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A pesar de las crisis y las cabezadas, la reforma de la previsión no está muerta.

Por: Diego Cruz

La pesquisa de la Datafolha, divulgada el último 6 de abril, muestra el rápido deterioro de la aprobación del gobierno Bolsonaro, con la peor evaluación de un presidente en el inicio del mandato luego de la dictadura militar.

Según el Instituto, 30% de los brasileños considera el gobierno malo o pésimo. Bueno u óptimo 32%, y regular 33%. Puede parecer una buena popularidad, pero Collor [ex presidente], en el mismo período del mandato, tenía 36% de aprobación contra 19% que consideraban su gobierno malo o pésimo. Dilma, la primera vez que fue electa, contaba con una reprobación de 7% en los tres primeros meses. Una encuesta del Ibope de finales de marzo, ya apuntaba una caída de 15% en la evaluación del gobierno desde enero.

La pesquisa refuerza que el motor que impulsó el fenómeno Bolsonaro en las elecciones del año pasado no fue su perfil y programa de extrema derecha y ultraliberal sino el amplio rechazo a los gobiernos del PT, a la crisis económica y social, y a los sucesivos escándalos de corrupción. Al mostrarse tanto o más corrupto que los gobiernos anteriores e imponer un programa entreguista y de ataques a los derechos, como la reforma previsional, su apoyo va cuesta abajo.

Esto se hace aún más evidente en relación con las regiones en que el capitán reformado fue electo con mayor margen. En el Sur, Bolsonaro ganó con 68% de los votos, pero la actual pesquisa da ahora 39% de apoyo.

Incluso hasta en el mercado financiero la aprobación de Bolsonaro cayó. El levantamiento de la XP Investidores, entre analistas, economistas y gestores del mercado, o sea, funcionarios directos de los banqueros y especuladores, muestra una caída de la aprobación que va de 70% en febrero a 28% hoy. Pero eso se debe a otra razón, que luego veremos.

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Reforma de la Previsión

La acentuada caída en la aprobación de Bolsonaro encendió una señal amarilla en la burguesía y en el mercado. Eso porque, si el actual gobierno no es unánime entre los sectores de la burguesía, como no lo era en las elecciones, su desgaste pone en jaque aquello que, sí, es un proyecto prioritario de la burguesía y del imperialismo a corto plazo: la aprobación de la reforma de la previsión. Y para aprobarla, todos concuerdan que es fundamental que sea en el inicio del mandato, aprovechando el capital político de que dispone el gobierno en ese período.

Tanto es así que la pesquisa reforzó el equipo de consejeros de la burguesía en los grandes medios, que critican las pautas conservadoras y “maniobreras” [cortinas de humo] del gobierno que, en su visión, desenfocan y complican la prioridad por la aprobación de la reforma. Y exigen empeño de Bolsonaro en la “coordinación política” en el Congreso Nacional para eso. Por negación debe entenderse la entrega de enmiendas, cargos, y todo lo demás que esos mismos sectores llamaban, hace unos meses, fisiologismo y corrupción.

El problema es que a pesar del discurso de la “nueva política”, el gobierno Bolsonaro ya dio señales de ser tan “fisiologista” como los gobiernos anteriores. Puso los cargos de 2° y 3° escalón en la vasija de la feria [referido a las canastas de promoción de verduras y frutas al final de la jornada de las ferias ambulantes] por votos, así como las enmiendas parlamentarias, con la bagatela de R$ 15 millones por diputado, en promedio. Lo que dificulta la formación de una base de apoyo para el gobierno y la reforma no es la falta de disposición en comprar votos y lotear cargos, que sigue a todo vapor, sino la crisis que aún permanece en el piso de arriba.

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Construir la Huelga General

A pesar de la crisis y del fuerte desgaste del gobierno Bolsonaro en este inicio de mandato, sería equivocado pensar que la reforma de la previsión hizo agua. La disposición de la burguesía y del imperialismo es aprobarla a cualquier costo, incluso si tiene que “centralizar” el gobierno para eso, o sacarle protagonismo a Bolsonaro para centrar fuerzas en Rodrigo Maia (DEM-RJ, presidente de la Congreso Nacional] o en el propio vicepresidente Mourão, que viene poniendo las alas para afuera. Alternativas no faltan. Lo que va a determinar si la reforma pasa o no será la lucha de clases. El proceso será decidido en las luchas, no en los gabinetes o en los pasillos del Congreso.

Por eso, es fundamental aprovechar la crisis en el piso de arriba y el desgaste del gobierno para construir una gran huelga general que haga caer la reforma de la previsión. Las direcciones de las centrales sindicales no pueden repetir el error de 2017, cuando en el mayor momento de crisis del gobierno Temer desistieron de la huelga general y permitieron la aprobación de la reforma laboral. Como defiende la CSP-Conlutas, el momento de construir la huelga es ahora, y en la base, y en ese proceso rechazar cualquier negociación o alternativa de una reforma “menos mala”, y construir la Huelga General.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 8/4/2019.-

Traducción: Natalia Estrada.