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Economía de cuño colonial y entrega a las multinacionales

Acaba de ser publicado el anuario de la revista Exame, con informaciones de todo tipo sobre las 1.000 más grandes empresas de Brasil. Es un documento importante para la clase trabajadora y hacer un rayo X de la economía “brasileña”

Por Nazareno Godeiro

En este artículo trataremos solamente de dos aspectos de la cuestión: la concentración de la producción en manos de las 100 mayores empresas y el control de las multinacionales sobre la economía en Brasil.

El tercer elemento importante, el grado de explotación de los trabajadores brasileños, será motivo de otro artículo reseñando el lanzamiento del Anuario Estadístico de ILAESE: el mapa de la explotación de los trabajadores en Brasil 2017, que será lanzado ahora a inicios de septiembre.

La concentración de la producción de riqueza en las 100 mayores empresas de Brasil

Las 100 mayores empresas facturaron, en el 2016, R$ 2.6 trillones (US$ 834 mil millones), en tanto el PBI (Producto Bruto Interno, que expresa la producción de riqueza en Brasil) llegó a R$ 6.2 trillones (US$ 1.989 mil millones). El gráfico de abajo muestra el peso de esas 100 empresas en relación al PBI:

Es un poder económico tan grande, adquirido por estas 100 grandes empresas que, de cada R$ 10 (US$ 3.21) facturados en Brasil en el 2016, R$ 4 (US$ 1.28) se lo quedaron estas empresas.

Si ellas concentran gran parte de la riqueza del país, lo mismo no ocurre con los empleos. Estas 100 empresas empleaban, en el 2016, solamente 2 millones de trabajadores de los 40 millones de trabajadores formales de Brasil, esto es apenas el 5% de los empleos.

La mayor parte de las empresas son productoras de minerales, alimentos y energía

De estas, 39 empresas son productoras de productos primarios, revelando la recolonización que el país sufre, desde 1990, con el neoliberalismo. Mientras quiebra la industria de alta tecnología, se desarrolla el agro-negocio, la minería y la producción de energía, para alimentar el desarrollo de los países imperialistas que compran productos básicos baratos, industrializan ahí los centros metropolitanos y venden, de regreso, a Brasil con precio caro. Exportamos celulosa a China, que imprime biblias en portugués y vende el producto industrializado más caro. Exportamos petróleo crudo barato e importamos derivados caros.

El imperialismo domina la economía brasileña y modifico la cara de Brasil, que llegó a ser el 4º país industrial del mundo y, ahora, retrocedió a una economía de cuño colonial, como fue en la mayor parte de nuestro pasado.

Volvemos a ser grandes exportadores de alimentos y materias primas.

La mitad de todas las exportaciones brasileñas se concentra en 7 productos básicos: soja, minerales de hierro, petróleo, carne, azúcar, celulosa y café.[1]

Esta recolonización de la economía brasileña fue impuesta por la fuerza, a través del neoliberalismo, con la quiebra de la industria nacional y estatal, en la década de 1990 y su posterior desnacionalización.

La desnacionalización de la economía brasileña

De esas 100 mayores empresas, 45 son multinacionales (por lo tanto 100% extranjeras) y 31 empresas son de capital nacional, asociadas con multinacionales y bancos extranjeros. Apenas 18 empresas privadas del total son 100% de capital nacional.

Este cuadro demuestra que hay un entrelazamiento de capital internacional dominando al capital nacional, que fue tragado y continua siendo tragado en esta crisis profunda que atraviesa Brasil y el mundo.

La privatización de las estatales significó superexplotación y precarización general del empleo. Basta ver que hoy el salario industrial en Brasil es más bajo que el de China y este cambio se dio del 2005 para acá.

La privatización de las estatales significó, también, la desindustrialización relativa de Brasil, en la medida en que Brasil fue reconvertido en una economía de cuño colonial.

La privatización significó la desnacionalización de las empresas y el cambio de las relaciones del capital internacional, que pasó a dominar las ramas principales de la economía brasileña.

Hoy está tan intricada la unión del capital internacional con el nacional, que es muy difícil la existencia de capital nacional de pura sangre. Ahora, con la crisis y la quiebra de empresas (provocadas, también, por los escándalos de la corrupción) las grandes constructoras están vendiendo partes de su patrimonio a multinacionales y bancos extranjeros, y lo mismo está pasando con los exponentes de la burguesía nacional, como Eike Batista.

Las grandes internacionales y fondos de inversión extranjeros dominan el 57% del sistema financiero brasileño. El 53% de las acciones de Itaú/Unibanco son vendidas en las bolsas de valores, con gran peso de accionistas extranjeros. Bradesco tiene el 23% de accionistas extranjeros y el Banco de Brasil vendió el 30% de sus acciones en Bolsas de valores.

Las multinacionales dominan el 70% del agro-negocio y, hasta Petrobrás, tiene el 36% de sus acciones en manos de grandes bancos extranjeros.

La mayor parte de estas empresas multinacionales tienen sus países de origen, sus matrices, que son los países imperialistas: EE.UU., Francia, Alemania, Japón, Inglaterra, Italia y España: estos 5 países tienen 34 de las 45 empresas multinacionales entre las 100 mayores empresas. Esto muestra que el imperialismo es la dominación por la fuerza del poder económico de un puñado de países ricos, dominando más de 190 países semicoloniales y coloniales. También revela que no pasa de un mito que China será el país dominante en el mundo: entre estas 100 grandes empresas analizadas aquí, tiene apenas una empresa china.

Los datos analizados en este artículo demuestran dos cosas:

Brasil está dominado por el capital internacional, esto es, no tenemos soberanía nacional sobre nuestra economía. Por lo tanto, es un mito que Brasil es un país independiente y dueño de su propio nariz.

Que la dominación imperialista de la economía brasileña está atrasando el desarrollo de Brasil. Al revés de desarrollar la industria de punta, estamos regresando a la economía de cuño colonial, que exporta riquezas a los países ricos, dejando la miseria a la clase trabajadora. Basta ver que el promedio de crecimiento económico en Brasil, desde el neoliberalismo, ha caído vertiginosamente, como muestra el gráfico de abajo:

La economía brasileña sólo puede desarrollarse rompiendo con la dominación imperialista sobre Brasil, o sea, realizando una revolución que expulse al imperialismo de Brasil. Por otro lado, la asociación estrecha entre la burguesía nacional con el imperialismo, hace que ella no tenga ningún interés en la lucha contra el imperialismo, al contrario. Sólo la clase trabajadora puede garantizar la segunda y definitiva independencia de nuestro país, a través de una revolución socialista.

Notas:

[1] Fuente: Comex do Brasil – 19/06/2017.

Traducción Laura Sánchez