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Brasil fue sacudido por la huelga de los camioneros y con la entrada en escena de los petroleros. Estos y otros sectores en lucha enfrentan los intereses de las multinacionales y la receta neoliberal de privatizaciones y cortes. Las huelgas ganaron apoyo de la sociedad y desesperaron a la burguesía, que ya siente el olor del rastro de pólvora.

Por: Eduardo Henrique, Rio de Janeiro*

La caída del ahora ex presidente de la Petrobrás, Pedro Parente, es una victoria en la lucha por la defensa de nuestro parque de refino, base para la baja del precio del diésel, de la gasolina, del gas de cocina, del alimento en la mesa del trabajador.

Contradictoriamente, este episodio también da la dimensión de la traición perpetrada por la dirección de la FUP/CUT, al desmontar la fuerte huelga nacional petrolera en su primer día.

Antes, se equivocó en la bravata de la huelga contra la prisión de Lula, política que pegó y volvió. Lo sacaron del temario formalmente, pero en todo momento intentaron emparejar nuestra lucha a proyectos electorales como los Frentes Brasil Popular y Pueblo Sin Miedo, política que ha servido solo para dividir y causar desconfianza en la base.

Después, pusieron una fecha que claramente dejaba pasar el auge de la huelga de los camioneros, que tambaleaba al gobierno. Sintomático es que las movilizaciones y cortes hayan comenzado en las bases de la FUP y de la FNP antes de la fecha oficial indicada por las direcciones.

Adoptan todavía una táctica de huelga de advertencia por tiempo determinado, cosa que tampoco se puede entender, considerando nuestros objetivos y enemigos. Por fin, resuelven suspender el movimiento.

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Con Temer equilibrándose en el margen del error y Parente colgado por el cuello, ¡esta era la hora de avanzar, enfrentar las amenazas de la Petrobrás y del Poder Judicial! Así hicimos en 1995, con Fernando Henrique Cardoso (FHC) recién electo. Este “miedo” reverberó más en los discursos de los dirigentes que en la Radio Peón.

Inexplicablemente, la Articulación (PT), corriente que dirige aquella federación, resolvió dar una tregua para que el MDB y el PSDB se recompusieran.

Lamentablemente, la propia FNP derrapó en la curva. Parte de la dirección de la FNP cedió al desmonte impuesto por la FUP y también indicó la suspensión del movimiento –no alcanzó las medidas que podía y debía tomar–. Era hora de ir para encima con todo, mantener la huelga, disputar las bases de la FUP, apostar a la coyuntura que nos rodea. La prueba está ahí.

Piquete de la huelga nacional de petroleros.

El fortalecimiento y la continuidad de la huelga de los petroleros podría no solo derribar a Parente sino derrotar su política de precios y el Plan de Desinversión creado por Dilma y profundizado por Temer.

Tenemos que retomar ya la huelga nacional de los petroleros, que puede ser la centella de la Huelga General para derrocar a Temer e impedir la privatización de la Petrobrás.

Para eso, tenemos que obligar a la dirección de los sindicatos de la FUP a atender el llamado de unidad y convocar un plenario nacional de los 17 Sindipetros. Esta es la tarea que cada petrolero y petrolera debe tomar para sí en este momento.

Tenemos que dar un recado al gobierno, a la dirección de la Petrobrás, a Ivan Monteiro y los futuros candidatos a presidente de la Petrobrás: ¡quien quiera privatizar, no va ni a calentar el lugar!

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*Eduardo Henrique es director del Sindipetro-RJ y de la FNP, y activista de la CSP-Conlutas.

Traducción: Natalia Estrada.