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El conflicto que enfrenta a los propietarios de camiones (camioneros) y el gobierno de Michel Temer (con paralización y cortes de carreteras contra el aumento del precio del combustible) se ha transformado en el eje de la situación del país. El país marcha hacia una creciente paralización y los camioneros ya obligaron al gobierno a retroceder (por lo menos temporaria y parcialmente) en el aumento de los combustibles y ofrecer otras concesiones. Este impacto del conflicto es consecuencia de que, en Brasil, el 68% de las mercaderías circulan a través de camiones [1].

Por: Alejandro Iturbe

Las grandes empresas de transporte aceptaron la propuesta del gobierno y ya no participan de la protesta. Lo mismo hicieron varias asociaciones nacionales que los agrupan, como la ABCAM. En ese marco, el gobierno comenzó un operativo represivo. Sin embargo, el conflicto continúa impulsado por miles de “camioneros autónomos” (propietarios de 1 o 2 vehículos) que, incluso cuando son desalojados de las carreteras, se mantienen en campamentos al costado de ellas.

El reclamo se ha extendido a otros sectores de pequeños propietarios, como los que realizan transporte escolar y los taxistas. Además, actuó como detonante de una huelga de trabajadores petroleros (que ya habían manifestado su apoyo a los camioneros) contra la privatización de la empresa estatal Petrobrás y su política de precios (la Petrobrás actúa, en la práctica, como una “empresa privada”).

A pesar de los grandes inconvenientes que este conflicto le ocasiona en su ya dura vida cotidiana, la mayoría de la población respalda a los camioneros contra el gobierno: una encuesta realizada en varias ciudades por el Instituto Methodus muestra que casi el 87% de los brasileños apoyaba esa lucha [2].

En ese marco, el ya débil gobierno Temer pende de un hilo y se plantea como una posibilidad real que caiga. Esta realidad ha puesto a los candidatos de los partidos burgueses ante un equilibrio muy difícil: cómo sostener al gobierno y, al mismo tiempo, diferenciarse de él para no chocar con la opinión de sus bases electorales.

También puso a prueba a las organizaciones de izquierda, sus análisis y sus políticas en Brasil. En trazos generales, se definieron tres posiciones. La primera apoya esta lucha contra el gobierno y plantea desarrollarla a través de la incorporación de la clase obrera, sus organizaciones y sus métodos: es la posición que tienen el PSTU, la CSP-Conlutas y la Federación Nacional de Petroleros (FNP).

La segunda es la del PT, la CUT y otras organizaciones (si es que podemos seguir llamándolas de “izquierda”) que optaron por mantener un silencio que acabó siendo cómplice con el gobierno. Ahora el PT se ha dividido entre quienes respaldan la represión a los camioneros, como Rui Costa, gobernador del Estado de Bahia [3] y quienes han comenzado a apoyarlos (como Lindbergh Farias, senador por Rio de Janeiro [4].

La tercera política es “Ni Temer ni camioneros”, como la que expresa el Movimento Revolucionário dos Trabalhadores (MRT, organización brasileña de la corriente internacional Fracción Trotskista, encabezada por el PTS argentino). Si bien la política concreta es la del “Ni-Ni”, el MRT utiliza, en su apoyo, algunos argumentos similares a los del gobierno Temer y aquellos sectores de la prensa burguesa que quieren derrotar a los camioneros y, para ello, quebrar el apoyo de la población.

En este artículo, vamos a abordar este debate con el MRT. No lo hacemos por la influencia que esta organización tiene en el país (bastante escasa por cierto) sino porque expresa con claridad razonamientos y conclusiones equivocadas comunes a gran parte de la izquierda mundial.

¿Qué expresa la lucha de los camioneros para el MRT?

El punto de partida del análisis del MRT es el siguiente: “Los bloqueos de camioneros en esta última semana en todo el país trajeron a la superficie las disputas entre distintas fracciones de la burguesía por partes de los subsidios estatales (que concretamente son parcelas de plusvalía extraída de los trabajadores) para sus ganancias, expresando dos intereses corporativos capitalistas: de un lado, aquellos que se benefician del precio liberado de los combustibles (más alto) y, del otro, sectores que se benefician con el precio subsidiado (más bajo)” [5]. Es decir, desde el punto de vista objetivo, para el MRT se trata solo de una disputa interburguesa en la que no se debe tomar partido.

En esta disputa interburguesa, las concesiones otorgadas por el gobierno a los camioneros se volverán contra los trabajadores y la población: A pesar del discurso demagógico de la dirección de este movimiento, que se decía portadora de la reivindicación de reducción de los combustibles, lo que se comprueba con el acuerdo y con el sentido general del programa que levantan es que el interés se asiente en las necesidades de ganancia de las transportadoras y empresas de logística. Las exenciones de impuestos quitarán recursos profundamente necesarios para cualquier trabajador, como el seguro desempleo y la salud pública… de donde va a salir buena parte del subsidio al combustible para los empresarios y capitalistas del transporte de carga en Brasil” [6].

Este argumento es similar al que usan el gobierno Temer y la red Globo para aislar la lucha de la población. El contenido que transmite el MRT es más o menos el siguiente: “Es una disputa interburguesa, pero en ella, el reclamo de los camioneros es un poco más reaccionario porque golpea directamente a los trabajadores”. ¡Como si la política de combustibles del gobierno Temer no lo hiciera! La balanza del “Ni Ni”, entonces, ya no estaría tan equilibrada.

Un análisis social de los propietarios de camiones

El MRT y otras organizaciones han insistido mucho en que la medida de los camioneros es un “lockout patronal” y no una “huelga”. Para analizar este debate “semántico” (aunque con consecuencias políticas), nos parece necesario analizar socialmente a los propietarios de camiones.

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En 2016, la flota total del país era de 1.434.888 camiones, según un informe de la ANTT (Agencia Nacional de Transportes Terrestres). De ese total, 811.916 pertenecían a “transportadores autónomos” (56,6%); 615.481 a compañías de transporte (42,9%) y 7.591 a cooperativas (0,5%) [7].

El sector de “compañías de transporte” incluye pequeñas empresas con 5 camiones; empresas medias, con algunas decenas o cien camiones; y grandes compañías. Las 10 primeras del ranking poseen flotas que van desde 470 vehículos (Transportes Bertolini Ltda.) hasta 2.335 (Centro Oeste Logística). Dentro de estas grandes empresas, algunas se dedican exclusivamente al transporte y la logística mientras que otras son ramas o subsidiarias de conglomerados empresarios, como la citada Centro Oeste Logística (que pertenece al grupo de bebidas Petrópolis) o JBS Transportes (propiedad del grupo homónimo de frigoríficos).

Los “transportadores autónomos” son 631.960 lo que significa que, en promedio, poseen 1,3 vehículos cada uno, cuyo valor oscila entre 24.000 y 36.000 dólares (aunque algunos modelos pueden costar hasta 60 u 80.000). Un estudio de una revista especializada informa que el 60% de los “camioneros autónomos” no llegó a ingresar a la escuela secundaria, trabaja un promedio de 11,3 horas diarias y tiene ingresos mensuales netos de unos 1.200 dólares (una franja minoritaria de 15%, consigue ingresos que van desde 1.500 a 3.000 dólares mensuales) [8].

Es decir, entre los propietarios de camiones hay sectores de la alta burguesía y otros que son burgueses medios y bajos. Pero la base ampliamente mayoritaria de esta rama de la economía son los “autónomos”, a los que debemos caracterizar como un sector pequeño burgués, que posee un pequeño capital y se auto-explota para obtener una renta promedio similar a los ingresos de un trabajador especializado en los sectores de punta de la industria (y, por lo tanto, un nivel de vida similar).

Es cierto que los sectores burgueses altos y medios alentaron el conflicto e intentan sacar provecho de él, pero la base del paro y de los cortes de carretera fueron claramente los “autónomos”. A tal punto que, luego de que el gobierno hizo las concesiones citadas y las empresas se retiraron, el proceso continúa: se estima que permanecen cerca de 600 puntos de corte (sin contar los campamentos al costado de los caminos) y casi 300.000 “autónomos” siguen en conflicto.

Entonces, aunque se intente apelar a una explicación marxista, calificar esta lucha como una “disputa interburguesa” o un “lockout patronal” es una simplificación completa que lleva a políticas totalmente equivocadas. El centro de esta lucha es un sector pequeño burgués: los “camioneros autónomos”.

El marxismo ha estudiado que, en diferentes circunstancias, los sectores pequeñoburgueses pueden oscilar, en su conciencia y en sus acciones, hacia la derecha (la burguesía) o hacia la izquierda (el movimiento obrero). En el primer caso, debemos combatirlos para derrotarlos, dividirlos o neutralizarlos; en el segundo, debemos apoyar sus acciones y llamar al movimiento obrero a incorporarse (con sus métodos y sus propias reivindicaciones) y así lograr una unidad de lucha contra la burguesía, encabezada por la clase trabajadora.

“Un movimiento a favor de la intervención militar”

Para establecer una política revolucionaria, la clave es definir si este conflicto de los camioneros es progresivo o reaccionario. Hemos visto que, para el MRT, se trata de un conflicto impulsado por un sector de la gran burguesía contra otro, que habría arrastrado tras de sí a un sector pequeño-burgués.

Esta caracterización “estructural” de un conflicto “reaccionario” se profundiza aún más en el análisis político: “La traición de la CUT y del PT abre espacio para que la derecha capitalice el descontento popular. Es esto lo que permite que sean sectores patronales los que aparezcan como quienes dan respuesta a la crisis en el país, impulsando bloqueos de camioneros que levantan la figura de Bolsonaro y reivindican la intervención militar (…) Frente a toda esta situación es preciso decir abiertamente que este movimiento de camioneros se muestra más como un movimiento de carácter reaccionario” [9]. Por fuera de “la traición de la CUT y el PT”, este análisis, supuestamente “marxista”, acumula una cantidad compacta de errores y confusiones.

Los errores comienzan con la definición de la “onda reaccionaria” y la “derechización” de la situación política que, según el MRT, caracterizan la situación política brasileña desde hace unos años y que se habría expresado en el impeachment (destitución) parlamentario de Dilma Rousseff y su reemplazo por Michel Temer en 2016. El MRT, como la mayoría de la izquierda brasileña, caracterizó este hecho como “golpe” y al gobierno Temer como “golpista”, con el que la derecha burguesa accedía al poder. Diversos artículos publicados en las páginas del PSTU y la LIT han debatido contra esta visión de la realidad brasileña.

Ahora, el MRT considera que Bolsonaro expresa un sector de la burguesía que quiere dar “un golpe al golpe”, y logró el apoyo de sectores pequeñoburgueses y de masas para esa política de reemplazar el gobierno Temer y el régimen político actual a través de la “intervención militar”. La situación política estaría tan “derechizada” que las alternativas de la realidad son entre un “gobierno golpista civil” y una dictadura militar clásica (el movimiento de camioneros sería una jugada de esta última opción). Estaríamos atrapados, entonces, entre la “derecha” y la “extrema derecha”. Aunque el MRT no se anima a avanzar tanto, esta opción de “golpe blando” versus “golpe duro”, no habiendo otra alternativa en la realidad, llevaría a un sector amplio de trabajadores y del pueblo a escoger el “mal menor” del actual gobierno de Temer y a respaldar la represión a los camioneros, ya que por lo menos, habrá elecciones generales este año. Otros, cada vez más indignados y asqueados por la corrupción de la política burguesa, caen en el discurso de que “Brasil precisa de una intervención militar inmediata”.

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¿Bolsonaro golpista?

En diversos artículos y declaraciones del PSTU y de la LIT, nos hemos expedidos claramente contra cualquier tipo de “intervención” o golpe militar en Brasil, y definido nuestra disposición a luchar contra él (en la más amplia unidad de acción) si este llegara a producirse o fuese una amenaza real. Al mismo tiempo, combatimos permanentemente la influencia que el discurso de la necesidad de la “intervención militar” puede tener entre los trabajadores y el pueblo, por la crisis que, en todos los niveles, vive el país [10].

Lo cierto es que, hoy por hoy, ningún sector burgués serio o de algún peso (tampoco la cúpula del ejército) apuesta a ese tipo de “intervención militar”. Ni siquiera Jair Bolsonaro, un ex militar, actual diputado por Rio de Janeiro y candidato a presidente en las elecciones de este año. Es una persona repugnante, de estilo provocador, que transmite una ideología de extrema derecha, racista, machista y homofóbica. Junto con eso, expresa un hipócrita discurso anticorrupción dirigido contra todos los viejos políticos brasileños. En el marco de la crisis política del país y de la decepción cada vez mayor con la “democracia burguesa”, eso permitió que, además del apoyo de sectores medios reaccionarios, fuese ganando peso en sectores obreros y populares asqueados con el sistema. Pero, aunque su discurso sea de extrema derecha, su accionar político hasta ahora no tiene nada que ver con el fascismo ni con el impulso a un golpe militar: se desarrolló y se desarrolla dentro del actual régimen democrático burgués, sin ninguna intención de modificarlo.

Por eso, en 2016 Bolsonaro presentó un proyecto de ley que propone castigar con “hasta cuatro años de prisión” a los que participen de bloqueos de carreteras como los que ahora realizan los camioneros. Frente al actual conflicto, primero intentó capitalizarlo demagógicamente diciendo que, si fuese electo, “anularía cualquier multa que el gobierno de Temer aplicase a los camioneros”. Luego se alineó claramente con el gobierno Temer y la mayoría de la burguesía brasileña: “El paro de los camioneros tiene que terminar. Ni a mí ni al Brasil nos interesa el caos” [12].

¿Camioneros golpistas?

El MRT podrá argumentar que, más allá de las reales intenciones electoralistas de Bolsonaro, los “camioneros autónomos” se tomaron en serio su agitación y ahora se están movilizando por una “intervención militar”. Por lo tanto, su movimiento sigue siendo reaccionario y hay que combatirlo. Analicemos un poco este posible argumento.

Hemos dicho que, con un discurso hipócrita, Bolsonaro capitaliza la crisis del régimen y obtiene el apoyo electoral de sectores obreros y populares (las encuestas le dan más del 20% de intenciones de voto). Dentro de los que van a votar, es muy posible que exista un sector que crea que solo una “intervención militar salvará al Brasil”. Finalmente, es casi seguro que esta visión se expresa en sectores de los “camioneros autónomos”.

Para nosotros, este sector es visible y real pero, por la recepción que hemos tenido al ir a manifestar nuestro apoyo a algunos piquetes, los informes que recibimos de otros, y las notas periodísticas y los videos que circulan por la red, nos parece que es minoritario. Al mismo tiempo, es claro que el peso de los “militantes bolsonaristas” y pro-intervención militar ha sido agrandado por el gobierno y los grandes medios (como la red Globo) para intentar aislar y derrotar esta lucha. Desde la “izquierda” y con un “lenguaje marxista”, el MRT acaba contribuyendo con esta tarea. En cualquier caso, hay una pregunta central que debemos hacernos: ¿es este carácter bolsonarista y pro-golpe militar lo que define este movimiento? Para el MRT es evidente que sí, y, por ello, la lucha de los “camioneros autónomos” ha pasado a ser el “enemigo principal”.

Para nosotros, por el contrario, se trata de una lucha muy progresiva de sectores pequeñoburgueses medios y bajos que, al ser atacados por el gobierno y la mayoría de la gran burguesía (y ver deteriorarse profundamente su nivel de vida), enfrentan al gobierno de Temer con un reclamo de todos los sectores populares (la baja de los precios del combustible). En ese enfrentamiento, actúan como detonante de un proceso social más amplio que, si se desarrolla, puede derribar este gobierno por la vía de la lucha.

Este es el mismo análisis que hacen los sectores burgueses más lúcidos: “En medio de un escenario de insatisfacción generalizada contra el gobierno, las protestas de los camioneros que pararon el Brasil ganaron el apoyo de diversos sectores sociales de la sociedad. A pesar de los trastornos que la huelga contra el aumento del diésel ha causado, desde el abastecimiento de combustible, comida, ómnibus, puertos y aeropuertos, la movilización encuentra respaldo en la propia población. En diversos puntos del país, las personas llevan alimentos, agua y frazadas para los camioneros. El movimiento involucró ciudadanos, choferes de aplicativos y transporte escolar y hasta empresas del área de alimentos. También hubo amplio apoyo en las redes sociales” [13]. Por fuera de los elementos enumerados en este lúcido análisis, quedó el apoyo de los trabajadores petroleros a los camioneros y la huelga convocada por una Petrobrás 100% estatal.

Es claro que se trata de una lucha creciente contra el gobierno de Temer y que amenaza con derribarlo. Para el MRT, eso significa que debemos encender un “alerta rojo” porque lo que está en curso es un proceso que va hacia un golpe militar, que ganó a una amplia mayoría del pueblo brasileño y, por lo tanto, hay que combatirlo con todas las fuerzas. Para nosotros, por el contrario, con todas sus contradicciones, es un proceso extraordinario que debemos apoyar e impulsar, desde una clara perspectiva de clase. Por eso, los militantes del PSTU impulsan el apoyo activo a los piquetes, fueron parte de la construcción de la huelga petrolera, y también de paros parciales en las fábricas metalúrgicas de San José dos Campos. Seguramente el MRT nos acusará de “funcionales a la derecha” y de “golpistas” como ya lo hizo en el pasado.

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Hasta la huelga de camioneros, el MRT decía que la tarea principal era luchar contra el gobierno “golpista” de Temer. Ahora, que se ha iniciado en la realidad un proceso de masas que puede conducir a derribarlo, está metido en el laberinto sin salida de la tesis de la “onda reaccionaria” y la “derechización de la situación política brasileña” a la que agrega su visión del “golpe contra el golpe” (el peligro de “intervención militar”). Lo cierto es que la verdadera “intervención militar” es la que ha ordenado el gobierno de Temer con la represión a los camioneros. Es contra esa “intervención” real contra la que debemos luchar y unir fuerzas, no contra el “fantasma” que nos presenta el MRT.

En el medio de ese laberinto, el MRT levanta la propuesta de que: “La CUT precisa iniciar ya la huelga petrolera por la reducción de los combustibles y contra la privatización [de la Petrobrás] [14]. La exigencia a la CUT de que inicie ya la huelga petrolera y el objetivo señalado son correctos. Pero, en el marco de la política general del MRT, presenta varios problemas.

El primero y principal es que la levanta dándole la espalda, mejor dicho poniéndose en contra, del proceso real en que esa lucha está desarrollándose (a partir del conflicto de los camioneros). En segundo lugar, “olvida” que la CSP-Conlutas viene llamando a todas la centrales sindicales a lanzar una huelga general y la respuesta a esta propuesta ha sido negativa. Las otras centrales emitieron un comunicado ofreciéndose como “mediadoras” entre el gobierno y los camioneros. Es decir, no solo no quieren la huelga general contra Temer sino que trabajan para terminar con la lucha de camioneros. En tercer lugar, “olvidan” que los sindicatos de la FNP (la Federación Nacional de Petroleros que no integra la CUT) ya ha lanzado esa huelga. En otras palabras, la política del MRT solo sirve para “llorar en el hombro” de la CUT y el PT (por más que los critiquen con dureza en las palabras) pero no para la lucha real que está en curso. Peor aún, se opone frontalmente a esta lucha real y le regala a la derecha bolsonarista que dice combatir el espacio de la lucha contra Temer.

Queremos terminar reivindicando la correctísima política del PSTU frente a este proceso: “Es necesario rodear de solidaridad activa la huelga y la movilización de los camioneros y de los petroleros. Es preciso luchar por una Petrobrás 100% estatal y bajo el control de los trabajadores, no de los corruptos y entreguistas. Solo así el precio del combustible y del gas de cocina van a bajar.

Es necesario organizar manifestaciones y paralizaciones donde sea posible, uniendo la lucha por la reducción [del precio] del combustible y la reestatización de la Petrobrás con las demás luchas. Es hora de una Huelga General que unifique las luchas de los gremios de los trabajadores y de la población pobre de este país, por la reducción de los precios del combustible y del gas de cocina, pero también contra el desempleo en masa, por la revocación de esa reforma laboral, y contra cualquier tipo de tentativa de meterse con nuestras jubilaciones”.

Es con ese programa y en el marco de la fuerte crítica por su posición ante este conflicto, que propone: “Las direcciones de las centrales sindicales deberían cambiar esa posición vergonzosa y seguir el llamado de la CSP-Conlutas y salir a la Huelga General, sacando al gobierno Temer y este Congreso Nacional corrupto” [15].

Esta posición frente al conflicto de los camioneros es parte de la política permanente del PSTU: llamar a una rebelión de los trabajadores y el pueblo brasileño que no solo derribe el gobierno Temer sino que ponga a los trabajadores en el poder. Es decir, el inicio de una revolución obrera y socialista que cambie las raíces económico-sociales capitalistas del país y comience a resolver los problemas de fondo que sufre su población explotada y oprimida.

Notas:

[1] https://oglobo.globo.com/economia/entenda-como-brasil-ficou-dependente-dos-caminhoes-22721989

[2] https://noticias.r7.com/cidades/correio-do-povo/maioria-apoia-greve-dos-caminhoneiros-aponta-pesquisa-25052018

[3] https://www.bahianoticias.com.br/noticia/222446-anunciada-por-temer-rui-defende-acao-das-forcas-armadas-na-greve-dos-caminhoneiros.html

[4] https://www.facebook.com/lindbergh.farias/videos/1992810787396873/

[5] http://www.esquerdadiario.com.br/A-traicao-da-CUT-e-do-PT-abre-espaco-para-a-direita-capitalizar-o-descontentamento-popular (traducción nuestra).

[6] http://www.esquerdadiario.com.br/Temer-garante-bilhoes-em-subsidios-aos-patroes-do-transporte (traducción nuestra).

[7] http://www.tribunapr.com.br/noticias/brasil-tem-frota-de-1434-milhao-de-caminhoes/

[8] https://cargapesada.com.br/2016/02/19/renda-media-do-caminhoneiro-e-de-r-38-mil/

[9] http://www.esquerdadiario.com.br/A-traicao-da-CUT-e-do-PT-abre-espaco-para-a-direita-capitalizar-o-descontentamento-popular

[10] Ver, por ejemplo: https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/brasil/intervencion-militar-no-basta-represion-los-camioneros-huelga-general-ya/

[11] https://www1.folha.uol.com.br/poder/2018/05/bolsonaro-e-autor-de-projeto-que-pune-com-ate-4-anos-de-cadeia-quem-obstrui-vias-publicas.shtml?utm_source=facebook&utm_medium=social-media&utm_campaign=noticias&utm_content=eqr

[12] https://www1.folha.uol.com.br/poder/2018/05/a-paralisacao-precisa-acabar-nao-interessa-a-mim-ao-brasil-o-caos-diz-bolsonaro.shtml

[13] https://economia.uol.com.br/noticias/redacao/2018/05/26/protestos-de-caminhoneiros-ganham-apoio-da-populacao.htm

[14] http://www.esquerdadiario.com.br/CUT-precisa-iniciar-ja-a-greve-petroleira-pela-reducao-dos-combustiveis-e-contra-a-privatizacao

[15] https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/brasil/intervencion-militar-no-basta-represion-los-camioneros-huelga-general-ya/