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Mientras una multitud de desempleados hace fila en las calles, en busca de trabajo, y el desempleo bate récord, el gobierno quiere retirar más derechos y le llama “vaca sagrada” al salario base.

Por PSTU-Brasil

El pasado 26 de marzo, una gigantesca fila se formaba en el Vale do Anhangabaú, en el centro de São Paulo. Una multitud, que penó horas de pie bajo un sol inclemente, disputaba una plaza de trabajo en ocupaciones como telemarketing, cajero(a) o dependiente de tiendas. Aproximadamente 15 mil personas disputaban seis mil plazas en la convocatoria realizada por el ayuntamiento y el Sindicato de los Comerciantes. Algunas personas llegaron a pasar 24h en la fila, buscando un trabajo.

Ese es el retrato cruel de la situación de gran parte de la clase trabajadora en la capital paulista y en el resto del país. En la región metropolitana de São Paulo, según la Fundação Seade y el Departamento Intersindical de Estadísticas y Estudios Socioeconómicos (Dieese), el desempleo llega a 15,3%. Eso significa 1,7 millón de personas sin trabajo.

El 29 de marzo, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) divulgó las cifras de desempleo para el trimestre comprendido entre diciembre y febrero. Se registró un aumento de 11,6% para 12,4% en relación al trimestre anterior. Este aumento, en número absolutos, representa 892 mil nuevos desempleados, totalizando 13,1 millones de trabajadores sin empleo en el país. Recordando que el criterio para el desempleo o “desocupación” utilizado por el IBGE es muy cuestionable.

Un número más aproximado a la realidad es el de la “población subutilizada”, aquellos que no tienen empleo o trabajan menos de 40h semanales. Además de los que quieren trabajar, pero no logran buscar empleo. Desde que el IBGE comenzó a levantar estos números, en 2012, la mayor cifra se registró el pasado mes de febrero: son 27,9 millones de personas. Solo para comparar, Venezuela tiene una población de 32 millones. El número de personas desalentadas, las que simplemente desistieron de buscar empleo, también tuvo récord: 4,9 millones de personas.

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El drama del desempleo revela la mentira de la reforma laboral, vendida como la gran solución para el empleo, pero que, en la práctica, lo agravó más, además de haber empeorado la precarización del trabajo de forma general. El pasado mes de diciembre, el entonces presidente electo Jair Bolsonaro defendió la radicalización de la reforma laboral, diciendo que la legislación del trabajo “tiene que aproximarse a la informalidad”.

Bolsonaro dijo también que su gobierno iba a rever el artículo 7º de la Constitución, que asegura, nada más y nada menos, que el 13º salario, las vacaciones, el salario base, etc. Más recientemente, el vicepresidente Hamilton Mourão volvió a defender el fin de las leyes laborales, incluyendo el reajuste del salario base por la inflación, que llamó “vaca sagrada”.

“Uno de nuestros principales economistas dice que tenemos que lidiar con lo que llama vacas sagradas. Ellas vienen de atrás y hasta el día de hoy son las responsables por muchos de nuestros problemas”, le dijo a una platea, que reunió a los mayores representantes de la burguesía del país. O sea, para el gobierno, la crisis no es causada por los banqueros o las exoneraciones millonarias a los grandes empresarios. Es por el salario base miserable que tenemos hoy, que ni siquiera cumple lo que manda la Constitución: garantizar el sostén de una familia por un mes (en febrero debería ser de R$ 4 mil, según el Dieese).

En la práctica, el objetivo de acabar con cualquier derecho laboral ya está en el proyecto de reforma de la Seguridad Social, principalmente en el contrato de trabajo amarillo y verde, defendido por Paulo Guedes, junto al modelo de jubilación por capitalización. En caso de que esto se apruebe, la imagen de las filas kilométricas, registrada en São Paulo, será la realidad de todas las ciudades del país.

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Traducción: Davis