de principios socialistas cultivando deliberadamente esa falsa idea, los laboristas en la época demostraban en sus diarios su intención no declarada, de modo de consolidar su proyecto de constitución de un Estado homogéneo: asegurar la “transferencia” de los habitantes nativos árabes no judíos (que eran mayoría) para fuera de sus tierras –un eufemismo para limpieza étnica– y la inmigración de judíos venidos de Europa para colonizar Palestina.

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Independientemente de autodenominarse de “izquierda”, de “centro” o de “derecha”, el sionismo visaba la conquista de la tierra y del trabajo, que sería exclusivo de los judíos. Para eso, la central sindical israelí Histadrut –aún existente y base del Estado colonial, propietaria de empresas que explotan a palestinos– tuvo un papel central, y su fortalecimiento es defendido por sionistas de “izquierda”. En otras palabras, la diferencia entre los laboristas y los revisionistas (como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu) es que los últimos eran –y continúan siendo– más débiles.

El único partido que hoy se autodenomina sionista de izquierda es el Meretz, creado en los años 1990. Como enseña Ilan Pappé en La historia moderna de Palestina, el nuevo grupo de “palomas programáticas” surgió de la fusión del “movimiento de derechos civiles de Shulamoit Aloni, un partido liberal de línea dura llamado Shinui (“mudanza” – cambio) y el partido socialista Mapam”. El autor agrega: “Pragmatismo en este caso significaba una veneración típicamente israelí de seguridad y disuasión, no un juicio de valor sobre la paz como concepto preferido, ni simpatía por el problema del otro lado del conflicto, ni reconocimiento de su propio papel en la creación del problema”.

La “izquierda” sionista apoyó la invasión de Israel al Líbano en 2006 y ofensivas siguientes en Gaza, a excepción de la operación terrestre en 2014. Su alegación es que no abren mano del derecho de “defensa” de Israel.

Levantándose a favor de la paz, la “izquierda’ sionista intenta apagar o justificar la Nakba. Racionaliza la afirmación de la naturaleza democrática de un estado judío y defiende la lógica de “separados, pero iguales”. La “solución” que pregonan, de dos estados, se tornó inviable frente a la expansión continua de la colonización, cuya cara más agresiva son los asentamientos, los cuales no solo no cesaron durante los sucesivos gobiernos laboristas (en el poder incluso en 1967, cuando Israel ocupó militarmente el resto de Palestina), como fueron impulsados por ellos. Buena parte de la izquierda mundial defiende, sin embargo, esa “solución”.

Hoy, pensar en esa propuesta sería semejante a legitimar el régimen institucionalizado de apartheid, con un Estado dividido en bantustanes, sin ninguna autonomía, en menos de 20% del territorio histórico de Palestina. Si esa “solución” hoy está enterrada, como reconocen especialistas en el tema, desde siempre es injusta, por no contemplar la totalidad del pueblo palestino, sino solamente a los que residen en Cisjordania y Gaza –la mayoría no vive allí, sino fuera de sus tierras.

Son cinco millones en campos de refugiados y millares en la diáspora. Hay incluso 1,5 millones en lo que es hoy Israel, considerados ciudadanos de segunda o tercera clase, sometidos a más de sesenta leyes racistas.

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Defendidas e impulsadas por la “izquierda” sionista, las innumerables negociaciones fracasaron no en vano: en ninguna, la pretensión era poner fin a la colonización de tierras y asegurar justicia a los palestinos. Los acuerdos de Oslo, firmados en 1993, mediante la rendición de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) a Israel, profundizaron el apartheid y la ocupación.

Al insistir en ese “diálogo”, Jean Wyllys se coloca contra el BDS, afirmando que es un obstáculo para eso e invierte, así, el cuadro. Simultáneamente, expresa en su página en Facebook el repudio a la absurda intervención federal en Rio de Janeiro, anunciada ahora por Michel Temer. El mensaje claro al parlamentario es que falta coherencia ahí: las armas en manos del Ejército y los policías que promueven un genocidio cotidiano de pobres y negros en las comunidades fluminenses –así como en las periferias de todo el Brasil– llegan también como parte de los acuerdos gubernamentales con Israel.

Mientras Jean Wyllys se coloca contra el BDS, ese movimiento reivindica la ruptura de esos acuerdos. Por lo tanto, se posiciona contra la complicidad israelí con el derramamiento de sangre también en los morros de Rio de Janeiro, bajo la retórica del Estado brasileño de preservación y garantía de “seguridad”– igualmente usada por el sionismo como un todo en relación con los palestinos. “¡No en nuestro nombre!”

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Las lecciones de la Revolución Rusa y la lucha por Palestina libre.

Sionismo y limpieza étnica del pueblo palestino.

Disponibles en www.pstu.org.br y en www.litci.org/

Traducción: Natalia Estrada.