Compartir

Estamos viviendo una pandemia mundial con, en este momento, más de 1 millón de personas infectadas en todo el mundo, de acuerdo con datos oficiales. La última pandemia de este nivel fue en 1918, fue la gripe española; ni nuestros abuelos por más ancianos que sean vivieron una cosa así. Y esto, seguramente afecta a la juventud de muchas formas.

Por Marina Cintra, del movimiento Rebeldía – Juventud de la Revolución Socialista

Los jóvenes no son considerados como del grupo de riesgo. Sin embargo, los datos en todo el mundo y en Brasil señalan casos de muertes de jóvenes sin anteriores problemas de salud. Además, la enfermedad puede ser más peligrosa para los que poseen algún otro tipo de problema, como, por ejemplo, enfermedades respiratorias.

Esta pandemia nos hunde en la incertidumbre en relación al presente y al futuro. En el presente porque tememos por nuestros familiares, el trabajo y los ingresos, pues, con el argumento de que el virus solo afecta a los mayores y afectaría a la juventud nada más que con una “gripecita”, la lógica es arrojar a la juventud a la contaminación, lo que va contra todas las orientaciones de salud. Y en el futuro las perspectivas están cada día peor: sin educación, sin trabajo y sin derecho a la salud y a la vida. Esto también nos hace crecer la rabia, incluso porque aquí, Bolsonaro cada día que pasa toma una medida   distinta para atacar nuestros derechos y nuestra vida. En este texto queremos discutir el fracaso del sistema capitalista, además de pensar qué salida debemos tomar frente a esa perspectiva a que el capitalismo en bancarrota nos somete.

Queda patente que la vida de la juventud y del resto de los trabajadores más pobre no vale nada en este sistema. En la televisión, las propagandas como la de Santander, la de Natura y la de los gobiernos dicen que estamos todos en el mismo barco, pero la realidad es que en tiempos de pandemia queda expuesto el abismo social producido por el capitalismo.

En el caso de la juventud esta desigualdad también se hace evidente. Los hijos de los grandes empresarios y gobernantes van a poder quedarse de cuarentena sin preocuparse con el trabajo o con la educación, en la escuela o en la facultad, porque acceden a todo tipo de tecnología y pueden usar el tiempo de la cuarentena para hacer cursos, quedarse descansando, etc. Además de que, evidentemente, tienen una atención médica en caso de que se enfermen mucho mejor que la mayor parte de la población. Esos jóvenes tienen el futuro garantizado en la palma de la mano.

Lea también  El coronavirus deja al descubierto la lógica genocida del sistema carcelario en el Brasil

Ahora, para el resto de la juventud y del pueblo, es completamente distinto. En el aspecto educación, la propuesta del gobierno es ofrecer clases a distancia (EAD), esto ya muestra que no estamos todos en el mismo barco porque parte de la juventud de las escuelas y universidades no tiene Internet o recursos y condiciones para lograr participar de las clases online; o sea, parte de los estudiantes van a perder sus estudios. Una segunda cuestión importante es que una parte significativa no tiene derecho a la cuarentena, pues sus lugares de trabajo se mantienen abiertos. Es el caso del telemarketing y otros establecimientos de servicios no esenciales que siguen funcionado. Estos servicios siguen abiertos para garantizar la ganancia de esas empresas, que es mucho más importante y está antes que la salud de los trabajadores. ¡Y muchas veces ni proveen lo mínimo para garantizar la higiene! En los telemarketings la situación es que todos están en un mismo espacio cerrado, sin poder ir al baño cuando lo necesitan, a veces sin alcohol en gel, trabajando 6 horas sin parar, sin ganar por insalubridad, ni nada. Exponen al riesgo de infección a millares de jóvenes, -con la consecuente expansión del contagio – para garantizar la ganancia de los dueños de las empresas.

En este período de la pandemia también comenzaron a despedir centenas de trabajadores, como en el caso de Burguer King y de Cinemark, dejándolos a su propia suerte en este momento difícil. Los trabajadores de aplicaciones como Uber y Ifood, están constantemente expuestos al virus y no reciben ninguna ayuda de la empresa abandonándolos a que cada uno se valga por sí mismo. La juventud empleada en los supermercados está trabajando el doble, sin cobrar más, sin cobrar insalubridad y en muchas comercios sin acceso ni siquiera a alcohol em gel y barbijos. Los estudiantes de muchas universidades federales están sin cobrar las becas de permanencia en este período y los que dependen de las viviendas estudiantiles están en situación de insalubridad total, a veces sin agua y sin gas.

Los dueños de empresas como Junior Duski, de la red de restaurantes Madero, dijo lo siguiente: “las consecuencias económicas van a ser mucho mayores que las personas que van a morir con el coronavirus”. Luciano, dueño de Havan, dijo: “yo le dije al personal hoy, nosotros vamos a agarrarnos una gripe ¡y no vamos a tener problemas! Me va a sobrar dinero y entonces me voy a la playa.”  Es un insulto escuchar cosas como estas, pues estos empresarios tendrían cómo tratarse en caso de enfermarse, tendrían los mejores hospitales y médicos. Estos empresarios no tienen miedo a quedarse sin dinero a fin de mes por la cuarentena, tampoco a perder sus trabajos. ¡Pero la mayoría de la población sí! La mayor parte de la juventud trabajadora sí tiene mucho que perder. En los barrios, una parte de la población no tiene acceso a agua y red cloacal; y esos capitalistas tienen la cara dura de decirnos eso. ¡Es indignante!

Lea también  Ni han prohibido los despidos, ni los ERTES salvan puestos de trabajo. ¡Nissan nacionalización!

Es muy curioso que en estos momentos vemos a los grandes medios y a los gobiernos hablando de solidaridad y de que todos debemos ayudarnos, sin embargo, esas grandes empresas no vacilan un segundo antes de dejarnos sin trabajo.

De estos ejemplos debemos sacar una lección principal: el problema de poner la ganancia por encima de la vida de los jóvenes y de la población no es meramente un aspecto individual de esos dueños de empresas o de los gobiernos. Todo eso es parte del engranaje del sistema capitalista. Es parte del sistema capitalista la concentración de riquezas en manos de pocos y la miseria en manos de muchos. Cuando vivimos una pandemia como ahora, todo se muestra abiertamente. El capitalismo fracasó y es necesario superarlo, y nosotros, los jóvenes debemos ser parte de la construcción de otra sociedad.

No tenemos absolutamente ninguna otra salida, no tenemos nada que perder: ¡debemos organizarnos para derribar este sistema!

Es urgente organizar nuestra Rebeldía contra los gobiernos y el capitalismo

Estamos con mucha bronca por todo lo que pasa, especialmente por la pandemia. Tenemos miedo por nuestros padres, por nuestros abuelos, por nuestro trabajo que está amenazado o con miedo a no tener ningún ingreso en este período. Y tenemos todos los motivos del mundo para tener rabia y odio por esta situación.

No existe ninguna otra forma de cambiar la situación de nuestra vida y del mundo: hay que organizarse para echar abajo a los gobiernos y al capitalismo. ¡Y necesitamos hacerlo urgentemente, pues además de sacarnos los derechos y la vida, el capitalismo está acabando con el medio ambiente! Desde China, pasando por Italia, hasta llegar a Brasil, a Ecuador y a los demás países de Latinoamérica, en todos los lugares la vida de los más pobres vale menos.

Los gobiernos y los capitalistas muestran que no les importa la desocupación, los recortes, el mantenimiento de servicios con tal de mantener sus ganancias. Por eso pensamos que no deben gobernar, que quien debe gobernar es quien construye el mundo, los trabajadores y las trabajadoras. Solo así tendremos una economía y una sociedad volcada a los intereses de la población y no de banqueros que tienen más riqueza que la mitad de la población junta. ¡Esta es la salida!

Lea también  Una crisis más provocada por el virus del capitalismo

Rebeldía es un movimiento que quiere organizar a la juventud para luchar por el conjunto de las demandas de la juventud, desde la lucha por mejorías en la escuela, en la universidad, hasta por la defensa de la salud y de la educación, contra las reformas del gobierno, contra el propio gobierno. Sin embargo, la lucha no puede parar ahí. La juventud debe organizarse para, junto con los trabajadores, hacer la revolución. Y no podemos hacer esto solos. ¡No! Hay una sola forma de hacerlo, que es colectivamente, por eso es necesario organizarse. Queremos construir un mundo socialista, sin explotación y opresión. Muchos jóvenes piensan que lo nuestro es utópico y que no se va a poder, nosotros decimos: la utopía es creer que podemos mejorar nuestra vida dentro del capitalismo. Las revoluciones sucedieron y sucederán a lo largo de la historia y es necesario que seamos parte de eso, como decía el poeta revolucionario Maiakovski: “Los gusanos/las polillas cotidianas roen/carcomen el tiempo. Cabe a la juventud sacudirse la ropa polvorienta/el traje polvoriento de nuestros días”.

Tras esta reflexión sobre el coronavirus, y sobre cómo el capitalismo nos extermina, llamamos a los jóvenes a organizarse con nosotros en el movimiento Rebeldía, a construir un núcleo de Rebeldía en sus lugares de trabajo o estudio. Vengan a dialogar. ¡No tenemos nada que perder, solo un mundo nuevo que ganar!

Traducción: Miriam Dolagaray