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Desde el inicio del gobierno Bolsonaro diversos sectores de izquierda vienen proponiendo un frente amplio en defensa del Estado de Derecho.

Por: Bernardo Cerdeira

En el número anterior de Opinião Socialista (n.° 578) polemizamos con el programa de defensa del Estado de Derecho y explicamos que defendemos las libertades democráticas, que son conquistas de los trabajadores y del pueblo todo, pero no apoyamos la democracia burguesa personificada en el llamado Estado de Derecho (lea aquí).

En este artículo queremos discutir el carácter de ese frente amplio y por qué consideramos ese proyecto un retroceso.

La idea de un frente amplio en defensa del Estado de Derecho, defendida por sus proponentes, es la de una alianza de clases entre partidos de izquierda reformistas, organizaciones del movimiento sindical y popular, y sectores dichos “progresistas” de la burguesía.

Este frente amplio no pretende esconder que prepara una alianza electoral para 2020, con el objetivo de transformarse después en la tentativa de retomar el gobierno del país en 2022 y repetir, de forma maquillada, los gobiernos del PT en alianza con partidos de derecha.

No es en vano que el programa de ese frente es la defensa del Estado de Derecho, esto es, la defensa del Estado burgués con algunas reformas que, en teoría, promuevan una mejor distribución de renta. Es un programa aceptable por esos sectores burgueses “progresistas”.

La mayoría de las personas con seguridad se preguntará: ¿qué tiene eso de malo? No sería un avance tener una mejor distribución de renta, principalmente en la situación actual de desempleo, ataques del gobierno a nuestros derechos democráticos y laborales, y caída de la renta media de las familias?

El problema es que esos gobiernos no resolvieron la penuria de la clase trabajadora y el pueblo pobre. El sistema capitalista no puede permitir una distribución de renta sostenible. Como es un sistema basado en la necesidad de tasas de ganancia crecientes, obliga a la burguesía a concentrar capitales para sobrevivir a la competencia. Eso solo se hace a costa de una explotación cada vez mayor de los trabajadores.

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Por eso, un frente amplio con un programa reformista no ataca ni resuelve los problemas fundamentales de los trabajadores y oprimidos. Continúa manteniendo y garantizando la existencia del capitalismo como un régimen de explotación.

Pero, muchos pueden decir incluso, ¿y de ahí? Por lo menos vamos a tener algunas mejoras durante algún tiempo. Lamentablemente, no es así. Ese período de pequeñas mejoras prepara una desgracia mucho mayor.

Eso ocurre porque las reformas solo pueden ser promovidas en momentos de crecimiento económico, como se dio durante los gobiernos de Lula. Pero, el capitalismo es un sistema que sufre crisis llamadas cíclicas, inevitables porque es un sistema de crecimiento sin control, anárquico, basado en la propiedad individual, en que cada burgués compite con los demás.

Cuando hay superproducción de mercaderías, la tasa de ganancia cae y sobrevienen las crisis. Cuando eso ocurre, la burguesía no solo elimina las reformas, sino que aprovecha la situación para rebajar salarios y quitar todos los derechos para poder elevar sus ganancias cuando la economía vuelva a crecer.

Eso es lo que está ocurriendo ahora en el Brasil. No solo el desempleo aumenta y se rebajan los salarios, sino que la burguesía aprovecha también la situación para quitar derechos laborales, desmontar la previsión social, y generalizar el trabajo tercerizado y precario. La situación es mucho peor.

Pero, no es solo por los ataques económicos que el cuadro empeora. También por la situación política. La alianza con partidos burgueses, incluso los más de derecha, como ocurrió en los gobiernos de Lula y Dilma, trae las peores prácticas de corrupción y degeneración del Estado burgués para los partidos de izquierda reformista y para los sindicatos.

Esa corrupción provoca repudio entre los trabajadores y golpea la credibilidad en sus organizaciones políticas y sindicales y, en último análisis, en su propia capacidad de encontrar una salida a su situación.

Junto con ese descrédito, la acción consciente de los partidos de izquierda reformista que componen esos frentes amplios es responsable por un gran retroceso en la conciencia de la clase trabajadora.

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Para defender el frente amplio y llegar al gobierno, los partidos oportunistas de izquierda convencen a los trabajadores a depositar confianza en el sector burgués supuestamente “bien intencionado”, progresista. Peor aún, los llevan a creer que al votar en gobiernos de alianza con ese sector pueden mejorar su situación social de forma sostenible sin precisar luchar.

Eso es un ilusión total: la clase burguesa como un todo, incluyendo el sector que parece ser más progresista, es enemiga de los trabajadores porque vive de la explotación de su trabajo. Por lo tanto, actúa siempre contra los intereses de la clase trabajadora, principalmente si está en el gobierno.

Esa ilusión en la burguesía progresista es el peor veneno para la clase porque la lleva a confiar en sus mayores enemigos. Con esa política, los partidos reformistas debilitan la confianza de la clase en sí misma, en la fuerza de su propia movilización, anestesiando su capacidad de reacción.

Ese fue el peor crimen de los gobiernos del PT. Hoy vemos desorganización y confusión en la clase trabajadora, que votó a Bolsonaro y no consigue superar la traición y la inacción de las direcciones de las centrales sindicales para derrotar la reforma de la previsión y las reformas laborales. Esa confusión es responsabilidad de los propios partidos que se dicen de izquierda, el PT, el PCdoB, y otros.

Un proyecto de frente amplio que intenta reconstruir la desastrosa alianza de clases que llevó al a crisis de los gobiernos del PT, provocó el repudio de amplios sectores de la clase trabajadora y permitió el ascenso de Bolsonaro al gobierno, no es solo un retroceso. Es un proyecto reaccionario que lleva a los trabajadores al callejón sin salida de la repetición de experiencias fracasadas.

La gran tarea en este momento es construir la conciencia de la necesidad de la movilización y de la organización de la clase obrera y de los sectores populares para luchar contra los ataques del gobierno Bolsonaro, de la burguesía y del imperialismo.

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Eso no significa que no se puedan hacer alianzas puntuales con sectores burgueses, pero en puntos específicos como la defensa de esta o aquella libertad democrática amenazada, tales como la lucha contra la censura o por la libertad de prensa; son acuerdos para alguna movilización concreta, para acciones en común.

Pero, la tarea más importante es reconstruir la confianza de la clase trabajadora en sí misma y en su capacidad de lucha, independiente de la burguesía. Es preciso más que nunca una amplia unidad para luchar. Estamos totalmente a favor de un frente. Pero no un frente amplio con sectores burgueses, que condicione y amarre el movimiento a un programa burgués, y sí un frente único formado por las organizaciones de la clase trabajadora y de los sectores populares para luchar en defensa de sus derechos y de las libertades democráticas.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.